Wednesday, December 27, 2017

La Alemania de Angela Merkel, nada de amiga de Israel - Eldad Beck - Israel Hayom



Hace unas dos semanas, y apenas unos días después de que el presidente de los Estados Unidos Donald Trump reconociera a Jerusalén como la capital de Israel, se inauguró una de las atracciones turísticas más populares de Berlín en el Museo Judío. Con más de 1.000 pies cuadrados, la exposición "Bienvenido a Jerusalén" es enorme e incluye cientos de objetos, proyecciones e imágenes.

Uno hubiera esperado que este tipo de exhibición en un museo judío tan importante enfatizara el carácter único de Jerusalén como la ciudad más sagrada del judaísmo, y posiblemente también enfocara un tanto la narrativa histórica del sionismo y del Estado de Israel. Tal exposición también podría haber presentado, de una manera equilibrada por supuesto, las diferentes religiones que coexisten en la ciudad a pesar del conflicto en curso. Pero lamentablemente, la exhibición no hace nada por el estilo, sino que sirve para fortalecer la teoría de la propiedad musulmana, árabe y palestina de la ciudad, principalmente a través de una presentación sesgada del conflicto árabe-israelí.

Un documental histórico sobre el conflicto, uno de los aspectos más destacados de la exhibición, retrata a los judíos como a unos invasores dominantes. Toma nota de las masacres y los actos terroristas cometidos por organizaciones paramilitares judías, mientras que ignora por completo esos mismos actos cuando fueron llevados a cabo por organizaciones árabes a instancias del Mufti de Jerusalén Haj Amin al-Husseini. Así, ignora por completo la rebelión árabe de la década de 1930 y la colaboración de Husseini con los nazis; presenta un segmento bastante largo de una entrevista con el difunto líder palestino Yasser Arafat desde los primeros años de su liderazgo, en la que el entonces jefe de la OLP explica que los palestinos no tienen más remedio que tomar las armas; y repite la teoría según la cual el asesinato en 1995 del Primer Ministro Yitzhak Rabin es lo que dio lugar a la desintegración del proceso de paz y no el terrorismo palestino que él fomentó, así como la demostrada mentira de que la visita en el 2000 al Monte del Templo por el entonces líder de la oposición, Ariel Sharon, fue lo que provocó la Segunda Intifada. En resumen, según el Museo Judío de Berlín, los judíos son los malos mientras que los árabes son meras víctimas.

¿Podría uno realmente haber esperado un enfoque diferente de un museo judío que, como parte de sus exhibiciones permanentes, presenta a Israel como una "parte de la diáspora de la judería alemana", junto con imágenes de judíos alemanes de izquierda que protestan contra Israel? Uno de los curadores de la exposición de Jerusalén es Cilly Kugelmann, una ex subdirectora del Museo Judío cuyas posturas post-sionistas ayudaron a convertir el museo en un centro de actividad y difusión para aquellos que niegan la existencia de Israel. Es importante señalar que el Museo Judío de Berlín no tiene vínculos con la comunidad judía local y está financiado por fondos públicos, lo que significa que el establishment alemán puede influir en el contenido exhibido y utilizar el museo para transmitir su mensaje. De hecho, eso es exactamente lo que está haciendo.

El reconocimiento de Trump de Jerusalén como la capital de Israel sirvió para revelar la hipocresía de Alemania en lo que concierne a sus lazos con el estado judío: la semana pasada, Alemania votó a favor de una resolución de la ONU presentada por Turquía y Yemen que calificaba el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel como una decisión "nula y vacía".

Alemania, junto con las otras grandes naciones de la Unión Europea, traicionó su alianza con los Estados Unidos e Israel para alinearse con los regímenes más desagradables del mundo al negar el derecho del estado judío a determinar que su capital está en Jerusalén, la más sagrada ciudad de los judíos.

Ha llegado el momento de revelar la verdadera cara de Alemania, un país que libra una lucha implacable contra Israel tanto en la UE como en las instituciones de la ONU, al mismo tiempo que afirma que la existencia y la seguridad de Israel son parte integral de sus intereses nacionales. Alemania es el mayor donante de Europa de la Autoridad Palestina, pero nunca ha pensado en exigir a los palestinos que hicieran algo por la paz a cambio de todo el dinero que les proporciona, como poner fin a la violencia y a la incitación antisemita.

Si bien esto debería ser obvio dada la historia de Alemania respecto a los judíos, parece que no está tan claro para Berlín. Alemania prefiere presionar solamente a Israel, financiando organizaciones radicales que calumnian al estado judío en todo el mundo.

Desafortunadamente, Alemania no demuestra ser un país amigo de Israel. Eso al menos mientras sus políticas actuales sigan vigentes.

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