Friday, September 09, 2016

¿Quién tiene miedo del Estado judío? - Yoaz Hendel - Ynet



¿Por qué dejé de exigir que los palestinos reconozcan a Israel como un Estado judío? Sobre todo porque es una petición que va en una mala dirección. Soy consciente de que muchos en Israel están de acuerdo con esta demanda - de Benjamin Netanyahu a Moshe Yaalon, de Ari Shavit a mi compañero del Yedioth Ahronoth Ben-Dror Yemini -. Yo ya no lo comparto porque, después de todo este tiempo, no parece implicar ninguna diferencia.

No necesito ser convencido de la bondad de la idea de un Estado judío. Sin uno, ya no habrá sionismo. La palabra "democracia" no fue el hilo principal de la Declaración de Independencia de Israel, sino la idea de un hogar nacional para el pueblo judío. La democracia llegó más tarde. Sus valores se convirtieron en sagrados porque los judíos no sabemos demasiado cómo llevarnos bien con los demás, sólo con nuestra identidad nacional y religiosa.

Mirando hacia atrás, no importa que lo primero fuera la demanda de reconocer a Israel como un Estado judío o por qué. La conclusión es que esa demanda era una condición básica para cualquier persona que creyera en un acuerdo de paz. Y es por esto por lo que ya no apoyo exigir este reconocimiento de los palestinos: No creo que este tipo de acuerdos sean posibles. Y no porque sea un adivino, o debido a alguna profecía bíblica, sino debido a una evaluación fría de la situación en nuestra región.

Debo admitirlo: Nunca he sido un optimista cuando se trata de los palestinos, pero en estos momentos voy incluso más allá en mi pesimismo. Como investigador, o como testigo, veo ante mí un cadáver muerto hace mucho tiempo, mientras que sus defensores siguen hablando de él (de un acuerdo) como un ser vivo.

Y esta es la parte que me molesta de la demanda de este cadáver que llamamos "la paz con los palestinos": Mientras que a ellos se les solicita que reconozcan a Israel como un Estado judío, el propio Israel no lo hace. La definición de Israel como Estado judío es un activo, pero uno que se mantiene de una manera hermética, que nadie está dispuesto a sacar y examinar de cerca.

La propuesta de Ley Básica: Israel como el Estado-nación del pueblo judío no ha superado la votación de la Knesset a pesar de que tenemos un gobierno de la derecha. Un sinnúmero de argumentos políticos y de promesas de fidelidad se han realizado, pero todavía nadie se está ocupando de este importante proyecto de ley.

Por qué es un buen proyecto de ley, me han preguntado. Bien, porque da respuestas a importantes cuestiones que no nos atrevemos a plantearnos. Preguntas como por qué existe la Ley del Retorno, o por qué nos oponemos a la unificación de las familias palestinas en Israel (y no sólo por razones de seguridad), por qué necesitamos instituciones nacionales que aseguren que las tierras estatales quedan en manos de los judíos, y por qué la Knesset y el sistema de la Alta Corte de Justicia solo se expresan en hebreo, a pesar de que el árabe es un idioma oficial del estado. Todas estas cuestiones deben aclararse en una constitución. A falta de ella, deben mencionarse en una ley básica.

Y eso no es todo: ¿Qué hay de las cuestiones relativas a la responsabilidad de un Estado judío con el resto de judíos del mundo? Desde los partidos ultra-ortodoxos se ha marcado los judíos de la Reforma y a los judíos conservadores como parias, y puesto que estos grupos incluyen a la mayoría de los judíos de los Estados Unidos, no hay más remedio que el estado determine el status de estas personas.

¿Y qué decir del Shabat? ¿Cómo se supone que debemos verlo? Cada vez más empresas, centros comerciales, incluso autobuses públicos, están operando los sábados en la actualidad. La pseudo crisis en torno a la renovación de la estación de tren HaShalom en Tel Aviv sólo hace hincapié en lo absurdo del pacto religioso en este país: Los ojos están apartados de los casos que suponen afrentas y pecados regulares, pero las voces se elevan cuando hay un caso anecdótico de alto perfil.

¿Por qué no preguntarnos de una vez por todas por el sentido del Shabat, - en mi opinión, la hipotética alianza redactada por la profesora Ruth Gavison y el rabino Yaacov Medan también responde a esta cuestión -, en lugar de confiar en el vago concepto de un "status quo"?.

¿De quién necesitamos realmente el reconocimiento de ser un Estado judío, de los palestinos o del propio gobierno israelí? ¿Cuántos son los que creen en acuerdos de paz, y que tienen miedo de aquellos - como yo - que no creen en ellos? La demanda del reconocimiento de Israel como Estado judío debe permanecer, incluso si solamente la aplicamos nosotros mismos.


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