Sunday, October 29, 2017

De Mao a Berl Katznelson, ha llegado el momento de la introspección de la izquierda - Yehuda Shalem - MIDA



En una de las aldeas en el norte de Samaria vive un desafortunado clan que lucha con una enfermedad que afecta a cada cuarto bebé nacido en el clan. En la época de los Acuerdos de Oslo, una niña nacida de una de las familias del clan sufrió esta enfermedad. Su padre recurrió a un amigo de Gilboa y le pidió ayuda para colocar a la niña en un hospital israelí que podría curarla con una simple operación. Cuando el amigo le preguntó a un médico que sabía sobre el asunto, el doctor respondió desalentado: "Si hubieras venido hace una semana, antes de que la responsabilidad médica de los árabes de Judea y Samaria fuera transferida a la Autoridad Palestina, habría podido salvar a la chica".

Me acordé de esta historia después de leer el artículo de Tom Aharon en la edición de agosto de la revista "The Liberal" titulada "El problema de la izquierda". En el artículo, Aharon lamentaba el hecho de que no haya nadie entre los líderes de la izquierda que esté preparado para afirmar "dejemos de hablar de la identidad judía y del sionismo como el sentimiento de un grupo de locos, y empecemos por preocuparnos por los seres humanos (judíos)". Mientras leía, las palabras de la canción de Nurit Galron "Acharaynu hamabul " ("Después de nosotros, el diluvio") donde se oía de fondo el "No, no me cuentes sobre una niña que perdió su infancia".

En resumen el artículo de Aharon encarna la crisis moral e ideológica en que se encuentra una parte del campo político que constantemente pierde las elecciones en Israel. Entre la izquierda, hay un pequeño grupo de personas que ven las elecciones como una versión moderna del juicio de Salomón: "Si no ganamos, todo se puede ir al infierno". A partir de ahí, parece emanar la fuente de las actividades de la izquierda que se podrían caracterizar como autodestructivas, con erupciones de tendencias suicidas. El problema es que esta facción tiende a ser el guía del campo de la izquierda en lugar de operar en los márgenes. Ellos lideran el camino a toda la izquierda e incitan a su movimiento a un comportamiento que está más allá de lo que es legítimo.

Un ejemplo tangible de la situación de la izquierda se muestra en el caso del poeta árabe Darren Tator, que estuvo bajo arresto domiciliario durante dos años después de escribir un poema que incluía la siguiente perla: "Una solución de paz no es suficiente para mí / nunca baje mi bandera / No hasta que se vayan (los judíos) de mi lugar de nacimiento". Durante un acto de apoyo al poeta celebrado en un teatro de Jaffa a fines de agosto, la actriz Liora Rivlin fue entrevistada y se preguntó en voz alta: " ¿Qué hacemos con (Hanukkah Song) 'Maoz Tsur Yeshuati' que exige la matanza de nuestros enemigos y que todos la cantamos?" [N.P.: El poema recuerda las muchas veces en que las comunidades judías fueron salvadas de las personas que los rodeaban y querían aniquilarlas]

La aversión a cualquier símbolo nacional y sionista, al mismo tiempo que una identificación con las aspiraciones nacionales de otras naciones, no es nada nuevo. Berl Katznelson (uno de los fundadores intelectuales del  sionismo laborista) exploró este fenómeno cuando escribió "El rasgo de bondad ... [es] prevalece entre los judíos de una manera fanática y honesta. Conscientes y sensibles ante cualquier daño, ante cualquier privación humana, demuestran ser compasivos ante cualquier piel. Solo en un caso se mantiene ciego y sordo, y no resulta consciente ni sensible, es con respecto al judaísmo".

A pesar de las expresiones de compasión, "la experiencia nos enseña que", como escribió el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt, "el hombre promedio que se involucra en un sentimiento internacional, a la vez que oscurece su sentimiento nacional, al que no le importa su país porque le importa por encima de todo la humanidad, en la práctica real demuestra ser un enemigo de la humanidad".

Por lo tanto, es posible que, dentro de la sugerencia de Tom Aharon de comenzar a "preocuparse por los seres humanos", haya una innovación refrescante o incluso una esperanza de que la izquierda, por una vez, ayude a la humanidad a prosperar. Hasta hoy, cada vez que la izquierda intentaba preocuparse por la humanidad, por la igualdad o por la paz, terminaba en desastre. Por lo general, estaba conectado con los sueños utópicos que se derivan de la doctrina socialista-comunista. Lo que es interesante, o preocupante, son los nombres engañosos que se dan a las ideas de la izquierda.

Por lo tanto, y a pesar de la esperanza, hay espacio para dudar de que las celebraciones del centenario de la "revolución de octubre", la revolución bolchevique en Rusia que se producirá este próximo noviembre, conduzcan a un punto de inflexión histórico. Uno solo puede esperar que las elevadas ideas de la izquierda ya no vendrán a expensas de la vida humana.

Este próximo mes de noviembre también celebraremos la Declaración de Balfour, que brindará la oportunidad de probar cuál de los movimientos, el sionista o el bolchevique, ha sido mejor para la humanidad. A la luz de la prosperidad económica y la situación de una mayor seguridad en la que se encuentra Israel, la respuesta es clara: ante nuestros ojos, la realidad descrita en el libro utópico de Herzl "Altneuland" se está haciendo realidad.

La serie de líderes que han visitado Israel en el último año para conocer los secretos del éxito del país observan la realización de la visión que Herzl describió en su libro "El Estado judío". "Con nuestra libertad, el mundo podrá ser más libre, se enriquecerá con nuestra riqueza y crecerá con nuestra grandeza. Lo que hagamos allí sólo para nuestra prosperidad será un tremendo acto de empoderamiento para el beneficio de todos los seres humanos".

Si esta situación en Israel es un problema para algunas personas, tal vez sea apropiado recordarles cuáles han sido las consecuencias de la preocupación de sus padres espirituales por la humanidad.

El proceso de modernización que Stalin declaró en la década de 1930 dañó drásticamente la economía de la URSS. Peor aún, costó la vida a millones de personas que murieron de hambre. Parecidos destinos padecieron decenas de millones de chinos que fueron sacrificios por la doctrina economía liderada por Mao Zedong y que murieron de hambre en nombre del "Gran Salto Adelante", algo que, obviamente, nunca sucedió.

El filósofo Jean Paul Sartre, un comunista intermitente y que fue considerado a ojos de muchos como un luchador por los derechos humanos, fue uno de los grandes personajes que se opusieron a la continuación del dominio francés de Argelia. Los resultados de la liberación argelina de la carga del colonialismo francés nos es conocido bajo la forma de una sangrienta guerra civil que se desarrolló en el país y por una corrupción institucional que ha destruido toda buena parte del país. Vale la pena estudiar las palabras que dijo Sartre:

"Solo hay una solución definitiva para Argelia, y esa es la independencia. La autodeterminación puede ser un buen método para resolver el problema con la condición de que se den garantías reales al FLN". Respecto a los ciudadanos franceses que vivían en Argelia, Sartre dijo: "No es cierto que haya buenos colonos mientras que otros son malos. Solo hay colonos y nada más".

Todavía queda por examinar otra idea de la izquierda, la de esa "paz anhelada" que por alguna razón siempre se revela como no pacífica. Recordemos lo que escribió Katznelson en 1939 con respecto al gobierno árabe en la Tierra de Israel:

"El objetivo que el liderazgo árabe ha establecido para sí mismo es el objetivo del Mufti. Para eso, no hay necesidad de que la tierra esté en paz, que las aldeas florezcan, que suba el nivel de vida de los trabajadores, que los judíos y los árabes vivan en paz. Sin embargo, será el derramamiento de sangre, la hambruna del pueblo y la muerte de sus rivales serán los auténticos logros de su dominio".

Y con respecto a los "sacrificios por la paz" que los judíos se vieron obligados a sacrificar en el altar de Oslo, es posible citar las palabras de Mao durante la Guerra de Corea cuando el líder de Corea del Norte rogó a Stalin y Mao que detuvieran la guerra. Mao le respondió que "Hasta ahora, no ha perdido nada excepto los que han muerto".

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