Monday, May 15, 2017

El Estado judío no debe ser exclusivamente un Estado judío - Michael J. Koplow - Matzav Blog



La cuestión de si Israel es un Estado judío se ha convertido inexplicablemente en un tópico muy polémico en la última década. Sin embargo, es algo que parece indiscutiblemente evidente por sí mismo - después de todo, la esencia del movimiento sionista es la soberanía judía en la Tierra judía de Israel -, pero la idea de que Israel deba ser expresamente reconocido y proclamado como un Estado judío ha pasado de ser una obviedad a un tema controvertido en los asuntos israelíes, tanto extranjeros como nacionales. Si bien se ha convertido en un punto de fricción en las negociaciones entre israelíes y palestinos, al elevarlo como un asunto indispensable por parte del primer ministro Netanyahu, al enumerarlo rutinariamente como una condición central de Israel para la creación de un estado palestino, ahora se ha convertido en un asunto interno en Israel, de una manera que tiene el potencial de ser muy perjudicial.

La idea de encapsular al estado de Israel como un Estado judío por una ley ha sido muy popular en los últimos gobiernos. Cuando Netanyahu despidió a Tzipi Livni y Yair Lapid como ministros en 2014, en una medida que provocó la caída de la coalición y condujo a las elecciones que originaron el actual gobierno, una de las razones de su despido fue su negativa a respaldar un proyecto de ley de Estado judío, creando así una nueva ley fundamental y pasando a ser parte de la constitución de facto de Israel. Los detractores del proyecto de ley afirmaron que la idea que estaba detrás no era solamente que Israel debía ser visto como el estado del pueblo judío, sino que además los judíos deberían disfrutar de una situación de privilegio que no se concedería a los no judíos. Livni y Lapid, junto con la oposición en aquellos momentos en la Knesset, tomaron  la ley como discriminatoria y alegaron que se trataba de un intento de discriminar a los ciudadanos árabes de Israel, ya que elevaría el carácter judío de Israel por encima de su carácter democrático, y una vez que se convocaron nuevas elecciones, el proyecto de ley del Estado judío pasó a un segundo plano.

Pero en este Knesset, que aún no ha visto una ley tan controvertida, el proyecto de ley del Estado judío ha sido naturalmente restablecido, y ahora está de vuelta en la agenda del Knesset después de haber sido votado por unanimidad por el comité ministerial legislativo, y luego aprobado por el pleno de la Knesset en una lectura preliminar de ayer. Algunos de los elementos más controvertidos de las versiones anteriores han sido extirpados, como la cláusula que establecía la ley judía como una “fuente de inspiración para los legisladores”, pero el que ha sido el actual y particular foco de la ira es la sección del proyecto de ley que establece al hebreo como único idioma oficial de Israel, mientras se concede un estatus privilegiado al árabe, que aunque menor que el hebreo es superior a otros idiomas. A pesar del mito repetido a menudo (probablemente derivado de las señales de tráfico israelíes) de que Israel tiene tres idiomas oficiales - hebreo, árabe e inglés -, Israel en realidad no tiene ninguna lengua oficial. La razón de la ubicuidad de la trinidad lingüística actual es que el gobierno británico, durante el Mandato, requirió que todas las órdenes y las comunicaciones oficiales del gobierno se emitieran en los tres idiomas, e Israel intenta terminar con ese sistema que heredó. Si pasa el nuevo proyecto de ley y se convierte en una ley básica, el hebreo se convertirá en el idioma oficial legal del país, y el estatus del árabe será consagrado legalmente como algo por debajo del hebreo. Si bien esto ya es el caso de facto dado que los judíos constituyen el 75% (el 80% por origen) de la población de Israel, la preocupación es que la ley pueda abrir la puerta a la eliminación del árabe en todo tipo de lugares donde ahora funciona, haciendo más difícil para los árabes de Israel funcionar en un nivel básico, y que sea más fácil su discriminación.

Y quiero aclarar antes que nada que yo apoyo sin ambigüedades a Israel como un Estado judío.

Con frecuencia y deliberadamente utilizo esa frase en mis escritos como una cuestión de principio, ya que creo que es importante reforzar repetidamente que los judíos tienen derecho a la autodeterminación en su patria histórica, y que Israel es la encarnación de ese derecho. Como he escrito anteriormente, salta a la vista que Israel es de hecho un estado judío dada su demografía, los símbolos nacionales que emplea, la existencia (y el profano poder corruptor) del Gran Rabinato, la naturaleza de su fundación...

Cualquiera que busque en Israel tendría muy difícil confundirlo con cualquier otra cosa. Es una de las razones por las que encuentro pueril la exigencia de que los extranjeros lo reconozcan como tal pueril. ¿Si Israel se define como un Estado judío y las estructuras de su propia existencia son las de un Estado judío, a quien le importa si un montón de no israelíes quieren reconocerlo como tal o no?

Ninguna exasperante y reiterativa negación acerca de la naturaleza de Israel puede cambiar su naturaleza en la práctica. Pero cuando se trata de que Israel consagre esa naturaleza mediante una ley, eso tendría consecuencias en la vida real, y ese ángulo interno es el más importante - a diferencia del ángulo de las negociaciones entre israelíes y palestinos -.

Es totalmente apropiado para Israel ser un Estado judío tal como se define a si mismo, como el Estado-nación del pueblo judío y la patria judía. Pero cuando se cruza una línea es cuando Israel, como Estado judío, define unos privilegios para los judíos en los que se excluye a los no judíos, o se pisotean derechos de los no judíos. Un Estado judío no significa ser un estado que sea exclusivamente para los judíos, y si esa línea de pensamiento se adopta como ley, pondría al estado democrático de Israel en peligro. Una de las áreas donde Israel ha traspasado esa línea es con la Ley del Retorno, por la que los judíos tienen preferencia ante los propósitos de inmigración y de ciudadanía, pero esa Ley la defiendo firmemente ya que es lo que permite que Israel sea un Estado judío.

Lo que es insostenible es tratar a los ciudadanos israelíes de manera diferente una vez que tengan la condición de ciudadanía, y ahí es donde la primacía como lengua oficial del hebreo, tal como la consagra el proyecto de ley, resulta problemática. Una vez que la lengua árabe se coloca un peldaño por debajo del hebreo, allana el camino para que la educación sea exclusivamente en hebreo, para todo tipo de vida ciudadana se llevó a cabo solamente en hebreo, y para que el gobierno haga lo mínimo para demostrar que respeta el derecho a “unos servicios estatales en lenguas accesibles”. Puede que eso nunca suceda, pero le da al gobierno una poderosa capacidad para poner en desventaja a una quinta parte de sus ciudadanos, y en realidad no hace nada para fortalecer al Estado judío. El hebreo siempre será la lengua hablada mayoritariamente en Israel, por eso complicaría aun más la vida cotidiana a los ciudadanos no judíos de Israel si no la emplean. Es un gesto cruel diseñado más bien para bajar su estatus que para elevar su judeidad.

Israel puede ser fácilmente un Estado judío y el hogar nacional del pueblo judío sin perjudicar a sus ciudadanos no judíos. Hay un proyecto de ley estatal judía que puede hacer eso posible, como las alternativas lanzadas en el pasado por Benny Begin o Ruth Calderon. El proyecto de ley actual que ahora se está considerando no cumple con esta prueba básica.

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