Wednesday, December 23, 2015

Yair Lapid, el nuevo enemigo de la izquierda israelí - Ben-Dror Yemini - Ynet


Yair Lapid en la rueda de prensa en contra de Rompiendo el Silencio. Decidió que ya había tenido suficiente

En las últimas semanas se ha convertido en una expresión de buen tono, y sólo está comenzando: La izquierda israelí, y todos sus escritores y periodistas han encontrado a un nuevo enemigo de la nación [N.P.: tras los derechistas, los haredis, los colonos, los mizrahim y los rusos]: su nombre es Yair Lapid.

"Desde las elecciones", comenta esta semana Amnón Abramovich, un conocido periodista que está muy lejos de la izquierda radical [N.P.: pero que es un comisario de la izquierda oficial en los medias], "Lapid se ha estado dirigiendo firmemente hacia la derecha". Mientras la crítica venga del campo más lunático de la izquierda [N.P.: buena parte de los comentaristas del Haaretz], que así sea. ¿Pero Abramovich? En su caso, estamos hablando de un probable error aleatorio.

La cuestión es que este enfoque demuestra, al igual que miles de testimonios, que incluso las partes mas moderadas y sionistas de la izquierda cuerda están siendo arrastradas hacia la retórica de la izquierda radical. Y se ve claramente que tienen dificultades para hacer frente a las voces que se desvían de la línea oficial del coro.

Una paradoja electoral ha tenido lugar en Israel desde hace años. Por un lado, hay una clara mayoría de los que apoyan un compromiso, por otro lado, la derecho sigue ganando las elecciones. Pero hay una explicación: De acuerdo con las diferentes encuestas, alrededor de un tercio de los votantes del Likud se inclina hacia un compromiso diplomático tal como el que preconiza la izquierda sionista. Pero la izquierda sionista ha logrado, con notable talento, que la gente acabe detestándola.

Uno debe escuchar lo que los líderes de la Unión Sionista, Isaac Herzog y Tzipi Livni, han estado diciendo en los últimos días. Son  muy amables a la hora de pronunciar débiles condenas contra Rompiendo el Silencio, pero inmediatamente saltan enérgicamente para defender la libertad de expresión. Como si ese fuera el problema.

¿Por qué cuando se trata de una organización racista como Lehava emiten condenas flagrantes y radicales, y con razón no entran en el asunto de la libertad de expresión. Pero cuando se trata de una organización que coopera con el movimiento del BDS, que busca destruir a Israel, entonces sí se ponen de pie para apoyar la libertad de expresión. No se dan cuenta de que al hacerlo, se están asociando con la izquierda radical. Y al hacer eso, están asustando y echando nuevamente en manos del Likud a ese tercio que podría estar de su parte.

Y Yair Lapid ha decidido que ya ha tenido suficiente. Ya no recitará más los clichés de Herzog y Livni. Y cuando alguien escupe sobre Lapid, sobre nosotros, no vamos a llamarlo lluvia solamente porque a "los periodistas no les gusta el centro", tal como escribió Abramovich. ¿Y qué pasa si no les gusta? ¿Es eso lo importante? Sólo las personas sin espinas y sin personalidad se limitan a recitar lo que los comisarios de los medios de comunicación les dicen.

Lapid no ha cambiado sus opiniones políticas ni un ápice. Él está a favor de cualquier iniciativa de paz que ha sido rechazada por los palestinos en las últimas décadas, no nos olvidemos de esto último. Y una persona que habla a favor de la iniciativa saudí no está adulando a nadie.

Pero, por desgracia, se atrevió a decir lo que Herzog y Livni tienen miedo de decir: Rompiendo el Silencio están arrojando veneno contra Israel en el mundo. Y sí, ha llegado el momento de iniciar un movimiento legislativo que impida la financiación de elementos que engrasen la campaña del BDS. ¿Qué hay exactamente incorrecto o inapropiado en esto?

A raíz del enésimo fracaso en las recientes elecciones, casi todos en la izquierda sionista, incluidos los políticos y los periodistas, declararon como un sólo hombre que "hay necesidad de un auto-examen". Y así hubo declaraciones interminables, pero ningún auto-examen. Y de hecho, cuando uno de los miembros del campo de la izquierda intenta realmente comenzar a realizar ese examen de conciencia, sus compañeros lo atacan duramente.

De hecho, la exigencia que Abramovich plantea a Lapid es inequívoca: Por favor, vuelve a los mantras que no nos han llevado a ninguna parte. Y no se olvide que a los periodistas no les gusta su centralismo. Quien piense que no hay una policía del pensamiento políticamente correcto en Israel deben empezar a contar el número de comentarios en contra de Lapid en los medios de comunicación. Es asombroso.

Abramovich tiene razón en una cosa: El centro político en Israel es un lugar difícil. Muchos han fallado ahí mismo, pero sigue siendo el lugar más importante. Es el lugar donde está la gente con pensamiento. Es el único lugar que se desvía de los dogmas mohosos. Es el único lugar donde la gente entiende que tanto la derecha como la izquierda tienen argumentos válidos.

No está claro si Lapid tendrá éxito allí donde otros han fallado, pero está claro que su coraje para expresar sus puntos de vista se aparta de los dictados del gremio de los periodistas políticamente correctos y que por eso debe ser bienvenido

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