Sunday, November 19, 2017

Cuando las profecías de la fatalidad se estrellan contra las realidades de la demografía - Boaz Haetzni - MIDA



"Hemos alcanzado el tamaño ideal de la población, hemos llenado la tierra, ahora podemos comenzar a limitar la tasa de natalidad y pensar en la calidad de vida y el tipo de país que realmente queremos ser".

Este es el tema del libro "La tierra está llena", escrito por el profesor Alon Tal, quien prevé un oscuro futuro demográfico para Israel.

El "problema demográfico" que ha previsto Alon Tal no tiene que ver con una minoría judía, tal como ha profetizado habitualmente la izquierda israelí, sino todo lo contrario: una alta tasa de natalidad judía israelí que en un período relativamente corto de tiempo podría conducir a una explosión demográfica. Alon Tal espera que para 2050, entre 23 y 36 millones de personas vivirán en Israel. La prevista explosión demográfica proviene del sector judío, todo lo contrario de las tradicionales predicciones calamitosas de la izquierda.

Al hacerlo, Alon Tal destruye el globo del "demonio demográfico" y adopta un típico enfoque al gusto de los derechistas Yoram Ettinger y Yaakov Feitelson. Desde 2005, este equipo ha estado siguiendo los datos demográficos de forma independiente, y su conclusión es que no solo los árabes no serán la mayoría, sino que la demografía judía está ganando y a lo grande.

Con esto se refutan las advertencias de la izquierda de que los judíos se convertirán en una minoría y contradice los intentos de advertencia de un "final de la democracia" como resultado del control judío sobre una mayoría árabe, o al menos de una gran minoría árabe.

Gracias a la desconexión de 2006, los árabes de Gaza no cuentan como palestinos gobernados por Israel. La Autoridad Palestina ha inflado el número de árabes en Judea y Samaria hasta un nivel vergonzoso. Las tasas de natalidad judías están en alza, mientras que las de los árabes a ambos lados de la línea verde se han estado derrumbando.

Los árabes están emigrando desde Judea y Samaria a todas partes del mundo, mientras que cada vez más judíos se mudan a Israel a la luz del incremento del antisemitismo en Occidente. La base de la predicción de Alon Tal son estas tendencias, las cuales proyectan una estable mayoría judía con una tendencia hacia el crecimiento.

Calidad ambiental vs. cantidad

Alon Tal es una persona que ha contribuido mucho al tópico de la calidad del medio ambiente en Israel, pero menos a la cuestión de la cantidad ambiental, ya que es un izquierdista que siempre ha estado dispuesto a renunciar a partes significativas de Israel.

Desde su perspectiva, que ve a un Israel que en un futuro ve como disminuye su territorio, es una conclusión lógica el sentir ansiedad por la explosión demográfica judía, que probablemente sería significativamente mayor dentro del "mini Israel" de las fronteras del 67. Entonces a partir de ahí podemos obtener su recomendación de reducir la tasa de natalidad judía.

Las políticas de la izquierda judía crean una gran paradoja. El enfoque clásico de la izquierda israelí, la cual siempre ha abogado de una manera rutinaria por renunciar al corazón de nuestra tierra para no convertirnos en una minoría, se ha visto pisoteado por la visión del dramático crecimiento judío.

Ahora, esta izquierda sin sentido nos lleva a una situación en la que, como según ella debemos disminuir nuestro territorio, además debemos reducir nuestra tasa de natalidad para evitar el incremento de la población. Sin embargo, si prevé una población judía tan incrementada, ¿por qué, de acuerdo con la teoría de la izquierda, no deberíamos mantener esas áreas, el corazón de nuestra tierra, evitando el "dolor" de ceder la tierra y teniendo un lugar donde albergar esa creciente población judía?

Si el problema demográfico se invierte y nos dirigimos a ser la mayoría y no la minoría, entonces la solución a esta explosión demográfica debe ser geográfica y no demográfica, un población más grande en un territorio mayor, en lugar de una población más pequeña en un territorio reducido.

Alon Tal recomienda llegar a unos 10 millones de personas dentro de unas fronteras que obviamente no incluyen a Judea y Samaria. Esta recomendación sería inevitable en el caso de una devolución de Judea y Samaria y de que el área dentro de la Línea Verde ya estuviera abarrotada, por lo cual al retirarnos de esa tierra no quedaría más remedio que limitar las tasas de natalidad y la aliya a Israel. Al hacerlo, Israel se vería obligado a retirarse del sionismo y esencialmente abandonar los fundamentos de su existencia, que es llevar a los judíos a Israel.

Incluso hoy, el estado estaría arrastrando los pies a la hora de incentivar la aliyá a Israel, a pesar de sus políticas de inmigración. El motivo de la vacilación del gobierno se debería al temor de incrementar los precios de la vivienda consecuencia de un aumento en la demanda que los inmigrantes pueden traer consigo. El aumento en los precios de la vivienda implicaría un problema político para la coalición. En otras palabras, según Alon la coalición ya está pagando un precio político por el crecimiento de la población y el consiguiente aumento de los precios. Como resultado, el futuro del estado se dañaría por las crisis que retrasarían las aliyás.

El conflicto como anécdota

En vista de las predicciones sobre un dramático crecimiento judío, el tema de la "resolución del conflicto" parece mucho menos problemático. La amenaza demográfica para una mayoría judía de parte de los árabes de Judea y Samaria está emergiendo como una situación meramente temporal que se decidirá finalmente a favor de los judíos en función del impulso demográfico.

Un reclamo que defienda la entrega de la tierra solamente porque, en el peor de los casos en un período interino, los árabes no recibirán la residencia o la ciudadanía, no es grave. La privación de los derechos de voto durante un período interino no es draconiana, especialmente cuando los árabes de Judea y Samaria llevan sus vidas en el marco de una autoridad autónoma palestina.

La dimensión demográfica empequeñece todo el debate como una especie de anécdota y donde la realidad simplemente se saltará ese debate. Sin embargo, las auténticas buenas noticias son las posibilidades que se abren ante Israel y ante la nación judía.

Si en 2050 habrá 30 millones de judíos en Israel, entonces podremos aspirar a que haya 50 millones de judíos para fines de siglo y también a trabajar para ello. Un país de 50 millones de habitantes ya es una potencia regional. Hoy, con solamente 8 millones de residentes, Israel ha salido adelante con muchos logros, convirtiéndose en un objeto de admiración y de peregrinación de todo el mundo.

Un poder inevitable

No solo tenemos el lujo de convertirnos en una superpotencia, pero de hecho no tenemos más remedio que convertirnos en una.

Estamos posicionados en el centro de una región salvaje, asesina y violenta, que produce y exporta la mayoría de los problemas sobre la Tierra en la actualidad. Nuestros enemigos se están matando entre sí como si estuvieran viviendo en el  siglo VII d.C., y es que ahora las mujeres (yazidis) se venden en los mercados y las poblaciones son asesinadas indiscriminadamente. El mundo se dirige hacia la inestabilidad derivada del colapso de Medio Oriente.

Los inmigrantes que están inundando Occidente procedentes de nuestra región y de África generan crímenes, terror y destruyen el orden existente. Los países "progresistas" dicen estar tranquilos ante estas oleadas de migrantes. No entienden e incluso son indiferentes al peligro que acecha sobre su cultura. En detrimento de Occidente, también hay una gran reducción de la fecundidad europea, lo que provoca el envejecimiento de unas sociedades que experimentan unas enormes conmociones sociales que inevitablemente conducirán a crisis económicas.

Este no es un mundo estable con unas reglas de juego conocidas y reconocidas, sino un mundo en crisis, un mundo sin Dios, sin adultos responsables, enfrentado a crisis importantes y encaminándose hacia un colapso económico, con guerras internacionales y civiles. En esta era, ay de aquellos que son pequeños y débiles, por lo que el rápido crecimiento de Israel es crítico y vital para su existencia, una carrera contra el tiempo.

En este contexto, los izquierdistas que examinan la realidad demográfica y entienden que estamos en el camino de ser más grandes, llegan a la absurda conclusión de que nuestro objetivo es permanecer pequeños.

Un estado pequeño

Esto es lo que está en el centro del debate interno en Israel. ¿Qué queremos ser? ¿Un pequeño estado de élite o un país que no es dependiente de los demás y reúne a todos los judíos, incluidos aquellos que no encuentran el favor a los ojos de las élites?

El enfoque de Alon Tal nos dice que si somos pequeños en territorio, como resultado seremos pequeños en población, una hoja que sopla al capricho de las tormentas regionales. El motivo para abandonar el territorio ya no es una restricción forzada, sino el deseo de ser pequeños, de concentrarnos en la "calidad". Alon Tal y su campo están condenando a Israel, en el mejor de los casos, a ser un estado pequeño, débil y siempre dependiente.

¿Cuál es la barrera que Israel debe sobrepasar para romper con ese futuro? Dado que el aumento en la población judía es un hecho, ¿dónde vivirán los inmigrantes y las sabras? El corazón de la madre patria judía, Judea y Samara, es la solución judía y sionista natural, necesaria y crítica para comenzar el proceso. Alternativamente, devolver la tierra destruirá cualquier posibilidad de ser grandes.

La mayoría de las áreas de Judea y Samaria están vacías. Si combinamos las poblaciones judía y árabe, solo ocupan el 7% de dicho área, mientras que las áreas de Israel dentro de la Línea Verde, desde Be'er Sheva y al norte, se verán  triplicadas, ya que el 20% está construido. Las áreas de "demanda" de Gush Dan y Jerusalén casi no tienen espacio y los precios son altos en conjunto.

Abrir Judea y Samaria a la construcción ilimitada puede proporcionar una solución a corto y mediano plazo para la demanda en Jerusalén y Gush Dan, ya que el oeste de Samaria no es más que un "Gush Dan oriental". Una acumulación masiva a lo largo de la espina dorsal de las ciudades existentes, junto con la ampliación de las carreteras y la construcción de vías ferroviarias, proporcionará un suministro importante en las áreas de demanda, una solución perfecta para la crisis de la tierra.

Por otro lado, renunciar a Judea y Samaria sentenciará a Israel a ser pequeño de manera irreversible en un futuro cercano. El mundo, que está haciendo todos los esfuerzos posibles por sacar a Israel de Judea y Samaria, no nos permitirá volver allí y nos llevará a un triple desastre: desconectar a los judíos de su corazón y de su identidad, impedir el crecimiento futuro de Israel y empujarnos hacia unas fronteras que no conllevan ninguna lógica. En otras palabras, renunciar a Judea y Samaria no es solo darse por vencido en el pasado, sino en el futuro.

Si no la interrumpimos, no será una leyenda

Aquellos que tengan la intención de tomar el camino de la retirada deberían comenzar a limitar sus tasas de natalidad ahora e informar al pueblo judío para que no emigre a Israel. Esta será una doble capitulación histórica del sionismo, e Israel no sobrevivirá a tal proceso. Debe decidir si emprender un curso de decadencia o en un camino que podría llevarnos a convertirnos en una potencia.

La solución al conflicto es inherente a una visión más amplia que podría alcanzarse si la deseamos, la vemos como un objetivo y donde fomentamos los procesos que conducen a su realización.

En comparación con la visión utópica de Herzl, esta es mucho más fácil. La fundación ya existe y los procesos ya están ocurriendo y avanzando. Parafraseando a Herzl: si no la interrumpimos, no será una leyenda

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