Thursday, December 08, 2016

¿Quién cuida a los huérfanos de Shuafat (campo de refugiados palestino)? - Jonathan Tobin - Commentary



Los residentes del campo de refugiados palestinos de Shuafat no tienen una vida fácil. Los palestinos que viven en este barrio urbano marginal administrado por una agencia de las Naciones Unidas, la UNRWA, se encuentran en un lugar sombrío con sombrías perspectivas. Su anómala ubicación geográfica, dentro de los limites municipales de Jerusalén, pero fuera de la jurisdicción de Israel o de la Autoridad Palestina a causa de su estatus de refugiados bajo el mando de la ONU, significa que no tienen una fuerza de policía regular o un gobierno local. Su ubicación, fuera del muro de seguridad erigido por Israel durante la Segunda Intifada para detener la ola de ataques suicidas palestinos, agrava sus problemas.

Por lo tanto, cuando la novelista Rachel Kushner viajó allí para escribir un muy extenso reportaje titulado "Somos huérfanos: La vida y la muerte en campo de refugiados palestinos de Jerusalén Este" para el New York Times Magazine, proporcionó el característico material de las coberturas del Oriente Medio. Según este género periodístico, los palestinos oprimidos se mantienen en el limbo de una cárcel mientras los israelíes prosperan no muy lejos. Que el artículo fuera tan simpático para los defensores de la causa palestina no significaba que los hechos básicos sobre la situación en el campo fueran falsos. Es un lugar horrible. Sus residentes están más o menos atrapados. Y ni los israelíes, ni los líderes de los palestinos, ni los jefes de la UNRWA en el campo tienen una solución a su dilema.

Sin embargo, cualquier artículo que no se ocupe de por qué estas personas están ahí cuando el artículo proclama que son "huérfanos", o por qué Israel construyó el muro y los puestos de control que les rodean, está haciendo un flaco servicio a sus lectores. Por otra parte, dejar de mencionar estos hechos en un artículo de más de 5.000 palabras es una prueba de que el artículo, o su edición, es sesgado y deshonesto, y proyecta una sombra sobre el resto del artículo.

La gente en Shuafat, y en cualquier otro campo de refugiados palestinos,  está ahí porque el mundo árabe y sus líderes y organizaciones les han mantenido allí durante unos 68 años. En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los diversos conflictos crearon cientos de millones de refugiados en Europa y Asia. Sólo los palestinos siguen residiendo en campos y se les priva de la oportunidad de ser reubicados en otro lugar.

De hecho, las Naciones Unidas creó dos organismos separados para ocuparse de los refugiados de dicha época: la UNRWA, que estaba dedicada exclusivamente a los palestinos, y otro organismo para el resto de los refugiados del mundo. Este último organismo tuvo un gran éxito en el cuidado y la búsqueda de nuevos hogares para sus refugiados. La UNRWA mantuvo a los palestinos en los campos, y las naciones árabes y los grupos palestinos se han asegurado de que este siga siendo su destino hasta el día de hoy. El único propósito de mantener ahí a los refugiados y a sus descendientes - que ya se cuentan por millones, y a los que también consideran refugiados - era poder usarlos como un arma contra Israel. Se les mantiene en campos como el de Shuafat y se les dice que algún día van a regresar a sus antiguos lugares de residencia cuando Israel deje de ser un Estado judío.

Que los campos se hayan convertido en terribles y pobres barrios es consecuencia de la negativa del organismo de la ONU, y del mundo árabe, de contemplar cualquier solución para ellos que no sea el llamado "derecho de retorno", el cual significaría la destrucción de Israel. Y que esos campos tan pobres sean focos del extremismo y del terror anti-israelí no resulta sorprendente. En el caso de Shuafat, la difícil situación de los residentes se vio agravada por la guerra terrorista de desgaste lanzada por Yasir Arafat, la cual obligó a Israel a erigir una barrera que tuvo éxito en detener los ataques suicidas palestinos. Como la propia Kushner señaló - la cual se esforzó en informar a sus lectores de que, a pesar de tener un padre judío, no se consideraba judía -:
En casi todos los hogares donde pasamos nuestro tiempo el televisor estaba permanentemente conectado al canal islámico Palestina Al-Yawm, donde se mostraba un montaje incesante de sangre, humo, fuego y combatientes árabes armados con un M-16.
Israel puede ser acusado de falta simpatía por los refugiados, pero tampoco tiene el poder de mejorar las condiciones en Shuafat y en otros campos de Cisjornania, y mucho menos en los de la Gaza controlada por Hamas. La responsabilidad corresponde exclusivamente al UNRWA y a la dirección palestina, los cuales prefieren continuar con sus mismas y cínicas políticas.

También vale la pena observar que el artículo de Kushner se publicó sólo unos pocos días después de la conmemoración anual en Israel de los más de 850.000 judíos que huyeron o fueron obligados a abandonar sus hogares en el mundo árabe y musulmán, durante la época en que se generó el problema de los refugiados palestinos. Por supuesto, ninguno de esos refugiados judíos o sus descendientes siguen viviendo en campos de refugiados. Ellos encontraron nuevos hogares y rehicieron sus vidas en Israel o en Occidente, y también lo hicieron sin la ayuda de las Naciones Unidas, confiando en la filantropía judía.

Los habitantes de Shuafat pueden que sean huérfanos. Pero si permanecen en la miseria y en la desesperanza, la culpa es del mundo árabe que se negó a hacer lo que sí hicieron los judíos, y la razón de ello era utilizar a los refugiados palestinos para destruir Israel, para lo cual los líderes palestinos alimentaron con odio a los refugiados en lugar de con esperanza. La única solución real a esta mezcla tóxica es una paz que ponga fin a la guerra centenaria contra el sionismo. Pero al igual que es preciso un plan de reasentamiento racional para estos refugiados, también es preciso que no sigan explotándolos. Cuando un sesgado medio de comunicación occidental ignora este hecho, los grandes perdedores son los refugiados.


Actualización

Dice la UNRWA que a más de la mitad de los residentes del campo de Shuafat ni siquiera los considera refugiados  - Elder of Ziyon

A medida que continúan las reacciones al artículo del New York Times Magazine sobre Shuafat escrito por Rachel Kushner, una autora patrocinada por Breaking the Silence para escribir artículos en contra de Israel para un libro que saldrá el próximo año por los 50 años de "ocupación", se muestran más ángulos de los inicios violentos de este campo.

Parte de la razón por la que Shuafat está tan atestado es porque miles de árabes que ni siquiera son considerados refugiados por el UNRWA residen allí.

Dice la UNRWA:
Hoy en día, aproximadamente 12.500 refugiados palestinos están registrados como residentes en el campo de Shu'fat. Sin embargo, el UNRWA estima que el número real de residentes en el campo es de alrededor de 24.000.  
El campo de Shu'fa fue anexionado ilegalmente por Israel después de las hostilidades de 1967, cuando Israel estableció unilateralmente los nuevos límites municipales de Jerusalén. Los residentes del campo aún tienen tarjetas de identidad (ID) de Jerusalén y, a diferencia de los titulares de Cisjordania, están autorizados a residir en Jerusalén. Debido a que el Ministerio del Interior de Israel tiene una política de revocación de los ID de Jerusalén para los palestinos que no tienen su "centro de vida" en Jerusalén, el campo se ha convertido en un popular lugar de residencia de los palestinos (no refugiados) con ID de Jerusalén, ya que de otro modo no podrían pagar los altos costos de vida de Jerusalén.
Como de costumbre, la UNRWA no está diciendo toda la historia.

Israel ha intentado, por décadas, resolver el problema de una manera que los residentes de los campamentos pudieran seguir aferrándose a su ID de Jerusalén.

De acuerdo con un artículo en la web oficial de Shuafat, desde mediados de la década de 1970 las autoridades israelíes han tratado de conseguir que los residentes del campo pasen a otras áreas menos concurridas de Jerusalén, especialmente el barrio árabe de Wadi el-Joz. Pero los residentes del campo se han negado categóricamente a la oferta israelí, afirmando que de alguna manera afectaría a su "derecho al retorno".

De hecho, esto significaría que tendrían que pagar el alquiler en vez de conseguir una vivienda libre de la UNRWA. Esa es la verdadera razón.

La propia UNRWA dice que más de la mitad de los residentes del campo no son "refugiados". Es decir, son ocupantes ilegales que se aprovechan de la ilegalidad de la zona.

La UNRWA debería haber asumido la responsabilidad de expulsar a los residentes que no están registrados con ellos, pero por supuesto la UNRWA no lo ha hecho durante sesenta años, por lo que otros árabes se han estado moviendo hacia los campos de la UNRWA desde la década de 1950 para aprovecharse de los servicios gratuitos, y la UNRWA nunca ha hecho nada después de algunos intentos poco entusiastas en la década de 1950.

La conclusión es que Israel ha tratado de solucionar los problemas de Shuafat durante mucho tiempo, y la UNRWA los ha dejado pudrir para seguir el plan general palestino de mantener los "campos de refugiados" como una arma de propaganda contra Israel.


Y Rachel Kushner y el New York Times siguen alegremente esa táctica.

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