Saturday, February 25, 2017

Cómo luchar contra los maximalistas judíos en casa y contra los maximalistas árabes del exterior - Einat Wilf - Tower



¿Un estado? ¿Dos estados? ¿Qué debe querer un judío? ¿Qué debe desear un judío en Israel o en el extranjero? ¿Qué debe favorecer cualquier amante de Israel? ¿Qué debe desear cualquier persona que se preocupe profundamente por el notable logro de una renovada soberanía judía en la Tierra de Israel y quiera protegerla de los que lo desean destruirla? La respuesta ante nuestra perplejidad es la lucha entre los maximalistas judíos y los maximalistas de los árabes a nuestro alrededor.

El futuro del Estado de Israel está siendo atacado desde dentro y desde fuera. Desde dentro, Israel se enfrenta al peligro de un exceso de amor. Hay quienes supuestamente aman tanto la Tierra de Israel que necesitan poseer toda ella. Estos son los maximalistas judíos. No es la seguridad lo que les preocupa o la cuestión de unas fronteras defendibles. En cambio, están imbuidas de un celo mesiánico que les obliga a asentarse y, finalmente, anexionar aquellos territorios entre el río Jordán y el mar Mediterráneo  de los cuales Israel no es soberano: Judea y Samaria entre ellos, o Cisjordania para el resto del mundo.

Para los maximalistas judíos, el sionismo trata menos de la soberanía judía en la Tierra de Israel que la propiedad judía de la totalidad de la Tierra de Israel. Mediante la promoción de un enfoque mesiánico al estilo de "Dios lo resolverá" se enfrentan ante la gran población de árabes existiendo en esos territorios, estando dispuestos a poner en peligro la consecución de la soberanía judía a causa de la propiedad judía en exclusiva. Dicen que quieren "todo", pero nos hacen correr el riesgo de dejar a los judíos sin nada.

Desafortunadamente, el éxito de los maximalistas judías en el avance de su causa se debe a sus insospechados aliados: los maximalistas árabes y sus colaboradores. Los maximalistas árabes son los que, en cada momento histórico que podrían haber recibido "parte", siempre repiten su mantra de "todo", sólo para quedarse sin nada. Son los que desde hace más de un siglo se negaron reiteradamente a aceptar que los judíos tuvieran derecho a la autodeterminación en al menos una parte de su tierra natal. Ellos son los que rechazaron la partición en 1947 porque querían acabar con un Estado judío más de lo que querían un Estado palestino. Ellos fueron los que emprendieron una guerra por la partición sólo para perderla. Ellos son los que mantuvieron la guerra en marcha sólo para perder más territorio en 1967. Ellos son los que hoy dicen apoyar una solución de dos estados, mientras que insisten en que su "derecho de retorno no es negociable", lo que supone que siguen buscando destruir el Estado judío. Ellos son los que utilizan el lenguaje de los "derechos de los palestinos" negando esos mismos "derechos" al pueblo judío y su derecho igual a la autodeterminación.

Sin embargo, los maximalistas árabes no hubieran tenido tanto éxito en el avance de su causa si no hubiera sido por los maximalistas judíos. Mientras que los asentamientos no son la causa del conflicto en curso - los maximalistas árabes sí lo creen -, sin embargo han oscurecido el papel fundamental del maximalismo árabe en la inexistencia de un acuerdo de paz que reconociera la permanencia del Estado judío. Cuando los maximalistas judíos dicen repetidamente "todo es nuestro y sólo nuestro", se vuelve mucho más difícil criticar  y avergonzar a los palestinos por decir lo mismo.

Por desgracia, los maximalistas judíos y árabes han tenido éxito en convencer a aquellos que podían luchar eficazmente contra ellos que sería imposible sin servir a la otra parte. Como resultado, aquellos que sienten que la supervivencia de Israel y del sionismo depende de derrotar a los maximalistas judíos y a sus proyectos de asentamientos, de manera consciente o no, tienden a minimizar el maximalismo árabe. A menudo han sido los primero en saludar "la moderación de los árabes" ignorando o negando los hechos sobre el terreno. A menudo han excusado la incitación árabe, minimizado el apego de los palestinos a su demanda de "retorno" y han considerado el persistente maximalismo árabe y su rechazo a los acuerdos de paz propuestos como nada más que un truco utilizado por los maximalistas judíos para silenciar a la oposición judía.

Los que sienten la necesidad de defender al sionismo mediante la exposición y la derrota del maximalismo árabe, con demasiada frecuencia se han visto empujados a defender contra su voluntad al maximalismo judío, haciendo observar cómo los maximalistas árabes y sus colaboradores utilizan los asentamientos como la cuña de su campaña para satanizar al sionismo y a Israel en los foros internacionales. Consternados por la manera en que los que pretende luchar contra el maximalismo judío ignoran a menudo y no toman ninguna acción contra las demandas maximalistas árabes, optan de manera lógica por no ser peones en manos de los maximalistas árabes, dejando en parte de lado su oposición a los asentamientos. Los maximalistas judíos, por su parte, han utilizado este tipo de reticencias para tratar de captar aliados entre aquellos que luchan contra el maximalismo árabe, buscando que defiendan el maximalismo judío. Yo mismo a menudo he tenido que dejar las cosas claras cuando algunos elementos del gobierno de Israel trataron de utilizar mi actividad contraria a las reivindicaciones maximalistas árabes para promover su agenda maximalista judía, a la cual me opongo.

Sin embargo, la supervivencia del sionismo siempre ha dependido de librar y ganar las batallas y guerras en no menos de dos frentes. Hoy en día, la supervivencia de Israel depende de que los judíos y los amigos de Israel hagan lo mismo: luchar contra los maximalistas judíos en Israel y luchar contra los maximalistas árabes del exterior con la misma pasión y vehemencia. Este debería ser el nuevo estándar para aquellos que se oponen a ambas formas de maximalismo.

Las organizaciones judías que pretendan promover una solución de dos estados deben demostrar que no solamente luchan contra la extensión de los asentamientos, sino que también luchan contra el maximalismo árabe. Las organizaciones judías que defienden a Israel y luchan contra el maximalismo árabe no deben tener miedo a la hora de oponerse a los maximalistas judíos, si desean hacerlo. Aquellos de entre nosotros que creemos que el pueblo judío no debería correr unos riesgos que puedan dejarle sin nada, no deberíamos tener que elegir correr esos riesgos. Podemos y debemos defender al sionismo derrotando a los maximalistas judíos del país y a los maximalistas árabes de todo el mundo.

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