Saturday, January 07, 2017

Gran artículo: El antisemitismo que la izquierda quiere ignorar - Evelyn Gordon



Escribiendo en el Haaretz esta semana, la socióloga Eva Illouz se preguntaba por qué muchos judíos israelíes y estadounidenses, por lo general tan sensibles a cualquier indicio de antisemitismo, parecen no tener problemas ante el innegable antisemitismo de algunos de los partidarios de Donald Trump. Es una buena pregunta que se merecía una respuesta seria, pero Illouz fracasaba rotundamente a la hora de proporcionarla: ella prefirió recurrir a la táctica favorita de la izquierda perezosa que implica estigmatizar a sus oponentes como racistas ultra-nacionalistas, absolviéndose por lo tanto a sí misma de la necesidad de tratar de entender lo que realmente piensan. Pero dado que su pseudo respuesta no niega la validez de su pregunta, voy a tratar de proporcionar una de verdad.

Un buen punto de partida, irónicamente, son las analogías fuera de lugar con el Holocausto que algunos judíos progresistas estadounidenses han emitido abundantemente desde la elección de Trump, como por ejemplo la del director de ADL, Jonathan Greenblatt, quien en un comunicado del mes pasado argumentaba que la retórica antisemita en los EEUU ha alcanzado niveles no vistos desde la Alemania de 1930. Jonathan Tobin ha explicado en detalle por qué tales analogías son ridículas, pero hay dos razones por las cuales son cruciales para entender a los partidarios judíos de Trump (a los que supuestamente no molestan esas expresiones radicales de algunos partidarios de Trump)

En la Alemania nazi, el antisemitismo se propagó y fue orquestada por el gobierno, no por una minoría, lo  que obviamente no es el caso actualmente en los Estados Unidos. Pero sí es el caso en otra parte importante del mundo: el mundo árabe y musulmán.

En todo el mundo musulmán, su antisemitismo al estilo nazi es a la vez notorio y patrocinado por el gobierno. Los medios de información estatales, los clérigos designados por el Estado y los funcionarios públicos arrojan declaraciones antisemitas día tras día: los judíos - y siempre son los "judíos" y no los "israelíes" como afirman algunos para intentar disculparles - son los "hijos de monos y cerdos" (un portavoz oficial de Fatah); "profanan" los sitios sagrados islámicos con sus pies llenos de inmundicia" (el propio Abbas); Hitler les aniquiló "para que todos sepan que son una nación que propaga la destrucción por todo el mundo" (un ensayo en una revista infantil financiada por la AP); los rabinos instruyen a sus seguidores a envenenar los pozos (Abbas de nuevo). Y eso con respecto al supuesto "socio oficial para la paz". Los enemigos declarados como Irán, Hezbolá y Hamás utilizan aún más abiertamente una retórica genocida.

Por otra parte, mientras que los partidarios antisemitas de Trump están armados principalmente con Twitter y pintura en aerosol, los antisemitas del Oriente Medio, aun suponiendo que Irán nunca obtenga armas nucleares, están armados con cientos de miles de misiles con tecnología de última generación, junto con los habituales suicidas con bombas, apuñaladores, atropelladores, etc. También existen semi-estados terroristas como Hezbollah y Hamas, los cuales ya han utilizado abundantemente sus armas para apuntar directamente contra los judíos, y no sólo contra Israel (recordemos el atentado en la AMIA argentina), mientras que países como Irán han preferido hasta ahora hacerlo indirectamente, canalizando armas y dinero en efectivo a los terroristas. De cualquier manera, la combinación de armas de alta tecnología con un antisemitismo al estilo nazi constituye un peligro claro y muy presente para millones de vidas judías, uno mucho mayor que el peligro que representan incluso los antisemitas más nocivos partidarios de Trump.

Así que si su objetivo es proteger el máximo número de vidas judías, su prioridad muy bien podría ser un presidente estadounidense que proporcione un fuerte apoyo para la autodefensa israelí y una fuerte oposición a los regímenes musulmanes asesinos. No se debería apoyar, por ejemplo, a un gobierno estadounidense que detiene los envíos de armas a Israel en medio de una guerra (Obama), ayuda a convertir a Irán en la potencia dominante del Oriente Medio (Obama), o recompensa la incitación y el terrorismo palestino echando toda la culpa sobre Israel por el estancado proceso de paz (nuevamente Obama).

No hay garantía de que Hillary Clinton hubiera hecho lo mismo que Obama, o que Trump vaya a ser diferente (aunque sus acciones hasta ahora han sido alentadoras). Pero el ex secretario de Estado de Obama, John Kerry, tiene claramente una mayor probabilidad de continuar con su política. Por lo tanto, frente a una elección no ideal entre un candidato que tiene seguidores antisemitas en Twitter y otro que parece listo para continuar fortaleciendo a unos gobiernos antisemitas bien armados, uno no tiene que ser un racista o un ultranacionalista prefiriendo la primera opción. Sólo hay que pensar que la protección de las vidas judías es una prioridad más alta que optar por una retórica menos desagradable y más bienpensante

La segunda y relevante diferencia entre la Alemania nazi y los Estados Unidos de Trump es que, incluso antes de que empezara el asesinato de judíos, el gobierno nazi ya había ido más allá de la mera retórica: se organizó el boicot de los negocios judíos, se dio una patada a los judíos echándoles de las universidades, se despidió a los médicos judíos de los hospitales, etcétera.

En la actualidad, el gobierno estadounidense obviamente no está haciendo tales cosas. Existe, sin embargo, un organizado esfuerzo nogubernamental para hacerlo, y no proviene no de la llamada alt-derecha, sino de la izquierda y la extrema izquierda.

Como cualquiera que haya estado prestando atención ya conoce, el antisemitismo no entra repentinamente en erupción desde la nada después de las elecciones de noviembre. Ya en 2015, mucho antes de que nadie soñara que Trump podría ganar la nominación republicana, y mucho menos la presidencia, los actos antisemitas representó la friolera de 51% de todos los crímenes de odio religiosos registrados por el FBI, a pesar de que los judíos representan a menos del 2% de la población estadounidense. Tales actos han abarcado todo el espectro, desde esvásticas pintadas en negocios o sedes judías, mensajes como "YALE es un puto antro judío", a las agresiones físicas. Y muchos de estos actos fueron cometidos por personas de la extrema izquierda en lugar de la extrema derecha. Los judíos de América simplemente prefirieron centrarse en la extrema derecha porque son mayoritariamente de izquierdas.

Hasta ahora, sin embargo, sólo la izquierda antisemita ha tratado de expulsar a los judíos de las universidades y ha organizado el boicot de negocios judíos. Por supuesto, a menudo se esconden detrás de la hoja de parra del "antisionismo". Pero cuando, por ejemplo, estudiantes de izquierda irrumpieron en una reunión de la facultad Brooklyn College el año pasado y exigieron a los "sionistas fuera de la universidad". ¿Alguien piensa seriamente que tenían como objetivo a los cristianos evangélicos?

Y a veces ni siquiera se molestan en utilizar la hoja de parra "antisionista". Cuando los defensores del BDS negaron a Rachel Beyda un asiento en el consejo judicial del consejo de estudiantes de UCLA en 2015, lo hicieron porque consideraron su condición judía como algo que la descalificaba de por sí. Es cierto que después un consejero de la facultad dictaminó que esto era inaceptable, el Consejo llevó a cabo una nueva votación y fue elegida. Es precisamente por eso que el odio popular es tan diferente de la variedad patrocinada oficialmente. No es casualidad que, como un estudio divulgó el año pasado, aquellos recintos universitarios donde los grupos BDS son fuertes también tienden a experimentar más el antisemitismo, y se debe a que los activistas del BDS son algunos de los principales perpetradores del antisemitismo en las aulas.

Los antisemitas de izquierda y extrema izquierda son una parte ruidosa de la base del Partido Demócrata, aunque Bernie Sanders sea más preferido que Clinton. Por lo tanto, ante una elección no ideal entre los dos candidatos que tienen en su base a miembros antisemitas, usted no tiene que ser un racista ultra-nacionalista para preferir al candidato cuyos partidarios aún no participen en los boicot al estilo nazi. Sólo hay que pensar que la protección de los medios de vida de los judíos es una prioridad más alta que optar por una retórica menos desagradable y más bienpensante

La retórica obviamente importa. Todos los estudiosos de los genocidios consideran que es el primer paso en el camino hacia el genocidio. Esa es precisamente la razón por la que los judíos siempre han sido tan sensibles ante la retórica antisemita, y los partidarios judíos de Trump no son una excepción. Están lejos de ignorar al antisemitismo de la alt-derecha. Ellos simplemente consideran que la versión antisemita de la izquierda es aún más preocupante.

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