Sunday, July 17, 2016

Lo que la Unión Europea no quiere que sepan los israelíes - Evelyn Gordon



En los tres días desde que Israel aprobó una ley que obliga a nuevas exigencias informativas sobre su financiación a las ONG que son financiadas principalmente por gobiernos extranjeros, hay una pregunta que me gustaría que contestaran todos los críticos de dicha ley. Si como afirman con tanta estridencia no hay absolutamente nada malo en esas ONG's que reciben la mayor parte de sus fondos de gobiernos extranjeros, entonces ¿por qué simplemente el que ahora sea necesario informar de dicha en todas sus publicaciones ejerce un "efecto escalofriante" (según el Departamento de Estado ) o bien "les estigmatiza" (según el New Israel Fund ) o bien "limita sus actividades" (según la Unión Europea)?

La respuesta obvia es que todos estos críticos conocen perfectamente que no lo que funciona: una organización que obtiene la mayor parte de sus fondos de un gobierno extranjero no es por lo tanto una "organización no gubernamental", en absoluto, sino un instrumento de la política exterior de ese gobierno. En efecto, con respecto a la UE, sus directrices para recibir fondos son explícitas: para que una organización israelí que lleva a cabo actividades en los territorios sea elegible para recibir fondos de la UE, debe en primer lugar cumplir con las directrices de la política exterior de la UE sobre el conflicto palestino-israelí. Esto, por cierto, también explica por qué 25 de las 27 organizaciones afectadas por esta ley son de extrema izquierda: la extrema izquierda israelí es el único ámbito del espectro político de Israel que comparte totalmente las opiniones de Europa sobre el conflicto, y por lo tanto, es el único ámbito político que Europa está dispuesta a financiar.

Sin embargo, si una organización - que se anuncia como "no gubernamental" - es un instrumento de la política exterior de un país extranjero, es muy difícil argumentar objetivamente que solamente se trata de una "organización de derechos humanos", tal como estas organizaciones se denominan a si mismas. Más bien, es una organización abiertamente política que busca presionar a Israel para que adopte las políticas preferidas del gobierno extranjero. Y hacer conocer esto al público en general, definitivamente podría "estigmatizarla", en el sentido de que los israelíes podrían estar menos dispuestos a confiar en las afirmaciones de dicha organización una vez que se han dado cuenta de que tiene una agenda política no tan oculta y que podría estar influyendo en sus informes.

Sin embargo, esa es precisamente la razón por la que los israelíes tienen la necesidad y el derecho de conocer  como se financian estas organizaciones, especialmente teniendo en cuenta la magnitud de dicha financiación. Y es también la razón por la que no hay nada remotamente antidemocrático en la ley, tal como explica en profundidad el jurista Eugene Kontorovich.

Sin embargo, si esto es realmente lo que temen los críticos de la ley, entonces van por detrás de los tiempos. En los años transcurridos desde que la idea de esta ley surgiera por primera vez, la mayoría de las organizaciones en cuestión se han hecho a sí mismas tan tóxicas que es difícil ver cómo la información sobre su financiación extranjera pueda afectar demasiado a la manera ya muy negativa con que las ven los israelíes. Por lo tanto, el impacto más probable que tendría dar a conocer sus fuentes de financiación no sería deslegitimarlas a ellas, sino más bien deslegitimar a sus donantes, la cual es precisamente la razón por la que Europa, que proporciona la mayor parte de estos fondos, está tan preocupada.

Actualmente, una parte no trivial de la influencia de Europa en Israel proviene del hecho de que los israelíes aún la admiran, y por lo tanto quieren que a Europa les guste su país, y no solamente comerciar con ella. El hecho de que Europa es el mayor socio comercial de Israel, obviamente, también tiene una gran importancia, pero el ángulo emocional, que se deriva principalmente de papel de Europa como parte del Occidente democrático, no debe ser subestimado.

Consideremos ahora la forma en que dicha admiración podría verse afectada por el descubrimiento de la cantidad de dinero que Europa proporciona, por ejemplo, a Breaking the Silence (BtS). Esta organización, que compila "testimonios" de los soldados israelíes sobre presuntos abusos, no es muy popular en Israel por muchas razones: porque los israelíes no piensan que sus informes reflejen con precisión las acciones de su ejército; debido a que sus "testimonios" son estrictamente anónimos, por lo que es imposible investigar sus alegaciones; y porque dedica la mayor parte de su tiempo y de su esfuerzo en comercializar sus informes en el extranjero, convenciendo así a muchos israelíes de que están más interesados en empañar la imagen de Israel que en conseguir que el ejército mejore su comportamiento. Pero el mes pasado, dos incidentes llevaron su reputación a un nuevo mínimo.

El primero fue el infame discurso de Mahmoud Abbas ante el Parlamento Europeo, en el que utilizó un libelo de sangre medieval en el que afirmaba que los rabinos estaban pidiendo a sus seguidores que envenenaran los pozos palestinos. Esta acusación se originó en un informe de una agencia de noticias turca que citaba a Breaking the Silence como su fuente, algo que sonaba muy poco probable. Excepto que a continuación, la página web de la NRG publicaba un vídeo que mostraba a uno de los fundadores de BtS afirmando que los colonos habían diseñado la evacuación de un pueblo palestino envenenando su bienestar. Y un periodista centrista respetado, Ben-Dror Yemini, publicó una columna con más documentación donde se reivindicaba tanto el papel de la organización como su falsedad. Así que resultó que BtS en realidad difundió un libelo de sangre medieval.

Luego, la semana siguiente, un grupo de reservistas hicieron pública sus experiencias de cómo BtS recoge sus testimonios, acusándoles de acoso y de engaño. Después de su baja del ejército, la organización les llamó varias veces para llevarles a hablar sobre sus experiencias en la guerra de Gaza de 2014. Uno de estos reservistas dijo que le llamaron ocho o nueve veces. Pero cuando finalmente consintió, descubrió que la organización manipuló su relato para presentar al ejército de la peor forma posible.

Para comprender hasta qué punto una organización como BtS se ha convertido en tóxica, tengan en cuenta el hecho de que la rectora de la Universidad Ben Gurion, que ha defendido escrupulosamente su derecho a hablar en seminarios en su Universidad, sin embargo anuló una decisión departamental para otorgarles un premio monetario el mes pasado. Lo que la rectora Rivka Carmi afirmó esencialmente es que mientras ella defenderá su derecho a hablar, no está dispuesta a que su universidad financie a la organización. Y cuando se han perdido las universidades, que son las organismos más de izquierdas de Israel, realmente has perdido todo el país.

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