Tuesday, May 30, 2017

Los líderes árabes tenían un plan para eliminar a Israel en la Guerra de los Seis Días - Ben-Dror Yemini - Ynet



Más que cualquier otra cosa, la Guerra de los Seis Días se ha convertido en una guerra reescrita. Un mar de publicaciones tratan de volver a contar lo que ocurrió en ese momento. El Egipto de Gamal Abdel Nasser, afirma ahora los revisionistas, no tenía capacidad para luchar contra Israel, y de todos modos, no tenía intención de hacerlo.

Es cierto que formuló amenazas. Es cierto que envió más y más divisiones al Sinaí. Es cierto que expulsó a los observadores de las Naciones Unidas. Es cierto que incitó a las masas de los países árabes. Es cierto que los regímenes árabes desenvainaron sus sables y se prepararon para la guerra. Es cierto que cerró el estrecho de Tirán. Es cierto que Israel fue sitiada en su lado sur. Es cierto que esto fue una grave violación del derecho internacional. Es cierto que se trataba de un “casus belli” (un caso de guerra).

Sin embargo, ahora parece que todo eso ya no importa, porque existe un mega-narrativa [N.P.: que como era de esperar ha surgido en el Haaretz] que obliga a las fuerzas del progreso a eximir a los árabes de toda responsabilidad y señalar con el dedo acusador a Israel. Y cuando existe una narrativa, ¿quién necesita hechos? Después de todo, de acuerdo con esa mega-narrativa, Israel tenía planes expansionistas y aprovechó la oportunidad. Diferentes estudiosos están distorsionando los hechos en un intento de convertir a los árabes en las víctimas y a Israel en el agresor.

Disculpen por ganar

Yo era un niño, un estudiante de escuela primaria. Recuerdo el miedo, mucho miedo. No había refugios en la casa donde vivía. Estaba claro que habría bombardeos, así que cavaron hoyos en el patio.

Ocasionalmente, recordamos el sonido de un trueno procedente de El Cairo para recordarnos las amenazas de aniquilación. Pero de hecho, fueron mucho más graves. Tanto la Liga Árabe como los líderes de todos los estados vecinos anunciaron de manera inequívoca que su plan era la aniquilación. Repito: la aniquilación. ¿Les suena arrogante? Teniendo en cuenta el hecho de que el mundo árabe y musulmán practica entre sus propios miembros mutuas matanzas sin fin, parece bastante claro que lo que estaban haciendo entre ellos, y que todavía practican, también se lo harían a Israel.

Hay que recordar una cosa, por lo tanto: La alternativa a la victoria era la aniquilación. Así que disculpen por haber ganado, porque una ocupación sin aniquilación es preferible a una aniquilación sin ocupación.

Nuestro objetivo es claro: Borrar a Israel del mapa

Los estados árabes nunca aceptaron la existencia del Estado de Israel, ni por un momento. No hubo ocupación entre 1949-1967, pero tampoco se estableció un estado palestino, y es que los líderes del mundo árabe no querían otro estado. Querían Israel. Y ellos no ocultaron sus intenciones ni un minuto.

La nueva etapa se inició en 1964. En el contexto de un conflicto sobre las fuentes de agua, la Liga Árabe se reunió en El Cairo y anunció: “...los preparativos militares árabes colectivos, cuando se hayan completado, constituirán el medio práctico definitivo para la liquidación final de Israel“.

Dos años pasaron, y el entonces ministro de defensa Hafez Assad, quien se convirtió en presidente de Siria, declaró: "Atacar los asentamientos del enemigo, convertirlos en polvo, pavimentar las carreteras árabes con los cráneos de los judíos”. Y para borrar cualquier signo de duda , agregó: "Estamos decididos a saturar la tierra con su sangre (la de Israel), echarlos al mar”.

Nueve días antes del estallido de la guerra, Nasser afirmó: “El pueblo árabe quiere luchar. Nuestro objetivo fundamental es la destrucción del Estado de Israel”. Dos días pasaron antes de que el presidente de Irak, Abdul Rahman Arif, se uniera a las amenazas: "Esta es nuestra oportunidad... y  nuestra meta es clara: Borrar a Israel del mapa".

Dos días antes de que estallara la guerra, el fundador y líder de la OLP, Ahmad Shukieri, aseguró: “El (judío) que sobreviva se quedará en Palestina, pero en mi opinión, nadie permanecerá vivo”. Sí, ese era el ambiente. ¿Hay alguien que todavía piense seriamente que solamente eran declaraciones? ¿Alguien piensa que su intención era una ocupación ilustrada? ¿Alguien cree que no habría habido una masacre como la que Egipto llevó a cabo en el Yemen y más tarde en Biafra?

Hussein: No hay órdenes de aniquilación, 'por lo que yo sé'

Con el fin de comprender que no se trataba de falsas declaraciones, hay que señalar que en una reunión celebrada después de la guerra entre el embajador de Israel en Londres, Aharon Remez, y el canciller británico George Brown, Rémez le comentó que Israel se había apoderado de documentos y órdenes operacionales del ejército jordano, del 25 y 26 de mayo, unas dos semanas antes del estallido de la guerra, que incluían la orden de exterminar a la población civil en las comunidades que estaban previstos que fueran ocupadas por los jordanos. Ellos creían que había llegado el momento de hacerlo.

No está claro, comentó Rémez en ese momento, si Hussein era consciente de estas órdenes, pero eran muy similares a las órdenes de aniquilación existentes en el ejército egipcio. Esto aparecía tanto en el libro de Michael Oren sobre la Guerra de los Seis Días como en el libro de Miriam Joyce acerca de las relaciones de Hussein con los Estados Unidos y Gran Bretaña, así como en el libro del Dr. Moshe Elad ( “Cuestiones esenciales en el conflicto entre Israel y Palestina”). En un primer momento, Hussein rechazó las afirmaciones acerca de las órdenes de aniquilación de la población judía, pero más tarde añadió: “Por lo que yo sé

Hechos claros y sencillos

Los días pasaron. Las amenazas se incrementaron. Cada vez más fuerzas egipcias fueron enviadas al Sinaí. Más países árabes se unieron a la coalición de guerra. No está claro si Nasser realmente quería una guerra, escribió Oren en su libro. Pero él y los países árabes hicieron todo lo posible para deteriorar la situación. El apetito de Nasser fue creciendo, e inmediatamente después bloquearon el estrecho, declarando: “Si logramos restablecer las condiciones que existían antes de 1956 (el estrecho de Tirán estaba bloqueado), Dios ciertamente nos ayudará y nos instará a restablecer la situación que existía en 1948”.

Yitzhak Rabin, quien era el Jefe de Estado Mayor en aquel momento, le dijo al gobierno israelí que “sería una guerra difícil... Habrá muchas pérdidas”. Él estimó que cerca de 50.000 personas morirían. Y Oren, que leyó casi todos los documentos que habían sido desclasificados, llegó a la conclusión: “La documentación demuestra que Israel quería evitar una guerra con todas sus fuerzas, y que hasta la víspera de las batallas trató de detener la guerra por todas las formas posibles, incluso asumiendo un pesado coste estratégico y económico para el estado”.

Estos son los hechos. Pero los que ahora reescriben la historia parecen estar ganando.

El debate político sobre el control israelí de los territorios ha llevado a una situación en la que las opiniones políticas interrumpen la investigación de los hechos. El debate político es importante. Es ciertamente legítimo. Pero no hay necesidad de reescribir la historia para justificar una postura política. Debería ser al revés: Los hechos son los que deben influir en los puntos de vista políticos. Y los hechos son claros y simples: los líderes de los estados árabes no sólo se conformaban con realizar declaraciones de aniquilación, tal como era de esperar, sino que también tenías las órdenes operativas preparadas.

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