Sunday, June 04, 2017

Sarah Halimi fue asesinada a golpes en París por un atacante musulmán que recitaba versos del Corán. La prensa francesa lo ocultó. - Marc Weitzmann - Tablet



En una conferencia de prensa llevada a cabo esta semana por la familia de la víctima y por su abogado, Jean-Alexandre Buchinger, surgieron nuevos detalles sobre la salvaje agresión y asesinato el 4 de abril de Sarah Halimi, de 67 años, en el barrio de Belleville de París. Contrariamente a las afirmaciones realizadas anteriormente por la policía y la prensa francesa, parece que el asesino de Halimi se dirigió contra su víctima a causa de su condición judía, y recitó versos del Corán, tanto antes como después de asesinarla. ¿Por qué esta información no se hizo pública en esos momentos?

Fue a las 04:25 horas del 4 de abril, cuando Kobili T., de 27 años, un musulmán africano, traficante de drogas y drogadicto, llamó a la puerta y entró por la fuerza en el apartamento de una familia vecina. Kobili parecía tan agitado y agresivo que toda esa familia, que llegó a Francia procedente de Mali, se encerró en el dormitorio y el padre llamó a la policía. A través de la puerta, dijeron que podían escuchar al intruso recitar versos del Corán.

Tres policías respondieron a la llamada del padre 13 minutos más tarde, pero al parecer entraron en el edificio equivocado. Mientras tanto, Kobili T. había pasado por encima de la terraza y se metió en el apartamento de Sarah Halimi, que estaba situada en el edificio vecino.

A las 4:45, la policía recibió una segunda llamada de un vecino que describía a “un hombre golpeando a su esposa” detrás de la ventana frontal. “Es una mujer mayor”, dijo, “y ella parece sufrir mucho”. Los vecinos despertados por los gritos también lo estaban viendo. Una testificó que los golpes parecían “bestiales”. Otros dijeron que escucharon a Kobili T. gritando “Allahu Akbar”, “Cierra la boca”, y “Sheitan” (Diablo o Satanás).

Por entonces, otros seis policías ya estaban detrás de la puerta de la familia de Mali. Sin embargo, temiendo  enfrentarse a un ataque terrorista, se quedaron esperando a que una brigada de élite interviniera. Cuando los refuerzos llegaron finalmente alrededor de las 5h, ya era demasiado tarde: Sarah Halimi había sido arrojado por la ventana, con el rostro y el cuerpo desfigurado por los graves golpes que había sufrido.

A través del balcón, su asesino regresó de nuevo a la casa de la familia maliense y volvió a su oración. Fue detenido allí, todavía orando, a las 5:35 y no ofreció resistencia. Actualmente se encuentra bajo un escrutinio psiquiátrico.

La familia Halimi hace ahora un llamamiento para una recalificación del asesinato como un acto terrorista con torturas y con el antisemitismo como circunstancia agravante. Sin embargo, si el impulso anti-judío es indiscutible, calificar al asesinato como un acto terrorista parece dudosa, ya que todo indica que Kobili T. actuó bajo un impulso repentino. De hecho, el asesinato de Sarah Halimi se parece bastante al asesinato de Sébastien Selam que se produjo en el 2003, casualmente en el mismo barrio, y que fue el primer crimen contra los judíos de una muy larga lista de ellos en Francia.

Al igual que Sarah Halimi, Sébastien Selam, de 23 años, fue asesinado en un impulso repentido por su amigo de la infancia y vecino Adel Amastaiboum, y al igual que Kobili T., Amastaibou salió de la zona del aparcamiento donde había asesinado a Selam proclamando que su acto fue inspirado por el Islam (en este caso, y diciendo a voces “voy a ir al cielo, maté a mi judío” ). Al igual que Kobili T., también fue enviado a un hospital psiquiátrico, mientras que la familia de la víctima ha estado tratando de lograr que el asesinato fuera calificado como un crimen de odio. Pero el abogado de Amastaibou no tuvo problemas para demostrar que tanto su cliente como su madre estaban bajo tratamiento psiquiátrico en esos momentos.

La confusión en torno a estos actos asesinos parece provenir de la necesidad de las familias y de las autoridades por igual de calificar los hechos de acuerdo a unas categorías reconocibles. Un ataque terrorista por motivos políticos, por ejemplo, es una categoría de hecho. Pero lo que nos enfrentamos aquí, al parecer, es algo mucho peor: un puro y desnuda impulso de odio de carácter psicótico/místico que parece viajar como un virus de un asesino a la siguiente.

En el momento del asesinato de Sébastien Selam, el odio antisemita en los suburbios franceses se había estado incubando durante tres años. La primera red de yihadistas, que más tarde se llamó “la banda Mota-Chaumont” y fue desmantelada por la policía en 2006, se estaba formando en la cercana mezquita A'dawa (los hermanos Kouachi, futuros asesinos del equipo de Charlie Hebdo, estaban entre los miembros).

Sin embargo, a pesar de que los asesinatos de Selam y Halimi y las redes terroristas pertenecen a la misma esfera por así decirlo, difícilmente son idénticos. Es difícil establecer una equivalencia entre el repentino auge de un impulso asesino y una matanza planificada que se produjo tras meses de preparación y entrenamiento.

Lo que debe entenderse es como ese violento impulso antisemita sirve como base y justificación para la planificación del subsiguiente. En 2014, el año anterior a esta onda principal de terrorismo que continúa aún en Francia, las cifras de agresiones anti-judías espontáneas censadas y catalogadas por el Ministerio del Interior ascienden a 800 casos, más de dos al día, y dirigidos contra una población total de unas 500.000 personas.

En febrero de ese año en Villeurbanes, a las afueras de Lyon, un hombre armado con un martillo y una barra de hierro agredió a su vecina, una mujer y su hijo, mientras les gritaba “sucio judío, vuelve a tu país”. Ese mismo mes en Thiais, población cercana de París, un joven que fumaba un cigarrillo fuera del pabellón de la familia, fue agredida por dos hombres que le robaron el móvil y le dieron una paliza a los gritos de: “Sucios  judíos, no nos gustan los judíos aquí, esto no es Israel, esto es Palestina”. En junio, en la ciudad de Niza, una mujer joven y su madre fueron atacadas por un desconocido que golpeó a la más joven en la cara a los gritos de "sucias putas judías, sucias francesas, vamos a volarlo todo. Las sinagogas van a explotar, perras”. Existen docenas de estos casos.

¿No es sorprendente que, desde los hermanos Kouachi a los miembros del comando Bataclan, los asesinos implicados en los recientes ataques terroristas expresaran su odio a los judíos y a los “sionistas” mientras cometían sus actos, independientemente de que sus objetivos reales fueran judíos o no?

El asesinato de Sarah Halimi se produjo durante los últimos días de la campaña electoral. Al igual que en el asesinato de Sébastien Selam, la prensa francesa permaneció muda.

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