Saturday, January 20, 2018

Por qué árabes y musulmanes no aceptarán a Israel como Estado judío - Mordechai Kedar - Algmeiener



Como era de esperar, el reconocimiento por parte de Donald Trump de Jerusalén como la capital de Israel provocó una indignación masiva en el mundo árabe e islámico. Esto fue por dos razones principales: una religiosa y la otra nacionalista.

La razón religiosa está arraigada en la concepción del Islam de sí mismo como una fe cuya misión es poner fin al judaísmo y al cristianismo, y heredar todo lo que alguna vez fue judío o cristiano: tierra, lugares de culto y personas. En la cosmovisión del Islam, Palestina en su totalidad pertenece solamente a los musulmanes, porque tanto judíos como cristianos traicionaron a Alá cuando se negaron a hacerse seguidores del profeta Mahoma. Su castigo es la expulsión de sus tierras y la pérdida de todos los derechos sobre ellas.

A lo largo de la historia del Islam, los musulmanes convirtieron las iglesias en mezquitas, incluida la Gran Mezquita de Ramle, la Mezquita de Bani Omaya en Damasco, la Hagia Sofía de Estambul y muchas iglesias españolas. La razón es su creencia de que el cristianismo, como el judaísmo, ha sido anulado por el Islam, haciendo que las iglesias sean innecesarias.

De acuerdo con los principios islámicos, los profetas reverenciados por estas religiones obsoletas son musulmanes. Estos incluyen a Adán, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés y Aarón. Y de acuerdo con el Islam, el Rey Salomón construyó una mezquita, no un Templo, en Jerusalén. (La brecha de 1.500 años entre el reinado del rey y el nacimiento del Islam es irrelevante para los verdaderos creyentes).

Los judíos y los cristianos pueden estar protegidos bajo el dominio musulmán al someterse al Islam en lo que se conoce como el estatus de dhimmi, lo que significa que están legalmente privados de muchos derechos, incluido el derecho a poseer tierras y portar armas. Los dhimmis están obligados a pagar un impuesto principal ( jyzia ) y deben permanecer en un estado oprimido, como lo ordena el Corán. En opinión del Islam, los judíos no son una nación sino una colección de comunidades religiosas que se encuentran en varios países: un judío en Polonia es un "polaco de religión mosaica" y un judío en Marruecos es un "árabe marroquí de la religión mosaica".

De repente, hacia el final del siglo XIX, todo cambió. Los judíos comenzaron a llegar a Palestina en un número cada vez mayor. Los sionistas "inventaron" a una nueva nación, el "pueblo judío", y decidieron que cierta parte de la Casa del Islam era su patria, conocida como Eretz Israel. Construyeron comunidades y una fuerza de combate protectora aunque, como dhimmis que deberían ser, no se les debía permitir portar armas y estaban sujetos a la protección del Islam.

En 1948, los judíos declararon realmente un estado, a pesar del hecho de que "no merecían la soberanía". Luego, en 1967, "conquistaron" Cisjordania y Jerusalén Este.

Los judíos ahora intentan orar en el Monte del Templo, lo que sugiere que el judaísmo ha vuelto a ser una religión activa, viva e incluso dinámica. Esto pone en tela de juicio la propia razón de ser del Islam. Después de todo, el Islam vino al mundo para convertir al judaísmo en obsoleto.

Los musulmanes leales a su religión y conscientes de este peligro no pueden aceptar la existencia de un estado judío, ni siquiera uno pequeño en la costa de Tel Aviv. Para ellos, Israel como el estado del pueblo judío es una amenaza teológica para el Islam y solo, de manera secundaria, una amenaza nacional, política, judicial o territorial.

El reconocimiento del presidente Trump de la existencia de Israel al reconocer a Jerusalén como su capital fue un doble golpe para el Islam: Trump, un cristiano, había otorgado un reconocimiento a los judíos. El indignado mundo musulmán pensó que esto debía ser un complot cristiano-judaico contra el Islam. La declaración de Trump les recordó (opinión que compartieron algunos judíos antisionistas) la Declaración Balfour de noviembre de 1917, acerca de la cual los árabes siguen criticando al mundo: "Hicisteis promesas a unos no propietarios que además no tenían ningún derecho a recibir esas promesas"

En las semanas posteriores a la declaración de Trump, los musulmanes de todo el mundo expresaron su furia por el sello de aprobación otorgado al Estado judío, a pesar de que el Islam se oponía a dicha existencia. Líderes y ciudadanos comunes, hombres y mujeres, tomaron las calles para demostrar su incapacidad para vivir con el hecho de que el jefe del estado cristiano más prominente hubiera reconocido la capital elegida por la nación judía y, por extensión, su derecho a su propia tierra.

Los disturbios en Wadi Ara, en el centro de Israel - con los alborotadores intentando bloquear la carretera principal y dañando autobúses públicos - fueron otra manifestación de la furia musulmana. La ubicación no es sorprendente, ya que el área de Wadi Ara incluye la ciudad de Umm al-Fahm, donde se encuentra la principal concentración de la Rama del Norte del Movimiento Islámico, encabezada por el infame Raed Salah. La Rama del Norte ha sido declarada ilegal, junto con algunas de las organizaciones más pequeñas que ha fomentado, lo que provoca que sus miembros no tengan forma legal de expresar su furia ante la existencia del Estado de Israel. Con pocas alternativas, actúan en el espacio público como individuos sin una identidad organizativa.

En general, se acepta que la lógica que sustenta al movimiento nacional palestino se basa totalmente en la negación del derecho del pueblo judío a su tierra y a un estado. La Organización de Liberación de Palestina (OLP) se estableció en 1964 cuando solamente las únicas áreas "ocupadas" eran Tel Aviv, Tiberias, Safed, Acre y Haifa... (todas las ciudades israelíes, en definitiva). Su misión era destruir el Estado de Israel, un objetivo que los árabes expresaron abiertamente antes y después de la Guerra de 1948.

A pesar de lo que algunas personas piensan, la OLP nunca ha enmendado su carta orgánica pidiendo la destrucción de Israel, tal como prometió Yasser Arafat a Yitzhak Rabin. Los Acuerdos de Oslo y los acuerdos con la OLP que siguieron a su paso no valieron nada. Aquellos que persisten en esa creencia falsa sobre las intenciones de la OLP, a pesar de la abundante evidencia de la perfidia de Arafat y de su sucesor, Mahmoud Abbas, continuan fomentando la ilusión de paz en los corazones de unos israelíes cansados ​​de la guerra para intentar anestesiarlos en el proceso.

El objetivo del movimiento nacional palestino es la creación de una nación palestina artificial (desde cero, porque históricamente nunca ha existido tal nación). Y debería hacerse permanente construyendo un estado árabe en las ruinas de Israel, no a su lado. Esta es la razón por la cual no hay un sólo mapa de Israel que puedan hallar en Cisjordania o Gaza. Cada mapa palestino muestra una Palestina con los colores de la bandera de la OLP y que se extiende desde el mar Mediterráneo hasta el río Jordán.

Fíjense en la keffiya de la OLP, que muestra las palabras "Nuestra Jerusalén" a la derecha y "Falestin" a la izquierda.

El mundo, y especialmente Europa, a veces parece dividirse entre: a) personas inocentes que apoyan un estado palestino para alcanzar la paz y b) aquellos que odian a los judíos y comprenden completamente las intenciones de la OLP y los apoyan de todo corazón.

Todo el mundo árabe, incluidos los que firmaron los tratados de paz con Israel (Egipto y Jordania), ignoran intencionalmente los planes reales de la OLP y tratan a la organización como el único representante legítimo del pueblo palestino. Si la OLP logra llevar a cabo sus planes, nadie en Jordania o Egipto va a llorar la muerte de Israel.

Los seguidores de Arafat creían que si lograban mover a Jerusalén fuera de las fronteras de Israel, muchos judíos perderían toda esperanza y abandonarían Israel por los países de donde vinieron ellos o sus padres. Este será el comienzo del fin de la empresa sionista, porque no hay sionismo sin Sión o Jerusalén. Es por eso que gastan tanta energía en Jerusalén. Mientras la mayoría de los países se niegue a reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, la ciudad será el eslabón débil de la cadena que mantiene unida a Israel.

Arafat intentó asustar a los israelíes con el lema: "Un millón de mártires  marcharán sobre Jerusalén", lo que significa que millones están dispuestos a arriesgar sus vidas para liberar a la ciudad de las garras sionistas. Este mantra se ha internalizado en la sociedad islámica y se puede escuchar en manifestaciones anti Israel en todo el mundo.

El reconocimiento de Trump de Jerusalén como la ciudad capital de Israel le dio un duro golpe a la narrativa nacionalista palestina y le dio a Israel una especie de póliza de seguro. Esto enloquece a los árabes que crecieron con el sueño de destruir a Israel durante los años de Oslo. Ahora ha quedado claro que una nación muy poderosa, los EEUU, que no se ve a sí misma como socio de ese sueño, e incluso está dispuesta a actuar en contra de él.

Los árabes en general, y particularmente los palestinos, ya parecen estar viendo como se derriba su castillo en el aire. La República Checa, Hungría y otros estados importantes están considerando mudar sus embajadas de Tel Aviv a Jerusalén en reconocimiento de que esa ciudad es la capital de Israel. En abril de 2017, incluso el presidente ruso Vladimir Putin declaró su reconocimiento de Jerusalén occidental como la ciudad capital de Israel. No hubo protestas en respuesta a la declaración de Putin por una simple razón: los árabes tienen un miedo mortal a Putin después de haber dejado muy claro hasta qué punto está dispuesto a ir en lo referente a la guerra en Siria, y se abstienen cuidadosamente de reaccionar a sus declaraciones o decisiones.

Por razones tanto religiosas como nacionalistas, los árabes y los musulmanes son incapaces de aceptar a Israel como el Estado judío que es.

La pregunta que los israelíes, tanto judíos como cristianos procedentes de la Unión Soviética, se ven obligados a hacerse es si van a reconocer el problema musulmán y árabe, si van a reconocer en términos inequívocos que Jerusalén pertenece a los judíos, y si reconocen que van a tener que aprender a vivir con eso, o bien si van a ceder ante los sueños árabes y musulmanes que se niegan a aceptar la realidad de que la religión judía está viva y tiene buena salud.

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