Tuesday, July 04, 2017

La otra cara de la crisis del Muro Occidental - Evelyn Gordon



La decisión del gobierno israelí del domingo pasado de congelar un compromiso tan pregonado para el Muro Occidental que habría creado un espacio para la oración de los no ortodoxos similar en el estatus a la zona ortodoxa existente, provocó numerosas advertencias de una grave ruptura entre Israel y la comunidad judía estadounidense. El comentarista Rachel Sharansky Danziger, por ejemplo, se preguntó cómo podría continuar la relación después de que el gobierno israelí pronunciara un rotundo "en realidad, ustedes no nos importan" a los judíos americanos. Pero hay otra cara de la cuestión esbozada por Danziger que muchos comentaristas han ignorado: "El enfrentamiento terminó de esa forma porque en demasiadas ocasiones muchos judíos americanos han remitido ese mismo mensaje a los israelíes en los últimos años".

Numerosas batallas anteriores por cuestiones religiosas en Israel han terminado de la manera opuesta, con el primer ministro cediendo a la presión de los judíos estadounidenses. En fecha tan reciente como en 2011, por ejemplo, el gobierno congeló y en última instancia desechó un proyecto de reforma de los procedimientos de conversión porque los judíos estadounidenses se opusieron a él. Desde que los judíos estadounidenses son miembros de la familia y una de las fuentes más importantes del apoyo político en los Estados Unidos, ningún primer ministro israelí ha querido alejarse de ellos, y tampoco los israelíes comunes.

Si ese sentimiento de deferencia se está desgastando en la actualidad, no es sólo a causa de la existencia de unos grupos judíos antisionistas como Voces judías por la Paz, o incluso por las crecientes filas de los totalmente indiferentes, sino también a causa de la actitud de muchos judíos estadounidenses que se autocalifican a sí mismos, y de muchas maneras realmente, como pro-Israel. Para entender por qué, es digno de reflexión algo que dijo la autora judía americana Jamaica Kincaid en una entrevista en el Haaretz a principios de este mes sobre el control de Cisjordania por parte de Israel.
Creo que una de las razones porque todo lo referente a la ocupación y los territorios está tan vivo es porque la mayoría de los pueblos hacen lo que han hecho los israelíes. Simplemente lo hacen. No se trata de una conversación. Se conquistan territorios, se lleva a la gente fuera de ellos, o bien se los mata. Ya sabes, simplemente se hace. Luego se trata de seguir adelante. Y tal vez 100 años después, en una pequeña ceremonia, el jefe del Estado dice: "Siento mucho lo que hicimos". Pero simplemente se sigue haciendo... 
Supongo que lo que me sorprende es que Israel, siendo la sociedad ganadora, no esperaba que existiera un autoexamen. Por lo general, los ganadores no se examinan a sí mismos en absoluto, pero en Israel existe un cuestionamiento constante y un examen constante, inquiriendo constantemente por qué se tiene razón.
Kincaid tiene obviamente razón: si el conflicto palestino-israelí llama tanto la atención internacional, y de una manera tan desproporcionada, proviene en parte porque los propios israelíes, de manera constante, debaten oralmente y por escrito sobre su legitimidad, su moralidad y las posibles soluciones. Es también porque, como una consecuencia de este debate, los israelíes han hecho numerosos intentos para resolverlo durante el último cuarto de siglo, incluyendo repetidas rondas de conversaciones de paz y retiradas unilaterales, y las acciones de cualquier tipo son obviamente de más interés periodístico que la quietud.

Sin embargo, para muchos judíos estadounidenses, incluso muchos que se consideran a sí mismos pro-Israel, no parece importarles apenas que los israelíes hayan realizado repetidamente generosas ofertas de paz, y sólo para que los palestinos vayan por otra vía sin ni siquiera molestarse en responder. Tampoco parece importar a esos judíos estadounidenses que cada retirada de los territorios ha dado lugar a un incremento masivo del terror palestino. Y no parece importarles en absoluto que numerosos conflictos en todo el mundo hayan producido mucho más derramamiento de sangre y opresión mucho que éste. Al igual que no parece importarles que después de casi 25 años de fallidos esfuerzos de paz, acompañados de un intenso debate interno, una sólida mayoría de los israelíes ha llegado de mala gana  a la conclusión de que un estado palestino, aún siendo una buena idea en principio, en la práctica representa un futuro previsiblemente peligroso, no existiendo una mejor alternativa al status quo.

A pesar de todo esto, los judíos liberales estadounidenses están convencidos de que ellos saben cual es la solución mejor que nadie, y que la continua “ocupación” es principalmente culpa de Israel, por lo que Israel debe ponerla fin de inmediato sin tener en cuenta el posible sangriento precio que pueda pagar Israel, y es que el trabajo de los judíos estadounidenses parece consistir en ignorar las conclusiones dolorosamente alcanzadas por los israelíes, y presionar a los israelíes para que no tengan en cuenta las lecciones que han adquirido tan dolorosamente. Parece que no existe una mejor manera de decirle a los israelíes “en realidad, ustedes no nos importan".

Por otra parte, en virtud de dicha actitud, muchos judíos estadounidenses, y de nuevo no sólo los grupos marginales antisionistas, están socavando activamente a Israel de varias maneras. Los grupos dominantes judíos estadounidenses en los campus, como Hillel, repetidamente acogen a portavoces y organizaciones que arrojan absolutas falsedades acerca de Israel, como Breaking the Silence, que incluso recicla el libelo de sangre medieval sobre los judíos envenenando los pozos palestinos.

Los judíos estadounidenses también proporcionan un sustancial apoyo financiero a este tipo de organizaciones hipercríticas, principalmente a través del New Israel Fund. Rabinos y organizaciones judías dan amplia cobertura a los activistas anti-Israel: la importante rabino liberal Sharon Brous, por ejemplo, elogió a Linda Sarsour por “construir un movimiento que puede contenernos a todos nosotros en nuestra diversidad con amor”, y todo eso mientras la propia Sarsour de manera explícita prohibía a todos los partidarios de Israel dentro de su movimiento.

O bien la Liga Antidifamación, que defendió a Keith Ellison, uno de los pocos congresistas que constantemente apoya las resoluciones anti-Israel y evita las pro-Israel, como “un importante aliado en la lucha contra el antisemitismo”, justamente hasta que se hicieron públicas sus antiguas relaciones con abiertos antisemitas. También existen grupos de estudiantes rabínicos americanos que definen la propia existencia de Israel como un motivo de duelo y participan en boicots comerciales anti-Israel. La Unión para la Reforma del Judaísmo, el principal grupo religioso, insta a sus miembros a intensificar sus crítica a Israel. Y así sucesivamente.

En definitiva, los judíos estadounidenses ya no son ese bastión de apoyo a Israel que fueron antes. Y si todavía creen que existe una relación familiar con los israelíes, cada vez se parecen más a unos familiares abusivos que muestran su “amor causando dolor". Por lo tanto, no es de extrañar que el apoyo a Israel haya caído en picado entre los jóvenes judíos americanos más liberales. ¿Cómo no puede disminuir cuando nunca quieren escuchar nada positivo acerca de Israel de sus mayores pro-Israel?

El resultado es que algunos israelíes están empezando a sentirse como describió Hillel Halkin en Mosaic, “¿La distancia entre los judíos israelíes y estadounidenses está creciendo? Y si se deja crecer... ¿cuál es el problema?” Hasta hace poco, pocos israelíes habrían dicho tal cosa, y todavía lo consideran como una tragedia. Pero si los judíos estadounidenses siguen diciendo a los israelíes que saben mejor que ellos lo que necesitan, ignoran sus experiencias, y les dicen “en realidad, lo que digan y piensen ustedes no nos importa”, el número de israelíes que estará de acuerdo con Halkin crecerá cada vez más.

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