Saturday, April 22, 2017

El extraño silencio alrededor de la muerte de Lucie Halimi. ¿Solamente otro musulmán radical "desequilibrado"? - Pierre Lurçat - Causeur



Si el affaire al-Dura marcó una etapa importante en la fabricación por parte de los medios franceses de un relato mítico del conflicto árabe-israelí, en el cual los palestinos fueron erigidos en las víctimas absolutas (con una total ausencia de responsabilidad por sus propios actos), el affaire de Sarah Lucie Halimi marcará quizás una etapa adicional en la exclusión vinculante de los judíos (y no sólo los israelíes) del estatuto de víctimas por esa misma narrativa de los medios de comunicación.

En el affaire de Al-Dura, recordémoslo, un niño palestino moría supuestamente por las balas de los soldados israelíes, una muerte "en directo" ante los ojos de los espectadores franceses del noticiario de la noche, convocados por Charles Enderlin (un reportero francés en Israel de conocido sesgo pro-palestino) y France 2 para asistir a ese espectáculo emitido reiteradamente y luego ofrecido a los espectadores de todo el mundo, y que con posterioridad fue reciclado por los árabes musulmanes y por la propaganda palestina a través de innumerables discursos y subproductos que adoptaron dicha historia como pretexto y justificación de los ataques y manifestaciones anti-judías. Fue necesaria la posterior investigación de Philippe Karsenty y de algunos otros periodistas y expertos para que se estableciera que este "reportaje" era en si mismo una manipulación (con montaje y cortes en la grabación), y que inclusive parecía aparentar poder ser una puesta en escena.

Quince años más tarde, el asesinato de Lucy (Sarah) Halimi certifica que la situación de los judíos en Francia, que había comenzado a deteriorarse significativamente tras desencadenarse la "Segunda Intifada" - con la reiterada difusión de las imágenes de la supuesta agonía de Mohamed al-Dura contribuyendo a la importación a los suburbios franceses del conflicto entre Israel y los palestinos -, ha alcanzado una nueva etapa.

Esta mujer judía defenestrada, es decir, lanzada al vació desde su ventana por un vecino musulmán después de años de persecuciones antisemitas contra su familia de su asesino (y parecer de algunos otros miembros de esa familia musulmana), ha sido convertida en efecto en una doble víctima. No sólo fue asesinada en forma particularmente horrible, sino que luego se le ha negado su condición de víctima, siendo relegada su muerte, como la del joven judío Sébastien Sellam (asesinado por otro vecino musulmán del que también se alegó "desequilibrio") hace unos años, al rango de hecho cuasi accidental, o más bien de un acontecimiento violento desprovisto de cualquier matiz de antisemitismo.

Así el procurador de la República declaró casi inmediatamente que los motivos del crimen aparentemente no eran antisemitas (la violencia de un nuevo "desequilibrado o perturbado", siempre con el mismo perfil y gritando el habitual Allah Abkar), contradiciendo el testimonio explícito de miembros de la familia de la víctima, una declaración “tranquilizadora” de la que se hicieron eco las instituciones judías oficiales para "calmar la atmósfera". Esta actitud “apaciguadora” de las instituciones judías ante el contexto preelectoral potencialmente explosivo que atraviesa Francia, cuando es factible que los candidatos de ambos extremos pueden llegar hasta la segunda ronda (la extrema derecha y extrema izquierda), se explica por el deseo de "no echar aceite al fuego" y no introducir en la campaña electoral “el elemento judío” para convertirla en aún más explosiva (elemento que ya ha introducido la candidata Marine Le Pen al utilizar la cuestión de la responsabilidad de Francia en la deportación de los judíos en 1942 con fines políticos).

Pero la realidad es más profunda y más dramática: en la nueva configuración creada por los medios de comunicación desde la década de 2000, en la cual el affaire Al-Dura supuso una culminación, los judíos ya casi no tienen derecho a la condición de víctimas, a menos que ese estatuto pueda ser utilizado por la ideología dominante que comparten la mayoría de los grandes medios. Es fácil imaginar qué lugar podría haber ocupado el asesinato de Lucie Halimi dentro de los medios de comunicación si el asesino, en vez de ser un musulmán "radicalizado", hubiera sido un activista de extrema derecha. Hubiera dado lugar a una manifestación como la de Carpentras en 1990 (tras la destrucción de un cementerio judío por unos skinheads de extrema derecha), donde todos los candidatos de la izquierda y de la extrema izquierda no solamente acudieron a la manifestación, sino que además encabezaron el cortejo...

Lo que está en juego en el affaire (o no affaire) Halimi es, obviamente, el antisemitismo musulmán, el nuevo gran tabú en la sociedad y la política francesa. Es significativo a este respecto que las controvertidas palabras de Marine Le Pen (exonerando a Francia en la redada, y luego la deportación a los campos de concentración, de Vel d'Hiv de 1942) surjan precisamente cuando los medios de comunicación franceses se niegan a hablar sobre el asesinato de Lucie Halimi. El mensaje es claro: mientras que el antisemitismo nazi y sus colaboradores en Francia son ahora objeto de consenso a través de los esfuerzos de muchos historiadores y defensores de la memoria, y a la reversión realizada por el presidente Chirac rompiendo con la tradición establecida por de Gaulle y perpetuada por Mitterrand, el antisemitismo musulmán sigue siendo un tema tabú en Francia.

El reciente proceso contra el historiador Georges Bensoussan, un reconocido especialista del Holocausto, ilustra claramente la existencia de este tabú, al menos tan embarazoso como lo fue previamente la colaboración de los policías de Vichy don la deportación de los judíos de Francia. Si el fiscal (es decir, el representante del estado) consideró oportuno llevar ante la justicia a un respetado historiador, con el apoyo de las asociaciones antirracistas, fue tanto para castigar sus declaraciones consideradas como "culpables", como para disuadir a otros historiadores de abordar el tema del antisemitismo musulmán...

En el proceso contra Bensoussan, como en el asesinato de Lucie Halimi, los medios de comunicación y la justicia han consagrado, a su manera y en una especie de competencia, la existencia de este nuevo tabú en la vida política francesa.

Y así el círculo está cerrado. Después de haber construido un relato mítico de la víctima palestina y de un Israel siempre culpable, en el cual la historia de Mohamed Al-Dura se convirtió en uno de los iconos más visibles, los medios franceses han excluido gradual y totalmente a los judíos del estatuto de víctimas. El joven Al-Dura, que murió en Gaza en circunstancias poco claras, se ha convertido en la víctima por excelencia, y en la figura casi mítica y crística de una "nueva pasión" contada por France 2 y Charles Enderlin como sus “evangelistas”.

Lucie Halimi, asesinada por un vecino musulmán en el corazón de París, es una víctima que no existe, al igual que los judíos expulsados de los países árabes. A ella la han asesinado dos veces: primeramente su vecino musulmán, y después los medios de comunicación cuando han cubierto ese crimen con un muro de silencio.

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