Sunday, April 30, 2017

La negación del sionismo (Israel no nació a causa de la Shoah) - Einat Wilf - Daily Beast



Mientras que Israel acaba de celebrar su Día Nacional de la Memoria de la Shoah, muchas personas de todo el mundo han empezado a murmurar: "ya comienzan de nuevo esos sionistas, manipulando su precioso Holocausto para justificar la existencia de su Estado, de su poder, de sus faltas, y reduciendo a un mundo culpabilizado al silencio".

Esos, demasiados, que creen que sin el Holocausto no habría existido Israel. Muchos de entre ellos formulan esta hipótesis de buena fe. El propio presidente de los EEUU, Obama, en su discurso del 4 de junio de 2009 en El Cairo, habló de un "reconocimiento de que la aspiración a una patria judía tiene sus raíces en una historia trágica que no se puede negar".

Pero cuando tantas personas piensan que sin el Holocausto no existiría Israel, esos que quieren borrar a Israel del mapa y de la memoria, o aislarlo como un estado ilegítimo, ponen de manifiesto su resentimiento contra la evocación del Holocausto, o al menos su asociación con la existencia de Israel.

El presidente estadounidense Obama quería adoptar una posición firme en contra de la negación del Holocausto en la capital del mundo árabe. Sin embargo, no comprendía que al reafirmar la ecuación peligrosa de que la legitimidad mundial de Israel tiene sus raíces en el Holocausto, estaba avivando la motivación para alimentar la negación del Holocausto para esos que siguen creyendo, como siempre lo han hecho, que Israel no es un estado legítimo.

La negación del Holocausto, la minimización del Holocausto ( "6 millones es una cifra exagerada"), la banalización de la Shoá ("Ha habido otros genocidios y otras limpiezas étnicas, y el Holocausto no tiene nada de diferente"), la inversión del Holocausto ("lo que los nazis hicieron a los judíos es lo que los judíos hacen con los palestinos"), la marginación del Holocausto ("representa un detalle de la historia") y el Holocausto por asociación ("los palestinos son las víctimas secundarias del Holocausto"), son todas facetas diferentes de un mismo esfuerzo: retirar a Israel lo que parece ser una fuente poderosa y convincente de legitimidad.

La mentira engañosamente seductora que dice que "los palestinos son las víctimas secundarias de los crímenes de Europa", es una de las peores de todas, ya que para el oído no entrenado suena como lógica. En esta fábula, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se hizo evidente que la solución final no llegó hasta su ejecución completa y que los judíos que sobrevivieron no serían bienvenidos para permanecer en Europa, entonces los europeos decidieron "trasvasar" a esos judíos sobrevivientes a unos países árabes libres de toda sospecha, y hacía una zona controlada por la Europa colonial.

Esta solución conveniente para Europa habría provocado el desplazamiento de cientos de miles de palestinos que se habrían encontrado sin hogar y ocupados desde entonces. Por lo tanto, los palestinos serían unas víctimas "secundarias" y nunca compensadas por unos crímenes que Europa cometió contra los judíos.

Pero Israel existe, no porque los europeos hayan transferido a los judíos que sobrevivieron a un Oriente Medio controlado como una colonia. Israel existe porque los judíos querían que existiera. El estado moderno de Israel existe porque los judíos lo crearon creyendo firmemente que son los descendientes de esos israelitas y judeanos que ya fueron soberanos en ese lugar en la antigüedad, y que han pagado un precio muy alto para preservar su existencia como pueblo diferente. El moderno estado de Israel existe porque durante siglos y milenios los judíos cultivaron la añoranza de Israel, terminando el Seder de Pascua con las palabras "El próximo año en Jerusalén".

El moderno estado de Israel existe gracias a unos visionarios pensadores y líderes judíos, quienes se dieron cuenta que los tiempos estaban cambiando y ofrecían una oportunidad para transformar la esperanza mesiánica del regreso a Israel en un programa político, y los cuales pudieron movilizar la simpatía y el apoyo en unas difíciles encrucijadas para su proyecto. El presidente Obama tuvo razón en última instancia cuando, en su discurso del 4 de marzo de 2012, ante la conferencia del AIPAC, habló de Shimon Peres como "habiendo tenido en su corazón a Israel, la patria histórica del pueblo judío" .

De hecho, si no hubiera existido tal hostilidad árabe o la traición de los ingleses - y su sumisión a la presión árabe -, el Holocausto como tal y a esa escala no se habría producido. Los judíos habrían podido, al menos muchos de ellos, huir de Europa hacia su antigua tierra, que ya era un estado embrionario que disfrutaba de un amplio apoyo. Se habrían beneficiado de un lugar de destino al que emigrar libremente en la época en que Hitler todavía estaba dispuesto a permitir que el pueblo judío pudiera partir.

Israel fue capaz de volver a la vida después de la Segunda Guerra Mundial, no "gracias al Holocausto, sino gracias a la disolución del Imperio Británico. Al igual que la India y Pakistán no necesitaron de un Holocausto para lograr su independencia y existir, sucedió lo mismo con Israel".

Pensar que solamente la acción de un mal absoluto contra los judíos podría legitimar la noción de un Estado para los judíos, implica negar a los judíos lo que se da por sentado para los demás. El pueblo judío, más pronto o más tarde, habría construido su estado, como parte de la ola de liberación de los pueblos alrededor de la tierra. Su visión, su determinación, su voluntad industriosa de luchar por su Estado, pueden asegurarlo en cualquier caso.

Describiendo a Israel como el resultado del Holocausto, es participar en la negación del sionismo. Eso priva a los judíos de su papel como agentes de su propia historia, de su conexión histórica con la Tierra de Israel y de su milenaria nostalgia por un regreso. Eso borraría todo lo que soñaron, escribieron y realizaron los sionistas antes de la Segunda Guerra Mundial.

Su objetivo al describirlo como resultado del Holocausto es convertir a Israel en un proyecto colonial europeo culpable, en lugar de un proyecto de liberación nacional de un pueblo indígena que exigía su libertad en su tierra natal. En la conmemoración del Holocausto, Israel está de duelo no sólo por lo que murieron, sino por que representó la mayor tragedia y el mayor fallo del sionismo.

Los israelíes no se "deleitan" con el Holocausto por ser una fuente de legitimidad de su estado. Ellos lloran la visión de un estado que podría haber sido el refugio de muchos más. El sionismo buscaba un estado para los judíos, algo que no expresa el lema "Nunca más". El sionismo buscaba un estado para los judíos para que lo que les ocurrió durante el Holocausto "nunca más" se volviera a producir.

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