Saturday, November 03, 2018

Las muchas caras del odio a los judíos - Ruth Wisse - TWP



A raíz de los disparos en Pittsburgh, una descarga de voces pedía más de esto o de aquello: guardias armados o control de armas, controles en la entrada de las sinagogas, vigilancia en las plataformas web o recursos para la salud mental. Mientras, el presidente Trump denunció el tiroteo como "un malvado ataque antisemita" y visitó a la comunidad en duelo, mientras un sector de los medios de comunicación culpó al presidente por el incidente, como lo hace por todo lo demás. Era la política de siempre.

Pero en lugar de provocar una investigación seria sobre la ideología que alimenta el asesinato de judíos, la atrocidad parece estar reforzando un concepto erróneo que solo puede empeorar el problema. El antisemitismo no es sinónimo de hitlerismo, la única forma de antisemitismo que ha sufrido una derrota militar. El antisemitismo es una política de búsqueda de culpables mal dirigida, y los estadounidenses deben asegurarse de evitar su trampa.

El asesino de Pittsburgh está siendo presentado como una amenaza neonazi. Bajo el título "Un día de vidrios rotos", un dibujo de la Pittsburgh Current, muestra las ventanas rotas de la sinagoga del Árbol de la Vida vinculando ese ataque a la Kristallnacht alemana del 9 de noviembre de 1938, atentado que marcó el comienzo de la temporada de caza de los judíos de Europa por el nazismo. El ministro de Educación de Israel, Naftali Bennett, hizo la misma asociación para transmitir la simpatía de Israel hacia la comunidad de Pittsburgh.

¿Qué podría ser peor que el espectro del nazismo trasladado a América? De hecho, resulta políticamente reconfortante equiparar a Robert Bowers de esta manera. A diferencia de Alemania, donde los ataques contra los judíos fueron lanzados por el Führer, nuestro jefe de gobierno ordenó que se lanzara toda la fuerza de la  ley para que se procesara al único pistolero. A diferencia de Alemania, donde las SS dirigieron y fomentaron los ataques contra los judíos, aquí el asesino disparó contra cuatro policías que intentaron salvar a los judíos. Además, el pueblo estadounidense está unido en el horror ante esta atrocidad. Si el pistolero Bowers representa al antisemitismo, la respuesta a su ataque nos dice que tenemos relativamente poco que temer.

El tiroteo provocado por Sr. Bowers fue completado con su afirmación de que "todos los judíos deben morir", lo que se ajusta convenientemente al estereotipo del "mal" que los estadounidenses y los judíos construyeron a raíz del Holocausto. Parece ratificar nuestra fantasía del enemigo como un Darth Vader: un negro corazón, ostentosamente asesino y cruel.

Pero el país que perdió a más de 400.000 soldados que lucharon contra Hitler es más que probable que no apoye los ataques contra sinagogas llenas de judíos. Pero la política antijudía que existe actualmente en los Estados Unidos es ahora más audaz que en los años treinta. Nunca coincidiendo con el nazismo, el antisemitismo se vuelve verdaderamente peligroso para una sociedad cuando es defendido por sus líderes y políticos. Hoy en día, las fuerzas políticas del antisemitismo suelen atacar a los judíos a través de su estado.

Fue extraño escuchar al primer ministro de Israel y a los miembros de su gobierno, que respondieron rutinariamente a los constantes ataques al estilo de Pittsburgh dirigidos contra los ciudadanos israelíes, y consolaron a los judíos estadounidenses por sus pérdidas. Los judíos en Israel son amenazados diariamente por Hamas y Hezbollah en dos de sus fronteras y por los árabes palestinos educados para ello y pagados por sus líderes y correligionarios. Apuñalar, atropellas, disparar o arrojar piedras a los judíos es el deporte de los jóvenes educados para odiar a los judíos, y la destrucción de propiedades judías con proyectiles en llamas ha sido el principal entretenimiento de los jóvenes en Gaza este verano, del cual Israel extrajo al último judío allí residente en 2005.

Este odio a los judíos data del año en que Alemania se rindió en la Segunda Guerra Mundial, cuando el antisemitismo se convirtió en la ideología dominante del Oriente Medio árabe y musulmán. Así como los europeos organizaron políticas contra los "usurpadores judíos" en sus países, la Liga Árabe trató de expulsar al pueblo judío, a sus "compañeros semitas". Y así como el antisemitismo europeo unió a la izquierda y a la derecha política, a los revolucionarios y a los tradicionalistas, a los internacionalistas y a los nacionalistas, a los populistas y a las élites, también el antisionismo unificó a los países árabes y musulmanes de otra manera adversarios.

Atacar a Israel conseguía desviar las culpas de los fallos domésticos en las sociedades árabes. Todavía lo hace. Redirige las quejas y críticas contra los judíos, inspirando el fervor nacional y religioso a través de la oposición a un enemigo común. Los judíos, una pequeña minoría cuyo poder está enormemente exagerado, son un objetivo perenne, aunque no tienen incentivos para responder a esas agresiones y todas las razones para buscar la aceptación entre las naciones circundantes mucho más grandes. La reacción típica de los judíos de Pittsburgh fue no exigir la pena de muerte, sino revelar que los médicos judíos habían tratado al asesino herido. Los judíos de Israel encarcelan, pero no ejecutan a quienes matan a sus mujeres e hijos. El señor Bowers ha sido llamado cobarde por atacar a los inocentes, pero así son los que atacan a Israel.

La característica más desalentadora de la marca antiisraelí del antisemitismo es su penetración en las sociedades occidentales, incluidos los EEUU. Transmitido a una vasta audiencia, o mediante el vicioso movimiento que preconiza boicotear a Israel, es una extensión del boicot árabe lanzado en 1945. La incursión de fanáticas políticas antiisraelíes en los campus estadounidense y el Partido Demócrata actual no es solamente una amenaza para los judíos, sino para lo que representan en una democracia liberal.

Incluso cuando tratamos de consolar a los dolientes y sugerir mejores medidas de seguridad, debemos detener el flagelo antes de que surja una política antisemita en toda regla bajo la bandera unificadora de la "interseccionalidad". El antisemitismo es la única ideología que puede unir a la extrema izquierda y a la extrema derecha. Su éxito significaría el fracaso de América.

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Sunday, October 29, 2017

Gran artículo: ¿Por qué los judíos estadounidenses idealizaron (e idealizan) el comunismo soviético? - Ruth R. Wisse - Tablet



[En] este país hubo un  tiempo en que virtualmente toda la vitalidad intelectual derivaba, de una forma o de otra, del Partido Comunista. Si no estabas en algún lugar dentro de la amplia órbita del partido, entonces probablemente estarías en la oposición, lo que significaba que gran parte de tu pensamiento y energía debía dedicarse a mantenerte en esa oposición. En cualquier caso, fue el Partido Comunista el que finalmente determinó qué se habría de pensar y en qué términos.
Esto no fue escrito en la Unión Soviética o en uno de sus países satélites, sino en la Nueva York de 1947 por Robert Warshow en la revista Commentary y sobre la cultura estadounidense de la década anterior. Si bien era un poco hiperbólico (los agraristas sureños, los académicos, etc.), describía fielmente la cultura judía estadounidense de la época, incluyendo enfáticamente su rama yiddish. En el extremo de este movimiento se encontraban personas como Julius Rosenberg, George Koval y Mark Zborowski, quienes espiaron activamente para la Unión Soviética. Al mismo tiempo, los editores de publicaciones comunistas, Hollywood y activistas sindicales, escritores del partido y líderes institucionales fueron todos dirigidos por Moscú y se unieron a miembros de base para promover las virtudes del estalinismo sobre los males de la democracia constitucional estadounidense.

Una fuente más actual, la Enciclopedia del Archivo de Mujeres Judías, nos asegura que de los aproximadamente 83.000 miembros del Partido Comunista en 1943, las mujeres suponían alrededor del 46%:
Los historiadores del PC estiman, además, que casi la mitad de los miembros del partido eran judíos en la década de 1930 y 1940, y que aproximadamente 100.000 judíos pasaron por el partido en esas décadas con una alta rotación de militantes. Parece seguro decir, entonces, que las mujeres judías fueron uno de los sectores más importantes del PC durante la Depresión y los años de la guerra, y por cada uno que era un comunista "portador del carnet", había varios que formaban parte de organizaciones de masas dirigidas por el partido pero que no pertenecían al propio partido.
El tono aquí es de celebración, enorgulleciéndose de la prominencia judía en las actividades comunistas. Al igual que el personaje de Barbra Streisand en The Way We Were ("Tal como éramos" en España), que enamora al representante de los acomodados WASP estadounidenses, representado por Robert Redford, estas mujeres comunistas eran presentadas como campeonas de una noble causa. Vivian Gornick hablaba recientemente con entusiasmo en el New York Times sobre los comunistas que empujaron a los Estados Unidos "a convertirse en la democracia que siempre dijo que era".

Estamos hablando del comunismo soviético, el que mató a unos 30 millones de sus propios ciudadanos, incluso a través de una hambruna forzada por el gobierno en Ucrania, cuyos detalles incluso las personas endurecidas por la literatura del Holocausto tienen problemas para leer. Hitler mató a un millón de niños judíos, pero Stalin mató a más del doble de niños solamente en Ucrania. Este es el movimiento que estableció un pacto con Hitler precipitando la guerra contra Polonia, y construyó el Gulag, el que superó con creces la red de campos de concentración de Hitler en número de víctimas. Este fue el régimen totalitario que perfeccionó el lenguaje orwelliano con una cultura de mentiras y que no solo camufló su maldad con una terminología inocua, al estilo de lo que hicieron los nazis, con términos como reasentamiento para exterminar y limpiar por asesinato, sino que justificó una cultura de espionaje, expropiación, asesinatos en masas y un dominio tiránico en nombre del "igualitarismo" y la "paz internacional".

Con respecto a los judíos y el judaísmo, el comunismo soviético prohibió la práctica de la religión y el estudio del hebreo. La sección judía del Partido Comunista tomó la delantera en la persecución de rabinos y maestros, matando a algunos y enviando a otros a una muerte segura. Los soviéticos elogiaron las masacres árabes de judíos de 1929 em Palestina, así como el comienzo de la Revolución Comunista Árabe y formularon los eslóganes del antisionismo que son la base argumental del antisemitismo actual en los Estados Unidos. La propaganda soviética acusó a los judíos de imperialismo en la década de 1930 y (con los árabes) de racismo en la década de 1970. Atrajo a los judíos con falsas promesas al asentamiento avanzado de Birobidzan, en el Extremo Oriente, y demonizó al yishuv judío en la Tierra de Israel. Los soviéticos usaron el Comité antifascista Judío para ganarse el apoyo estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, y luego ejecutaron a su liderazgo en 1952. ¿Podría decir Gornick que de esta forma el "comunismo empujó a los judíos" a convertirse en las personas justas que siempre aspiraron a ser?

Nosotros, estadounidenses y judíos, pedimos a las naciones que alguna vez sucumbieron al fascismo y practicaron el genocidio en su nombre que reconozcan los males que cometieron en el pasado. Lo hacemos no para perpetuar la culpa, sino porque la autoconciencia por sí sola impide la repetición del mismo comportamiento. ¿Cómo pueden entonces los estadounidenses, y en particular los judíos entre ellos, perpetuar el romance - o la inocencia - del régimen bolchevique?

Hoy nadie tiene la excusa de que "no sabíamos lo que estaba sucediendo". Sabemos y conocemos, y si pretendemos no saber, dejemos que Roberto Conquest, Alexander Solzhenitsyn y Martin Amis, con "Koba el Temible", se conviertan en nuestra lectura obligatoria junto a Elie Wiesel.

De ninguna manera esto implica que los judíos sean responsables del comunismo, como algunos de sus antiguos súbditos europeos intentan afirmar. Esa falsa acusación debe ser expuesta tan enérgicamente como cualquier libelo de sangre o acusación de deicidio. El comunismo causó al menos tanto daño a los judíos como a cualquier otro pueblo, pero en nombre de ese daño, también estamos obligados a tomar en serio que muchos judíos apoyaron uno de los regímenes más asesinos de la historia, y recapacitar sobre cómo, por qué y en qué medida se equivocaron. Que las audiencias públicas del senador McCarthy en la década de 1950 fueron casi tan "antiamericanas" como las propias actividades investigadas, ya no pueden seguir siendo utilizadas como una excusa del daño perpetrado por el comunismo estadounidense al ocultar los crímenes soviéticos, subvertir las instituciones estadounidenses y oponerse a la recuperación de los judíos de su patria ancestral.

Los judíos aceptaron la Torah en el Sinaí para salvarlos de las malas consecuencias de las buenas intenciones. Las prohibiciones de la Torah contra la idolatría estaban destinadas a protegernos de los horrores que las "buenas intenciones" del comunismo impusieron en su lugar. El idealismo no justifica los atajos morales, y la revolución no puede sustituir a la civilización.

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Wednesday, October 12, 2016

No hay que disculparse por ser judío - Ruth R. Wisse - WJS



Conócete antes de estar de pie (ante él). Estas palabras, inscritas por encima del arca que sostiene los rollos de la Torah en muchas sinagogas, asumen un significado adicional entre Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, y Yom Kippur, el Día de la Expiación. Durante estos días de temor, los judíos observantes toman la medida de sí mismos ante el Todopoderoso. El término "oraciones penitenciales" no nos llega a transmitir el alcance y la intensidad de la introspección que los fieles practican sobre si mismos acerca de todos los aspectos de sus vidas.

Para poner al descubierto los hechos propios antes del Trono del Juicio final es muy diferente a la práctica de una introspección o meditación individual. Aquí cada persona se encuentra dentro de la comunidad en una pública atestiguación de decenas de malas acciones. En las extensas confesiones de Yom Kipur, los fieles recuentan los pecados cometidos voluntariamente o involuntariamente, "por habladurías o por comportamiento lascivo, violencia o por difamar Tu nombre”. Todos los verbos de la transgresión están en la primera persona del plural, en lugar del yo, por lo que el individuo forma parte orgánica de la nación. Yo solía admirar cómo los jóvenes estudiantes universitarios, apenas pasada la adolescencia, asumían con pasión la responsabilidad moral por los errores que nunca habían cometido.

Los judíos, con razón, se enorgullecen de su cultura de autoresponsabilidad ante el Juez Supremo y ante las autoridades humanas justamente establecidas. Esta cultura ha creado y sostenido un pueblo extraordinariamente resistente. Al lamentar los excesos en el ciclo electoral estadounidense actual, el columnista de Ira Stoll se imagina cuánto más rica sería la política del país si "este espíritu de autoexamen se exportara desde la religión judía al resto de la cultura americana". Si la democracia requiere una paciente mejora en la vida de la comunidad, nada favorece mejor ese objetivo que la práctica del autoexamen individual y colectivo.

Pero la historia milenaria de una autoexamen judío se erige también como una advertencia. Está muy bien centrarse en superar nuestras deficiencias. Sin embargo, la búsqueda de la perfección moral también puede provocar que individuos y naciones, presas de esos que creen en la conquista más que en la autoconquista, se unan a la celebración para requerirte que rindas cuenta de sus propias fechorías. La misma postura confesional digna de elogio de estar de pie ante el Juez Perfecto, se vuelve culpable cuando se adopta con un enemigo ante el que estas en un tribunal amañado.
En el siglo XX, algunos pensadores y líderes políticos modernos europeos comenzaron a señalar a los judíos por sus presuntas culpabilidades raciales, religiosas o sociales. Muchos judíos se sintieron obligados a responder disculpándose por estos supuestos defectos propios, en lugar de exponer la ideología del mal que los había elegido como diana. Los judíos marxistas, por ejemplo, culparon a los capitalistas y burgueses judíos, a pesar de que la difamación era extendida por igual a los profesionales, artesanos, periodistas y pobres judíos.

Tan pronto como las políticas de reprobación de los judíos alcanzaron una apoteosis genocida en Europa, fueron recogidas en el Oriente Medio. En lugar de aceptar el principio de coexistencia y concentrarse en mejorar la vida de sus propios sujetos, los líderes árabes negaron a los judíos el derecho a su propia patria en una guerra que ellos, los líderes árabes, iniciaron. Provocando la expulsión de casi un millón de judíos residentes en sus antiguas comunidades en tierras árabes, esos mismos líderes árabes acusaron a Israel de la existencia de unos refugiados árabes que ellos mismos se negaron a reasentar.

Esta calumnia es por ahora la base de coaliciones políticas no sólo en las Naciones Unidas y en Europa, sino también en los campus de aquí, en los EEUU. Tan arraigados son los supuestos de una culpa judía que tan a menudo difunden los periódicos, que estos dedican una mayor cobertura a los disparos contra un árabe palestino realizados por un israelí, a menudo sin intención o en defensa propia, que a los asesinatos de civiles judíos por parte de terroristas árabes y musulmanes. Lo que tales beligerantes hacen con el objetivo de eliminar al Estado judío, a veces incluso dicen hacerlo en nombre de la celebración de los “altos niveles de moralidad del judaísmo". Y como anteriormente en otras períodos, algunos judíos se unen a sus filas de una forma autoexculpadora, castigando al Estado judío para procurarse así una autodefensa, en lugar de tratar de disculparse como hacían en otros períodos.

Por su obsesión por los supuestos delitos de Israel y por su negligencia con los incalificables crímenes cometidos por tantos otros estados miembros de la ONU, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, declaró recientemente en la Asamblea General que "la ONU, que se inició como una fuerza moral, se ha convertido en una farsa moral". Sin duda tiene razón, porque poner fin a la obsesión con Israel beneficiaría no sólo a los enemigos del Estado judío, sino a todo el mundo. A la  nación judía se le debe un respeto incondicional por parte de las otras naciones, y se debe exigir que se comporten tal como ellas desean para sí mismas.

Judíos y americanos comparten la creencia de que una cultura de rendición de cuentas fomenta una sociedad sana y una forma de gobierno más responsable. Pero las sociedades autorresponsables pueden llegar a internalizar fatalmente el resentimiento y la oposición violenta de los demás. En aras de su propia supervivencia, siempre deben tenerlo en cuenta antes de ponerte de pie.

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