Tuesday, May 30, 2017

Muy recomendable: Una gran anécdota de Amos Oz para que observen la presunción con que se trata a Israel




Amos Oz quiera hablar: Parte 1,  Parte 2.

Dror Eydar, es uno de los columnistas de la derecha israelí que a priori podría ser el menos indicado para entrevistar a Amos Oz por su diferente visión ideológica y personal de Israel y de la identidad judía. Sin embargo, en el Israel Hayom ha publicado una larga entrevista con este reconocido escritor israelí dividida en dos capítulos que resulta ser muy interesante.

Por supuesto, la controversia ideológica y los reproches entre la derecha y la izquierda israelí forman parte en gran medida de ese diálogo, ya que no se trata de una mera y simple entrevista puesto que ambos exponen detenidamente sus puntos de vista y críticas, y en algunos momentos parecemos asistir a una tensa confrontación ideológica, política y cultural.

Amos Oz, un famoso escritor muy conectado con la izquierda israelí, habla de la profunda tensión existente entre los campos que dividen a Israel.
"Dile a tus lectores que Amos Oz está buscando oír y discutir con aquellos que no comparten sus puntos de vista. Y no porque piense que son unos fanáticos, sino porque creo que el celo en cada hombre. Yo solamente pido no ser etiquetado porque mis puntos de vista sean diferentes. por eso he llamado a la puerta de Israel Hayom. No estoy tratando de tener la última palabra. No estoy descendiendo del Monte Sinaí para impartir la auténtica Torah sobre ellos. No soy, y lo diré aquí, ni un mejor israelí, ni un mejor judío. Sólo vengo para decir lo siguiente: Amigos, escuchen, tengo una propuesta, pueden aceptarla o rechazarla, puede aceptarla parcialmente o no aceptar nada de ella, pero no digan que Amos Oz abrió la boca porque odia al estado, o a los judíos, o porque se le olvidó lo que significa ser un judío. Digan solamente que no les gusta mi propuesta".
Al ser la entrevista tan larga, he optado por destacar una anécdota muy significativa narrada por el propio Amos Oz que revela la mentalidad de los aliados occidentales de esa izquierda israelí, pero que en realidad se extiende más allá, pues es la mentalidad y la presunción de bastantes dirigentes, medios e intelectuales europeos cuando se enfrentan a lo que auténticamente significa Israel.

Voy a contar una vieja historia: Me pasó a ser en Suecia durante la Guerra del Líbano de 1982. Era muy difícil ser un israelí en esos momentos, pero había publicado titulado 'En la Tierra de Israel', y fue traducido al sueco. Aparecí en un programa de la televisión sueca de las 9 de la noche, cuando la audiencia era más elevada.

La entrevistadora me preguntó: 'Dígame, ¿no le da vergüenza ser un judío en un momento como este?'. Yo le contesté, '¿Por qué?' y ella me dijo: 'Sus hombres, su gente, están implicados en asesinatos. Eso va en contra de su religión'. Yo entonces le respondí: 'Tengo una noticia para usted...  Israel no es un país cristiano. Y a pesar de que pueda serle difícil aceptarlo, nosotros no ponemos la otra mejilla'.

Eso le dije, y tras terminar la entrevista me fui a la cama. Al día siguiente, a las 7 de la mañana, recibo una llamada del recepcionista del vestíbulo del hotel. 'Alguien quiere verle'. No reconocí el nombre que me anunció. No obstante, bajé y tuve una especie de premonición. Me encontré con un anciano de unos 80 años, un judío, un sobreviviente del Holocausto.

'Hemos escuchado lo que dijo anoche en la televisión, y hemos abierto las oficinas del Comité Judío de Estocolmo y hemos dedicado árboles en su nombre en el libro de oro'. Yo le pregunté, '¿Por qué?' y él me contestó: 'Porque usted les dijo que no somos cristianos'. Le contesté: 'Oh, vamos...' y él prosiguió: 'Hijo mío, al parecer no te das cuenta de lo que has hecho'.

Y tenía razón, realmente no me di cuenta, porque cuando me mostraron los diarios suecos en los titulares se podía leer: 'Escritor israelí afirma: Israel no es un país cristiano'. Imagínese un titular en la página 3 de un periódico israelí diciendo 'Escritor sueco en Jerusalén: Suecia no es un país judío'. Y eso fue sólo el comienzo de más sorpresas.

A las 10 de la mañana me llegó una llamada diciendo que el primer ministro, Olof Palme, quería hablar conmigo. Yo no lo conocía. Fui hasta allí caminando, estaba cerca. Su oficina era muy modesta. Él me dijo que me había visto en la televisión y que le había sorprendido: '¿Cómo podía decir que matar no estaba prohibida en el judaísmo? ¿Qué pasaba con los Diez Mandamientos?'.

Fue cuando le contesté: 'Primer ministro, no existe tal mandamiento en toda la Biblia'. Sorprendido, sólo acertó a decirme: '¿Qué...?' Así que se lo repetí: 'No existe tal mandamiento'.

Entonces el primer ministro sueco pulsó el botón del intercomunicador y al cabo de un minuto su secretaria entró llevando un libro con una cubierta desgastada de cuero verde. Al parecer era la Biblia de su confirmación, la cual hojeó rápidamente, demostrando que la conocía bien, y entonces me leyó en voz alta: 'No matarás'.

Yo le contesté: 'Ya sé que es así como aparece en su Biblia. En la versión de Martin Luther en alemán, en la de King James en inglés, pero eso no es lo que dice el texto original'.

Entonces él me preguntó: '¿Qué dice en la suya?' y entonces le respondí: 'No cometerás asesinatos'. 

Y añadí: 'No existe un vínculo etimológico en hebreo entre el verbo matar y el verbo asesinar. Desde luego, matar no sólo está permitido, sino que en algún caso se recomienda: 'Si alguien viene a matarte, levántate y mátalo tú primero'.

Palme se quedó tan sorprendido que solamente pronunció una frase que nunca olvidaré: '¿Pero señor Oz, está usted seguro de que su versión de la Biblia es la versión correcta'.

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