Wednesday, October 12, 2016

Dos historias para el Yom Kippur - Liel Leibovitz



Existe una vieja historia hasídica que se atribuye al gran maestro el reb Elimelec de Lizhensk.

Era el día previo a Yom Kipur, y los hasidim fueron a ver a su reb Elimelec y le preguntaron cómo debían prepararse para el más santo de los días.

"Si os digo la verdad", dijo el viejo rabino, "no sé cómo hacerlo. Pero Móishele, el zapatero, él sabe cómo hacerlo. Ir a preguntarle".

Así que los hasidim se dirigieron a la casa de Móishele y se asomaron por la ventana al llegar, y vieron a este hombre sencillo sentado alrededor de una sencilla mesa de madera donde comía y cenaba. Y él llamó a sus hijos y les dijo: "El gran momento ha llegado. Traed los libros". Y los hijos regresaron con dos libros, uno muy pequeño y el otro muy grande y encuadernado en piel cara.

Móishele, mirando hacia arriba, comenzó a hablar. "Querido Dios, amo del mundo. Soy yo, Móishele, el zapatero. Dios, quiero leerte algo". Y Móishele tomó el librito y lo abrió. "Dios, quiero leerte una lista de mis pecados". Y leyó en el libro: "He gritado a mi mujer. He sido impaciente con mis hijos. He cobrado a veces demasiado por el calzado. Me quedé con un trozo de material en lugar de dárselo al cliente que pagó por él. Creo que estarás de acuerdo, Dios, que éstos son todos pecados bastante insignificantes".

Móishele cerró entonces el pequeño libro y cogió el grande. "Y ahora Dios, ahora, déjeme leerle una lista de sus pecados: ¿Una madre con nueve hijos muere y deja a todos sus pequeños niños huérfanos? ¿El hambre fuerza a familias enteras a alimentarse con el forraje de sus animales? ¿Una guerra se lleva a miles de vidas inocentes? Estos son los delitos principales, Dios, delitos muy importantes". Y tras terminar, Móishele miró solemnemente a los cielos. "Pero te voy a decir Dios que este año, si perdonas mis pecados, yo te perdonaré los tuyos".

Los hasidim estaban eufóricos y volvieron de nuevo ante Reb Elimelec y le contaron todo lo que vieron y la sabiduría demostrada por Móishele. Pero al escuchar la historia, Elimelec se puso a llorar.

 "¿Cuál es el problema?", le preguntaron los hasidim, y el rabino les miró con sus ojos llenos de lágrimas. "¿No lo entienden? Móishele tenía a Dios en la palma de su mano. Debería haberle dicho, 'No, Dios, no voy a perdonarte. No te perdonaré hasta que redimas al mundo entero".




Rabbí Najman de Breslov, según la leyenda, le contó a su hasidim la historia de un rey y su hijo que siempre estaban discutiendo.

Cada vez que el príncipe decía o hacía algo ofensivo y escandaloso, el rey, furioso, echaba a su hijo del palacio, y poco después el príncipe volvía y se disculpaba ante su padre, retomando el lugar que le correspondía al lado del rey.

Un día, indignado con el comportamiento imprudente de su hijo, el rey convocó a su asesor de mayor confianza y le dio una orden severa. "He desterrado nuevamente al príncipe de palacio", le dijo el rey, "y te ordenó que nunca le dejes entrar, no importando con qué fuerza se disculpe ante ti". El asesor asintió con la cabeza, y la siguiente mañana, el príncipe, como de costumbre, volvió y pidió perdón. El asesor, temiendo por su vida, le dijo al príncipe que no se le permitiría entrar de nuevo, y el príncipe se alejó abatido.

Volvió al día siguiente, de nuevo pidiendo ver a su padre, y de nuevo el asesor no tuvo más remedio que darle la espalda. Con cada nuevo día, en el corazón del asesor crecía la pesadumbre. Él sabía que desobedecer al rey podía tener consecuencias graves, pero que no podía soportar ser el que se interpusiera entre un padre y su hijo. Finalmente, incapaz de soportarlo más, se fue a ver al rey y de rodillas, delante del trono y temblando, le rogó al monarca que perdonara al príncipe. Al ver la fuerza de la emoción de su asesor, el rey accedió de inmediato, y nunca se peleó con su hijo de nuevo.

"Somos todos", añadió el rabino Nachman, "como el asesor: todos estamos entre el rey de reyes, el Dios omnipotente, y el mundo, y es necesario que todos, a pesar de todo, hagamos lo que podamos para volver a reunir a ambos en paz"

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