Saturday, November 19, 2016

Muy interesante: "Ha llegado el momento de decir que nosotros (los árabes) estamos bien aquí (en Israel)" - Evelyn Gordon


 Un lector habitual de los artículos de opinión de Odeh Bishárát en el Haaretz podría concluir razonablemente que al autor árabe israelí no le gusta demasiado su país. Así que me quedé de piedra con el consejo que ofreció a sus compañeros árabes israelíes en su última columna. Aparte de ser algo que casi nunca se oye decir a los intelectuales árabes israelíes, es un buen consejo, no sólo para su propia comunidad, sino también para los judíos de Israel y de la diáspora:
Ha llegado el momento para que los líderes árabes de la opinión pública lo digan claramente: A pesar de todo, estamos bien aquí. Es cierto que hay una montaña de problemas, pero queremos ser ciudadanos del estado. Aquí podemos luchar para mejorar nuestras condiciones de vida, podemos protestar y movilizar a la opinión pública judía, y llevar a cabo una batalla contra la extrema derecha (judía). Después de todo, el programa que une a la mayoría de los movimientos árabes [israelíes] se basa en el principio de que los árabes son ciudadanos del estado en el que desarrollarán sus derechos nacionales y civiles. Y en ese caso, es importante transmitir que los árabes se preocupan por el estado, porque se preocupan por sí mismos y por su futuro.
La ironía es que a pesar de que nunca se oye a sus líderes decir algo así, la mayoría de los árabes israelíes ya están de acuerdo con Bisharat. Las encuestas ya han demostrado esto en varias ocasiones. La evidencia más reciente proviene de sondeo del Índice de Paz del mes pasado, una encuesta mensual realizada por el Instituto Israelí de la Democracia y la Universidad de Tel Aviv. En ella se demostró que los árabes israelíes son en realidad más optimistas que los propios judíos israelíes acerca de la situación del país, en marcado contraste con lo que uno encontraría si lee y escucha tanto a buena parte de los medios de comunicación israelíes como a la mayoría de los extranjeros: "Israel estaba sufriendo una creciente ola de racismo anti-árabe".

Pues bien, un 40,3% de los árabes israelíes consideran la situación actual de Israel como "muy buena", mientras que otro 22,7% la considera "moderadamente buena", lo que significa que un 63% ofreció una evaluación positiva. En comparación, sólo el 9,7% de los judíos de Israel clasifican la situación actual como  "muy buena" y un 34% como "moderadamente buena", para una evaluación positiva total de un 43,7%.

Los árabes israelíes fueron igualmente optimistas sobre el futuro, con un 32,9% que consideran que la situación de Israel sería "mucho mejor" en el nuevo año judío que comenzó en octubre, y otro 21.5% que esperaba que fuera "un poco mejor", para una valoración global positiva del 54,5%. Las cifras correspondientes para los judíos israelíes fueron del 7,5% y 15% respectivamente, para un total positivo del 22,5%.

El optimismo árabe se extendía a través de todas las materias encuestadas: militar y de seguridad (con un 39,9% de mejora prevista por los árabes), político-diplomática (42,3%), socio-económica (42,6%) y las "diferencias entre las distintas partes de la población" (31,6%). En todas las categorías, la proporción de árabes que esperaban una mejoría superó a la proporción de judíos esperando esa misma mejoría y a la proporción de árabes esperando un deterioro. De hecho, la proporción de árabes que piensa en un deterioro iba de casi un 2,8% en cuestiones socio-económicas a un 13,2% en las "diferencias entre las distintas partes de la opinión pública". Esas últimas dos cifras son particularmente notables. Si los árabes israelíes realmente se sintieran amenazados por el aumento del racismo, tal como afirman sin descanso los medias, difícilmente podrían predecir una mejoría en las "diferencias entre las distintas partes de la opinión pública" en una proporción de casi 3:1, y una mejoría en el ámbito socio-económico en más de 15:1.

Sin embargo, hay una barrera muy real para seguir mejorando: los judíos israelíes creen en gran medida que la mayoría de los árabes israelíes se preocupan más por la causa palestina que por el bienestar de su propio país, por la sencilla razón de que esto es lo que escuchan, una y otra vez, de parte de los líderes árabes de Israel. Obviamente, esto fomenta el sentimiento anti-árabe y dificulta la integración. Y como ha señalado correctamente Bisharat, será muy difícil cambiar esta percepción siempre y cuando los líderes de opinión árabe-israelíes se nieguen a decir públicamente que es falsa, que a pesar de la "montaña de problemas" a los que se enfrentan los árabes israelíes, y especialmente sus profundos desacuerdos con las políticas de Israel hacia los palestinos, sin embargo sienten que "están bien aquí" y realmente "se preocupan por el estado".

El consejo de Bisharat, sin embargo, no es menos aplicable al mundo judío, cuando muchos también rehúsan "decir pura y simplemente" las muchas cosas buenas de Israel a pesar de los graves problemas que le dañan a largo plazo.

Como prueba, consideren el artículo de Sara Hirschhorn en el diario Haaretz de la semana pasada, con el título autoexplicativo de "Sionistas liberales, hemos perdido a los niños". En él, esta profesora de la Universidad de Oxford se lamenta de que los jóvenes judíos británicos se muestren apagados con respecto a  Israel, pero no como con tanta frecuencia se reivindica por "la ocupación o los asentamientos", sino por "la premisa de la autodefinición de Israel como un Estado de los judíos, que les suena del 1948 (y no de la sociedad actual)". Y para su crédito, ella reconoció que los adultos sionistas liberales son en gran parte responsables de este desarrollo: si estos liberales desean convencer a sus hijos que vale la pena que exista un Estado judío, "por encima de todo, no sólo deben catalogar e insistir constantemente en sus (muchas) lagunas, sino que también deben expresar de una forma convincente todas esas cosas que les vuelven orgullosos, a pesar de todo, del Estado de Israel actual".

Pero por supuesto, esa gente tan hipercrítica y narcisista rara vez lo hace. Todo lo que la juventud judía oye de la mayoría de los sionistas liberales actuales, tanto en Israel como en el extranjero, es una caricatura vil de Israel: la ocupación, los asentamientos, el racismo, la discriminación, todos los males del panteón moderno. Y cuando eso es lo que únicamente oyen sus hijos, ¿por qué éstos van a llegar a pensar que un Estado judío es hoy una buena idea?

Los problemas, evidentemente, no se deben barrer debajo de la alfombra. Israel es un buen lugar para vivir, precisamente porque intenta muy duramente seguir mejorando. Pero por supuesto tiene muchas cosas buenas, y con respecto a obsesionarse con los defectos de Israel, ese punto ya fue probado hace mucho tiempo tanto por los árabes israelíes como por los judíos de la diáspora.

Así pues, y para ambas comunidades, tal como Bisharat y Hirschhorn han señalado acertadamente, el camino beneficioso comienza con dejar de centrarse solamente en lo negativo y recordar e insistir también en lo positivo. Decir abiertamente que incluso los árabes "se sienten mayoritariamente bien" en Israel, a diferencia de muchos países árabes, podría ser una excelente forma de empezar no sólo para los árabes israelíes, sino también para los judíos de la diáspora.


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