Saturday, November 04, 2017

Identificando a los expendedores de mentiras anti-Israel - Peter Berkowitz - RealClear Politics



La cobertura de los medios de comunicación y de los escritos académicos acerca de Israel rutinariamente traicionan esa integridad intelectual a la que deberían aspirar ambos medios. Israel ha pagado un alto precio por ello, pero los palestinos quizás incluso más.

Sería difícil cuantificar con precisión el daño infligido por las omisiones, las distorsiones y las acusaciones que rutinariamente desfiguran las representaciones de Israel. Aún así, el flujo constante de propaganda maliciosa que se presenta como noticias y opiniones académicas envenena el debate sobre el complejo y trágico conflicto entre dos pueblos. Las frecuentes caracterizaciones de Israel como un monstruo moral y político - un estado supuestamente culpable de colonialismo, apartheid y de todo tipo de crímenes de guerra y de lesa humanidad, incluyendo la transferencia forzosa de población, la limpieza étnica y el genocidio - refuerzan las expectativas palestinas de que sus demandas se cumplan de inmediato y en su totalidad, mientras refuerzan las sospechas israelíes de que no pueden obtener una audiencia imparcial en el tribunal de la opinión pública, no teniendo garantizado un trato justo bajo los auspicios de la comunidad internacional.

Enfatizar los méritos de un lado y los defectos de la otra parte es bastante humano, y los informes partidistas son una vieja historia. La nueva historia es que buscando servir, en su mayor parte, unos objetivos políticos progresistas, tanto periodistas como profesores occidentales han incumplido sus obligaciones profesionales con el fin de erigir un edificio de falsedades sobre Israel.

Catalogar las falsedades, exponer a sus autores y dejar las cosas bien claras requiere una investigación prodigiosa y una documentación minuciosa, una comprensión de las realidades políticas contemporáneas y una comprensión sinóptica e históricamente informada del gran conflicto árabe-israelí. Con la publicación en 2014 en hebreo de "Tasiyat Hashkarim" , que se convirtió rápidamente en un best-seller en Israel, el periodista Ben-Dror Yemini estableció que él era el hombre indicado para la tarea. Su "Industry of Lies: Media, Academia, and the Israeli-Arab Conflict", que acaba de aparecer en una traducción al inglés, resultará indispensable para los políticos y responsables políticos, periodistas, profesores y miembros del público en general que crean que la historia en el Oriente Medio es inseparable del avance de la causa de la paz.

Yemini, con quien he tenido el placer de hablar de la política israelí durante varios años, es columnista de Yediot Aharonot, el segundo periódico israelí más leído. Abogado por formación, también se desempeñó como editor de la página de opinión en el Maariv , otro diario líder. Se le considera representante de un pequeño grupo de intelectuales públicos de centro izquierda, incluidos el profesor emérito Shlomo Avineri, la profesora Emerita Ruth Gavison, el profesor Yossi Shain, el doctor Gadi Taub y el profesor Alexander Yakobson, a quienes la izquierda confunde a menudo con los conservadores porque son orgullosos sionistas.

A diferencia de la derecha israelí, generalmente se opusieron a la política de asentamientos del país en Cisjordania, y en la actualidad, en su mayoría, se oponen a construir fuera de los grandes bloques de asentamientos - unas pequeñas ciudades que casi todos esperan permanecer bajo el control de Israel -. No dudan en criticar al gobierno cuando se desvía de los principios liberales y democráticos en los que se estableció el país, al tiempo que insiste en que Israel fue fundado, y así debería permanecer, como el estado-nación del pueblo judío. Desde la erupción de la Segunda Intifada en 2001 - siguiendo al rotundo rechazo en el 2000 del presidente de la Autoridad Palestina Yasser Arafat a la propuesta de paz de Camp David del primer ministro israelí Ehud Barak -, Yemini y aquellos de sensibilidad similar han resaltado los principales obstáculos para la paz que plantea la intransigencia de la Autoridad Palestina, la incitación que fomenta contra Israel y el yihadismo sunita y chiita que impregna el duro e inestable el barrio que habita Israel.

El libro de Yemini aborda estos obstáculos, pero se centra en otro impedimento formidable para aliviar el conflicto: la multitud de mentiras e informes imprecisos, las interpretaciones muy debatibles, los errores ocasionales y los lapsus de juicio, además de las falsedades bien demostrables, cuyo propósito final es deslegitimar a Israel y colocarlo más allá de lo permitible. Las mentiras, argumenta, toman múltiples formas:

- "Las mentiras insidiosas" que están construidas a partir de verdades a medias e información reprimida. Por ejemplo, en el 2010, escribiendo en el New York Review of Books, el periodista Peter Beinart afirmó que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu "rechaza la idea de un estado palestino". Beinart citó un libro de Netanyahu publicado en 1993, un momento en el que la idea también era rechazada por la mayoría de la izquierda israelí, incluido el entonces Primer Ministro Yitzhak Rabin, al tiempo que omitía mencionar el innovador discurso de Netanyahu de 2009 sobre Bar-Ilan, en el que se convirtió en el primer primer ministro israelí, de derecha o de izquierda, en respaldar un estado palestino.

- Las "mentiras de proporción", donde se adjuntan términos que denotan un mal absoluto, como "apartheid", a formas comunes y habituales de discriminación que pueden y deben corregirse dentro del sistema. Tal es el caso de la condición de los ciudadanos árabes de Israel que, aunque gozan de plenos derechos civiles y políticos, enfrentan sin embargo una discriminación remediable similar, y en muchos casos menos grave, a la que están sujetas otras minorías étnicas en los países europeos. Las mentiras de proporción también incluyen unas condenas que están en total desacuerdo con las transgresiones. En 2013, observa Yemini, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU "adoptó 25 Resoluciones, cuatro para todos los demás países del mundo y 21 contra Israel".

- Las "mentiras basadas en historias reales" presentan una declaración inflamatoria o una acción violenta como si fuera el elemento representativo de la sociedad en su conjunto. Es muy común que ciertos periodistas y académicos se detengan en las declaraciones de figuras marginales en Israel mientras ignoran el tejido pluralista del país. Yemini llama con razón la atención sobre las versiones israelíes de populares programas de telerrealidad en los que el público vota para determinar quién es el ganador. Entre 2013 y 2015, los israelíes eligieron como campeones a un árabe israelí en "Master Chef", otro árabe israelí en "The Voice", una mujer judía etíope en "Gran Hermano" y un trabajador extranjero filipino en "The X-Factor".

- Las "mentiras académicas" son obra de profesores que explotan sus posiciones universitarias y su autoridad académica. Yemini cita al profesor Ilan Pappé, un notorio inventor de crímenes israelíes que, en un libro de 2004, descaradamente remarcó su desprecio por el registro histórico: "Mi prejuicio es evidente a pesar del deseo de mis colegas de que me apegue a los hechos y a la 'verdad' cuando reconstruyo realidades pasadas. Considero que cualquier construcción de este tipo es vanidosa y presuntuosa".

- Luego está la "gran mentira", que distorsiona la realidad de forma tan grotesca que la gente común supone que nadie tendría el descaro de promoverla si no fuera verdad. "La versión contemporánea de Big Lie convierte a Israel, un país que perjudica a los civiles inocentes menos que cualquier otra país en un conflicto de proporciones similares, en un estado que lleva a cabo un genocidio", escribe Yemini. "Mientras tanto, los terroristas y los miembros de Hamas, que anuncian públicamente sus intenciones de exterminar a los judíos y de cometer un genocidio, se convierten en 'luchadores por la libertad' ".

- En un capítulo especialmente revelador, Yemini explora el bienestar social y económico de Cisjordania y los palestinos de Gaza. "El control de Israel", escribe Yemini, "no se interpuso en el camino de la prosperidad palestina". Por el contrario, citando una serie de tablas y gráficos que cubren la esperanza de vida, la mortalidad infantil y la educación, muestra que "con todas las medidas objetivas la administración de Israel en Gaza, que terminó en 2005, y la de Cisjordania, que continúa, aceleraron la tasa de desarrollo en estas áreas -a pesar de, y no debido a, los mejores esfuerzos del movimiento nacional palestino", colocando a los palestinos mucho más adelante de la gran mayoría de los árabes del Medio Oriente.

Imagínense cuánto podrían estar más cerca los palestinos de gobernarse a sí mismos si nuestros medios progresistas y nuestra academia adquirieran el hábito de decir la verdad sobre Israel.

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