Thursday, February 25, 2016

¿Los haredis están insultando a los judíos de la Reforma? Ellos tienen una razón - Shmuel Rosner



El diputado del partido ultra-ortodoxo Judaísmo de la Torah, Israel Eichler, ha hecho una carrera en el exterior como gran provocador. Sin embargo. la comparación que hizo de los judíos de la Reforma con los enfermos mentales, tal como la hizo hace unos días, no es mucho más de lo que hizo hace poco. Eichler provoca, sabiendo que va a ser reprendido, y de hecho los líderes de la Reforma fueron rápidos en responder con indignación.

Para ser honestos, además de algo cínicos, este es el tipo de provocación que sirve perfectamente para todas las partes. El diputado haredí se ha hecho notar en la lucha contra el judaísmo de la Reforma y lanza señales a su electorado de que el enemigo le ha vuelto esencial como representante de la ultra-ortodoxia; a su vez, sus declaraciones dan a los judíos de la Reforma la oportunidad - y no hay escasez de éstas - de dotarse de una notable relevancia como antítesis del judaísmo haredi. Al convertirse en la antítesis del judaísmo haredi, el judaísmo de la Reforma parece crecer a los ojos de muchos israelíes que rara vez, o nunca, figurarían en una congregación de la Reforma.

El rabino líder de la Reforma estadounidense, Rick Jacobs, podría haber exagerado un tanto cuando afirmó que un "cambio radical" está teniendo lugar en las relaciones Estado-religión en Israel, pero sólo un tanto. En el último par de semanas, el establishment ortodoxo se vio obligado a tragarse no un trago amargo, sino dos: uno, en el Muro Occidental, un compromiso que asegura un reparto futuro del territorio y del poder, y da reconocimiento oficial al judaísmo progresista por parte del Estado; y dos, el Tribunal Supremo de Israel dictaminó que los baños rituales (mikve), en el que también existía por descontado un control ortodoxo, debía abrirse a ritos de conversión no ortodoxos.

Dos golpes, y hasta el momento una respuesta relativamente mansa desde el establishment ortodoxo. No cuentan los insultos, los comentarios idiotas de los parlamentarios haredi, la retórica desagradable, esos son sólo palabras. Los haredis tienen un poder político real. Forman una pequeña parte de una coalición que no puede sobrevivir sin ellos, dirigen a cientos de miles de personas que pueden manifestarse y hacerse oír, y sin embargo todo lo que tenemos es algunos insultos.

El otro día, el Consejo Haredi de Sabios de la Torah tuvo una reunión donde discutió sobre el crecimiento del movimiento del judaísmo de la Reforma. El viceministro de Educación, Meir Porush, condenó la reunión del primer ministro Netanyahu con los líderes del judaísmo de la Reforma diciendo que "la conexión entre los judíos de la Reforma y Netanyahu suena de una manera alarmante y estamos muy preocupados porque esa es la secta más peligrosa para el futuro del pueblo judío (por su asimilacionismo)". Más palabras. pero ¿qué pasa con la acción? Se instó a los líderes haredi para que se volvieran más presentes para invertir la tendencia, pero no fueron instruidos para que dejaran el gobierno, derrocaran a la coalición, causando graves estragos. La protesta y la condena es todo lo que tenemos en estos momentos, y esto oculta un entendimiento claro de que las cosas están cambiando y que de hecho el poder de los partidos haredi para revertir esos cambios es efectivamente limitado.

Hoy el Rabinato va a discutir el cambio en el status quo de las mikve. Los haredis están probando suerte con una nueva legislación que propone colocar los baños rituales bajo la autoridad del Rabinato de Israel, y por lo tanto evitar el fallo del Tribunal Supremo. Si van a tener los votos para dicha propuesta aún no está claro. Pero incluso si lo hacen, e incluso si otros obstáculos hacen que la reciente decisión sea complicada de implementar, el mensaje del Tribunal Supremo fue otra clara señal de que Israel está cada vez más acostumbrado a la presencia de las congregaciones no ortodoxas (judaísmo del Reforma y judaísmo Conservador) como parte de su amplio menú de expresiones religiosas. Que el establishment ortodoxo no está feliz con un mensaje de este tipo es natural: el monopolio es lo que desean todos los establishment, y la ruptura de los monopolios es siempre dolorosa.

Esa es la interpretación correcta de todos los recientes reproches y blasfemias de los diputados y ministros haredi. Son el resultado del miedo, no de la confianza. Son el resultado del debilitamiento de su autoridad, no de una mayor relevancia. Desde hace algún tiempo he estado argumentando que Israel se está acercando a un punto de no retorno "cuando un número suficiente de israelíes ya no vayan a cumplir con las reglas del Rabinato" y la institución finalmente sea reconocida "por los israelíes como lo que ya es, una molestia más que un gran problema".

Lo que es especialmente cierto para el Rabinato es generalmente cierto cuando se trata del monopolio ortodoxo sobre la vida religiosa en Israel. Y puesto que así es, no hay mucha razón para emocionarse porque tal o cual diputado haredi despotrique sobre otros judíos. Dejen que hablen, y traten de centrarse en la construcción de grandes instituciones judías, porque los días en que la lucha contra los monopolios ortodoxos era la misión principal del judaísmo progresista en Israel están llegando rápidamente a su fin.

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