Friday, July 28, 2017

La excusa, "Si nosotros hubiéramos hecho... entonces ellos no harían...", y la verdad: El 'libelo de Al-Aqsa' está bien vivo - Ben-Dror Yemini



El Monte del Templo, se nos ha advertido muchas veces, va a incendiar al mundo musulmán. Ya existen protestas en diferentes rincones del mundo. Y aquí, en Israel, un palestino cogió un cuchillo y asesinó a tres judíos.

"Si solamente hubiéramos actuado un poco mejor, si no les hubiéramos molestado, entonces eso no habría sucedido". ¿No les encanta esa especie de autoengaño que se repite cada vez que otra ola de violencia palestina amenaza con destruirles? Sí, destruirles a ellos, no a nosotros. Porque regularmente nos amenazan y se hacen daño. Y esto no ha empezado hoy. Es toda una tradición y está en la historia.

En la Gran Revuelta árabe de los años treinta, los británicos fueron el blanco principal. Las actividades se dirigieron contra ellos. Unos 200 británicos, 400 judíos y 5.000 árabes murieron. Al principio no fue una revuelta religiosa. Pero el mufti Haj Amin al-Husseini difundió el rumor de que los soldados británicos habían profanado mezquitas y que los judíos estaban a punto de apoderarse de ellas. Era una continuación del "libelo de Al-Aqsa", que el mismo mufti había creado en los años veinte.

Lo interesante es que aunque los británicos respondieron con una brutalidad asombrosa, una que Israel ni siquiera sueña con usar, la verdadera brutalidad se dio entre los propios musulmanes. Cuando comenzó la rebelión, el mufti decía estar en contra de la violencia. Él favoreció el canal diplomático. Con el paso del tiempo, el mufti se radicalizó cada vez más.

En algún momento, la mayoría de los árabes de Palestina renunciaron a la revuelta. El mufti y sus partidarios se mostraron furiosos. El resultado fue que la mayoría de los árabes asesinados durante la revuelta fueron víctimas de una sangrienta guerra entre facciones árabes rivales, y el mufti y sus partidarios fueron responsables de la mayoría de los asesinatos.

A medida que pasaron los años, el formato de "enemigo externo y auto masacres" se exacerbó, y no sólo entre los palestinos. Los musulmanes están habitualmente furiosos con Occidente. En las últimas décadas, las propias "fuerzas progresistas" han estado agregando combustible al fuego. Miles de académicos, periodistas y activistas de los derechos humanos apuntan con un dedo acusador a Occidente, a Estados Unidos - el Gran Satán - y a Israel - el Pequeño Satán -. Todo lo que dicen los islamistas, esa gente ultra-progresista lo dice un poco mejor.

Pero la rabia contra Occidente, que se basa principalmente en la mentira y el autoengaño, está entrando en un formato mejorado de "enemigo externo y auto masacres", porque en los últimos decenios los musulmanes se han masacrando principalmente entre ellos. La masacre existe dondequiera que haya islamistas, y siempre encuentran excusas para revigorizar la "industria de la muerte", por cierto, el título del artículo del fundador de la Hermandad Musulmana Hassan al-Banna.

De 2002 a finales del 2016, 202.697 personas fueron asesinadas en actos de terrorismo. No estoy hablando de las bajas de las guerras en el mundo musulmán, donde el número de muertos en ese período casi alcanzó a un millón de personas. Estoy hablando de las víctimas del terrorismo, siendo la mayoría absoluta de ellas musulmanes, en países musulmanes o en centros de población musulmanes. Irak, Afganistán y Nigeria ocupan el primer lugar. Israel está casi al final. Así que con todo el debido respeto a la sensibilidad hacia el Monte del Templo, que es cierto que existe, ese el último problema del mundo musulmán.

El terror no aparece porque quiera mejorar algo. No busca la paz. Y en nuestro caso, no busca dos estados para dos pueblos y no quiere poner un final a la ocupación. El terror aparece a causa de la incitación, el odio y los libelos de sangre. Busca la destrucción y la ruina, y encontrará cualquier excusa para reaparecer.

Cuando los palestinos sufren debido a la ocupación, tienen una razón excelente, y uno puede estar seguro de que los representantes de las fuerzas progresistas se convertirán en el brazo propagandista y justificador del terrorismo. Pero cuando las cosas mejoran, a pesar de la ocupación - y en los últimos dos años ha habido claros signos de prosperidad -, la sangre de los yihadistas hierva aún más y se levantan contra esa normalización. Y en el fondo, siempre hay instigadores, agitadores y financiadores. El joven palestino que salió a asesinar el viernes por la noche creyó que los judíos estaban profanando uno de los símbolos más sagrados del Islam. Él creyó en la campaña de mentiras comenzada por Al-Jazeera, Hamas, el jeque Raed Salah y los medios de comunicación palestinos.

Eso no significa que nuestros tomadores de decisiones hicieran lo correcto. Pero antes de sacar los cuchillos y antes de iniciar una discusión entre el Shin Bet y la policía, y antes de señalar con un dedo acusador al primer ministro Benjamin Netanyahu, debemos recordar que estamos hablando de un problema mucho más profundo. Un problema que el mundo árabe debe resolver consigo mismo, porque los musulmanes son la mayoría absoluta de las víctimas del terror islámico. El Monte del Templo, con todo el debido respeto, no representa una pizca de ese problema.

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