Saturday, October 15, 2016

Gran artículo: Los frutos de mentir al público (o la desconfianza provocada por la corrección política) - Evelyn Gordon



En julio pasado, tratando de dar un sentido a la evolución de acontecimientos como el Brexit y el ascenso de Donald Trump, el columnista Roger Cohen del New York Times sostuvo que vivimos en una época en que la "gente es indiferente a la verdad", donde los hechos son "pequeñas molestias fácilmente puestas patas arriba". Esto, sin embargo, es una excusa reconfortante y autoindulgente. El verdadero problema es que la gente ya no confía en que los medios de comunicación y otras instituciones que supuestamente les protegen, les digan actualmente la verdad, y por lo tanto sienten que los "hechos" que proporcionan estas instituciones y medios son cosas poco fiables en las que basar las decisiones. Y esta desconfianza es merecida, como muestran dos ejemplos recientes.

El primero es el obituario de Shimon Peres que se publicó en la edición impresa internacional del New York Times. Se describía el colapso del proceso de paz de Oslo de la siguiente manera:
"Peres, Rabin y Arafat fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz en 1994. Pero la era de los buenos sentimientos no duró. Se destrozó en el 2000, después de una visita del líder de la oposición Ariel Sharon al lugar sagrado de Jerusalén conocido por los judíos como el Monte del Templo y por los musulmanes como el Noble Santuario. Al día siguiente, la policía israelí disparó contra los manifestantes que arrojaban piedras (contra los fieles judíos que oraban en el Muro Occidental), inaugurando una nueva ronda de violencia que se conoció como la segunda intifada".
No hace falta decir que la imagen de los acontecimientos es totalmente falsa. La "era de los buenos sentimientos" no navegaba serenamente hasta que Sharon la "destrozó" visitando el Monte del Templo. En realidad, fue destrozada casi inmediatamente después de firmarse los Acuerdos de Oslo por una ola de terrorismo palestino que se cobró más víctimas israelíes en dos años y medio que en todos los ataques terroristas de la década anterior.

Sin embargo, dos cosas hacen que esta presentación deformada de la realidad sea particularmente notable. En primer lugar, en un obituario de Shimon Peres se podría pensar que sería difícil hacer caso omiso de esos hechos que han jugado un papel fundamental en su carrera política. Los múltiples atentados suicidas de principios de 1996, que se omitían en la necrológica, fueron la causa directa de su estrecha derrota ante Benjamin Netanyahu en las elecciones de 1996, una derrota que terminó de forma permanente con sus ambiciones a primer ministro.

En segundo lugar, no fue un error inocente provocado por la ignorancia. El obituario de la versión on-line en realidad sí incluía un párrafo sobre los ataques terroristas con bombas y la elección de Netanyahu, justo después del párrafo sobre el Premio Nobel. También hablaba correctamente de una violencia que se "aceleró" después de la visita de Sharon al Monte del Templo, en lugar de representar esa visita como rompiendo una calma inexistente.

En otras palabras, algún editor del NYTimes de sus oficinas europeas distorsionó deliberadamente los hechos contenidos en el obituario original para presentar una imagen falsa de cómo se derrumbaron los Acuerdos de Oslo. Él o ella eliminó cualquier mención de los atentados de 1996, incluyó la falsa frase sobre "la era de los buenos sentimientos", que no aparece en la versión on-line; y luego reemplazó la frase "aceleró" sobre el conflicto con la falsa afirmación de que la visita de Sharon "destrozó" la paz.

Tampoco la razón de esta distorsión supone un gran misterio. La narrativa estándar en la mayor parte de Europa, y también en el NYTimes, es que el colapso de Oslo fue culpa de Israel, mientras que los palestinos están en gran parte libres de culpa. Informar a los lectores que los masivos atentados suicidas palestinos comenzaron inmediatamente, cuando los arquitectos de Oslo, Rabin y Peres, estaban todavía en el cargo, contradice esa narrativa. Por lo tanto, ante un conflicto entre los hechos y su narrativa preferida, un editor de uno de los periódicos más prestigiosos del mundo escogió reescribir los hechos.

Y luego se pregunta Cohen por qué tantas personas son indiferentes a los "hechos" promulgados por su diario y por su profesión.

El segundo ejemplo ocurrió la semana pasada con un sorprendente informe de la agencia de los derechos humanos de Europa, la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), donde se instaba efectivamente a los medios británicos a dejar de informar a sus lectores de que los ataques terroristas cometidos por extremistas islámicos fueron de hecho cometidos por extremistas islámicos. Por supuesto, no lo decía explícitamente. Si ustedes leen las recomendaciones y las ponen fuera de contexto, se limitan a instar a "una formación más rigurosa de los periodistas para garantizar un mejor cumplimiento de las normas éticas" y que "las autoridades encuentren una manera de establecer un regulador de la prensa independiente". Pero son bastante claras las recomendaciones aparentemente inocuas del ECRI al estar precedidas inmediatamente por el párrafo siguiente:
"La ECRI exhorta a los medios de comunicación para que hagan balance de la importancia de una información responsable, no sólo para evitar la perpetuación de los prejuicios y la información sesgada, sino también para evitar daños a personas específicas o a grupos vulnerables. La ECRI considera que, a la luz del hecho de que los musulmanes están cada vez más bajo el punto de mira como resultado de los recientes actos terroristas relacionados con ISIS en todo el mundo, alimentar los prejuicios contra los musulmanes demuestra imprudencia, no sólo por la dignidad de la gran mayoría de los musulmanes en el Reino Unido, sino también por su seguridad. 
En este contexto, se llama la atención sobre un estudio reciente de la Universidad de Teeside en el que se sugiere que cuando los medios de comunicación hacen hincapié en el fondo musulman de los autores de los actos terroristas, y dedican una importante cobertura a ello, la reacción violenta contra los musulmanes es probable que sea mayor que en los casos en que la motivación de los autores "se minimiza o es rechazada en favor de explicaciones alternativas".
Así que a menos que asumamos que las recomendaciones no tienen conexión con el párrafo inmediatamente anterior, es difícil evitar la conclusión de que el ECRI, de hecho, quiere que la prensa oculte la identidad musulmana de los terroristas islámicos, y atribuya su motivación a cualquier cosa que no sea la ideología islamista. En otras palabras, se quiere que la prensa mienta al público acerca de quiénes son los terroristas y por qué están cometiendo sus ataques.

Y luego Cohen se pregunta por qué tantas personas son indiferentes a los "hechos" promulgados por la Unión Europea.

No me gusta nuestro nuevo mundo libre tanto como a Cohen. Pero es el resultado inevitable de un hecho muy desagradable: personas e instituciones acostumbradas, al igual que los medios de comunicación y la UE, a disfrutar de una confianza generalizada, han perdido dicha confianza depositada por mentir repetidamente al público con el fin de promover sus propias agendas. Y la única manera de comenzar a reparar el daño es que estas instituciones reconozcan su propio papel en la destrucción de la credibilidad de los "hechos", y finalmente comiencen a decir la verdad tal como es, en lugar de como les gustaría que fuera.

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