Saturday, March 12, 2016

La encuesta del Pew y los diputados árabes - Evelyn Gordon



Los medios de comunicación israelíes fueron prácticamente unánimes a la hora de poner en sus titulares la nueva encuesta del Pew sobre la opinión de los israelíes. También subrayaron el hallazgo de que casi la mitad de los judíos de Israel apoyan la afirmación de que son favorables a la expulsión de los árabes. El único comentarista a quién se le ocurrió cuestionar lo que eso realmente significaba fue el comentarista del Haaretz Ofer Aderet. Pero para comprender su explicación algunas de los hechos que mencionó son de hecho muy útiles: Justo un día antes de que Pew publicara su encuesta, dos de los tres partidos árabes de la Knesset condenaban públicamente al Consejo de Cooperación del Golfo por declarar a Hezbolá una organización terrorista, y ello con el argumento de que esa declaración podría beneficiar al país en cuyo parlamento sirven.

Aderet le preguntó al profesor Sammy Smooha acerca de la encuesta del Pew porque él es el mayor experto de Israel en lo referente a las relaciones entre judíos y árabes, siguiendo ese tema desde el año 2003 a través de una amplia serie de encuestas anuales. Los resultados del Pew, según Smooha, no estaban de acuerdo con sus propias encuestas, donde consistentemente alrededor de las tres cuartas partes de los judíos de Israel apoyaba la convivencia con los árabes. Él ofreció dos explicaciones para esta divergencia en los resultados.

En primer lugar, la pregunta formulada por el Pew era vaga y confusa. Se les preguntó simplemente si estaba de acuerdo, sí o no, en la afirmación de que "los árabes deberían ser expulsados o transferidos de Israel". La pregunta es confusa si se considera qué árabes son los que deberían ser expulsados. Según cuales fueran, ¿cuantos israelíes creen que responderían que sí o que no?

Muchos israelíes de centro-derecha, por ejemplo, favorecerían la expulsión de aquellos árabes que abiertamente apoyan el terror o tienden a desvirtuar la existencia de Israel como Estado judío, pero no de otros árabes. Muchos del centro o de la izquierda creen que los árabes de Jerusalén Este (la mayoría de los cuales son residentes permanentes de Israel, pero no ciudadanos) deberían ser obligados a formar parte de la Autoridad Palestina o bien no los quieren allí, pero no opinan así del resto de árabes de Israel. Así la cuestión presentada a los encuestados por la encuesta de Pew dependía de como interpretaran la palabra "árabe": ¿"todos los árabes" o "algunos árabes"?

Smooha argumentó que la mayoría de los encuestados estarían de acuerdo con la declaración de que lo interpretaron como "algunos árabes", porque si lo leen en el sentido de expulsar a todos los árabes, la idea "no resulta realista y factible". De hecho, no hay defensores dentro de ningún partido israelí de expulsar a todos los árabes, y muy pocos individualmente lo defienden, Incluso los más racistas y recalcitrantes anti-árabes tienden a hacer excepciones para los drusos, por ejemplo.

Su interpretación se refuerza observando los patrones de voto. Según Pew, los judíos de derecha y los religiosos apoyan mayoritariamente la expulsión de los "árabes". Pero apunta Smooha que el único partido de derechas que aboga en realidad por expulsar a un número considerable de árabes, el Israel Beiteinu, el cual defiende el intercambio de algunas ciudades árabes de Israel a cambio de los principales bloques de asentamientos en virtud de un acuerdo sobre el estatuto definitivo con los palestinos, sólo ha ganado seis escaños en las últimas elecciones de la Knesset. Los otros partidos de la derecha y religiosos que no abogan por tal   intercambio, obtuvieron un total combinado de 51 escaños

En contraste, el Pew encontró poco apoyo a la expulsión de los árabes en la izquierda. Sin embargo, la facción principal del centro-izquierda, la Unión Sionista con 24 asientos, es también la facción israelí que defiende expulsar a un amplio números de árabes de la zona oriental de Jerusalén en estos momentos, a falta de un acuerdo de estatus final: el Grupo Laborista, que representa a la mayor parte de los escaños de la Unión sionista, recientemente preconizó la decisión unilateral de entregar parte de Jerusalén Este a la Autoridad Palestina, eliminando de este modo a cerca de 200.000 mil árabes de Israel.

Asi pues, los resultados del Pew no se ajustan en absoluto a los patrones de voto reales, a menos que se concluya que la mayoría de los encuestados del centro-izquierda interpretan la pregunta en el sentido de "todos los árabes", y ellos aseguran no estar de acuerdo, mientras que la mayoría de los derechistas parecerían interpretarla en el sentido de "algunos árabes", y su consiguiente acuerdo.

Esto nos lleva a la segunda explicación de Smooha: "La respuesta refleja la alienación y el disgusto con los árabes en general, más que dar fe de un deseo de otorgar legitimidad al gobierno para realizar tal expulsión". Él cree que muchos israelíes decidieron interpretar la pregunta como "expulsar o transferir a algunos árabes" - una posición que podrían apoyar -, porque así querían demostrar su "alienación y disgusto con su actuación".

Por lo demás, ¿por qué iban los judíos israelíes a querer hacer eso? Y ¿por qué quieren expulsar a "algunos árabes" para empezar? En primer lugar, porque están muy molestos y cansados ​​de escuchar como ciertos líderes políticos árabes israelíes apoyan abiertamente el terror anti-israelí. Y en segundo lugar, también están muy molestos y cansados de que los árabes ordinarios - esos que dicen apoyar la convivencia, y que en muchos casos creen genuinamente en ello - no sólo se niegan a repudiar a unos líderes árabes que parecen favorecer el enfrentamiento, sino que los reeligen año tras año para la Knesset.

La controversia sobre Hezboláh, que surgió poco después de la encuesta, es un ejemplo perfecto. Hezboláh ha matado a muchos israelíes y árabes israelíes. Sin embargo, los partidos árabes de la Lista Conjunta Árabe, el Balad y el Hadash, condenaron al Comité General de los países árabes por declarar que Hezboláh era una organización terrorista, y ello porque Balad pensó que la decisión "favorecía a Israel y a sus aliados en la región" y perjudicaba a "cualquier persona que actúe contra la agresión israelí", mientras que Hadash consideraba que la decisión “favorecía los intereses de Israel y ayudaba a mantener la ocupación israelí", y todo eso "probaba que los estados del Golfo eran totalmente leales a los neocolonialistas y a los sionistas, ambas fuerzas enemigas de los árabes".

Todo esto, simplemente, resultaba demasiado, incluso para el diario de extrema izquierda israelí Haaretz, quien generalmente defiende a los diputados árabes ante cualquier metedura de pata. En un editorial que levantó ampollas, se señalaba que Hezboláh también atacó a muchos árabes israelíes (la mayoría de los cuales viven en el norte, el principal objetivo de Hezboláh) y exigía: "¿Puede ser que los representantes del partido Balad y Hadash estén dispuestos a aceptar la realidad? ¿Así como que los judíos también son asesinados por obra de Hezboláh?”. Luego se arremetía contra "la falta de lógica diplomática que supone afirmar que Hezboláh combate la ocupación israelí", cuando en realidad no hace tal cosa, al estar demasiado ocupada en dominar y controlar el Líbano, y participar en la matanza de cientos de miles de sirios.

Por último, se exponía la tesis de que "con sus propias manos... (los líderes de los principales partidos árabes) estaban aplastando la lucha de los árabes israelíes por la igualdad de derechos y el reconocimiento de un estatus dentro del Estado judío" al prestar su apoyo a la afirmación contradictoria de que "los árabes israelíes son enemigos del pueblo judío y del Estado judío".  El memorándum final "implicaba que si los diputados árabes ni siquiera quisieran el apoyo del Haaretz, entonces realmente habrían perdido el apoyo del último judío de Israel".

Ya he explicado antes por qué los árabes israelíes vuelven a elegir a estos candidatos a pesar de reconocer que ellos no reflejan las prioridades de sus votantes. Sin embargo, y a pesar esa explicación, la combinación de un comportamiento cada vez más escandaloso por parte de los diputados árabes y la creciente "alienación y disgusto" que refleja la encuesta de Pew, claramente manifiesta la creación de una situación muy combustible. Y si en algún momento una nueva y diferente dirección árabe-israelí no acaba de emerger, entonces es posible una explosión.

Sin embargo, y en vez de ayudar a cultivar ese nuevo liderazgo árabe, tanto los judíos estadounidenses e israelíes de izquierda, se han mostrado entusiastas en su apoyo de unos líderes árabes israelíes que están haciendo todo lo posible para destruir la convivencia.

El presidente del Hadash, Ayman Odeh, condenó por ejemplo al CCG por declarar a Hezboláh como una organización terrorista, mientras que aseguraba que su intención no era condenar los ataques con cuchillo de los "lobos solitarios palestinos", porque "no creo que sea desde allí donde decir a la gente cómo debe resistir", y más aún siendo agasajado por grupos judíos de izquierda cuando visitó Estados Unidos el año pasado.

Por lo tanto, es hora de que árabes y judíos, por igual, se den cuenta de que apoyar a incendiarios como Odeh no supone fomentar la convivencia. Al contrario, la "alienación y el disgusto" reflejados en la encuesta del Pew, solamente seguirán creciendo.

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