Wednesday, July 27, 2016

¿Cuán impotente es Europa? Una civilización que no cree en nada en última instancia se somete a cualquier cosa - Bret Stephens - WJS



Según las últimas estadísticas, los miembros de la Unión Europea gastaron más de $ 200 mil millones al año en defensa, desplegaron más de 2.000 aviones de combate y 500 buques de guerra, y emplearon a cerca de 1,4 millones de militares. Más de un millón de agentes de policía también recorren a pie y en vehículos las calles de Europa. Sin embargo, de cara a la amenaza islamista en el continente, todo eso parece impotente. ¿Lo es?

¿Francia era tan impotente en mayo de 1940?

Estipularemos que un camión a 90 km/h por un paseo marítimo no es una división Panzer, y que unos pocos miles de combatientes dispersos del ISIS entre Mosul y Marsella no son una división de la Wehrmacht. Pero al igual que en Francia en 1940, la Europa de hoy muestra la misma combinación de rigidez doctrinal y de pérdida de voluntad que permitió que un ejército con 144 divisiones materializara la invasión de los alemanes en apenas seis semanas.

Y hoy en día, la línea Maginot de los "valores europeos políticamente correctos" tampoco prevalecerán sobre unas personas que no reconocen ninguno de esos valores.

Tanto claro le pareció esto al primer ministro francés Manuel Valls, que comentó después del penúltimo ataque terrorista que "Francia va a tener que vivir con el terrorismo". Esto puede haber sido concebido como una exposición de los hechos, pero también significó una admisión de que su gobierno no está a punto de conseguir el favor del público para una campaña de sangre, sudor, lágrimas y esfuerzo contra el islamismo yihadista del ISIS (ese Islam radical que Obama no puede nombrar). En suma, una capitulación prematura en un país que ya las ha conocido antes.

El Sr. Valls fue abucheado posteriormente en una ceremonia en memoria de las víctimas de Niza. Sería alentador pensar que esto se debió a que él y su jefe, el presidente François Hollande, no han logrado aún forjar una estrategia para destruir al ISIS. Pero la desaprobación del público francés procedía de que no había habido suficientes policías a lo largo del Paseo de los Ingleses para detener el ataque. En términos de fútbol, ​​se trataba de una queja por el fracaso de la defensa, no por el fracaso de su táctica para conseguir la victoria.

Luego está Alemania, sede de tres ataques terroristas en una semana. Parece casi como si estuviéramos en una época ya pasada cuando los alemanes dieron la bienvenida el año pasado a millones de inmigrantes del Oriente Medio en una especie de éxtasis de moral de autocongratulación y narcisismo, dirigido por Angela Merkel con su canto del "Podemos hacerlo", su lema del verano pasado que ahora nos suena como un reflejo viejo y hueco del "Sí se puede" de Barack Obama.

Ahora Alemania tendrá que hacer frente a una amenaza terrorista que convierte la amenaza de la banda Baader-Meinhof en la década de 1970 en algo cuasi trivial. El Estado alemán es más fuerte y más inteligente que el francés, pero también se rinde más fácilmente a la intimidación moral. La idea de la propia conservación nacional a toda costa siempre será discutible en un país que trata de expiar un pecado inexpiable.

Así pues, la cuestión es si ahora Europa es impotente. En su mayor cima de 1980, bajo François Mitterrand y Helmut Kohl, el proyecto europeo combinó la fortaleza económica de Alemania y la confianza en la política del poder francés. Hoy en día, se mezclan la debilidad política francesa con el solipsismo moral alemán. Esta es una fórmula para un rápido declive de la civilización europea, a pesar de los muchos recursos económicos o militares que la UE puede tener a su disposición.

¿Se puede detener el declive? Sí, pero eso requeriría un gran desaprendizaje de las mitologías políticas sobre las que se basa la Europa moderna.

Entre esas mitologías es preciso destacar:

- que la Unión Europea es el resultado de un compromiso moral de la posguerra por la paz.
- que el cristianismo tiene una importancia meramente histórica para la identidad europea.
- que no existe tal cosa como una solución militar.
- que no vale la pena luchar por la vigencia del propio país.
- que el honor es algo atávico y la tolerancia es el valor supremo.

Y es que las personas que no creen en nada, incluidos en ellos mismos, en última instancia se someterán a cualquier cosa.

La alternativa es un reconocimiento de que la larga paz de Europa dependía de la presencia del poder militar estadounidense, y que la retirada de ese poder requerirá que los europeos deban defenderse ellos mismos. Europa también tendrá que encontrar la manera de aplicar su poder de manera no simbólica, tal como hace ahora, sino estratégicamente, en la búsqueda de unos difíciles objetivos. Eso podría comenzar con la destrucción del ISIS en Libia.

Más importante aún, los europeos tendrán que aprender que la impotencia puede ser tan corrupta como el exceso de autoridad y mucho más peligrosa. La tormenta de terrorismo yihadista e islamista que está descendiendo sobre Europa no se podrá derogar sin modificar algunas políticas de inclusión de alcance comunitario, sin fomentar la ayuda externa o manteniendo las políticas migratorias y diplomáticas de la señora Merkel. Todo esto terminará en ríos de sangre. Pero se trata de la suya o la nuestra.

En todo esto, la mejor guía que Europa puede encontrar en su camino hacia la seguridad la proporciona un país al que sin embargo no ha dejado de dar lecciones y de vilipendiar durante la mayor parte de los últimos 50 años: Israel. Por ahora, Israel es el único país de Occidente que se niega a arriesgar la seguridad de sus ciudadanos sacrificándola al vago ideal de los derechos humanos de sus enemigos o en el altar de una paz ficticia.

Los europeos, sin duda, miran a Israel a la hora de obtener consejos tácticos en la lucha contra el terrorismo, en técnicas de gestión de multitudes y así sucesivamente, pero lo que realmente necesitan aprender del Estado judío es una lección moral: "que la identidad puede ser un gran conservador de la libertad, y que las sociedades libres no puede sobrevivir alojando cada vez más gentes contrarias a su cultura".

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