Sunday, February 21, 2016

¿Acaso Abbas quiere realmente que Israel se retire de Cisjordania? - Gadi Taub - Haaretz



Un periodista palestino con el que por casualidad estuve recientemente en un rincón para fumar me preguntó: "¿Qué te hace pensar que les permitiremos abandonar los territorios? ¿Quién nos protegerá entonces?". Asumo que parecía decirlo, al menos, medio en broma. Pero como un experimento mental, tal vez vale la pena explorar seriamente esa cuestión durante un momento.

Podemos reformular la pregunta de esta manera: ¿Por qué el presidente palestino, Mahmoud Abbas, firmaría un tratado de paz con nosotros a cambio de un estado a lo largo de las líneas de 1967? La respuesta sería, por supuesto, para poder liberar a su pueblo del control militar israelí y ser libre para reconstruir su vida nacional.

Sólo que no es tan simple. En primer lugar, para ello sería necesario renunciar al derecho al retorno de los refugiados palestinos - algo en lo que estarían de acuerdo todos los partidos judíos israelíes -, decisión por la que cualquier político palestino tendría que pagar un alto precio. Después de jurar su lealtad a este derecho tantas veces, y después de inmortalizar el problema de los refugiados durante varias generaciones con la ayuda de la Agencia de las Naciones Unidas, renunciar al derecho de retorno sería considerado, sin lugar a dudas, como una capitulación y una quiebra moral.

Y ¿qué pasa con algo de alivio en el ámbito de los derechos humanos? Estos derechos son la piedra angular de los argumentos de la izquierda israelí contra la ocupación, pero no es cierto que sean una prioridad para la Autoridad Palestina. A pesar de que la ocupación israelí socava gravemente los derechos humanos de los palestinos, las fuerzas de Seguridad Preventiva palestina no son exactamente Amnistía Internacional y no está claro que vayan a abusar menos de los derechos humanos.

Por otra parte, si Abbas y su gente temen una toma del control del poder por parte de Hamas en Cisjordania - y después de Gaza es difícil culparlos -, en quién podrían confiar mejor que en la fuerza militar de Israel durante el tiempo que aún estemos allí. Es ciertamente más cómodo para Abbas que luchar contra Hamás por su cuenta. Y son de su pueblo, después de todo.

En este momento, la Autoridad Palestina puede compensar esta dependencia con respecto a Israel declarando que nunca se detendrá la lucha por la liberación del colonialismo sionista. Pero si los palestinos son liberados del colonialismo sionista a través de un acuerdo que divida el territorio, la Autoridad Palestina tendrá que invertir ambos lados de la ecuación. Perderá el apoyo de las bayonetas israelíes mientras que observar como puede sucumbir ante las de Hamas.

Pero sobre todo, sin duda, Abbas habrá mirado hacia su entorno y a lo que está sucediendo en toda la región, y se habrá dado cuenta de que los estados-nación árabes están colapsando a su alrededor. La suposición de que un estado nacional palestino sería una isla de estabilidad en el corazón de este caos no parece tan evidente, por no decir algo más fuerte. Joven, pequeño, con instituciones que no han sido acondicionadas para la construcción de la nación y con una economía inestable que es dependiente de los demás, no sería una apuesta muy segura, especialmente cuando todo lo que les separa del califato del Estado islámico es Jordania, la cual ya ha absorbido a un gran número de refugiados sirios, a casi una cuarta parte de su propia población.

Por último, pero no menos importante, un acuerdo de paz sería para Israel un regalo que la Autoridad Palestina no estaría dispuesto a concederle. Supondría extraer a Israel de su mayor problema, la ocupación, deteniendo su creciente aislamiento internacional, y poniendo fin al debate interno que ha estado corroyendo las bases del consenso israelí.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿por qué debería Abbas cambiar su actual papel de víctima por un futuro incierto donde podrían existir un número aún mayor de víctimas?

¿Puede que todo esto ya lo haya considerado? Si es así, tal vez deberíamos empezar a pensar en la manera de tratar de poner fin a la ocupación sin su ayuda.

O tal vez era solamente una broma algo tonta de un periodista palestino en una zona de fumadores. Apagamos nuestros cigarrillos y volvimos a entrar para escuchar los mismos viejos argumentos: Quién tiene razón, quién tiene la culpa, quien viola los acuerdos, quien construyó dónde y cómo, y quien está mintiendo.

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