Sunday, November 19, 2017

Gran artículo sobre la hipocresía de la judería americana: Los judíos estadounidenses y el derecho de Israel a ser escuchado - Evelyn Gordon



La creciente división entre los judíos israelíes y los judíos estadounidenses fue un tema importante de conversación en la reunión anual de las Federaciones Judías de América del Norte de esta semana. También fue el tema de un largo artículo en el Haaretz, "Divorciando a la Diáspora: Cómo Netanyahu está finalmente descartando a los judíos estadounidenses", donde se culpaba en gran medida al gobierno israelí. Entre otras cosas, citaba al ex embajador de Estados Unidos en Israel, Daniel Shapiro, al referirse a la mayoría de los judíos estadounidenses que se identifican como no ortodoxos y políticamente progresistas y liberales. "Existe la idea que tiene cierta vigencia en ciertos círculos alrededor del gobierno israelí que dice, 'Sabes qué, podemos descartar a ese segmento de la judería estadounidense porque en un par de generaciones sus hijos o nietos se asimilarán'".

Estoy de acuerdo en que la idea de descartar a ese segmento de la judería estadounidense tiene cierta vigencia en Israel. Pero en la mayoría de los casos, se debe menos a las fantasías sobre una posible desaparición de esos judíos liberales que a la creencia de que Israel tendrá finalmente que prescindir de su colaboración, lo quiera o no, porque ya no se puede depender de los judíos progresistas y liberales, ni siquiera para el más mínimo nivel de apoyo. Y con esto no me refiero al apoyo a una política israelí específica, sino a algo mucho más básico: el derecho de Israel a ser escuchado por audiencias tanto judías como no judías.

Nada ilustra mejor esto que las recientes decisiones tomadas por dos campus de Hillel para impedir que los principales portavoces de Israel se dirijan a los estudiantes judíos. En Princeton, fue la vicecanciller de Israel, Tzipi Hotovely, y en Stanford, un grupo de veteranos árabes israelíes de las Fuerzas de Defensa de Israel. Puedo entender a Hillel negándose a recibir a portavoces de las franjas más radicales. Pero ¿cómo se supone que los estudiantes judíos deben aprender algo acerca de Israel si el campus de Hillel ni siquiera les deja escuchar a los representantes de dos de las instituciones más importantes del país: su gobierno electo y su ejército?

En ambos casos, posteriormente desde Hillel se calificó a sus propias decisiones como un "error", muy probablemente bajo la presión de Hillel International, cuyo CEO, Eric Fingerhut, fue el autor principal de la disculpa de Princeton Hillel. Pero eso no cambia el hecho de que en dos destacadas universidades en lados opuestos del país, los directores de Hillel, ambos rabinos no ortodoxos, inicialmente pensaron que cancelar los discursos previstos en respuesta a las objeciones de los estudiantes progresistas era una decisión razonable.

Julie Roth, de Hillel Princeton, pensó que era completamente razonable negarles a sus estudiantes la oportunidad de escuchar a un representante oficial del gobierno israelí que trataba de explicar las políticas del gobierno. Y Jessica Kirschner, de Hillel Stanford, respaldada increíblemente por la asociación "pro israelí" de la universidad, pensó que era completamente razonable negarles a sus alumnos la oportunidad de escuchar a unos israelíes no judíos que no estaban de acuerdo con que Israel fuera un estado de apartheid.

Obviamente, rabinosy líderes laicos judíos estadounidenses tienen todo el derecho a estar en desacuerdo con las políticas israelíes. Pero, ¿cómo es posible cualquier relación si una de las partes ni siquiera permite que la otra sea escuchada?  Mordazas y boicots a Israel pueden preverse de sus enemigos, pero no necesitan a los judíos estadounidenses para eso.

Entonces, si Israel ni siquiera puede confiar en una parte importante de los judíos estadounidenses para permitir que los estudiantes interesados ​​conozcan las opiniones predominantes en Israel, entonces ¿quién está contribuyendo verdaderamente a la relación Israel-Diáspora? ¿Y por qué, bajo estas circunstancias, debería Israel tener algún interés en acomodar sus preocupaciones sobre, por ejemplo, arreglos para la oración en el Muro Occidental?

Además, consideren quién intervino para permitir que los discursos de Princeton y Stanford tuvieran lugar según lo planeado: el movimiento ortodoxo Chabad, el cual, en ambos campus, se ofreció como voluntario para ser el anfitrión de los oradores en muy breve tiempo. Si los grupos ortodoxos son los únicos en los Estados Unidos en estos momentos dispuestos a proporcionar un lugar para los israelíes no adeptos de la ortodoxia progresista y liberal, ¿por qué Israel no le daría más peso a los puntos de vista ortodoxos que a los no ortodoxos?

Tampoco este problema se limita a los campus universitarios. El ejemplo más sobresaliente, y que vale la pena volver revisar precisamente porque ambas partes lo consideran un punto de inflexión en la relación, fue la disputa sobre el acuerdo nuclear iraní.

Dado el casi total consenso israelí de que el acuerdo era peligroso (a pesar de los profundos desacuerdos sobre la mejor forma de oponerse), muchos israelíes se sintieron no menos traicionados por el apoyo judío estadounidense al acuerdo con Irán, que esos mismos judíos estadounidenses cuando Israel paralizó el acuerdo sobre el Muro Occidental dos años después. Como dijo el ex embajador de Israel en los Estados Unidos, Michael Oren: "Fuimos hacia los judíos estadounidenses y les dijimos que el acuerdo con Irán ponía en peligro a 6 millones de judíos de Israel, y que no era un asunto político estadounidense sino una cuestión de existencia judía... Y no necesito decirles lo que sucedió después". De hecho, en ausencia de esa sensación de traición, sospecho que el primer ministro Benjamin Netanyahu podría haber estado más dispuesto a rechazar la presión ultraortodoxa sobre el Muro Occidental.

Pero los desacuerdos políticos se pueden aceptar, incluso en cuestiones de importancia existencial. Lo que encuentro mucho más perturbador fue la reacción de los judíos estadounidenses liberales y progresistas a los esfuerzos de Netanyahu de presionar en contra del acuerdo, que la periodista del Haaretz Judy Maltz describió con precisión de la siguiente manera: "Considerando que el 70% de los judíos estadounidenses votaron por Barack Obama, los esfuerzos de Netanyahu de liderara una rebelión contra él fueron vistos por muchos dentro de la comunidad judía estadounidense como inconcebibles".

De hecho, muchos prominentes judíos estadounidenses se opusieron vociferantemente al discurso de Netanyahu ante el Congreso en contra del acuerdo, utilizando términos como " humillados" y "enojados" para describir sus sentimientos. Sin embargo, no escuché ni una palabra de esas mismas figuras prominentes en contra de los actuales esfuerzos de los líderes europeos para presionar al Congreso para que desafie al presidente Trump y preserve el acuerdo.

En resumen, muchos judíos liberales estadounidenses no solo se opusieron a la política del gobierno israelí, incluso se opusieron a los esfuerzos del gobierno israelí para abogar públicamente por sus políticas preferidas. Efectivamente, declararon que "Israel no tenía derecho a hacer oír sus opiniones en los Estados Unidos si al hacerlo les molestaba".

Muchos judíos liberales y progresistas siguen siendo incondicionales de Israel. Sin embargo, las filas de los Roths y Kirschner parecen estar creciendo cada año dentro de la comunidad judía progresista. Y aunque Israel y la Diáspora judía pueden sobrevivir a los desacuerdos políticos, si los judíos liberales estadounidenses ni siquiera están dispuestos a escuchar lo que piensan los judíos israelíes, y encima proporcionan una plataforma para que otros no les escuchen, la relación habrá terminado. Sigo pensando que eso sería una tragedia. Pero no se puede tener una relación con personas que ni siquiera reconocen tu derecho a hablar, incluso si esas personas son de la familia.

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