Wednesday, May 31, 2017

El New York Times desata un aluvión de ataques contra Israel con cinco nuevos artículos hostiles - Ira Stoll - Algemeiner



Cuando las páginas de opinión del New York Times contrató a Bret Stephens y Bari Weiss, dos veteranos sionistas del Wall Street Journal, un amigo mío me advirtió que esos fichajes podrían ser un arma de doble filo desde una perspectiva pro-Israel.

Ahora todos los editores anti-Israel del NYTimes sentirán que pueden manejarse con total impunidad debido a que la contratación de Stephens y Weiss les ofrecía una respuesta preparada a las acusaciones de “un descarado sesgo anti-Israel”. Es lo que me advirtió mi amigo.

O como  conté el 13 de abril, al escribir sobre Stephens: “Cualquiera que piense que el NYTimes, al contratarle, está motivado principalmente por el deseo de responder a las críticas al diario de los pro-Israel, pueden que deseen volver a pensárselo”.

Y es que la advertencia de mi amigo resultó ser profética.

En las semanas posteriores a la noticia de la contratación de Stephens y Weiss, el NYTimes, como para compensarlo, desencadenó un aluvión de artículos de opinión salvajemente hostiles a Israel y a los intereses judíos. Entre ellos:

- Un artículo de opinión de un terrorista palestino, Marwan Barghouti, quejándose de las condiciones en las cárceles israelíes y comparando a Israel con Sudáfrica durante el apartheid. Inclusive la propia editora del New York Times, Liz Spayd, criticó públicamente al NYTimes al identificar inicialmente al autor como "un líder palestino y parlamentario" y no como un terrorista convicto y un asesino.

- Un artículo de opinión de un abogado palestino, Raja Shehadeh, quejándose de los puestos de control israelíes que debe traspasar entre Ramallah y el aeropuerto internacional Ben Gurion. “No podemos darnos el lujo de abandonar la lucha y debemos hacer todo lo posible para poner fin a esta ocupación”, declaraba en su artículo en el NYTimes. En realidad era una adaptación de "Reino de olivos y cenizas: Escritores contra la ocupación", un libro que ya había sido la base de otro artículo del NYTimes y de un largo ensayo en el NYTimes Book Review (Ese mismo ensayo sobre el libro fue el objeto de una corrección después de que acusara falsamente al cónsul general de Israel en Nueva York, Dani Dayan, de pedir públicamente que los palestinos fueran deportados a Jordania).

- Un artículo de opinión del presidente del Consejo Nacional Iraní de América, Trita Parsi, afirmando falsamente que el acuerdo nuclear iraní había “frenado” las políticas iraníes sobre Israel. “Las acciones y la retórica de Irán sobre el Estado judío han cambiado notablemente desde que comenzaron las negociaciones nucleares”, afirmaba erróneamente.

- Un artículo de opinión del ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Mohammad Javad Zarif, afirmando falsamente que Irán "estaba ayudando a las víctimas del extremismo en Irak y Siria”, y ofreciendo asesoramiento a los Estados Unidos sobre la forma “de evitar la propagación del terrorismo y el extremismo militante”. Resulta muy sorprendente procediendo del representante de un país que lidera el patrocinio mundial del terrorismo. Zarif ha publicado al menos siete artículos en el New York Times desde el año 2003, cuatro de ellos desde abril de 2015, lo que provocó cierta especulación irónica acerca de que el NYTimes le convertiría en el próximo columnista de opinión tras contratar a Stephens.

- Un artículo de opinión de otra abogada palestina, Diana Buttu, pidiendo la disolución de la Autoridad Palestina sobre la base de que “sirve como subcontratista de los militares israelíes de la ocupación..., para mantener a los palestinos en silencio y aplastar el disenso mientras Israel les roba la tierra, destruye las casas palestinas, y construye y expande los asentamientos”. El artículo de opinión instaba a un liderazgo palestino que incluyera a Hamas, al cual se refería convenientemente como un partido político en lugar de un grupo terrorista. El artículo de opinión instaba a los palestinos a “presionar por un boicot, desinversión y sanciones contra Israel, al igual que los que ayudaron a acabar con el apartheid en África del Sur”.

Uno solo de estos artículos de opinión, por sí solo, sería totalmente extravagante e indefendible. El ataque propiciada por estos cinco artículos, en apenas seis semanas, constituye un claro brote de hostilidad anti-Israel y anti-judía en el NYTimes, a la altura de las profanaciones de los cementerios judíos o las amenazas de bomba en contra de las instituciones judías que el NYTimes atribuyó a la elección del presidente Donald Trump (y de las que fue responsable un periodista y activista afroamericano), y que fueron tratadas como noticia de primera plana hace unos meses.

Escribiendo en Vox , David Roberts denunciaba a Stephens como un “bien educado y cosmopolita halcón pro-israelí y pro-guerra”. El propio jefe de la oficina de El Cairo del NYTimes, Declan Walsh, denunció públicamente a Stephens en Twitter como “no adecuado”, acusándolo falsamente de “atribuir una condición patológica a toda una raza“.

Es una cosa es ver como Stephens desata la activación tropos antisemitas o anti-Israel en otras publicaciones, pero otra cosa es verlos en erupción en las columnas del NYTimes.

Pero no hay que culpar a Stephens o Weiss por esta reacción. No es culpa de ellos. Su presencia en el NYTimes probablemente sea positiva en favor de Israel. Sin embargo, la reacción hostil no puede ser ignorada. Hay que tenerla en cuenta. Precisamente como predijo mi amigo, era obvio que sería brutal.

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