Los judíos estadounidenses ignoran las verdaderas fuentes del antisemitismo europeo - Evelyn Gordon - JNS

Por segunda vez en dos meses, un importante estudio ha demostrado que el antisemitismo en Europa está aumentando y que la extrema derecha no es la principal culpable. Sin embargo, los líderes judíos estadounidenses siguen obsesionados con la idea de que el antisemitismo de derechas es la principal amenaza para la vida judía.
El estudio del mes pasado realizado por el Comité de Distribución Conjunta encuestó a 893 líderes y profesionales judíos de toda Europa. Entre otras cosas, encontró que los judíos se sentían más seguros en los países derechistas de Europa del Este que en los mucho más liberales de Europa Occidental por un margen de 20 puntos.
El nuevo estudio, realizado por la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, encuestó a casi 16.500 judíos en los 12 estados de la UE donde viven la mayoría de los judíos europeos. En general, el 89% de los encuestados dijo que el antisemitismo había empeorado en su país en los últimos cinco años, el 85% consideraba que el antisemitismo era un gran problema "mucho" o "bastante", y el 38% había considerado emigrar por este motivo. Además, el 28% siempre o frecuentemente evitaba "usar, llevar o exhibir" cualquier cosa identificable como judía, y el 43% a veces lo hacia.
Pero a pesar de que todos los países obtuvieron puntuaciones bajas, a los países que generalmente se los considera liberales les fue peor que a los que se considera que tienen gobiernos "derechistas". La mayor proporción de encuestados que consideraban el antisemitismo era un gran problema estaban en Francia (95%), seguido de Bélgica (86%), Alemania y Polonia (85%), Suecia (82%), España (78%), Hungría (77%), Gran Bretaña (75%), Austria, Italia y Holanda (73%) y Dinamarca (56%). Así, de los países percibidos por sus propios judíos con los peores problemas de antisemitismo, todos, excepto Polonia, son considerados bastiones liberales.
En contraste, el extremo inferior de la escala consistía casi exclusivamente por países ampliamente considerados como populistas o incluso con gobiernos cuasi fascistas: la coalición italiana de la derecha y el populista Cinco Estrellas, la coalición de conservadores tradicionalistas de Austria y la extrema derecha del Partido de la Libertad, los conservadores del Reino Unido favorables del Brexit, el húngaro Viktor Orbán y en Dinamarca, hogar de algunas de las leyes contra la inmigración más draconianas de Europa, un gobierno minoritario que depende del apoyo del Partido Popular Danés de extrema derecha.
Además, de los siete países incluidos en un estudio anterior de la UE de 2012, la proporción de encuestados que consideraban que el antisemitismo era un problema importante solamente se redujo en solo uno: Hungría, que registró una caída de 12 puntos porcentuales, ya sea a pesar o por estar bajo la responsabilidad de Orbán durante todo ese tiempo. Francia, Alemania, Bélgica, Suecia, Italia y Gran Bretaña registraron aumentos sustanciales. El de Gran Bretaña fue el más grande, impulsado principalmente por el Partido Laborista de extrema izquierda de Jeremy Corbyn. Muy cerca se ubicaron los bastiones liberales de Alemania y Suecia, con un aumento de 23 y 22 puntos porcentuales, respectivamente.
Para ser justos, las preguntas más específicas produjeron resultados más turbios. Algunos reflejaron fielmente el patrón general: los tres peores países por "expresiones de hostilidad... en la calle u otros lugares públicos" fueron Francia, Bélgica y Alemania liberales (91, 81 y 80% consideraron que esto era un problema). Los mejores fueron los conservadores Polonia, Hungría y Austria (37, 46 y 46%). En contraste, los peores países para el "antisemitismo en la vida política" fueron Gran Bretaña, Polonia y Hungría (84, 77 y 74%).
Sin embargo, dos preguntas en particular ayudan a explicar por qué a los países liberales les fue peor en general.
Una se relacionaba con quién realmente perpetraba el acoso antisemita. Aunque los encuestados con frecuencia no podían identificar los puntos de vista políticos de los perpetradores, cuando sí podían era lo más a menudo un "punto de vista extremista musulmán" (30%). Luego vino el "punto de vista político de izquierdas" (21%) y finalmente era el "punto de vista político derechista" (13%).
En resumen, a pesar de la percepción generalizada de que el antisemitismo proviene principalmente de la extrema derecha, en Europa el antisemitismo musulmán y el de la izquierda son problemas mayores. Y ambos son más frecuentes en los países occidentales liberales, simplemente porque el Occidente liberal tiene poblaciones mucho más grandes (y más influyentes) de musulmanes e izquierdistas incondicionales que los países conservadores y antiinmigrantes.
La segunda y esclarecedora pregunta mostraba que los "sentimientos de ser reprobado" por las acciones de Israel eran mucho más comunes en los países liberales que en los conservadores. En Hungría y Polonia, solo el 8 y el 19% de los encuestados, respectivamente, dijeron que esto sucedía con frecuencia. En Alemania, España, Bélgica y Francia, el 50% o más consideraron que esto es un hecho frecuente.
Los judíos no israelíes obviamente no deberían ser culpados por nada de lo que hace Israel. Pero no es sorprendente que esto ocurra con más frecuencia en países donde la antipatía hacia Israel es mayor, para empezar. Y dado que tanto los musulmanes como los liberales y progresistas de izquierdas son más antiisraelíes generalmente que los conservadores en la actualidad, los países con grandes poblaciones musulmanas y de izquierda son más propensos a este problema.
Nada de esto significa que deba ignorarse el antisemitismo de la derecha. Pero teniendo en cuenta dos encuestas importantes que demuestran que los antisemitismos musulmán y de izquierdas son problemas más grandes en Europa que la variedad de la extrema derecha, y que los países liberales tienen, por consiguiente, peores problemas de antisemitismo que los conservadores, la continua fijación de los líderes judíos estadounidenses en la Alt-right (la extrema derecha) no deja de ser impactante.
Tomemos, por ejemplo, la reacción a la última encuesta realizada por el presidente del Congreso Judío Mundial, Ron Lauder, alguien profundamente involucrado en el apoyo a las comunidades judías europeas y, por lo tanto, familiarizado aparentemente con las realidades europeas. "¿Cómo podemos sorprendernos con estos resultados?", observó Lauder, "cuando en Chemnitz, Alemania, a los antisemitas que practicaban el saludo nazi se les permitió manifestarse mientras la policía estaba ociosa; cuando en Francia, Marine Le Pen, cuyo padre era un virulento antisemita, fue casi elegida presidente; cuando en Austria y Hungría, el FPO y el Jobbik, ambos fundados originalmente por neonazis, son ahora los segundos partidos más grandes y miembros de la coalición gobernante; y cuando en el Reino Unido, Jeremy Corbyn es el líder del Partido Laborista".
En otras palabras, aparte de que en Gran Bretaña se ha vuelto imposible ignorar el antisemitismo generado por el laborismo izquierdista de Corbyn, Lauder se mostraba especialmente preocupado por la extrema derecha del continente, ignorando casi completamente las dos fuentes más serias del antisemitismo europeo: el musulmán y el de la izquierda.
Dado que la mayoría de los judíos estadounidenses se inclinan hacia la izquierda, es comprensible que prefieran centrarse en el antisemitismo de la derecha, que proviene del campo enemigo, en lugar del antisemitismo de la izquierda y musulmán, que proviene de sus aliados políticos. También es comprensible que prefieran preocuparse por la derecha de Hungría y Austria más que por los liberales Alemania y Suecia.
Pero si realmente quieren combatir el antisemitismo, eliminar estas barreras ideológicas resulta esencial. El antisemitismo ya es lo suficientemente difícil de combatir en las mejores circunstancias.
Sin embargo, es imposible cuando ignoras los hechos.