Friday, December 02, 2016

Después de tan sólo 25 años, el triunfo de Occidente ya ha terminado - Charles Krauthammer - Press Herald



Hace veinticinco años - diciembre 1991 - murió el comunismo, terminó la Guerra Fría y la Unión Soviética desapareció. Fue la mayor ruptura de un imperio en la historia moderna y no se disparó un tiro. Fue un evento de proporciones bíblicas que mi generación pensaba que nunca llegaría a ver. Como la famosa rapsodia de Wordsworth (sobre la Revolución Francesa), "La dicha fue en ese amanecer estar vivo / pero ser joven era maravilloso".

Ese amanecer marcó el triunfo definitivo del ideal democrático liberal. Se prometía una era de dominio occidental dirigida por una preeminente América, la última superpotencia restante del mundo.

Y así fue durante una década, cuando la comunidad de democracias se amplió por vez primera en Europa del Este y a las antiguas colonias soviéticas. Los EEUU eran tan dominantes que cuando el 31 de diciembre de 1999 se dio por caducado uno de los activos geoestratégicos más preciados en el mundo, el Canal de Panamá, nadie ni siquiera lo notó.

Esa era ya ha terminado. Las autocracias están de vuelta y en aumento, mientras que las democracias están a la defensiva y los EEUU están de retirada. No busquen más, miren Alepo. Y la resistencia sostenida de Occidente ante un tirano local - que ha determinado el resurgimiento de Rusia y ha respaldado a un Irán en expansión y a una serie de milicias chiítas próximas - está al borde de su finalización. Rusia lanza bombas y América emita sentencias y líneas rojas.

¿Qué mejor símbolo para el final de este embriagador e histórico momento liberal-democrático? Occidente se está volviendo hacia si mismo y retorna a casa, dejando el campo libre a los insurgentes autoritarios como Rusia, China e Irán. En Francia, el candidato presidencial recién nominado del partido conservador sigue la moda conservadora y populista bajo de maneras suaves al estilo Vladimir Putin. Al igual que varias de las nuevas democracias del Este de Europa - Hungría, Bulgaria e incluso Polonia - están mostrando tendencias autoritarias.

Y así es como Europa ha abandonado las sanciones impuestas a Rusia por su violación de Ucrania, ese tan utilizado "aislamiento" del presidente Obama hacia Rusia que se ha disuelto ignominiosamente, ya que nuestro secretario de estado ha pasado repetidamente la gorra ante Rusia pidiendo misericordia para Siria.

La Unión Europea, el mayor club democrático de la tierra, podría dentro de poco experimentar como los movimientos pro-Brexit se propagan a través del continente. Al mismo tiempo, sus miembros se lanzan con una prisa impropia en busca de lazos económicos con una autoritaria y agresiva Irán.

En cuanto a China, el otro gran desafío al orden posterior a la Guerra Fría, el otro "pivote" de la administración Obama, se ha convertido en un fracaso absoluto. Filipinas ha desertado abiertamente y ha optado por China. Malasia luego LE siguió. Y el resto de nuestros aliados asiáticos están empezando a realizar sus apuestas. Cuando el presidente de China se dirigió en Perú el mes pasado a los países de la costa del Pacífico, sugirió que China estaba dispuesta a recoger los pedazos de la Asociación Trans-Pacífico ahora abandonada por los dos partidos políticos de los Estados Unidos.

La retirada de Occidente comenzó con Obama, que reaccionó a la (aparente) extralimitación del post 11-S abandonando Irak y ofreciendo apaciguamiento a Rusia y facilidades a Irán.

En 2009, se negó incluso apoyo retórico a la revuelta popular contra el régimen de los ayatolás. Donald Trump quiere continuar con la retirada, aunque por razones totalmente diferentes. Obama ordenó la retirada porque siempre ha sentido que los EEUU no eran lo suficientemente buenos para el mundo, con demasiados defectos para poder ganarse el derecho moral a ser la potencia hegemónica mundial.

Trump hará lo mismo, desdeñará a los aliados y evitará los conflictos, pero porque el mundo no es lo suficientemente bueno para nosotros y no nos merecen, es un mundo ingrato y los países extranjeros son parásitos que viven de una forma segura gracias a nuestra protección y ajenos a nuestros sacrificios. Ha llegado el momento de cuidar de nuestros propios intereses.

Trump no emplea un argumento nuevo. A medida que la Guerra Fría llegaba a su fin en 1990, Jeane Kirkpatrick, la neoconservadora por excelencia, afirmó que entonces debíamos convertirnos en "un país normal en un tiempo normal".

Había llegado el momento de renunciar a la carga de mantener el orden mundial y realizar esfuerzos sobrehumanos en nombre de los valores universales del siglo XX. Dos generaciones de combates contra el fascismo y el comunismo eran más que suficientes. ¿No no habíamos ganado un retiro relajado?

En ese momento, argumenté que era cierto que nos lo habíamos ganado, pero la cruel historia no nos permite disfrutar de ella. El reposo y la relajación presupone un mundo de fantasía en el que la estabilidad es autosostenible sin los Estados Unidos. Pero no lo es. Si damos un respiro se implanta el caos.

Un cuarto de siglo más tarde, nos enfrentamos a la misma tentación, pero esta vez bajo unas circunstancias más difíciles. El yihadismo se ha añadido a la lucha en todo el mundo, y nosotros ahora no disfrutamos del dominio que tuvimos sobre nuestros adversarios durante los años 1990.

Podemos optar por el reposo y la relajación, pero no vamos a conseguirlo.

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