Saturday, January 06, 2018

Añorando una Intifada: La izquierda y sus medias israelíes, los más decepcionados por la débil respuesta palestina al reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel - Israel Harel - Haaretz



Desde el momento en que Donald Trump reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, una atmósfera de profundo luto descendió sobre muchos israelíes. Algunos expresaron su furia en voz alta. Otros, bajo el dictado de la corrección política decidieron demostrar moderación y ocultaron sus sentimientos expresando su "temor a un inminente derramamiento de sangre", algo que parecía, incluso para aquellos oídos no particularmente sensibles, ser una invitación.

También se escuchó la sincera preocupación de que la declaración de Trump pudiera deshacer los lazos estratégicos que se habían ido anudando con países sunitas como Arabia Saudita. Después de todo, Jerusalén está en el alma de toda la nación árabe, y ciertamente en la de un país musulmán tan devoto como Arabia Saudita. Y nunca aceptarían la soberanía judía sobre la ciudad eterna de la nación árabe.

Esto solo profundizó la decepción generada cuando los palestinos no cumplieron con las expectativas y cometieron solamente una fracción de los ataques terroristas solicitados por Fatah, Hamas y Hezboláh. Especialmente decepcionados se mostraron los medios israelíes, que constantemente promovieron el advenimiento de escenas horribles y que, esperando que sus pronósticos se hicieran realidad, llevaron a la cima las noticias de cada incidente, incluso aquellas que no serían informadas en tiempos "rutinarios". ¡Aquí viene, aquí viene, la inevitable Intifada ya está comenzando!

Pero no fueron solamente los iraníes quienes afirmaron su desprecio hacia los "colaboracionistas", también se llevaron palos los gobernantes de Arabia Saudita y de otros países sunitas, que se abstuvieron de atacar a Trump como lo hicieron Irán, Hamas y Hezboláh. Los comentaristas israelíes, sobre todos desde la izquierda, también consideraron su moderación como una especie de "traición a la causa árabe". El día no está lejos, dijeron estos expertos analistas, cuando sus pueblos se levanten y los derroquen. Por esta vez estamos hablando de Jerusalén, que "todo ojo árabe anhela contemplar y cada corazón árabe llora su robo a la nación árabe y su entrega a los enemigos del Profeta".

Luego llegaron los compulsivos tuit de Trump golpeando la moral de esa izquierda y de esos medias israelíes afligidos por el reconocimiento de los Estados Unidos de Jerusalén : "Hemos tomado Jerusalén, la parte más dura de la negociación, fuera de la mesa". Y por si eso no fuera suficiente, otra tuit aún más cruel: "Pero ahora que los palestinos ya no están dispuestos a hablar de paz, ¿por qué tendríamos que otorgarles esa futura enorme financiación?".

Aryeh Golan, el popular periodista radiofónico, se otorgó el deber de elevar la moral de estos desmoralizados israelíes. Comparó el tuit de Trump con una carta enviada por el general antisemita británico, Evelyn Barker, a sus tropas en Palestina, en la que les pedía "castigar a los judíos de la manera que a esa raza menos le puede gustar, golpeándoles en los bolsillos y mostrándoles nuestro desprecio". La comparación resultó muy interesante. Además de revelar la profunda agitación del alma de estos medias israelíes situados en la izquierda, expresaba un "gran conocimiento y juicio". De hecho, fue por hacer tales comparaciones por las que ha estado ante el micrófono durante décadas.

No menos sintomática es la oposición de estos israelíes a la intención estadounidense de dejar de financiar al UNRWA . De acuerdo con cualquier lógica, la forma más razonable de rehabilitar a los refugiados sería sacarles de los campamentos donde se han estado petrificando durante cinco generaciones. Mientras la ONU continúe manteniendo esos campamentos, mientras sus habitantes sean educados para esperar la llegada de un particular mesías, en otras palabras, la implementación del derecho al retorno, no habrá rehabilitación ni paz para ellos o para nosotros.

Parecería que los primeros en recibir con beneplácito el final de esa financiación y el inicio una auténtica  rehabilitación (ya que los estadounidenses presumiblemente continuarían financiando la rehabilitación de los refugiados, e incluso aumentarían esa ayuda) serían los miembros del campo de la paz, es decir, la izquierda y sus medias. Pero resulta que no ha sido así. Parece ser que bastantes israelíes politicamente correctos tienen más bien interés, al igual que gran parte de los palestinos, en perpetuar los campos de refugiados, para que continúen siendo un recordatorio permanente del pecado y un testimonio del terror, el odio y la venganza: contra Israel, por supuesto.

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