Sunday, August 07, 2016

Lo siento New York Times, pero la libertad de prensa en Israel funciona bien - Liel Leibovitz - Tablet



¿Han oído las noticias de un país del Oriente Medio que recientemente ha tomado medidas contra la libertad de prensa? No se trata de Turquía, donde 42 periodistas fueron detenidos la semana pasada en el último asalto a los principios de la democracia, estamos hablando, por supuesto, de Israel, el tema de otra sombrío artículo de opinión de fin de semana del New York Times .

En caso de que usted sea de esa clase de gente que no lee mucho más allá de los titulares, el NYTimes se aseguró de no dar lugar a la confusión: El largo lamento escrito por el periodista israelí radicada en Nueva York, Ruth Margalit, fue titulado "Cómo Benjamin Netanyahu está aplastando la libertad de prensa en Israel".

¿Pero acaso es verdad? Difícilmente ustedes podrían creer las cosas depravadas que ese "déspota demoníaco" que gobierna Jerusalén haría para consolidar su poder. Bibi, según nos informa solemnemente Margalit, designa a personas que están de acuerdo políticamente con él para las posiciones clave en el gobierno. ¿Aún no están conmocionados? Lean esto: Él también tiene una oficina que llama a los periódicos y las web de noticias para tratar de incluir su versión y hacer girar las noticias a su favor.

Si tales procedimientos, "totalmente desconocidos en las democracias occidentales", no les hacen temblar hasta la médula, si todavía no sienten el frío recorrer su espalda ante la amenazante sombra del fascismo, Margalit tiene una última e irrefutable evidencia para usted. Por favor, hagan una respiración profunda: Para aplastar la preciosa flor de la libertad de prensa de Israel, Bibi, ese monstruo derechista, está abriendo el mercado de los medios de comunicación a una mayor competencia. Vergonzoso.

"Los tres principales canales de noticias de televisión de Israel, el Canal 2, Canal 10 y la Autoridad de Radiodifusión de Israel, ahora corren peligro de ser fragmentados, cerrados o reacondicionados, respectivamente", escribió Margalit. "La razón oficial del gobierno detrás de estos movimientos es la apertura de la industria de las comunicaciones a una mayor competencia. Pero parece que hay un doble estándar: En otros temas, como el gas natural, el primer ministro ha sido reacio a tomar una posición contraria a los monopolios. Como me dijo Ilana Dayan, una periodista de investigación del Canal 2: "A veces, la competencia es el refugio de los antidemocratas".

Porque conozco a Ruth Margalit un poco y la respeto algo más que eso, diré algo sobre la inanidad evidente de la comparación entre un recurso natural escaso y finito, como es el gas, y el mercado de los medios de comunicación, que en la era de la Internet es un campo sobre abundante. Voy a resistir de manera similar el impulso a preguntar qué clase de visión del mundo puede tener alguien que contempla la proliferación de diversas voces o visiones del mundo con, de alguna manera, la antítesis de la democracia. Tampoco voy a preguntar por qué, si es que verdaderamente el tirano está desatando su propia versión de Juego de Tronos, yendo contra sus competidores con espadas y sed de sangre, tantos periodistas israelíes de alto rango sienten de manera tan vertiginosa que compartan sus lamentaciones con Margalit.

La verdad es que vemos con muy poca frecuencia a enemigos de Erdogan tan sueltos de lengua, lo que para todos, excepto para los reporteros y editores del NYTimes, ya debería haber servido como una señal de que los titulares de advertencia de "una prensa libre machacada" son quizás un poco inmaduros.

En vez de levantar estas obvias objeciones, voy a hacer algo que Margalit y sus editores no se molestaron en hacer y ofreceré hechos y análisis. En lugar de dignificar la afirmación de que la prensa de Israel está bajo asalto, una proposición ridícula para cualquier persona que consuma realmente la prensa israelí y sabe que se dedica en gran parte a realizar fuertes críticas al primer ministro, su gabinete, su visión del mundo y a cualquier cosa asociada con él, trataremos de considerar por qué tantos reporteros de Israel, que disfrutan de unas robustas libertades, sin embargo todavía se imaginan a sí mismos bajo grave peligro.

En primer lugar, las cifras: En un estudio pionero publicado en 2010, el académico de comunicaciones israelí Avi Gur investigó las opiniones expresadas públicamente por 38.887 personas en más de 124.879 minutos de emisión y en 8.324 artículos de opinión en los medios de comunicación impresos durante los años 1996 a 1999 - donde como ahora Netanyahu era primer ministro - con el fin de determinar si la prensa israelí era de hecho ideológicamente de izquierdas. Su conclusión es contundente: el Yediot Aharonot , por ejemplo, uno de los medios más leídos e influyentes de la nación, estaba a favor de las posiciones de izquierda en un abrumador 83,5% de las veces, y en el resto no se quedaba demasiado atrás. Y ningún miembro de alto nivel de los medios de comunicación discutió las conclusiones de Gur: Raviv Drucker, por ejemplo, uno de los principales periodistas de investigación de Israel y un hombre que ha hecho una gran carrera atacando a Netanyahu con gran tenacidad, escribió un artículo hace unos años y admitió que el 80% o más de sus colegas del mundillo eran izquierdistas comprometidos.

Esto, en parte, nos ayuda a explicar por qué las flagrantes imposiciones ideológicas contra la prensa libre son cool cuando las denuncia la izquierda, como cuando Amos Schocken, el editor del descaradamente izquierdista Haaretz, admitió apoyar firmemente y con entusiasmo la posición de la administración Obama con respecto a Irán, y ello en contra de la política declarada del gobierno de Israel. Cuando personas "inteligentes, progresistas y sensibles" adoptan una posición, es el momento de aplaudir por su coraje, pero cuando las denuncias proceden de "primates derechistas y religiosos" que defienden su derecho a expresar sus puntos de vista, es el momento de alertar al NYTimes porque la democracia israelí está siendo asesinada.

Este enfoque miope y moralmente corrupto sería exasperante si no fuera tan cómico, y si no le costara tantos apoyos a la izquierda israelí electoralmente hablando. Sin ideas, fuera del tiempo y fuera de contacto con la realidad, la pequeña camarilla que se acurruca en las redacciones de Tel Aviv apenas puede creer que "las desagradables masas derechistas y religiosas" puedan ser tan imprudentes como para exigir medios que reflejen fielmente la realidad, o que al menos exista una oferta más amplia que el habitual y rígido punto de vista de la izquierda. Con cada vez menos gente escuchándoles en Israel, el NYTimes, parafraseando al artículo de Margalit, se está convirtiendo en el refugio de esa multitud que está obsesionada con culpar exclusivamente a Israel.

Es triste ver a una reportera abandonando cualquier intento de penetración o de matiz en su artículo, y como se dirige al NYTimes para ofrecer las más banales afirmaciones, y es triste saber que los NYTimes continuará publicando estos tonterías sin intentar profundizar o comprender las cosas. No importa, y buena suerte: Mantengan sus páginas de opinión que, al igual que sus opiniones, no son más que manifestaciones de ruido y furia, lo que significa que no vale absolutamente nada.

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