Sunday, January 31, 2016

Diciendo adiós a la fantasía de la paz - Yoaz Handel - Ynet


 El comentario del líder de la oposición, Isaac Herzog, diciendo que hay ninguna posibilidad de paz en esta era es el evento más dramático que le ha sucedido al Partido Laborista de Israel en la última década. Después de las elecciones, Herzog fue acusado de irse a la cama en vez de seguir los resultados. En retrospectiva, parece que él es el único que ha permanecido en alerta dentro de su partido. Esta es la primera vez desde los tiempos de Ehud Barak, que el Partido Laborista ha hecho frente a la difícil realidad de Oriente Medio. Por primera vez, uno de sus líderes ha reconocido las deficiencias de la paz, no sólo las de la guerra.

Las cosas no siempre fueron así para el partido que construyó el Estado de Israel. Yigal Alon fue el primer líder laborista en entender, después de la Guerra de los Seis Días, que era imposible volver a las antiguas fronteras. Entendía muy bien que un acuerdo de paz con los palestinos sería muy diferente a una planificación de la paz con las naciones árabes que tienen unos límites topográficos bien definidos, así pues planteó una separación interna que significaría la anexión de una buena parte de la zona, dejando el resto bajo control jordano. Israel Galili, quien se desempeñó como presidente del Comité Ministerial de Asentamientos (a diferencia de la comisión-parodia que se formó el lunes), construyó pueblos de acuerdo a las líneas que Alon dibujó en el mapa.

Rabin, quien se encontró con la promoción de los Acuerdos de Oslo a mitad de camino, se aseguró de decir que él no aceptaría un estado palestino en las fronteras de 1967. Por último, Ehud Barak, fue quien dijo alto y claro que no había nadie con quien pudieramos hacer la paz, tras el fracaso de la conversaciones de Camp David en el año 2000.

Había algo en esas personas que marcaron el antiguo Israel, y al Partido Laborista, para bien y para mal. Tenían la idea de la paz dentro de ellos, con el paquete completo de oraciones y canciones sentimentales, y al mismo tiempo sus manos agarraban con fuerza las armas. Rabin utilizó medios como la expulsión y la demolición de viviendas a un ritmo que ningún gobierno de derechas se atrevería a realizar hoy. Habló de paz y de ejercicio del poder, porque sabía que las palabras también tienen sus límites.

Todo esto ha sido abandonado por el Partido Laborista de Israel en la última década. En lugar de manejar la realidad de la ausencia de un acuerdo de paz, han mantenido sus mantras y sus balbuceos sobre una búsqueda de buena voluntad. Hubo quienes se deslizaron más hacia los asuntos diplomáticos, y otros que optaron por privilegiar los problemas económicos. Algunos se aseguraron de hacer hincapié en la idea de luchar por lo inexistente. La conclusión es que Amram Mitzna, Amir Peretz y Shelly Yechimovich perdieron su oportunidad de crear una alternativa. Y no porque los líderes del partido fueran derribados rápidamente, sino debido a que la idea de un acuerdo de paz fue cayendo en picado.

Y qué pasa con el Likud, quizás se pregunten. Al igual que el Partido Laborista, ha estado haciendo promesas que no tiene ninguna posibilidad de lograr y mantener en la actualidad. Comenzando con la promesa de Netanyahu de derrotar a Hamas, y terminando con preconizar una política de derechas clara (y como el último espectáculo desatado con los hogares de Hebron, lo único que está claro de todo esto es que no tiene políticas diferentes a las de los gobiernos anteriores). Sí, el Likud también reconoce los límites de la realidad, mientras que al mismo tiempo promete cosas por prometer.

La diferencia entre el Likud y el Laborismo - entre la plataforma absurda del Laborismo y la inexistente del Likud, entre Netanyahu y Herzog, son sus diferentes creencias. El Partido Laborista exige a sus votantes que crean en el milagro de que los palestinos se convertirán en socios para la paz, y el Likud pide a sus votantes que crean que otros partidos serán peores que ellos. La creencia es todo lo que importa.

Volviendi a Herzog: Los ataques contra él por decir que no podemos alcanzar la paz en estos momentos nos demuestran la dificultad de luchar con el mundo de las ideas políticas. Sus críticos prefieren mentir y prometer que cuando lleguen al gobierno y se reúnan en una habitación con Abbas traerán la paz. Ellos pueden decir lo que quieran, pero no es la verdad.

Pero yo no tengo nada en contra del Partido Laborista. He estado votando por sus rivales desde una edad temprana, pero aún así deseo que vuelvan al sendero político combativo y no a los mantras. ¿Por qué? Porque si sus líderes toman finalmente unas posiciones claras con respecto a una Autoridad Palestina que incita a su gente a cometer actos terroristas, y con unos lideres palestinos que no tienen la voluntad o la capacidad para firmar acuerdos, entonces así presionarán al Likud para que aclare sus propias posiciones.

El argumento insulso de los últimos años podría abandonarnos definitivamente si supiéramos lo que cada partido propone en el frente diplomático. Si Herzog no da marcha atrás, él será el primer líder del Partido Laborista que dará forma a un auténtico y realista discurso político, en oposición a esos otros dirigentes que ahora le critican a él.

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