Sunday, November 20, 2016

¿Cómo Donald Trump puede dividir a los judíos estadounidenses e israelíes? - Shmuel Rosner - NYTimes



El día antes de que los estadounidenses votaran a su próximo presidente, me reuní con la representante demócrata Debbie Wasserman Schultz en la zona que mejor conoce, su distrito del sur de Florida.

Es una zona muy judía, y Ms. Wasserman Schultz estaba vestida para el evento. El pasador que llevaba en la chaqueta decía "Ani Ita", que en hebreo significaba "estoy con ella". No tengo ni idea de cómo se sentían muchos de los judíos sentados en la cafetería donde hablamos, pero estoy seguro de que la mayoría de ellos podían identificar las letras hebreas, y por lo tanto asociar a la congresista con su cultura judía.

Persuadir a los votantes judíos de Florida para que votaran a Hillary Clinton no fue tan duro como persuadirles para que votaran por Barack Obama hace ocho y cuatro años. Ms. Wasserman Schultz me dijo que los votantes judíos confiaban y querían a Clinton, y que tenían pocas dudas sobre ella.

La congresista parecía estar en lo cierto: Las encuestas de salida indicaban que el 71% de los votantes judíos emitirían su voto por la candidata demócrata. En Florida, según un sondeo encargado por la organización J Street, el 68% de los judíos americanos votarían a favor de la señora Clinton.

Así que parece que la mayoría de los judíos estadounidenses están en el campo de los perdedores. El 72% de los judíos americanos tienen una opinión desfavorable del candidato ganador, Donald Trump, según otra encuesta de J Street. Algunas organizaciones judías se enfrentaron con Mr. Trump denunciando sus palabras contra los inmigrantes musulmanes, y criticando que el argumento de su campaña animara el lenguaje antisemita. Cuando el Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC) pidió a Mr. Trump hablar en su conferencia política, algunos críticos dijeron que esa invitación era "vergonzosa". De palabra y de hecho, los judíos estadounidenses - incluso muchos judíos de tendencia republicana - se mantuvieron alejados de Trump.

Ahora el señor Trump ha sido elegido presidente. E Israel, sorprendida por su ascenso, se está acostumbrando rápidamente a esta nueva realidad. Los judíos de Israel, al igual que sus homólogos estadounidenses, habrían preferido una victoria de Clinton y ven sospechosas las formas irregulares de Mr. Trump.

Por otra parte, el presidente electo dice que apoya a Israel y parece que mantiene relaciones amistosas con el primer ministro Benjamin Netanyahu, y se ha rodeado de gente como Rudolph Giuliani y Newt Gingrich, bien conocidos por su amistad con Israel. ¿Qué es lo que no nos gusta?

Si todo va bien, los israelíes van a amar a la administración Trump. Trump no parece interesado en presionar a Israel para que regale más territorio y se ha comprometido a trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, algo que desde hace mucho tiempo es una petición de Israel, que considera a Jerusalén como su capital. Su punto de vista sobre el acuerdo internacional sobre el programa nuclear de Irán es tan sombrío como el de Israel, y se comprometió a dar prioridad al "desmantelamiento del desastroso acuerdo con Irán".

Si sus políticas se ajustan a su retórica de campaña, a los israelíes, con el tiempo, les gustará. Los judíos de América, por su parte, están en ebullición. Israel es querido para los corazones de la mayoría de los judíos de América, pero no es una de las principales consideraciones políticas cuando votan en los Estados Unidos. Menos del 10% citan a Israel como uno de los temas más importantes a la hora de decidir por quién votar.

La administración Trump no supondrá el primer desacuerdo entre judíos israelíes y estadounidenses en lo referente a la política estadounidense. De hecho, en los últimos 16 años, esa ha sido la norma. Los judíos de América no apoyaron a la administración de George W. Bush y sí los hicieron los israelíes. Los judíos de América manifestaron un gran apoyo por la administración Obama, mientras que los israelíes fueron muy críticos con ella.

Presidentes estadounidenses como Bush, Obama y Mr. Trump son malos para las relaciones entre los judíos de Israel y de los Estados Unidos. Ponen al descubierto el hecho de que los judíos de América y de Israel tienen diferentes conjuntos de prioridades y de valores. Estos presidentes subrayan la comprensible, aunque desafortunada, realidad de que los judíos estadounidenses priorizan de manera bastante baja a Israel al votar, y que los judíos israelíes no se preocupan por las sensibilidades políticas de los judíos de América.

A veces esto se traduce en polémicas. Ese fue el caso cuando algunos grupos de judíos estadounidenses debatieron si su oposición al presidente Richard M. Nixon debía ser domesticada por su apoyo a Israel durante la Guerra de Yom Kipur del 1973. Tal es el caso cuando Israel sabe que los judíos estadounidenses se resisten a ciertos líderes de la derecha religiosa evangélica, y sin embargo, acepta su apoyo político sin muchas reservas.

¿Qué sucederá si los judíos estadounidenses observan la buena relación que supuestamente el presidente Trump puede llegar a tener con Israel? Esto hará que muchos de ellos se sientan incómodos. Les hará dudar de los valores y moral de Israel. Se enajenarán aún más de Israel.

¿Qué va a pasar si los judíos israelíes observan como los judíos estadounidenses se oponen al presidente Trump en cada ocasión? Esto hará que muchos israelíes cuestionen el buen juicio de los judíos americanos, y duden de su compromiso con la seguridad de Israel.

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