Friday, December 23, 2016

Muy bueno: El miembro árabe de la Knesset y el terrorista - Liel Leibovitz - Tablet



El lunes 6 de agosto de 1984 comenzó bien para Moshe Tamam. El joven cabo llevaba solamente un año y dos meses en las Fuerzas de Defensa de Israel, pero estaba en pleno apogeo, aprendiendo de todo, desde la forma de desmontar unos dispositivos explosivos al arte de conducir camiones de gran tamaño. Más importante para él, había conocido a una joven y estaba disfrutando de los primeros días de cortejo: Cuando el ejército le concedió un corto permiso no perdió el tiempo en viajar hasta Tiberíades para ver a su novia. Esa noche hizo autostop de regreso a casa, y debió sentirse aliviado al ver como un Ford Cortina le recogía. Entró, el coche arrancó y unos pocos minutos pasaron sin incidentes. Entonces, los dos jóvenes sentados en la parte trasera, Ibrahim Abu Nayef Mukh, de 26 y Ruchdi Hamdan Abu Mukh, de 24, sacaron las pistolas y apuntaron a la cabeza de Tamam. Lo ataron y le cubrieron los ojos con un trapo.

El coche se precipitó por la carretera hacia la casa de Nayef, en la ciudad árabe israelí de Baqa al-Gharbiye. Durante dos días, otros dos secuestradores - Ibrahim Razek Badsa, de 26, y Walid Daka, de 25 -, también de Baqa, trataron de elaborar un plan para llevar a Tamam al otro lado de la frontera con Siria y entregarlo a sus comandantes en el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Como resultaba demasiado complicado, decidieron que Tamam tenía que morir. Lo torturaron primero, y cuando eso se volvió aburrido lo metieron de nuevo en el coche y se dirigieron a un olivar cercano. Razek sacó su pistola y apretó el gatillo. La bala rozó la frente de Tamam. El soldado cayó al suelo, sangrando. Razek se acercó a él y le disparó de nuevo, esta vez a corta distancia. La bala atravesó el pecho de Tamam, le perforó el pulmón y el corazón, y salió por la espalda, justo debajo de su omóplato izquierdo. Murió en el acto. Los cuatro terroristas huyeron del lugar. Fueron detenidos dos años más tarde y condenados a cadena perpetua.

El juicio se convirtió en un frenesí. Meir Kahane, el iracundo rabino, pronunció un discurso que capturó el sentimiento de muchos: El asesinato, señaló, no fue perpetrado por agentes extranjeros, sino por ciudadanos del estado, por jóvenes que fueron educados en las escuelas israelíes, votaron en las elecciones israelíes y se beneficiaron de la robusta red de seguridad social del estado. "El coche", dijo con su tóxica ironía, "fue conducido por árabes. No eran malos árabes. Eran buenos árabes, árabes israelíes, ciudadanos del estado. Dejemos que cada judío escuche y recuerde siempre lo que le hicieron a ese soldado en Baqa. Si los soldados judíos temen hacer autostop en el estado judío", continuó Kahane, "todo el proyecto sionista sería una broma. Después de 2.000 años, ¿hemos regresado a casa para tener temor?"

Otras figuras públicas fueron más delicadas. Entre las más resonantes que se levantaron para predicar la paz y la reconciliación estuvo Basel Ghattas, un joven activista que fue subiendo rápidamente dentro del Partido Comunista de Israel. Junto con su primo Azmi Bishara, ayudó a organizar a los estudiantes árabes en las escuelas y universidades en la creencia de que esa importante minoría de Israel sólo podría prosperar si se organizaba y se hacia cargo de sus propias instituciones comunales y exigía igualdad y respeto. El Partido Comunista, el actor más político más relevante entre los árabes israelíes, era la elección natural para un joven ambicioso como Ghattas, pero su línea pro-soviética era cada vez más rígida y desagradable para un joven emprendedor. En sus apariciones públicas, Ghattas dijo creer en la dignidad para todos, no en un poder centralizado y depredador que se eleva sobre unos y otros oprimidos.

Ghattas acabó dejando el partido y puso una considerable energía en una nueva organización: Brit Ha'Shivyon, la Alianza de Igualdad, un movimiento radical de judíos y árabes que fue el primero en exigir a Israel que dejara de ser un Estado judío, y que en su lugar se transformara en una democracia para todos sus hijos e hijas, independientemente de su fe. Fue un llamamiento radical, uno que bastantes árabes israelíes y la enorme mayoría de los judíos de Israel todavía rechazan, y cuando el movimiento se apagó, se esperaba que Ghattas siguiera los pasos de su primo Bishara, que mientras se había convertido en un destacado político, promoviéndose como candidato. Sin embargo, la política siempre había golpeado a Ghattas. De hecho, completó un doctorado en ingeniería ambiental en el Technion y se embarcó en una cadena de empresas que buscaban proporcionar a los árabes israelíes mejores oportunidades. En 2007, por ejemplo, lanzó Malkom, la primera revista financiera en idioma árabe de Israel, un proyecto que pronto atrajo el apoyo y el elogio de muchos de los líderes de negocios de Israel.

Ese mismo año, Azmi Bishara entró en la embajada de Israel en El Cairo y renunció a la Knesset. Ese respetado legislador había sido descubierto suministrando información a Hezbolá, una organización terrorista y uno de los enemigos más mortíferos de Israel. La información que transmitió tenía que ver con las ubicaciones estratégicas más óptimas para atacarlas con misiles de largo alcance. Bajo investigación, Bishara huyó a Egipto y desde allí a Qatar, donde todavía reside.

La traición de Bishara reabrió viejas heridas. Como demostró una encuesta realizada unos años más tarde por un conocido sociólogo de la Universidad de Haifa, las relaciones entre los judíos y los árabes israelíes parecían estar precipitándose hacia el abismo. Ambos grupos todavía expresaban un fuerte compromiso con los principios de la democracia y con la reparación legal de las quejas, pero el 66% de los árabes respondía que Israel no tenía derecho a existir como Estado judío y casi el 38% decía que el Holocausto nunca había ocurrido, mientras el 32,6% de los judíos pensaba que a los árabes no se les debía permitir votar.

En este contexto, estaba claro que había llegado el momento de una realineación, y los partidos políticos árabes más notoriamente anti-Israel decidieron unirse en una gran carpa llamada la Lista Árabe Conjunta, dirigido por el joven y carismático abogado Ayman Odeh. Sus discursos recibieron una amplia cobertura en Israel y en el extranjero, Odeh utilizó muchas de las mismas palabras que Ghattas décadas antes. Su partido, dijo en repetidas ocasiones, estaba aquí para hablar no sólo de los árabes israelíes, sino también de los judíos que emigraron a Israel desde los países árabes y cuya cultura e identidad (mizrahim) se consideraba indigna por la hegemonía asquenazi en el Estado judío.

"Nosotros representamos a aquellos que son invisibles en este país, y les vamos a dar una voz. También traemos un mensaje de esperanza a todas las personas, no sólo para los árabes sino también para los judíos". Ghattas se unió a Odeh como miembro de la Knesset, ya que fue elegido en 2013 con su pequeño partido Balad, pero en 2015, cuando la Lista Árabe Conjunta triunfó electoralmente, Ghattas se convirtió en un prominente legislador que representaba lo que ahora es el tercer mayor partido político de Israel.

La semana pasada, Ghattas viajó a una prisión de máxima seguridad en el sur de Israel. Estaba allí para visitar a Walid Daka, el autor intelectual del asesinato de Moshe Tamam. En las tres décadas desde su detención, Daka ha trabajado duro para remodelarse a sí mismo como un mártir de la causa palestina. Se ha retractado de su confesión del brutal asesinato del soldado y proclama su creencia en la paz. Una obra basada en sus escritos ha sido recientemente puesta en escena por un teatro árabe-israelí, lo que generó cierta controversia, y un mural sobre él adorna la esquina de una calle en su ciudad natal de Baqa. Una vídeo vigilancia de la visita de Ghattas en la prisión mostró como el miembro de la Knesset entregaba a los terroristas cuatro sobres. Los detectives trataron de preguntar por ellos a Ghattas tras salir de la prisión, pero él invocó su inmunidad parlamentaria y se dio a la fuga. Una búsqueda en la celda de Daka, sin embargo, reveló que los sobres contenían 12 teléfonos móviles, 16 tarjetas SIM, dos cargadores, un auricular, y notas, cuyo contenido todavía es poco claro.

Bajo presión, Ghattas accedió a renunciar a su inmunidad y someterse a una verificación. Sus compañeros legisladores judíos reaccionaron con dureza, exigiendo que todos los miembros de la Knesset sean registrados antes de entrar en el edificio no sea que algunos deciden hacerlo estallar. Algunos expertos israelíes están diciendo que Ghattas es un fiel representante de su comunidad, una comunidad que es crecientemente hostil al Estado y que cada vez demuestra más apoyo por sus enemigos. Otros afirmaron que Ghattas, como Bishara antes que él, estaba haciendo un flaco favor a sus votantes por traicionar el deseo de la mayoría de los árabes israelíes de una convivencia pacífica.

No importa lo que revele la investigación sobre Ghattas, ambas partes es probable que continúen cavando más profundamente sus respectivas posiciones, afirmando que la vida conjunta de dos pueblos en el estado judío es, o bien un imperativo, o bien una imposibilidad. Es un antiguo debate, y continúa con cada nueva angustia y traición, haciendo al siguiente capítulo más sombrío que el anterior.

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Saturday, October 15, 2016

La UNESCO aprueba una resolución antisemita que niega la vinculación de judaísmo con sus más sagrados lugares - Yair Rosenberg



Las Naciones Unidas es una organización infame por someter únicamente a Israel a una "crítica obsesiva, desequilibrada, e implacable", en palabras de Susan Rice, la embajadora ante la ONU del presidente Obama. Como el candidato a la vicepresidencia y senador demócrata Tim Kaine ha comentado, el Estado judío es una especie de "perenne saco de boxeo" para la ONU, que "aplica a Israel un estándar totalmente diferente al del resto de naciones".

Por lo general, esta animosidad está envuelta en el ropaje de antisionismo. Esta mañana, sin embargo, la organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) prescindió de toda pretensión y aprobó una resolución claramente antisemita donde se borraban los lazos judíos con el Monte del Templo de Jerusalén, el lugar más sagrado del judaísmo.

Los palestinos redactaron una resolución, la cual fue aprobada por 24-6 con 26 abstenciones, afirmando que el lugar de los dos templos judíos era sagrado únicamente para los musulmanes. En la resolución se refieren a la zona solamente por sus nombres islámicos: Haram al-Sharif y Mezquita de Al-Aqsa (el santuario situado en el lugar). Esto es esencialmente el equivalente a la aprobación de una resolución que ignore los lazos musulmanes con La Meca, un movimiento que con razón se consideraría como islamófobo. (Por cierto, en 1925, el Waqf Islámico que supervisa el Monte del Templo publicó un folleto que señalaba  "que la identidad del lugar con el templo de Salomón estaba fuera de discusión". Obviamente, el Waqf no anticipó la "ingenuidad" de las Naciones Unidas.)

Como era de esperar, los Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Estonia, Lituania y los Países Bajos votaron en contra de la resolución. Es vergonzoso que los otros tres países europeos en la junta ejecutiva de la UNESCO - Francia, Suecia y España - solamente decidieran a abstenerse ante una resolución tan intolerante contra los judíos (De hecho, cada uno de ellos votaron a favor de una encarnación anterior de la misma resolución, antes de darse cuenta de lo mal que habían quedado).

Un hecho adicional a la amarga ironía del constante giro anti-judío de la UNESCO es que la votación se realizó durante el Yom Kippur. Como era de esperar, la liturgia del día más sagrado del judaísmo manifestó su vinculación con el más sagrado lugar del judaísmo. Uno de los versos más citados en largas oraciones del este día es Isaías 56: 7, donde el profeta imagina una utopía interreligiosa en el Monte del Templo de Jerusalén:

וַהֲבִיאוֹתִים אֶל-הַר קָדְשִׁי וְשִׂמַּחְתִּים בְּבֵית תְּפִלָּתִי עוֹלֹתֵיהֶם וְזִבְחֵיהֶם לְרָצוֹן עַל-מִזְבְּחִי כִּי בֵיתִי בֵּית-תְּפִלָּה יִקָּרֵא לְכָל-הָעַמִּים:

Yo los traeré a mi monte sagrado y dejaré que ellos se regocijan en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán bienvenidos en mi altar, porque mi casa será llamada una casa de oración para todos los pueblos.

La resolución de la UNESCO es perfectamente compatible con el sentimiento ecuménico de Isaías, siempre y cuando se añada "excepto los judíos".

Para ser justos, quizás ciertos partidarios de la resolución - donde se incluyen a "destacados expertos en el judaísmo" como Irán, Pakistán, Rusia y Qatar - no estaban familiarizados con este verso en particular de Isaías, ni con las múltiples restante referencias al Monte del Templo en el judaísmo, ni con las extensas evidencias arqueológicas y de otro tipo de los templos judíos que allí estuvieron. Sin embargo, uno podría pensar que deberían estar familiarizados con la famosa profecía de Isaías tallada en una pared en el exterior de las Naciones Unidas en Nueva York:

La profecía completa dice:
Y los muchos pueblos irán y dirán: "Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos, y andaremos por sus veredas". Por instrucción saldrá desde Sion, la palabra del Señor de Jerusalén.
Así que juzgará a las naciones y arbitrará a numerosos pueblos. Y volverán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces. Ninguna nación alzará su espada contra otra nación; y que nunca se volverá a conocer la guerra.




¿De nuevo indignados con el fanatismo de la UNESCO? Dejen que los judíos oren en el Monte del Templo - Liel Lebovitz

El día de hoy, e inmediatamente después de que la UNESCO - la agencia de la ONU encargada de promover la paz a través de los intercambios culturales y educativos - adoptara una resolución que anulaba cualquier conexión histórica judía al Monte del Templo de Jerusalén, la burocracia israelí reaccionó del mismo modo que se esperaba. "Con esta decisión absurda", tronó el primer ministro Benjamin Netanyahu, "la UNESCO ha perdido la poca legitimidad que tuvo una vez".

Eh.

Es claro que, con este razonamiento, sigue considerando a la ONU y cualquiera de sus organismos como algo más que una especie de "El mundo de Donald Trump", todo bravatas y prácticas oscuras y muy dispuesta a acercarse furtivamente a cualquier dictador de medio pelo que le mire dos veces. Lo que es más preocupante es que en sus condenas, los líderes israelíes están fallando a la hora de reconocer una verdad mucho más dolorosa: cuando se trata de reconocer los lazos judíos con el Monte del Templo, el gobierno de Israel no ha hecho tampoco grandes cosas.

Una lección de historia muy breve: después de que Israel reunificara Jerusalén a raíz de su victoria en la guerra de 1967, el entonces primer ministro Levi Eshkol firmó una ley diseñada para proteger los lugares sagrados de "todo aquello que pueda violar la libertad de acceso de los miembros de la diferentes religiones a sus lugares sagrados, o bien sus sentimientos con respecto a esos lugares". Luego, en una medida cruda repleta de buena voluntad y de respeto, le entregó el control sobre el Monte del Templo al consejo islámico del Waqf, un organismo jordano designado para servir como custodio del Haram al-Sharif durante siglos. Ese gesto también contaba con una concesión, forzada en diferentes grados de gravedad a lo largo de los años, de mantener ese lugar sagrado para las tres religiones abierta para la oración para sólo una de ellas: en la actualidad, sólo los musulmanes puede orar libremente en el lugar donde se cree que Dios había recogido la suciedad de Adán, donde Abraham casi sacrificó a su hijo, y donde los dos antiguos templos judíos se habían levantado.

Si Israel estuviera seriamente molesto por la intolerancia de la UNESCO, a continuación podría responder reafirmando los lazos del judaísmo con el Monte del Templo permitiendo que una vez más los judíos pudieran rezar en este lugar sagrado para ellos. Aquellos que rápidamente se opondrían a esta medida con el argumento de que ofenderían los sentimientos de los musulmanes y podrían dar lugar a algún tipo de conflagración, ahora tienen la prueba de cuales son los resultados de practicar el apaciguamiento: ellos pueden visitar un Monte del Templo libre de judíos y los palestinos pueden afirmar, con las simpatías de la ONU, que Israel es una fuerza exterior y de ocupación.

¿Por lo tanto, por qué no experimentar realmente la única verdadera base para una paz real y duradera? Vamos a dejar que los judíos - y todos los demás - puedan rezar en el Monte del Templo. Parece que ya no queda mucho que perder.

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Sunday, August 07, 2016

Lo siento New York Times, pero la libertad de prensa en Israel funciona bien - Liel Leibovitz - Tablet



¿Han oído las noticias de un país del Oriente Medio que recientemente ha tomado medidas contra la libertad de prensa? No se trata de Turquía, donde 42 periodistas fueron detenidos la semana pasada en el último asalto a los principios de la democracia, estamos hablando, por supuesto, de Israel, el tema de otra sombrío artículo de opinión de fin de semana del New York Times .

En caso de que usted sea de esa clase de gente que no lee mucho más allá de los titulares, el NYTimes se aseguró de no dar lugar a la confusión: El largo lamento escrito por el periodista israelí radicada en Nueva York, Ruth Margalit, fue titulado "Cómo Benjamin Netanyahu está aplastando la libertad de prensa en Israel".

¿Pero acaso es verdad? Difícilmente ustedes podrían creer las cosas depravadas que ese "déspota demoníaco" que gobierna Jerusalén haría para consolidar su poder. Bibi, según nos informa solemnemente Margalit, designa a personas que están de acuerdo políticamente con él para las posiciones clave en el gobierno. ¿Aún no están conmocionados? Lean esto: Él también tiene una oficina que llama a los periódicos y las web de noticias para tratar de incluir su versión y hacer girar las noticias a su favor.

Si tales procedimientos, "totalmente desconocidos en las democracias occidentales", no les hacen temblar hasta la médula, si todavía no sienten el frío recorrer su espalda ante la amenazante sombra del fascismo, Margalit tiene una última e irrefutable evidencia para usted. Por favor, hagan una respiración profunda: Para aplastar la preciosa flor de la libertad de prensa de Israel, Bibi, ese monstruo derechista, está abriendo el mercado de los medios de comunicación a una mayor competencia. Vergonzoso.

"Los tres principales canales de noticias de televisión de Israel, el Canal 2, Canal 10 y la Autoridad de Radiodifusión de Israel, ahora corren peligro de ser fragmentados, cerrados o reacondicionados, respectivamente", escribió Margalit. "La razón oficial del gobierno detrás de estos movimientos es la apertura de la industria de las comunicaciones a una mayor competencia. Pero parece que hay un doble estándar: En otros temas, como el gas natural, el primer ministro ha sido reacio a tomar una posición contraria a los monopolios. Como me dijo Ilana Dayan, una periodista de investigación del Canal 2: "A veces, la competencia es el refugio de los antidemocratas".

Porque conozco a Ruth Margalit un poco y la respeto algo más que eso, diré algo sobre la inanidad evidente de la comparación entre un recurso natural escaso y finito, como es el gas, y el mercado de los medios de comunicación, que en la era de la Internet es un campo sobre abundante. Voy a resistir de manera similar el impulso a preguntar qué clase de visión del mundo puede tener alguien que contempla la proliferación de diversas voces o visiones del mundo con, de alguna manera, la antítesis de la democracia. Tampoco voy a preguntar por qué, si es que verdaderamente el tirano está desatando su propia versión de Juego de Tronos, yendo contra sus competidores con espadas y sed de sangre, tantos periodistas israelíes de alto rango sienten de manera tan vertiginosa que compartan sus lamentaciones con Margalit.

La verdad es que vemos con muy poca frecuencia a enemigos de Erdogan tan sueltos de lengua, lo que para todos, excepto para los reporteros y editores del NYTimes, ya debería haber servido como una señal de que los titulares de advertencia de "una prensa libre machacada" son quizás un poco inmaduros.

En vez de levantar estas obvias objeciones, voy a hacer algo que Margalit y sus editores no se molestaron en hacer y ofreceré hechos y análisis. En lugar de dignificar la afirmación de que la prensa de Israel está bajo asalto, una proposición ridícula para cualquier persona que consuma realmente la prensa israelí y sabe que se dedica en gran parte a realizar fuertes críticas al primer ministro, su gabinete, su visión del mundo y a cualquier cosa asociada con él, trataremos de considerar por qué tantos reporteros de Israel, que disfrutan de unas robustas libertades, sin embargo todavía se imaginan a sí mismos bajo grave peligro.

En primer lugar, las cifras: En un estudio pionero publicado en 2010, el académico de comunicaciones israelí Avi Gur investigó las opiniones expresadas públicamente por 38.887 personas en más de 124.879 minutos de emisión y en 8.324 artículos de opinión en los medios de comunicación impresos durante los años 1996 a 1999 - donde como ahora Netanyahu era primer ministro - con el fin de determinar si la prensa israelí era de hecho ideológicamente de izquierdas. Su conclusión es contundente: el Yediot Aharonot , por ejemplo, uno de los medios más leídos e influyentes de la nación, estaba a favor de las posiciones de izquierda en un abrumador 83,5% de las veces, y en el resto no se quedaba demasiado atrás. Y ningún miembro de alto nivel de los medios de comunicación discutió las conclusiones de Gur: Raviv Drucker, por ejemplo, uno de los principales periodistas de investigación de Israel y un hombre que ha hecho una gran carrera atacando a Netanyahu con gran tenacidad, escribió un artículo hace unos años y admitió que el 80% o más de sus colegas del mundillo eran izquierdistas comprometidos.

Esto, en parte, nos ayuda a explicar por qué las flagrantes imposiciones ideológicas contra la prensa libre son cool cuando las denuncia la izquierda, como cuando Amos Schocken, el editor del descaradamente izquierdista Haaretz, admitió apoyar firmemente y con entusiasmo la posición de la administración Obama con respecto a Irán, y ello en contra de la política declarada del gobierno de Israel. Cuando personas "inteligentes, progresistas y sensibles" adoptan una posición, es el momento de aplaudir por su coraje, pero cuando las denuncias proceden de "primates derechistas y religiosos" que defienden su derecho a expresar sus puntos de vista, es el momento de alertar al NYTimes porque la democracia israelí está siendo asesinada.

Este enfoque miope y moralmente corrupto sería exasperante si no fuera tan cómico, y si no le costara tantos apoyos a la izquierda israelí electoralmente hablando. Sin ideas, fuera del tiempo y fuera de contacto con la realidad, la pequeña camarilla que se acurruca en las redacciones de Tel Aviv apenas puede creer que "las desagradables masas derechistas y religiosas" puedan ser tan imprudentes como para exigir medios que reflejen fielmente la realidad, o que al menos exista una oferta más amplia que el habitual y rígido punto de vista de la izquierda. Con cada vez menos gente escuchándoles en Israel, el NYTimes, parafraseando al artículo de Margalit, se está convirtiendo en el refugio de esa multitud que está obsesionada con culpar exclusivamente a Israel.

Es triste ver a una reportera abandonando cualquier intento de penetración o de matiz en su artículo, y como se dirige al NYTimes para ofrecer las más banales afirmaciones, y es triste saber que los NYTimes continuará publicando estos tonterías sin intentar profundizar o comprender las cosas. No importa, y buena suerte: Mantengan sus páginas de opinión que, al igual que sus opiniones, no son más que manifestaciones de ruido y furia, lo que significa que no vale absolutamente nada.

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Sunday, April 17, 2016

Antisionismo es antisemitismo. Supérenlo - Liel Leibovitz - Tablet



¿Es el antisionismo diferente del antisemitismo? La pregunta es, probablemente, el sismógrafo más exacto que tenemos para medir dónde nos situamos sobre la base de los trasfondos políticos cada vez más trepidantes que adoptamos cuando hablamos de Israel. No es que haya necesariamente una respuesta correcta o incorrecta, ya que la gente normalmente bien intencionada puede hacer argumentos sobre ambos extremos. Sí, porque los judíos y la vida judía no pueden reducirse a las aspiraciones nacionales del Estado judío. No, porque nadie puede negar que el estado de los judíos es el único de todos los países del mundo cuyo derecho a la autodeterminación es sistemáticamente negado. No se trata de un debate totalmente inútil, pero no es el debate que estamos teniendo.

El debate que estamos teniendo, fieles a nuestros tiempos, es un tanto más estúpido y malicioso, y fue puesto en evidencia este mismo mes en al menos dos de las mejores y más progresistas instituciones de educación superior estadounidenses, Stanford y Oberlin, donde su nivel intelectual fue ampliamente lamentable. En Stanford, un miembro del senado estudiantil de esa universidad argumentó que "no era antisemita argumentar que los judíos controlan los medios de comunicación, los bancos, el gobierno y todas las demás instituciones sociales". Y en Oberlin, en el enclave de Ohio, varios estudiantes judíos altamente progresistas publicaron una carta en un periódico estudiantil en defensa de una profesora que había caído en desgracia por haber publicado similares tropos antisemitas en su página de Facebook sobre la omnipotencia malévola de los judíos.

Ambas declaraciones son dignas de consideración. Como cualquier buena obra de arte moderno, tienen una parte de parodia y una parte que anuncia la muerte de un buen pensamiento y del discurso racional. En Stanford, una "portento" llamada Gabriel Knight, una estudiante junior en el órgano de gobierno estudiantil de la escuela, afirmó que era un "argumento totalmente refrescante hablar de cómo los judíos controlan el mundo". "Cuestionar estas potenciales dinámicas de poder creo que no se trata de antisemitismo", comentó Knight, que añadió, "creo que es una discusión muy válida".

Para no ser menos, cinco altamente progresistas estudiantes judíos de Oberlin publicaron un manifiesto que pasó de la declaratoria a la definición:
"Estamos profundamente preocupados por la persistente fusión de antisionismo y antisemitismo, que no sólo es ahistórica y sin fundamento, sino que también desempeña un papel ideológico central en el intento de socavar la crítica legítima del Estado de Israel", tronó la Banda de Cinco. 
"Esta fusión nos deja, como judíos antisionistas, sin la posibilidad de argumentar sobre el auténtico carácter del antisemitismo. Estamos de acuerdo con la definición de antisemitismo elaborada por Aurora Levins Morales, una activista judía pro-palestina, quien escribe que el antisemitismo - hablando de los judíos europeos bajo el cristianismo - funcionaba mediante la creación de grupos de población vulnerables que se utilizaban como intermediarios que podían ser sobornados con ciertos privilegios para la gestión de la explotación de los demás, y luego, cuando la consecuente presión social de las clases populares se disparaba, ellos mismos servirían de culpables y de chivos expiatorios, sirviendo para distraer a los ofendidos sectores populares de los delitos cometidos por los que están en la parte superior de la sociedad".
Es un argumento que ni siquiera un exaltado desconstruccionista podría amar: Según estos chicos judíos estadounidenses altamente progresistas, el antisemitismo no es el odio histórico a los judíos, documentado consistentemente durante miles de años y arraigado en antiguas y duraderas fisuras teológicas, sino simplemente una conspiración de anónimos y ricos europeos cristianos que elevan a los judíos a ciertas posiciones desproporcionadas de poder e influencia para luego poder culparlos más tarde cuando los oprimidos se alcen y rebelen.

Si usted está tentado a gastar alguna broma acerca de algunos de los pobres padres de estos chicos judíos altamente progresistas que está pagando 49.928$ al año para que sus retoños reciban el equivalente intelectual de un accidente cerebrovascular isquémico, no lo hagan. Las debacles de Stanford y Oberlin no son casos aislados de idiotez, son más bien señales indicativas de un defecto moral digno de nuestra atención. Después de todo hablamos de lugares donde debería reinar el pensamiento, no la reducción al absurdo del debate sobre Israel: En la discusión inicial sobre si el antisionismo es o no antisemitismo, la izquierda ilustrada parece ahora utilizar al argumento de que incluso el antisemitismo tampoco ya es antisemitismo, sino por decirlo académicamente, una "forma admisible de discurso sobre el poder y el privilegio".

Difícilmente se necesita un doctorado o una licenciatura saber lo que todo ello significa. Esto significa que ahora es permisible para estudiantes y profesores de nuestras mejores universidades y escuelas superiores y, por extensión, para toda la sociedad educada, utilizar los más viles estereotipos antisemitas que anteriormente solía utilizar casi exclusivamente la extrema derecha más rabiosa. Se trata de una evolución y desarrollo que afecta especialmente a los pedantes progresistas que llenan la Torre de Marfil y que son propensos a descartar cualquier tipo de realidad que entorpezca el camino hacia la teoría abstracta perfecta, pero el resto de nosotros debemos prestar atención y aprender rápidamente dos lecciones clave:

La primera lección es que "ha llegado el momento de acabar con el debate antisemitismo/antisionismo". Sean cuales sean los méritos intelectuales de los argumentos, en gran medida se han vuelto irrelevantes en un entorno abrasado por las llamas de los prejuicios disfrazados de pensamiento.

Es una dolorosa y difícil situación, la mayoría de nosotros aún anhelamos matices y verdadera reflexión, y nos esforzamos por ver al mundo en toda su complicada realidad, pero la segunda lección se nos presenta aún más difícil: "El odio no tiene paciencia con los argumentos reflexivos y los matices".

Esa gente tan sería, sin lugar a dudas, que argumenta que profesar la fe judía no implica necesariamente apoyar el derecho del Estado judío a existir, debería mirar las recientes noticias como en un espejo. Podrían empezar por leer la nota del editor colocada en la carta de los estudiantes de Oberlin, donde se corregía la información inicial de que los cinco jóvenes judíos altamente progresistas que apoyaron a la profesora que emitió las burdas declaraciones antisemitas eran miembros del SFP, Estudiantes por Palestina, un grupo pro-palestino del campus.  La correción posterior del editor informaba que el "SFP se abstiene de promover acciones o cartas de estudiantes judíos, ya que es una organización de solidaridad con Palestina". En otras palabras, el SFP afirmaba que sus partidarios antisionistas judíos nunca les podrían representar aunque no apoyen el derecho de Israel a existir. Si usted es judío, el SFP afirma sin rodeos, no puede apoyar al movimiento pro-palestino debido a que el movimiento pro-palestino se basa actualmente en la creencia de que los judíos sólo pueden ser esas personas que pueden ser elegidas para calumniarlas.

Los que creen que los judíos controlan los medios de comunicación y los bancos, o que consideran que creer en esos tropos antisemitas forma parte de un debate válido y aceptable, no hacen ninguna distinción entre "los buenos judíos", esas bellas almas judías altamente progresistas que se lavan las manos con respecto a Israel, y los "malos judíos", esos que tienen la osadía de adherirse a su fe y a su nacionalidad como cualquier otra persona normal en el mundo.

Y aquellos judíos que crean que su sofisticación liberal y progresista de alguna manera les salvará de la ira de la intolerancia, deberían reconsiderar esa suposición: nunca te preguntes quien puede o no ser un imbécil antisemita. El imbécil irá por ti.

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Saturday, December 12, 2015

¿El verdadero test de la pretendida existencia de "musulmanes moderados"? Israel - Liel Leibovitz - Tablet



¿El sueño americano tiene un gran embajador en Syed Farook? El padre del presunto asesino de San Bernardino, Syed Rizwan Farook, llegó de Pakistán en 1973 decidido a conseguir una vida mejor para él y para su familia. Obtuvo una licenciatura en ingeniería, trabajó duro, y crió a sus hijos: uno de ellos, Syed Raheel Farook, se unió a la marina de guerra y, por su esforzado servicio fue galardonado con la Medalla Nacional al Servicio de la Defensa, la Medalla Expedicionaria de la Guerra Global contra el Terrorismo, la Medalla al Servicio de la Guerra Global contra el Terrorismo, y la Medalla al Servicio Marino al Despliegue. Toda la evidencia que tenemos en estos momentos  sugiere que el padre de Farook es la encarnación del género de personas decentes que se buscan tan desesperadamente en todo el mundo, el famoso "musulmán moderado". En una reciente entrevista  con el diario italiano La Stampa, Farook interpretó al menos ese papel, declarándose incrédulo y en completa desesperación por supuesta masacre de su hijo.

¿Cómo entonces calmaba Farook a su hijo cuando éste despotricaba sobre Israel?

"Le dije que tenía que mantener la calma y tener paciencia", dijo el padre de Farook a su entrevistador, "porque en dos años Israel no existirá más. La geopolítica está cambiando: Rusia, China y los Estados Unidos no quieren allí a lo judíos nunca más. Ellos trasladarán a los judíos nuevamente a Ucrania. ¿Qué se obtiene luchando? Ya lo hemos hecho y hemos perdido. Israel no está para ser combatido con las armas, sino con la política. Pero él no me escuchaba, él estaba obsesionado".

Se puede apelar que no es el momento para juzgar a un doliente padre, inclusive el padre de un presunto maniaco homicida en pleno momento de dolor, pero los comentarios de Farook nos están diciendo mucho. Revelan una falla fundamental en esa "dicotomía conveniente que nos hemos creado para nosotros mismos, insistiendo en que los musulmanes nos llegan en dos tonos, buenos y moderados y malos y asesinos, y que es nuestro deber como gente ilustrada y comprensiva no confundirlos para no llegar a la conclusión equivocada".

Para entender mejor esta situación, contemplemos el siguiente escenario: imagínense las opiniones de alguien que podría ser descrito como un cristiano conservador moderado, excepto porque espera que todos los homosexuales sean detenidos en un futuro próximo y enviados a Mónaco. O imagínense a un blanco moderado que comente que mientras los americanos blancos han tratado infructuosamente de controlar a los negros por medio de la violencia, ya no habría de qué preocuparse porque tarde o temprano los negros serán todos apilados en barcos y enviados de vuelta a África. Si oyen algo de eso, es probable que se muestren horrorizados y luego declaren que considerando un buen número de adjetivos para describir a tales personas, pero "moderado" no es ciertamente uno de ellos.

Y sin embargo, cuando se trata de "musulmanes moderados", consideramos que el odio a los judíos es bastante comprensible, incluso aceptable. Por ejemplo, en Bedfordshire, Inglaterra, la policía local puso en marcha una campaña en los medios sociales para promover la tolerancia y la diversidad en coordinación con Qadeer Baskh, el presidente del Centro Islámico de Luton. Sin embargo, la página web de esa institución deja muy claro que "los judíos son los hermanos de cochinos y cerdos", que se "esfuerzan todo lo posible para corromper las creencias, la moral y las costumbres de los musulmanes", y que por lo tanto deben ser vencidos. Pueden escuchar opiniones similares de "musulmanes moderados" en Ammán, El Cairo, Brooklyn, y en otros lugares.

Estas viles declaraciones, por regla general, se explicitan murmurando algo acerca de la ocupación o de Gaza, o del efecto duradero de un extraño conflicto religioso sobre alguna lejana tierra, algo que ninguno de nosotros, occidentales adinerados, hemos tratado de entender. Pero todo esto es una farsa. Una pequeña minoría religiosa con su propia existencia nacional independiente, los judíos, son ese "otro esencial" en el Oriente Medio. El hecho de que no piensen en ellos más que para anhelar su destrucción no puede permitirnos pensar que alguien que dice ser un moderado pueda tener jamás raíces en una sociedad democrática que todavía cree en las bondades de la paz, el pluralismo y la libertad.

Es hora, pues, de una nueva prueba de fuego. Es esta: Ningún musulmán moderado debería rechazar jamás el derecho de Israel a existir. La crítica, incluso del tipo vociferante, es justa y bienvenida, pero fantasías sobre masas judías desterradas a Ucrania no lo son. Si usted no puede pasar esta simple prueba, es sólo cuestión de tiempo antes de que usted, o alguien que usted ame, tome una pistola, dispare contra los judíos, los judíos por Jesús, los cristianos y todos aquellos que no comparten su odiosa visión del mundo.

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Sunday, October 11, 2015

El New York Times considera la existencia de los templos judíos en el Monte del Templo como un hecho impreciso y relativizable - Liel Leibovitz - Tablet



¿Realmente la Casa Blanca estuvo alguna vez en Washington, DC? ¿Podemos saberlo realmente con seguridad? No, a menos que cavemos bajo la estructura existente y encontramos evidencias arqueológicas indiscutibles de la estructura original, aunque el general británico Robert Ross dijera - según algunas fuentes- que fue incendiada en agosto de 1814.

Si usted encuentra todo lo relacionado con el párrafo anterior patentemente ridículo, claramente usted no es un reportero o un editor del New York Times. El 8 de octubre este diario publicó un artículo sobre el Monte del Templo de Jerusalén cuestionando si ese fue o no el lugar donde, ya saben, estuvieron los templos judíos. "La certeza histórica se demuestra elusiva sobre ese lugar Santísimo de Jerusalén", se titulaba el artículo. De tapadillo una cita de Jane Cahill, de la que se dice que no sólo es arqueóloga sino también una abogada en ejercicio y, por lo tanto, es de suponer que una experta en evidencias incontrovertibles. ¿Estaban los antiguos templos judíos donde se ubica actualmente la Cúpula de la Roca? "La respuesta podría ser que sí, si el nivel de las pruebas estriban básicamente en la preponderancia de evidencias, pero podría ser que no si el nivel de las pruebas están más allá de toda duda razonable", dice Cahill

Es difícil empezar a diseccionar la poderosa mezcla de ignorancia y de malicia del NYTimes. Hay una mala fe repulsiva del reportero Rick Gladstone, en continuo movimiento hacia atrás y hacia adelante a lo largo de su texto sobre la veracidad de la cuestión que parece haber planteado a Cahill y a otros estudiosos: ¿los templos estaban precisamente en el lugar exacto del Monte del  Templo donde luego se construyó la mezquita Al Aksa, o podrían existir digamos 50 pies por debajo?

Está además la idea de Gladstone que insinúa a lo largo de su artículo de que no existe la más mínima credibilidad de la idea de que existieran "los templos judíos", ya saben, que solo fueran los productos de una especie de febril sueño religioso que los sionistas se apropiaron para sus propios y agresivos fines.

Para ser justos, la ignorancia de Gladstone lo abarca todo. Si usted sabe algo acerca de la historia religiosa - no judía, que conste, sino solamente musulmana -, ya sabe que la Cúpula de la Roca fue construida en su lugar actual por el Califato Omeya en el 692 d. C., precisamente porque era un espacio sagrado y porque fue la primera ubicación del templo judío, al igual que la Kaaba en La Meca se convirtió en un santuario debido a la creencia (lo dice explícitamente el capítulo 2, versículo 127 del Corán) de que fue construida por Abraham.

Pero bueno, no importa nada de eso. No importa la existencia física del Muro Occidental o del Muro de las Lamentaciones, que por cierto el artículo del NYTimes menciona de pasada en el cuarto y último párrafo, a pesar de que la existencia de una enorme pared o muro de soporte externo, directamente debajo del lugar donde se dice que el templo existió, debía de responder su pregunta. No importan los abundantes relatos históricos romanos de la estructura construida por Herodes que fue ampliamente considerada como una de las maravillas del mundo antiguo. Y no importa el hecho de que entre los estudiosos que realmente saben de estas cosas no existe controversia alguna sobre la existencia de templos judíos en el Monte del Templo en Jerusalén, por encima de cualquier controversia que pueda existir entre el judaísmo y el Islam sobre este punto, o el hecho de que no haya ninguna contradicción entre las fuentes judías, cristianas, musulmanas, romanas o paganas.

Por favor, no molesten al NYTimes con cualquiera de esos hechos: Desde hace bastante tiempo cualquier reclamación judía sobre el lugar más sagrado del judaísmo es considerada por el NYTimes como la enésima e irracional argumentación de ficción inventada por febriles religiosos judíos, sionistas y otros alborotadores, los cuales están muy alejados de las buenas, lógicas y educadas argumentaciones de esos "buenos chicos judíos" que leen y escriben para el NYTimes,.

Y esto es lo que hay, y como el NYTimes no lo dice claramente, permítanme el placer: Negar que los templos judíos estuvieron en el Monte del Templo no es una forma de argumento histórico. Es similar a negar que la Tierra no es plana. O negar que el calentamiento global no es real. O que la evidencia de la evolución humana es ampliamente aceptada por los estudiosos. Pero el tipo de historia que presenta el NYTimes es el equivalente a la voladura de las estatuas de Buda, o a la voladura de las iglesias, o negar que el Holocausto ocurriera. Es una forma de negación que busca destruir la evidencia y las normas básicas de las pruebas al servicio de una verdad superior, lo que rara vez  es algo que el futuro agradezca. Es feo y desagradable.

Pero el apego de boquilla a los más altos estándares de prueba histórica mientras, salvajemente, relativiza las opiniones de los académicos al servicio de la negación histórica, convierten al NYTimes, y a su ignorancia básica, en algo mucho más feo y desagradable.

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Saturday, October 03, 2015

El asesinato de Eitam y Naama Henkin - Liel Leibovitz - Tablet





Anoche, Eitam Henkin, un estudiante de doctorado en la Universidad de Tel Aviv donde ganó la prestigiosa beca Nathan Rotenstreich, y su esposa Naama, una experta diseñadora gráfica que dirigía su propio estudio, se dirigían de regreso de una reunión a su casa en Neria, una pequeña comunidad de unas 250 familias en Samaria. En la parte trasera de su camioneta Subaru blanca, cuatro de sus seis hijos, el de más edad de nueve, el más joven de cuatro meses, dormitaban. Mientras conducían más allá de la aldea palestina de Beit Furik, hombres armados afiliados a la OLP se acercaron al coche de los Henkins y dispararon desde cerca a los adultos. Los niños observaron en silencio desde el asiento trasero como los torsos de sus padres eran destrozados por una lluvia de balas. El silencio de los niños les salvó la vida: es probable que pasaran inadvertidos a los asesinos, evitando así un destino similar.

El silencio del mundo en respuesta a los asesinatos de Eitam y Naama, y ​​ante la racha de asesinatos similares recientemente perpetrados por organizaciones terroristas palestinas que actúan con el apoyo y beneplácito, y muchas veces bajo la dirección, de Mahmoud Abbas y el movimiento nacional palestino, no demuestra nada positivo. Cuando a un vecino le preguntó un reportero de noticias israelí cómo los huérfanos de los Henkins estaban sobrellevando el asesinato de sus padres, respondió: "Ellos están llorando". Aquellos cuyos ojos aún permanecen secos tendrían algo que decir.

El 13 de septiembre, conduciendo también de vuelta a su casa en Jerusalén después de una festiva cena de Rosh Hashanah, Alexander Levlovitz, de 64 años, murió después de que terroristas palestinos lanzaron contra el parabrisas de su coche grandes rocas que le hicieron perder el control del vehículo y estrellarse contra un poste.

El 30 de junio, Malaquías Rosenfeld fue disparado a quemarropa por unos asaltantes palestinos cerca Shvut Rahel.

Once días antes, y no demasiado lejos, Danny Gonen, de 25 años, fue igualmente asesinado en su camino de regreso de una excursión de fin de semana.

La lista es interminable: tiroteos, apuñalamientos y lapidaciones son hechos constantes, y casi siempre son perpetrados o alentados por la burocracia palestina.

Los líderes occidentales, e inclusive una parte de los judíos de la diáspora, justifican su negativa a criticar o incluso a mencionar la actual ola de ataques asesinos de terroristas palestinos sobre la base de que los fallecidos son en su mayoría "colonos" - una categoría especial de civiles cuya asesinato parece justificable -, y si no los justifican, estos ataques son "bastante fáciles de comprender" para todos estos que asistieron a las universidades y leen los periódicos políticamente correctos.

Después de todo, ¿qué estaban haciendo Eitam y Naama Henkin en Cisjordania, viviendo en tierras que los palestinos reclaman como el territorio de su futuro estado, ese ya reconocido por la ONU? El hecho de que la tierra donde vivían los Henkins fuera también sagrada para los judíos, que de hecho proceden y vivieron allí durante milenios, resulta irrelevante al lado de esa verdad más importante a nivel internacional que afirma que Israel es culpable de crímenes de guerra. ¿Es que el asesinato de dos personas, de 12 o 23, o la actual ola de lapidaciones, tiroteos y apuñalamientos, o los miles de cohetes lanzados contra los jardines de infancia y los barrios residenciales, son el resultado de décadas de ocupación y represión? La única respuesta sensata a este tipo de tragedias es un renovado impulso para una mayor tolerancia y una mayor coexistencia. Y así sucesivamente y sucesivamente.

Esta locura debe terminar. El hombre que es el jefe de los verdugos de Na'ama y Eitam, y que además es el presidente de la OLP y de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, fue inequívoco en su discurso de esta semana en las Naciones Unidas al mencionar su intención de no atenerse a los acuerdos de paz de Oslo. Pero sus acciones aún hablan más fuerte que sus palabras. El asesinato de los Henkins es una prueba, si se necesitaba alguna prueba adicional, de que la OLP sigue siendo una organización terrorista que, después de 30 años y tras recibir miles de millones de dólares de ayuda internacional, no está dispuesta a negociar cualquier tipo de acuerdo de paz razonable, y ha dejado de fingir que su meta, incluso de palabra, son dos estados viviendo lado a lado en paz.

En las décadas transcurridas desde el histórico apretón de manos en el césped de la Casa Blanca entre Yitzhak Rabin, Bill Clinton, y Yasser Arafat, Israel ha tenido que esforzarse mucho para prepararse para la desconexión. A menudo se cometieron errores graves y costosos. Se continuó construyendo en Cisjordania, incluso en lugares donde no se había acordado. Se retiró unilateralmente de la Franja de Gaza ante el aplauso universal, a pesar de que había muchas razones para creer que tal retirada llevaría a incesantes ataques terroristas contra los ciudadanos israelíes.

Sin embargo, Israel luchó con el marco de Oslo con honestidad y seriedad, con un gran costo nacional. Se ha mantenido el compromiso de mantener las conversaciones con vida incluso después de que un fanático judío asesinara a Rabin y tras los numerosos y atroces actos de terrorismo de los palestinos. Aceptó unos riesgos de seguridad que ningún país occidental volvería a tolerar, y permitió que un gran ejército de terroristas extranjeros, a los que incluso armó, regresara a un territorio que entregó a cambio de nada, y en una zona especialmente peligrosa del mundo.

Los palestinos, por el contrario, no han tomado medidas acordes. Además de dilapidar varios planes Marshall de ayuda financiera extranjera en mantener una cleptocracia asesina y corrupta, el liderazgo palestino perdió la oportunidad de dejar atrás el lenguaje del victimismo y ofrecer a su propio pueblo, y al mundo en general, una visión de un futuro más esperanzador. Continúa equiparando el sionismo con el colonialismo occidental, un enfoque idiota y simplista que no se ajusta ni al más superficial escrutinio histórico, pero que de alguna manera pasa por un evangelio, mientras que justifica la idea de que los judíos son el único pueblo en la tierra que no tienen derecho a su tierra natal. A ningún otro movimiento nacional en la historia moderna se le ha ofrecido tantas oportunidades y entregado tantos recursos como a los palestinos. Ningún otro movimiento nacional ha fracasado tan miserablemente. No es ningún secreto que miles de millones de dólares en ayuda internacional están depositados en cuentas bancarias palestinas en Jordania, Dubai, Londres y Ginebra. No es ningún secreto que los palestinos siguen viviendo en campos de refugiados en el territorio controlado por la Autoridad Palestina que se niega a gastar un centavo para construirles casas adecuadas.

El colosal fracaso del movimiento nacional palestino acontecido en varias ocasiones ha sido acogido por un silencio ensordecedor por un mundo que, hace ya mucho tiempo, decidió por razones que van desde la pura y brutal conveniencia a la mayor hipocresía, definir sus pretensiones como trascendentalmente justas. Mientras que Israel es rutinariamente criticado por los organismos internacionales, los carniceros de familias judías son exonerados. Esos asesinatos nunca sucedieron, y por lo tanto no existen los asesinos. Y es las víctimas no son más que "colonos". La periodista del New York Times, Isabel Kershner, no pudo identificar a los Henkins de ninguna mejor manera que señalando que eran "residentes del asentamiento cisjordano de Neria" y que, en respuesta a su asesinato, "colonos judíos estaban lanzado piedras contra los vehículos palestinos en las carreteras cercanas a donde ocurrió el ataque". Todo al final se compensaba.

El liderazgo palestino en Cisjordania ha declarado que los Acuerdos de Oslo están muertos y parece haber puesto en marcha una campaña de terror asesino contra los civiles judíos. Si las conversaciones de paz ya no están sobre la mesa, el gobierno de Israel debe llevar a cabo una campaña decisiva contra aquellos que asesinan a madres y padres delante de los ojos de sus hijos, con el objetivo de destruir la infraestructura que fomenta este tipo de terrorismo.

Treinta años de fomentar las fantasías irredentistas del movimiento nacional palestino, al tiempo que se ha permitido la supervivencia de un corrupto e inoperante liderazgo que ha actuado como una célula terrorista, no ha traído la paz a nadie, solamente ha traído la tragedia a israelíes y palestinos por igual.

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Sunday, May 17, 2015

Desde Tel Aviv al río Támesis, es la era de neo-tribalismo - Liel Leibovitz - Tablet



"El Conservadurismo", tronó el titular de The Guardian, "se ha convertido en corrupto y ha perdido el contacto con el resto de nosotros". Se publicó el 2 de mayo, cinco días antes de que los conservadores consiguieran la peor derrota de los Laboristas en casi tres décadas.

El autor de esta desafortunada observación es Will Hutton, un columnista del periódico y el director de la misma universidad de Oxford que forjó a John Donne, Thomas Hobbes, y Jonathan Swift. Es tentador tratar de perdonar su vergüenza posterior:  incluso los observadores más astutos, después de todo, a veces se equivocan, y no hay nada tan mezquino como deleitarse con los pronósticos equivocados de un oponente desde la seguridad de la retrospectiva. Pero el error de Hutton no fue sólo suyo, es endémico en toda una clase de personas educadas que, echando un vistazo a sus Facebook, nos encontramos que son nada más que Milifans (fans de Miliband, el candidato laborista) que opinaban que el final de David Cameron estaba cerca. Este vasto olvido no se limita a Gran Bretaña: en Varsovia sorprendió de manera similar esta misma semana cuando el conservador Andrzej Duda ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales del país y en Tel Aviv se vivió de una manera similar ante la incredulidad de su intelectualidad despatarrada en sus cafés a raíz de la reciente y rotunda victoria de Netanyahu.

Cuando sus respectivos desastres electorales les cayeron encima, los izquierdistas de Tel Aviv y del Támesis miraron al cielo en busca de respuestas, regresando con una sola explicación: como ellos eran claramente los campeones de la razón y del sentido común, sus opositores solamente podían haber triunfado traficando con el miedo, el nacionalismo y otros desagradables sentimientos. El corresponsal del Haaretz en Londres hizo esta explícita comparación cuando informó a sus lectores de que Cameron era meramente un Bibi con acento pijo, que únicamente consiguió la victoria asustando toscamente al electorado con constantes toques de tambor que aludían a escenarios de pesadilla que involucraban enemigos internos y externos.

Tales explicaciones uniformes, que viene de los que normalmente son (auto)santificados por su complejidad y diversidad, son sorprendentes. Ninguno de esos en la izquierda se tomó la molestia de mencionar las medidas tomadas por Cameron como su negativa a recurrir al endeudamiento masivo, por citar sólo un ejemplo obvio,  algo que como algunos laboristas predijeron solamente provocaría el estancamiento de la economía, y dicha negativa permitió a la economía británica crecer a un ritmo que superó ampliamente al del resto del continente, con el Reino Unido creando más puestos de trabajo con los Tory que el resto del continente de manera combinada. Tampoco a los críticos israelíes de Netanyahu les importó que la economía de Israel continuara creciendo de manera constante en el 2014, a pesar de un conflicto militar de 50 días que costó cerca de 2,5 mil millones de $ . Pero para la "buena sociedad de progreso" israelí la única razón o explicación del ascenso de la derecha se debió a la depravación de sus partidarios.

Y sin embargo, no se apresuren a poner en la picota a estos desventurados progresistas por sus fracasos. La izquierda mundial contemporánea, en la medida en que pueda existir una entidad tal, es ciertamente culpable de una amplia gama de deficiencias intelectuales y morales, por ejemplo abogar por unos esquemas de redistribución desastrosos como si fueran panaceas económicas y negarse a reconocer los peligros claros y presentes del Islam radical. Pero el problema aquí no es la izquierda, es la aniquilación del espacio en el que las conversaciones políticas racionales y razonables se llevaban a cabo, la última gran esfera pública.

En caso de que signifique algo para usted el nombre de Jürgen Habermas, la esfera pública era el espacio en el que los particulares podían reunirse y discutir los asuntos-políticos, financieros y artísticos que daban forma a sus vidas compartidas. Habermas, un filósofo alemán estrechamente asociado con la explicación de este concepto, argumentó que si bien la esfera pública fue robusta desde finales del siglo XVII hasta aproximadamente la primera mitad de la década de 1800, todas esas densas cafeterías repletas de polemistas que diseccionaban los últimos actos legislativos empezaron a caer en picado con el ascenso de la economía industrial. Pero cuando llegamos a finales del siglo XX, se lamente Habermas, los medios de comunicación, los spin doctors (creadores de opinión) y el consumismo voraz han erosionado la esfera pública hasta dejarla en el olvido.

Sin embargo, inherente a la teoría de Habermas existe una curiosa contradicción: esa esfera pública, idealizada como el suelo fértil del que surgió la democracia liberal, históricamente sólo prosperó cuando estaba poblada por una parte relativamente pequeña de la población, la cual era adinerada y bien educada, permaneciendo fuera las masas caóticas. No obstante, la democracia salvaje terminó estrangulando a su partera.

Con la aparición de Internet, los orgullosos post-docs se apresuraron a debatir si esa red virtual podía constituir la esfera pública de la era moderna. Argumentos interesantes se postularon en cada dirección. Pero todos son ahora discutibles: lo que la web podría haber sido ya poco importa, se trata de lo que hemos elegido hacer de ella. Y lo que hemos hecho de ella es solamente una muestra hecha jirones de la colcha andrajosa en que se ha convertido nuestro tejido social, deshilachándose a pedazos por las costuras.

Los motivos exactos de este colapso es probable que mantenga ocupados a los estudiosos y a los poetas durante décadas, pero para el resto de nosotros apenas tiene importancia. Sólo tenemos que mirar a Gran Bretaña, Polonia o Israel para darnos cuenta de que ya no existe más una esfera pública, que ahora vivimos en aldeas disociadas, que ya no somos los hijos e hijas de naciones unidas, sino más bien los miembros de tribus dispares, cada una preocupada por su patria y cada una persiguiendo sus objetivos.

Esto - ¿debemos decirlo? - es una situación lamentable. Podría haberse evitado. Los medios académicos, si no fuera por su celo por las estupideces de las políticas de identidad, podrían haber puesto un dedo en el dique. Así aún pudo haber periodismo, no como el actual más propenso a enfriar la libertad de expresión  que a promoverla. Pero ahora que la era del neo-tribalismo ha caído sobre nosotros, haríamos bien en ajustarnos y adaptarnos. Una guía práctica es el influyente libro de Yuri Slezkine "El Siglo judío". En él, Slezkine argumenta que los judíos han prosperado porque eran las últimas personas mercuriales, unas tribus pequeñas y exclusivas que se especializaron en la prestación de servicios para las franjas más grandes y homogéneas de la sociedad mayoritaria, los apolíneos. Los pueblos mercuriales sobreviven, argumenta Slezkine, cultivando la pureza y limpieza de las diferencias que los distinguen de los demás, y prosperan cuando, al igual que los judíos, son capaces de dominar los reinos de la diplomacia, la banca o el entretenimiento que los apolíneos consideran como de excesiva mala reputación para practicarlos.

¿Qué mejor podría ayudar a explicar el renovado rugido del antisemitismo incluso en esos lugares que previamente se creía que eran resistentes al mismo?: La pequeña tribu original, los judíos, sólo podían prosperar mientras la sociedad mayoritaria estuviera allí para aceptar sus servicios, aunque lo hiciera a regañadientes. Pero cuando la sociedad mayoritaria, apolínea según Slezkine, procedió a separarse en tribus, las viejas afinidades perdieron mucho de su brillo. Si esas tribus ya no ocupan el mismo espacio público, entonces ya casi no tienen ninguna necesidad del genio de otra tribu.

Podemos, por supuesto, llegar a superar esto. Hemos tenido épocas más oscuras y hemos sido arrastrados por ideas aún más ignorantes. Podemos nuevamente aprender a ver más allá de nuestras fronteras tribales, una vez más, llenar nuestros cafés con conversaciones, una vez más construir una mayoría apolínea cohesiva y coherente. Pero por ahora, es el tiempo tum-tum de los tambores, con todas las comodidades y terrores inherentes a la vida tribal.

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Saturday, March 21, 2015

¿Podrá la izquierda israelí aprender la lección para poder ganar las elecciones nuevamente? - Liel Leibovitz - Tablet


"Aceptar los resultados electorales, pero no respetarlos". La doctrina del Haaretz, y que seguirá a pie juntillas la izquierda oficial. Luego se quejará

En el invierno de 1973, cuando apenas sobrevivió al ataque árabe coordinado, Israel se dispuso a entender por qué había pasado por alto los muchos signos que apuntaban hacia una futura agresión egipcia. La respuesta que se dio fue larga y complicada, pero se puede resumir en una sola palabra que conoce todo israelí: Ha'Konseptsya, o el Concepto. La inteligencia de Israel no vio venir la guerra debido a su (errónea) concepción de que Egipto nunca se arriesgaría a una guerra a menos que tuviera misiles de largo alcance que pudieran alcanzar suficientes blancos en el interior del Estado judío. El viernes antes de que estallara la guerra, los oficiales de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel recopilaron un documento con 39 cláusulas, cada una de ellas apuntando a una evidencia de por qué una invasión egipcia era sólo una cuestión de tiempo. Su oficial al mando, fiel al Concepto, añadió una cláusula más, la 40ª y última, que exponia que dejando todas las pruebas a un lado, la probabilidad de guerra era minúscula. Menos de 24 horas después, aviones egipcios y sirios lanzaron más de 750 ataques contra objetivos israelíes en el norte y en el sur. Ha'Konseptsya fue probada como totalmente equivocada.

Lo que la izquierda israelí experimentó esta semana a la luz del triunfo electoral de Benjamin Netanyahu no fue un mero revés político. Fue la ruptura de otro Concepto, de otra firme visión del mundo que ignora demasiadas señales y confia demasiado en sus artículos de fe. Con los Laboristas habiendo obtenido su más impresionante logro en casi dos décadas pero aún así quedándose cortos, y con el Meretz tambaleándose al borde de la extinción, quizás no sea demasiado decir que ésta es la hora más oscura de la izquierda israelí. Si quiere sobrevivir, tendrá que lidiar con el Concepto que la llevó por mal camino.

Irónicamente, en el corazón de su Concepto están los mismos pasos en falso que los progresistas israelíes achacan rutinariamente a sus oponentes de haber cometido: abandonar la lógica y el análisis por el dogma, el pensamiento mágico y el odio tribal.

Como una muestra de todo lo anterior, no tienen más que buscar la cobertura postelectoral del Ha'aretz. "El pueblo de Israel no quiere la paz", escribió Ravit Hecht, una editorialista del periódico. "Están demasiado incitados y asustados... Ellos no quieren vivir en una nación democrática y liberal occidental".  Y desde luego no podía ser menos, el columnista Gideon Levy fue un paso más allá y argumentó que el pueblo de Israel simplemente tiene que ser sustituido. Al votar por Bibi, ese pueblo se había demostrado indigno de la existencia. A partir de ahí, no quedaban muchos impedimentos para declarar, como hizo la novelista Alona Kimchi en su página de Facebook, que los votantes israelíes eran "putos neandertales" que deberían "tomar su dosis de cianuro" porque "sólo la muerte le ahorrará de si mismos".

Estos no son meramente los gritos de angustia que uno esperaría oír a la mañana siguiente de una dolorosa derrota en las urnas. Reflejan un profundo fracaso intelectual y emocional, el hecho de que miran hacia la derecha y no ven gente racional. Atada a su Concepto, la izquierda rechazó la inquietud mayoritaria que los israelíes sienten al contemplar las cuestiones de seguridad, una preocupación que niegan como fruto de la histeria nerviosa de gente sin educación. Desde hace dos décadas, la izquierda ha estado diciendo más o menos la misma historia: la paz, la prosperidad y la seguridad solamente llegarán si gente más amable, educada y moral toma el timón, desmantela todos los asentamientos, hace las paces con Europa, y reaviva un sentimiento amoroso con la Autoridad Palestina. Todo eso, según sostiene la izquierda, estaría a nuestro alcance si solamente los votantes israelíes estuvieran más influidos por la esperanza que por el miedo. Una y otra vez, sin embargo, los votantes israelíes han demostrado que no están convencidos.

Y ellos no están convencidos porque el Concepto de la izquierda no dice nada acerca de las crecientes evidencias de la beligerancia palestina, del abrazo de la OLP a Hamas, de la repetida insistencia de la Autoridad Palestina en rehuir las negociaciones en favor de apelaciones simbólicas pero inútiles a una serie de instituciones internacionales. Ellos no están convencidos porque no ven del todo claro como no construir en Itamar, Beit El o Ariel apaciguaría a Hamas o a Hezbollah. Ellos no están convencidos porque cuando consideren las exhortaciones de la izquierda y miran a Washington, Londres y París en busca de inspiración, no ven un plan de juego sensato para detener las ambiciones nucleares de Irán, por no hablar de su apoyo vertiginoso al terrorismo y a la violencia en todo el mundo. Ellos no están convencidos porque ven esos vídeos macabros del ISIS y saben que es sólo una cuestión de tiempo antes de que esa agitación que se difundir por todas partes, de Libia a Siria, llame a su puerta.

¿Cómo entonces, podría proceder la izquierda israelí? En primer lugar, debe volver a mirar a Israel. El importante papel desempeñado en estas elecciones por la financiación americana anti-Bibi no ha sido casual, pues refleja la creciente dependencia económica y emocional de la izquierda del apoyo exterior. En lugar de tratar de ganar las elecciones y realizar cambios mirando a la Unión Europea o Washington, la izquierda podría tratar de hablar realmente con esos israelíes reales que, aunque molestos con Netanyahu, sin embargo le otorgaron un impresionante triunfo, y aprender de paso por qué tantos de ellos optaron por superar su aversión personal por el hombre.

Después de sustituir su habitual displicencia y condescendencia a la hora de hablar con los israelíes, la izquierda podría entonces presentar un plan que fuera procesable y concreto. En lugar de tratar de cuadrar el círculo con la promesa de mantener los asentamientos y traer la paz, de mantener la seguridad y promover la buena voluntad, todo al mismo tiempo, debería ser franca acerca de lo que realmente cree y desea. Si realmente cree que los grandes asentamientos deben permanecer bajo la soberanía de Israel y que Jerusalén sea la capital indivisa, tal como expresaba la plataforma de la Unión Sionista, parece más que obvio que debería abandonar claramente su viejo y cansado tropo sobre los asentamientos como el único obstáculo para la paz mundial. Y si cree que la eliminación de los asentamientos es una condición sine qua non, debería explicar a los israelíes cómo la retirada unilateral de Cisjordania sería diferente de la retirada unilateral de Gaza.

Estas no son preguntas fáciles de responder, pero no son imposibles. Se podría argumentar que cuanto más cosas permanezcan igual, más probable será que los enemigos de Israel crezcan más desesperados y radicales, y que por lo tanto podría ser útil considerar algún tipo de desconexión parcial de Cisjordania. Entonces, si estalla más violencia al estilo de Gaza, Israel podría al menos defender sus fronteras no impugnadas con ferocidad inequívoca y con convicción. Puede que aún sea un argumento que muchos israelíes pudieran rechazar, pero supone al menos algo mucho más sustantivo que decir simplemente que Bibi es malo, que la religión es una tontería y que la gente que se siente amenazada lo está solamente por un monstruo imaginario, ya que la oscuridad puede ser desterrada con solo encender la luz del pensamiento positivo.

Lamentablemente, parece que en la izquierda ni habrá ni se espera tal despertar. La última tendencia entre los que no votaron por Bibi es la viral campaña Lo Latet en los medios sociales hebreos. Se trata de pedir a las élites progresistas y a los izquierdistas que ya "no den más ayuda", ni solidaridad ni donaciones, a través de las organizaciones benéficas, a esas comunidades empobrecidas que votaron por Netanyahu. "La conclusión es muy clara", escribió un enfurecido israelí que apoya esa campaña en Facebook, "las cosas no son probablemente lo suficientemente malas para ustedes por el momento". Para qué importar costosos estrategas políticos estadounidenses para luego darse cuenta de que ellos no lograran cambiar la opinión que la mayoría de la población tiene de ustedes juzgando sus actos.


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Saturday, January 31, 2015

El nuevo “Campo Sionista” de Israel es cualquier cosa menos sionista. Al carecer de una visión del futuro, el Laborismo se reinventa con una lectura errónea del pasado - Liel Leibovitz - Tablet



La semana pasada, una joven miembro de la Knesset llamada Stav Shaffir se acercó al podio del parlamento y pronunció un discurso de 3 minutos que pronto se convirtió en una sensación en los medios sociales. Era la clase de “grito del corazón” que al cineasta Frank Capra le habría encantado: con su mata de pelo rojo, agitando los brazos, y con una inocente convicción demasiado rara en estos cuerpos legislativos, cuyos miembros son más propensos a verter agua sobre sí mismos que derramar sus corazones, el discurso de Shaffir fue el “Yo acuso” de una mujer joven.

"Os olvidasteis del Negev y Galilea cuando transferisteis 1.2 billones de shekel a los asentamientos", tronó acusando a sus colegas de la derecha. "Os olvidasteis de Israel. Abandonasteis el sionismo hace ya bastante tiempo".

Fue la expresión más elocuente hasta la fecha del tema de campaña del Partido Laborista que Shaffir espera que les lleve a la victoria electoral este mes de marzo. Cuando se unió el mes pasado a Hatnu, el partido dirigido por Tzipi Livni, el veterano partido Laborista cambió su nombre a el “Campo Sionista” y comenzó argumentando que, debido a la obsesión de la derecha con los asentamientos, habían secuestrado y corrompido la ideología fundacional de la nación, y tan sólo el Laborismo, el partido de David Ben–Gurion, podría recuperar la vitalidad perdida del sionismo y reavivar su llama original.

Puede ser una buena estrategia, pues las encuestas dan actualmente como ganador al “Campo Sionista” con 25 escaños - las últimas encuestas no dicen lo mismo -, frente a los 23 escaños que dan al Likud, pero también es muy problemático. Como bien saben los estudiantes de historia, el sionismo es notoriamente elusivo. Concebido como un movimiento para crear un hogar nacional para los judíos, su ideología tuvo siempre una multitud de interpretaciones, conteniendo a aquellos que creían que los judíos debían instalarse únicamente en la Tierra Prometida y los que estaban dispuestos a conformarse con Uganda; los que veían en el sionismo una empresa cultural y los que la entendían como una búsqueda socio-económica; los que buscaban respuestas en los cielos y los que plantaban árboles en el suelo. El sionismo podía dar la bienvenida al pragmático Ben-Gurion y al dirigente de línea dura Jabotinsky; al agnóstico Nordau y al piadoso rabino Kalischer. Era, por diseño, un movimiento extremadamente elástico.

Como tal, el intento del Laborismo de redefinir el sionismo con su propia y estrecha agenda política es una afrenta a las características que han mantenido al movimiento vibrante y exitoso. Y se trata de algo más que una pequeña cuestión: miren profundamente en el corazón del sionismo y encontrarán un núcleo espiritual que los pronunciamientos actuales del Laborismo han casi extinguido.

Para entender mejor este argumento, podemos realizar el siguiente experimento: pasear sin prisa por cualquier parte de Italia, y preguntar a cualquier persona que conozcamos si se define o no a sí mismo como garibaldista. Lo más probable es que los italianos se reirían con esa pregunta, pues en el 2015 ellos no se definirían a sí mismos en los términos de un movimiento de liberación nacional del siglo XIX.

Pero los israelíes sí lo hacen. Ellos siguen identificándose a sí mismos como sionistas, incluso mucho después de que se haya establecido ese Estado judío en el que creían, tal como sus padres fundadores, y es que el sionismo, bastante más que un pragmático y simple movimiento político,  posee un fondo mesiánico cuyo objetivo no es solamente construir una patria para los judíos, sino también perfeccionar esa patria de manera que se convierta verdaderamente en la Tierra Prometida bíblica.

Es por esto que a muchos israelíes, incluso aquellos que se consideran totalmente laicos, aún les resulta difícil hablar de un sionismo independiente del judaísmo. Para ellos, la ideología fundacional no es solamente un modelo para un Estado soberano, también forma parte de un proceso milagroso que incluso aquellos sin fe han estudiado en la escuela como historia. Ben-Gurion entendió esto muy bien: su intervención en la Knesset en enero de 1956 dejaba en claro que su visión última del Estado de Israel participaba de otro mundo. "Yo soy uno de esos que creen que la creación del Estado es el principio de nuestra redención".

Sus sucesores en el partido que él ayudó a construir ya no utilizan una terminología tan mesiánica. Como dejaba en evidencia el discurso de Shaffir, para ellos el sionismo es acerca de los shekel y de reorganizar las prioridades nacionales dirigiéndolas de una comunidad de israelíes hacia otra. Esta es una agenda política perfectamente razonable, pero no tiene absolutamente nada que ver con la idea del sionismo.

¿Por qué, entonces, crearse todos estos problemas recuperando una antigua ideología? ¿Por qué no terminan funcionando, como esas generaciones de líderes laboristas del pasado, como proveedores de nuevas esperanzas en lugar de viejas ideas? En parte, porque eso les exigiría especificar en que se distinguen los Laboristas del Likud cuando se trata de salvaguardar la seguridad de Israel, una cuestión que a la luz de la reticencia de los dirigentes palestinos a participar en unas negociaciones de buena fe, se está convirtiendo en cada vez más importante, y algo que a los Laboristas, precisamente los grandes patrocinadores de estas negociaciones, les resulta cada vez más difícil explicar y comentar.

La propia Livni fue la principal negociadora de paz del primer ministro Netanyahu, y estaba de acuerdo con las políticas del gobierno en todo, desde la iniciativa de paz de John Kerry a la guerra del verano pasado en Gaza. Ella y sus nuevos socios, los Laboristas, difícilmente pueden pretender tener una agenda que ofrezca nuevas respuestas a las difíciles cuestiones de guerra y la paz a las que se enfrentan diariamente los israelíes. Así pues, en lugar de mirar hacia el futuro, los Laboristas están mirando con nostalgia hacia el pasado.

Cuando así lo hacen, es posible que los Laboristas también deban recordar algunas otras lecciones históricas. Insignificantes y mezquinas divisiones políticas enturbiaron a los sionistas de izquierda durante las décadas anteriores al nacimiento del Estado de Israel. y continuaron en pìe en décadas posteriores. Entonces, como ahora, estas divisiones no eran tanto una cuestión de ideas como de rivalidades y personalismos individuales: fiel a su estilo histórico, el otro tema importante de la campaña de este año del Laborismo-Hatnua es una exhortación a los votantes a elegir entre “nosotros o él”, es decir, elegir a Isaac Herzog-Tzipi Livni simplemente porque no son Netanyahu.

Como su hermoso discurso alcanzó su crescendo, Stav Shaffir declaró elocuentemente que ella y su partido representaban  a "una política de esperanza, una política que mira hacia adelante". Lamentablemente, ese no es el caso. Si el “Campo Sionista” quiere ganar más escaños, haría bien en dejar ese eslogan a un lado y entablar un debate real sobre lo que el sionismo significa verdaderamente para la mayoría de los israelíes de hoy. Los resultados de esa discusión puede que no agraden a los Laboristas, pero van a proporcionar un servicio vital a un electorado cada vez más carente de dirección o de ideas.

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Friday, January 16, 2015

¿Por qué el New YorkTimes no se preocupa por los judíos europeos? Solicita únicamente testimonios de acoso y violencia contra los musulmanes - Liel Leibovitz - Tablet


- ¿Has visto esto? Un islamista irrumpe en una escuela judía de Europa y asesina a tres alumnos y a un rabino mientras grita Aláh es grande.
- Oh, Dios mío, eso es terrible.
- Guau...
- Yo espero que la policía esté protegiendo a los musulmanes del incremento de la islamofobia.
- Yo también.


En algún momento de ayer, el Times cambió el titular de la sección "Comparta su experiencia como musulmán en Europa" por "Comparta su experiencia después de los atentados de París". A partir de las 17:20 del jueves, el texto del artículo emitía el mismo llamamiento, de estar dirigido inicialmente a los musulmanes, a todos los europeos en general.

A raíz de los atentados de París de la semana pasada, el New York Times se ha interesado comprensiblemente por escuchar las experiencias de las minorías en Europa durante estos días. Eso es digno de elogio. Se trata solamente de ese tipo de periodismo que arroja luz sobre la vida cotidiana de las personas que se enfrentan a la adversidad en el mundo entero. Es importante, informativo y perspicaz, y lo aplaudimos, y lo leemos con ganas.

Pero alto ahí. En realidad, el NYTimes está única y obsesivamente interesado en las experiencias de un único grupo minoritario en Europa: los musulmanes.

Para tal fin, el diario ha hecho un llamamiento a sus lectores musulmanes en el extranjero para que compartan sus experiencias. "Los ataques mortales acontecidos en París en la sede del Charlie Hebdo, un semanario satírico francés que satirizó al Islam, y en una tienda de comestibles kosher, han intensificado las tensiones en Europa donde una creciente radicalización de los jóvenes musulmanes parece coincidir con un creciente sentimiento anti-islámico".

Es difícil de entender la permanente obsesión del diario, en sus encuestas y en su página editorial, con la amenaza mortal de la "islamofobia", un dudoso término que agrupa los crímenes reales con los crímenes de pensamiento, por ejemplo la reimpresión de la portada de Charlie Hebdo, y todo ello cuando las personas que están siendo acosadas, golpeadas y asesinadas en Europa en estos días son en gran medida judías. Y esto es especialmente cierto cuando las personas que realizan esos acosos y provocan esas violencias y asesinatos son islamistas.

Mientras que ninguna persona sensata e inteligente confunde a los islamistas radicales con la mayoría de los musulmanes que viven en Europa o en otros lugares, eso no quiere decir que los islamistas radicales no sean unos fanáticos violentos que están matando a la gente, o que los judíos no sean objetivos especiales del fanatismo ideológico de esos islamistas. Convertir a los musulmanes en las auténticas víctimas de esta ola de ataques violentos obra de islamistas - cuando en ningún momento les ha tenido como blancos, y esperemos que eso nunca suceda -, es el tipo de sustitución que el NYTimes aparentemente considera como la versión más políticamente correcta de la muy desagradable realidad que se vive actualmente en las calles de Europa. Pero hacer eso mientras las auténticas víctimas de la última ronda de asesinatos islamistas siguen siendo lloradas por sus familias, resulta francamente feo.

Resulta penoso tener que repetir al NYTimes que el trabajo básico de cualquier gran diario no es censurar la realidad - negándose a imprimir la portada del Charlie Hebdo e ignorando el hecho de que en gran medida las víctimas son judías -, ni sustituir a las auténticas víctimas por unas supuestas y potenciales víctimas, los musulmanes europeos. La verdad debe relatarse sin temor ni favores. Sin embargo, a pesar de la conducta nociva de sus editores, el NYTimes sigue empleando a algunos de los más grandes periodistas en el mundo. Así que, ¿por qué no dejar que ellos hagan su trabajo?

Si los principales objetivos de la violencia racial y religiosa en Francia, Gran Bretaña, Suecia y otros países europeos son los judíos, a pesar del tamaño relativamente pequeño de esas comunidades judías, ¿por qué al NYTimes no le interesa que los judíos europeos compartan sus sentimientos?

Con los ataques antisemitas en Francia al alza en un 90% en el 2014, y con los judíos franceses siendo víctimas de todo tipo de violencias, desde ataques a las sinagogas a violaciones brutales y asesinatos, ¿no debería por ello mismo estar el NYTimes más interesado en sus historias? ¿Acaso no debería este diario prestar más atención al incremento del nivel de la violencia antisemita que sufren los judíos de Gran Bretaña, donde solamente en julio pasado hubo 302 incidentes antisemitas, 21 de ellos ataques violentos?

Que el NYTimes sólo se preocupe por las experiencias de los musulmanes, especialmente cuando los incidentes violentos contra los musulmanes, incluso a raíz de los atentados de París, permanecen como hechos más bien aislados, resulta bastante alucinante.

Esto ya no se trata de un sesgo de carácter moderado que se incrusta inevitablemente en toda empresa humana. Más bien se trata de una omisión deliberada que sugiere que, en lo que se refiere al NYTimes, “los judíos no pueden ser las víctimas, inclusive en Europa”. Y esa idea, pura y simple, es intolerancia.

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Saturday, August 30, 2014

Unos tweets antisemitas cuestan a un profesor su mandato, y eso es una buena cosa - Liel Leibovitz - Tablet



Para aquellos de nosotros que nos ocupamos de ese nicho sin aire que es la academia (universidad) estadounidense, el caso Steven Salaita ha sido el equivalente del escándalo de una celebridad, una pequeña historia salaz que, de alguna manera, si se ve desde el ángulo correcto y a una distancia apropiada, nos dice bastante acerca de la sociedad en general.

Comenzó a principios de este mes, cuando el ex profesor de Virginia Tech aceptó la oferta de un puesto especializado en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Dichas ofertas, como las instituciones que las extienden, a través de una maraña de burocracia osificada e innecesariamente ritual, requieren que el rector de la universidad presente la candidatura a la junta directiva para la aprobación de los propuestos, un proceso en gran medida visto como meramente ceremonial. Pero en la revisión de la nominación de Salaita por el rector Phyllis Wise, éste se mostró contrario. La universidad, argumentó el rector en una posterior declaración explicando su decisión, no puede tolerar "las palabras o acciones que degradan a las personas, además de la falta de respeto y los abusos verbales, ya sea en puntos de vista propios o de quienes los expresan".

La falta de respeto y los abusos verbales a los que aludía el rector Wise tenían que ver con el hábito de Salaita de utilizar Twitter para expresar sus opiniones sobre Israel. Y como lo que dijo, lo que significa y las medidas de protección que deben gozar el que las expresa, están en el centro de la controversia, lo mejor en cualquier discusión sobre el caso Salaita es la revisión del puñado de reflexiones de este profesor de Estudios Indio-Americanos.

"Ustedes pueden ser demasiado refinados para decirlo, pero yo no lo soy", escribió Salaita poco después de que tres adolescentes israelíes fueran secuestrados y asesinados por los terroristas de Hamas, "pero me gustaría que todos los malditos colonos de Cisjordania desaparecieran (corrieran similar suerte)". Otro twitter "también muy matizado" declaraba: "Los sionistas: la transformación del 'antisemitismo' de algo horrible en algo honorable desde 1948". Este enunciado proporciona una interpretación - un ejercicio que pasa últimamente por un pensamiento rígido y original en la mayoría de universidades de Estados Unidos - que aborda el antisemitismo con un doble sentido de irrealidad: No existe en realidad, de ahí las comillas poniéndolo en cuestión, y si no existe, entonces no hay nada de que avergonzarse.

Hay mucho más de donde viene todo esto: Fantasías acerca de Benjamin Netanyahu llevando un collar de dientes de niños palestinos, o sobre Israel resucitando Atlantis sólo para colonizarlo, o su categórica negativa a condenar a Hamas, y esa otra declaración siempre tan matizada de que cualquier apoyo a Israel durante la guerra en Gaza implica ser "un ser humano horrible".

Casi inmediatamente después de que se rescindiera la oferta a Salaita, sus seguidores montaron su defensa, siendo su mejor expresión una carta del profesor de inglés de Urbana-Champaign Michael Rothberg que decía más o menos lo siguiente: los tweets de Salaita están protegidos no sólo por la primera enmienda, sino también por los principios seculares de la libertad académica que sostiene todo discurso situado fuera del ámbito de la disciplina institucional; pero incluso si este no fuera el caso, no había nada realmente ofensivo en los tweets de Salaita; e incluso si los tweets de Salaita fueran realmente ofensivos, aún estaban totalmente justificados dada la indignación que sentía este apasionado profesor viendo la carnicería en Gaza; y es que, realmente, y en última instancia, "deberíamos enfocar nuestro oprobio e indignación únicamente contra Israel". Algunos de los defensores de Salaita también prestaron un crédito adicional a ciertos teorías del complot al hacer alusión a la participación de una cábala de desconocidos, una serie de donantes acaudalados que frenan el proceso de contratación con amenazas de desfinanciar la universidad.

Es bastante fácil ver el caso Salaita como un juego sobre la moralidad, algo divertido, porque como un sabio dijo una vez en broma: "la política es tan amarga porque argumentos y apuestas son muy bajas". Y es tentador, analizando esta situación, centrarnos en sus irritados defensores y señalar, por ejemplo, cuán deliciosamente irónico resulta que estos campeones de la libertad académica defensores de Salaita preconicen el boicot de su universidad, una táctica contundente que, en este caso, causará mucho más daño que el principio de la libertad académica por el que tanto desean protestar.

Pero el argumento central que utilizan muchos defensores de Salaita dentro de la comunidad académica sugiere que algo anda mal, y desde luego es mucho más preocupante que las opiniones equivocadas y llenas de odio de un académico menor. Digámoslo crudamente, demasiados académicos de quienes dependemos para ayudarnos a pensar y argumentar el mundo han llegado a comprender su labor como una tarea sacerdotal, un intercambio de un solo sentido por el que ellos sermonean y las masas acurrucadas debajo de ellos escuchan.

Por la lectura de las respuestas al caso Salaita en las últimas semanas, y por las misivas espumosas de sus compañeros de odio a Israel que saltaron inmediatamente en defensa de su hombre por motivos puramente ideológicos, estaba claro que la ansiedad central en juego entre la comunidad académica tenía que ver con la evaluación del grado en que los académicos debían intervenir en lugares públicos como los medios de comunicación sociales, blogs o periódicos. Casi universalmente, los profesores americanos parecen haber tomado el asunto Salaita como una demostración de que el mundo exterior es un ambiente hostil, muy polémico e intolerante, y que es mejor evitarlo para cualquier persona que desee aterrizar en esos cargos académicos cada vez más raros de profesores titulares.

Lamentablemente, en ningún momento hubo lugar para una alternativa mucho más simple, la que expresó tan elocuentemente en su carta el rector Wise: que las universidades son comunidades dedicadas a la búsqueda del aprendizaje, un compromiso que es casi imposible cuando los encargados de dichas tareas demuestran por sí mismos cuan sistémicamente racistas son, y su apoyo a la violencia. Cualquier persona podría preguntarse si Salaita podría tener un trabajo en la enseñanza con unos tweets donde se reemplazara las referencias a los judíos y a los israelíes por otras a los negros, los homosexuales o las mujeres. ¿Existiría alguna institución estadounidense de enseñanza superior que emplear a alguien que tuiteara, por ejemplo, que los estadounidenses negros estaban "transformando al racismo" de algo horrible en algo honorable desde 1964?

Algunos, por supuesto, podrían argumentar que la respuesta sigue siendo sí, y que la experiencia en el tema debería indicarnos un estándar único y sagrado por el cual contratamos, recompensamos y promovemos a nuestros profesores. Pero muchos más creen, al igual que el rector Wise, que si bien debemos insistir fuertemente en la protección de la libertad de nuestros profesores para decir lo que quieran, también debemos insistir en que hablar, así como actuar, tiene consecuencias. En algunos casos, es posible escuchar a ciertos eruditos hablar sobre temas impopulares y recompensarlos por su perspicacia y su valentía; en otros casos, podemos oír cosas tan viles que decidimos que tal portavoz, no importa cuán bien versado esté en su disciplina, no tiene lugar en una institución que depende del libre intercambio de ideas, y que los estudiosos que no pueden traducir sus pasiones en argumentos bien razonados deberían estar mejor opinando en Twitter que enseñando en las aulas.

Hasta que los académicos cumplan con esta condición obvia, hasta que no se dan cuenta de que, como el resto de nosotros, operan en una comunidad y no gozan de una licencia especial para hablar y actuar con total impunidad, hasta que entiendan que la participación pública no es un privilegio sino un responsabilidad, van a seguir encontrándose marginados. Es un precio que ni ellos ni nosotros podemos darnos el lujo de pagar.

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Saturday, February 22, 2014

Lo equivocado en un artículo del NYT: ¿Por qué el judaísmo religioso está ligado al nacionalismo? - Liel Leibovitz - Tablet



Este fin de semana, el New York Times publicó una columna de Mark Oppenheimer en la que el autor identifica correctamente a una pequeña y curiosa minoría de judíos religiosos americanos profundamente opuestos al sionismo. El artículo estaba bien escrito y era convincente, y los cinco entrevistados de Oppenheimer aparecían como personas reflexivas y morales. Pero nada, por desgracia, sonaba muy judío.

Todos ellos parecían estar unidos en su creencia de que el judaísmo, en el fondo, es de alguna manera incompatible con el tipo de poder terrenal del que dependen los estados para su existencia, y que aplican a diario cuando les resulta necesario. "Creo que el nacionalismo y la religión, unidas, son tóxicos", dijo Stefan Krieger, un profesor de Derecho de la Universidad de Hofstra. Corey Robin, un profesor de ciencias políticas de la Universidad de Brooklyn, lo expresó aún más poéticamente, "Hay un montón de maneras de ser judío", dijo, "pero adorar a un estado altamente militarizado me parece un bajón con respecto a nuestro pasado".

Usted no tiene que ser un erudito rabínico para saber que el pasado al que alude Robin comenzó con un pacto que eligió a los judíos y a su descendencia como elegidos por Dios, y los dirigió hacia la Tierra Prometida, donde fueron instruidos para asentarse y vivir de acuerdo a los mandamientos de la Torah. Lo cual, a primera vista, parece una idea extraña: si el pueblo elegido estaba realmente destinado a servir como una luz para las naciones, ¿no podría cumplir mejor su misión estableciéndose entre los goyim y predicando su verdad a cada nación de entre ellos? ¿Por qué pastoreaban ellos, como Abraham, por Canaán? ¿Por qué insistir en el establecimiento de un sistema judío en esa Tierra Prometida?

La respuesta es un principio fundamental del judaísmo, es decir, la comprensión de que el poder terrenal es indispensable. Como Michael Walzer señaló elegantemente en su "Éxodo y Revolución", nada volvía inherente Canaan salvo abandonar Egipto y su casa de servidumbre; la promesa de la Tierra Prometida no radicaba en algún fragmento externo de magia, sino en la capacidad de los judíos de aplicar su propia soberanía y de dirigir su Estado-nación como ejemplo concreto de un reino justo y misericordioso. En otras palabras, el judaísmo sugiere que si usted desea vivir de acuerdo con su vocación y proporcionar un ejemplo moral, no debe arrastrar sus pies fuera de su cuerpo mortal declarándose a sí mismo como demasiado puro para esa empresa y para lidiar con los habituales compromisos imperfectos ligados al gobierno, ya que si desea actuar de modo que pueda servir de ejemplo de cómo una verdadera nación aborda los problemas reales, deberá entonces habitar en el mundo real.

Lo cual no quiere decir que los actuales medios con lo que Israel hace frente a sus problemas sean perfectos o quizás los mejores, ni mucho menos. Pero lo que quiere decir es que la "búsqueda de definir al judaísmo como la antítesis de nacionalismo" cuando es, en su auténtico corazón, en gran manera una nacionalidad y una religión, resulta una farsa teológica que va en contra de esa antigua fe. Incluso la oposición religiosa tradicional al sionismo, que Oppenheimer cita en su obra, surgió no de un rechazo categórico a la existencia de un Estado-nación, sino debido a la creencia de que tal entidad política solamente podría establecerse después de la llegada del Mesías. El judaísmo, así pues, sin duda podría ser entendido como una crítica del poder, pero nunca como un llamamiento a su abdicación.

Los sujetos de Oppenheimer, sin embargo, no lo ven de esta manera. Inmersos en su rechazo pauloviano a toda forma de nacionalismo, tendencia prevaleciente en muchas partes del mundo académico actual, parecen tolerar únicamente la religión si ésta se ocupa solamente del reino etéreo de la moral universal. Lo cual, de nuevo, parece tener muy poco en común con nuestra antigua fe. Por supuesto, es una mala práctica juzgar el sistema de creencias de una persona sobre la base de unas cuantas citas selectas, aunque elocuentes, en el artículo de un periódico. Los hombres y mujeres entrevistados por Oppenheimer son todos eruditos y unos escritores prolíficos, y esta es una conversación que bien vale la pena tener. Tengo curiosidad por ver cómo van a reconciliar sus ideas aparentemente modernas con los principios más tradicionales de la teología judía.

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