Sunday, October 23, 2016

La votación de la Unesco borrando el carácter judío de Jerusalén es una Shoah cultural y la obra de un ISIS institucional - Giulio Meotti - Arutz



Yasser Arafat lo entendió muy bien. Hay un inmenso poder en la invención sin precedentes de la negación del Templo y de la historia judía de Jerusalén.

En julio de 2000, durante la cumbre de Camp David entre Bill Clinton, Arafat y Ehud Barak, Arafat salió con una novedad: en Jerusalén no hay rastro del Templo de los Judios, es un mito, nunca existió.

Arafat sabía que el derecho de los judíos a su tierra no estaba relacionado con el Holocausto, sino con la historia. Es por eso que Arafat, y luego el resto del liderazgo palestino, pretendió negar la relación entre los judíos y Sion. Esta versión ridícula de la historia se convirtió en la herramienta más grande de la propaganda de guerra árabe palestina. Inmediatamente se convirtió en la versión oficial y se hicieron eco de ella todos aquellos en las sociedades occidentales favorables a los árabes palestinos: muchos periódicos comenzaron a hablar del templo como un mito, negando o ignorando descaradamente unos hallazgos arqueológicos irrefutables y continuos

Mientras que la denegación fue volviéndose popular, las excavadoras árabes se pusieron a trabajar y a eliminar los restos comprometedores, produciendo toneladas y toneladas de escombros en las excavaciones que realizaron allí donde estuvieron los templos judíos. Ni la Unesco ni la nomenclatura cultural mundial elevaron nunca su voz. La negación ideológica se convirtió en algo concreto. En un logro destructivo alcanzado y permitido.

El Estado de Israel es económica, militar y demográficamente fuerte. El Tsahal es un hermoso escudo que protege al pueblo judío después de la Shoah. Pero hay una "guerra blanda" que realmente puede destruir a Israel. Es la batalla cultural.

Uno la ve todos los días.

Usted la puede ver cuando la Unión Europea se dirige contra los productos israelíes producidos más allá de la  Línea Verde, mientras que otras "ocupaciones" (Sahara, Tibet, Chipre... ) son pasadas por alto.

Usted la puede ver cuando el boicot académico se convierte en la corriente principal en las más prestigiosas universidades occidentales.

Usted la puede ver cuando el comisionado de derechos humanos de las Naciones Unidas ordena una lista "negra" de empresas extranjeras cuya actividad está presente o involucrada con Judea y Samaria.

Usted la puede ver cuando los museos daneses acogen una exposición elogiando a los atacantes suicidas.

Usted la puede ver cuando los fondos de pensiones escandinavos desinvierten solamente en Israel.

Usted la puede ver cuando las mujeres israelíes son asesinadas en sus propias casas y el presidente francés se niega a incluirlas en la lista global de ataques terroristas.

Usted la puede ver cuando un juez dictamina que un austriaco gritando "muerte a los judíos" es un grito político legítimo.

Usted la puede ver cuando un ministro holandés de Economía sugiere mover Israel a los EEUU.

Usted la puede ver cuando en los mapas de los libros de texto Harper Collins el estado judío ha desaparecido

Usted la puede ver cuando las novelas israelíes desaparecen de las bibliotecas de Escocia.

Usted la puede ver cuando un periódico sueco sostiene que los soldados israelíes cosechan órganos de los palestinos.

Israel no tiene una Cúpula de Hierro contra el antisemitismo. Y si las democracias occidentales, como en la vergonzosa sesión de la Unesco, se niegan a proteger al pueblo judío y niegan incluso la historia de su propia cultura cristiana, esto podría suponer la preparación de un holocausto cultural

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