Wednesday, October 12, 2016

No hay que disculparse por ser judío - Ruth R. Wisse - WJS



Conócete antes de estar de pie (ante él). Estas palabras, inscritas por encima del arca que sostiene los rollos de la Torah en muchas sinagogas, asumen un significado adicional entre Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, y Yom Kippur, el Día de la Expiación. Durante estos días de temor, los judíos observantes toman la medida de sí mismos ante el Todopoderoso. El término "oraciones penitenciales" no nos llega a transmitir el alcance y la intensidad de la introspección que los fieles practican sobre si mismos acerca de todos los aspectos de sus vidas.

Para poner al descubierto los hechos propios antes del Trono del Juicio final es muy diferente a la práctica de una introspección o meditación individual. Aquí cada persona se encuentra dentro de la comunidad en una pública atestiguación de decenas de malas acciones. En las extensas confesiones de Yom Kipur, los fieles recuentan los pecados cometidos voluntariamente o involuntariamente, "por habladurías o por comportamiento lascivo, violencia o por difamar Tu nombre”. Todos los verbos de la transgresión están en la primera persona del plural, en lugar del yo, por lo que el individuo forma parte orgánica de la nación. Yo solía admirar cómo los jóvenes estudiantes universitarios, apenas pasada la adolescencia, asumían con pasión la responsabilidad moral por los errores que nunca habían cometido.

Los judíos, con razón, se enorgullecen de su cultura de autoresponsabilidad ante el Juez Supremo y ante las autoridades humanas justamente establecidas. Esta cultura ha creado y sostenido un pueblo extraordinariamente resistente. Al lamentar los excesos en el ciclo electoral estadounidense actual, el columnista de Ira Stoll se imagina cuánto más rica sería la política del país si "este espíritu de autoexamen se exportara desde la religión judía al resto de la cultura americana". Si la democracia requiere una paciente mejora en la vida de la comunidad, nada favorece mejor ese objetivo que la práctica del autoexamen individual y colectivo.

Pero la historia milenaria de una autoexamen judío se erige también como una advertencia. Está muy bien centrarse en superar nuestras deficiencias. Sin embargo, la búsqueda de la perfección moral también puede provocar que individuos y naciones, presas de esos que creen en la conquista más que en la autoconquista, se unan a la celebración para requerirte que rindas cuenta de sus propias fechorías. La misma postura confesional digna de elogio de estar de pie ante el Juez Perfecto, se vuelve culpable cuando se adopta con un enemigo ante el que estas en un tribunal amañado.
En el siglo XX, algunos pensadores y líderes políticos modernos europeos comenzaron a señalar a los judíos por sus presuntas culpabilidades raciales, religiosas o sociales. Muchos judíos se sintieron obligados a responder disculpándose por estos supuestos defectos propios, en lugar de exponer la ideología del mal que los había elegido como diana. Los judíos marxistas, por ejemplo, culparon a los capitalistas y burgueses judíos, a pesar de que la difamación era extendida por igual a los profesionales, artesanos, periodistas y pobres judíos.

Tan pronto como las políticas de reprobación de los judíos alcanzaron una apoteosis genocida en Europa, fueron recogidas en el Oriente Medio. En lugar de aceptar el principio de coexistencia y concentrarse en mejorar la vida de sus propios sujetos, los líderes árabes negaron a los judíos el derecho a su propia patria en una guerra que ellos, los líderes árabes, iniciaron. Provocando la expulsión de casi un millón de judíos residentes en sus antiguas comunidades en tierras árabes, esos mismos líderes árabes acusaron a Israel de la existencia de unos refugiados árabes que ellos mismos se negaron a reasentar.

Esta calumnia es por ahora la base de coaliciones políticas no sólo en las Naciones Unidas y en Europa, sino también en los campus de aquí, en los EEUU. Tan arraigados son los supuestos de una culpa judía que tan a menudo difunden los periódicos, que estos dedican una mayor cobertura a los disparos contra un árabe palestino realizados por un israelí, a menudo sin intención o en defensa propia, que a los asesinatos de civiles judíos por parte de terroristas árabes y musulmanes. Lo que tales beligerantes hacen con el objetivo de eliminar al Estado judío, a veces incluso dicen hacerlo en nombre de la celebración de los “altos niveles de moralidad del judaísmo". Y como anteriormente en otras períodos, algunos judíos se unen a sus filas de una forma autoexculpadora, castigando al Estado judío para procurarse así una autodefensa, en lugar de tratar de disculparse como hacían en otros períodos.

Por su obsesión por los supuestos delitos de Israel y por su negligencia con los incalificables crímenes cometidos por tantos otros estados miembros de la ONU, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró recientemente en la Asamblea General que "la ONU, que se inició como una fuerza moral, se ha convertido en una farsa moral". Sin duda tiene razón, porque poner fin a la obsesión con Israel beneficiaría no sólo a los enemigos del Estado judío, sino a todo el mundo. A la  nación judía se le debe un respeto incondicional por parte de las otras naciones, y se debe exigir que se comporten tal como ellas desean para sí mismas.

Judíos y americanos comparten la creencia de que una cultura de rendición de cuentas fomenta una sociedad sana y una forma de gobierno más responsable. Pero las sociedades autorresponsables pueden llegar a internalizar fatalmente el resentimiento y la oposición violenta de los demás. En aras de su propia supervivencia, siempre deben tenerlo en cuenta antes de ponerte de pie.

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