Friday, February 23, 2018

El acuerdo con Irán de Obama ya es oficialmente un desastre y su resultado es el caos. Pero en esos momentos, ¿dónde estaban (todos los coristas de Obama)? - Lee Smith - Tablet



"Desde que el gobierno de Obama y sus socios en la negociación llegaron a un acuerdo con Irán en julio de 2015", escribió recientemente Joshua Keating en Slate, "los conflictos sectarios en el Oriente Medio se han vuelto más profundos, más violentos y más intratables. Desde el medio millón de personas asesinadas en Siria hasta el estallido del ISIS y la masiva crisis de refugiados que ha puesto a prueba las capacidades humanitaria del mundo y ha contribuido al incremento de los populistas de derecha en Occidente, ahora es mucho más difícil decir que Obama tomó la decisión correcta al priorizar el acuerdo con Irán por encima de todo".

Nadie que haya estado leyendo Tablet de manera casual durante los últimos cuatro años puede sorprenderse al saber que esta iniciativa de política exterior de Barack Obama no fue solamente un acuerdo armamentista, sino que supuso en realidad un instrumento utilizado para reequilibrar los intereses de los EEUU, Degradando a los aliados tradicionales como Israel, así como a Arabia Saudita, y optando por Irán. La esperanza, le dijo Obama a un entrevistador, era crear un "equilibrio geopolítico  en el que hubiera competencia, tal vez sospechas, pero no una guerra activa o de poder". Dado el pobre resultado de esa esperanza, no debería ser una sorpresa que en lugar de la aireada y evasiva noción de "equilibrio geopolítico", en cambio, se haya desatado un caos.

Sin embargo, la evaluación sincera de Keating es de interés periodístico porque proviene de un escritor que previamente abogó por el JCPOA (Plan de acción integral conjunto para un acuerdo con Irán). Como evidencia de que puede haber estado equivocado, Keating enumera varios ejemplos de caos regional, como la guerra en Yemen con civiles atrapados entre representantes iraníes y fuerzas sauditas. Su cambio de corazón, explica, también está inspirado en parte por una confesión realizada por el ayudante de la Casa Blanca Ben Rhodes en el recientemente publicado documental sobre el equipo de política exterior de Obama durante 2016, The Final Year. Rhodes, escribe Keating, reconoce que "la renuencia de Obama a intervenir en una mayor medida en Siria estuvo motivada en parte por el deseo de lograr un acuerdo nuclear con el patrón de Bashar al-Assad, Irán".

Keating ahora piensa que fue una mala decisión. "Viendo las devastadoras consecuencias de la guerra siria, no solo para ese país sino para la región y el mundo, es difícil no argumentar que Obama debería haber convertido a Siria en el foco principal y abrumador de su política exterior, con exclusión de casi todo incluso condenando el acuerdo con Irán".

Aun así, el artículo de Keating debe haber sido una sorpresa para los colegas que, aunque no son menos conscientes de la realidad actual en el Oriente Medio, apenas se atreverían a reevaluar su defensa del tratado de Irán en forma impresa, incluso con el permiso de Ben Rhodes. Una respuesta al artículo de Keating muestra por qué. "Una reflexión inteligente", tuiteó el escritor de asuntos exteriores del Washington Post, Ishaan Tharoor, "despojado de la demagogia neoconservadora y de la histeria de los sospechosos habituales".

Es decir, el argumento que utiliza Keating sería incorrecto cuando lo emplearan personas excesivamente emocionales que son impulsadas por lealtades sospechosas. Pero Keating es uno de los nuestros, y no es un demagogo "neocon".

Los insultos arrojan luz sobre la verdadera naturaleza del debate sobre el acuerdo con Irán, que comenzó con el segundo mandato de Obama y continúa hasta el de Trump. Resulta que para muchos participantes, ya sea en la prensa, en los think tanks de Washington o incluso en la comunidad pro israelí, el debate nunca fue sobre la calidad del argumento o las evidencias presentadas, ni siquiera sobre el impacto probable de las políticas debatidas. No, el acuerdo con Irán era una especie de señal de virtud que utilizaba las vidas de decenas de millones de personas que vivían en el Oriente Medio como accesorios, y cuya palabra de odio favorita era "neocon", una palabra que se aplicaba con entusiasmo a las personas de distintas inclinaciones y tendencias políticas muy diversas, especialmente si eran judías.

Dejando de lado el hostigamiento judío, la verdadera naturaleza de las políticas de Obama en el Oriente Medio, que se centraron en la perspectiva y luego en la realidad de un acuerdo con Irán desde el comienzo de su presidencia, fue visible para cualquiera que se preocupara por observar y analizar. Antes incluso del inicio del segundo mandato de Obama, cuando un acuerdo nuclear con Irán se convirtió en la auténtica prioridad de la Casa Blanca, ya expliqué que la administración Obama nunca se tomó en serio la decisión de detener el programa nuclear iraní y nunca usaría la fuerza militar para conseguirlo. No hubo nada particularmente brillante o penetrante en mi análisis, que se basó principalmente en las declaraciones y acciones de Obama. Lo que me sorprendió fue que cientos de otras personas aparentemente estaban decididas a negar la realidad.

Fue claro a partir de 2014 que el objetivo del acuerdo, como ya expliqué, fue realinear los intereses estadounidenses con los de Irán. Escribí que ignorar el antisemitismo que inspira a los líderes iraníes y llenar sus arcas de dinero desencadenaría al régimen clerical y facilitaría sus ambiciones expansivas, llegando incluso a los Altos del Golán. Parecía claro que Irán no gastaría el dinero de las sanciones en la reparación de la economía, tal como lo sugerí, sino en las armas, el terrorismo y la guerra.

Expliqué que inclinándose contra los aliados estadounidenses de siempre los pondría en riesgo, al igual que a los intereses de los EEUU, aumentando la probabilidad de una guerra desde el Golfo Pérsico al Mediterráneo oriental.

Obviamente, la administración Obama no trato de despedir a Assad por el bien de Irán, ya que, como escribí un año después del conflicto sirio, derrocar a Assad sería castigar a su aliado Irán, que era lo último que deseaba la Casa Blanca. En cambio, la administración Obama protegió a Assad incluso cuando el déspota sociópata sirio envió más cadáveres a través de sus picadoras de carne, incluso cuando amenazó con bombardear a civiles. Expliqué que el famoso libro de 2002 de la embajadora estadounidense en la ONU, Samantha Power, The Problem from Hell, que describe cómo Estados Unidos ignora los genocidios, sirvió como libro de estrategia de la administración Obama para ignorar el genocidio de Assad contra la población sunita de Siria.

A pesar de la preocupación actual sobre las intenciones de Rusia de socavar los intereses estadounidenses, en el 2012 ya comenté que la administración Obama había llegado a un acuerdo con Moscú sobre Siria que permitía a los rusos mantener en el poder a su cliente Assad. Expliqué que no importaba la fingida diplomacia que desplegaba la administración Obama para “conseguir” que Vladimir Putin hiciera lo correcto en Siria, en realidad cedía los intereses estadounidenses mientras facilitaba un genocidio para aplacar a Rusia.

Y es precisamente ahora cuando los negadores más ofensivos, que por entonces defendían ferozmente el acuerdo, admiten que lo que fue completamente cierto desde el principio también es cierto para ellos. Ben Rhodes admite que el acuerdo con Irán era la prioridad que se tenía entre manos, y que si se hubiera hecho algo con respecto a Siria, no habría habido ningún acuerdo. Slate, que, como casi toda la prensa, presionó para la aprobación del JCPOA mientras denostaba a los opositores en el Congreso y la comunidad pro-Israel, ahora publica un extenso artículo donde se admite que el acuerdo con Irán fue un error. Sí, Josh Keating merece crédito por su nueva evaluación. Pero seamos honestos, simplemente está reconociendo esa realidad que ya no es posible ignorar y que los hackers de la cámara de eco promovida por Ben Rhodes decidieron ocultar. Miren ahora lo que publica el New York Times, realmente hay auténticas bases iraníes en Siria y tropas iraníes en los Altos del Golán. Irán realmente se gastó los $ 140 mil millones en armas, no en su propia gente, que se amotina en las calles contra el régimen.

Lo que me molesta no es que la administración Obama y sus apoyos en los medios de comunicación estuvieran equivocados sobre una cosa, como el JCPOA, que implicaba el realineamiento o la guerra siria. En realidad es que estaban equivocados sobre todo en el Oriente Medio, al igual que George W. Bush estaba catastróficamente equivocado sobre Irak. La diferencia es que en aquel entonces, Estados Unidos aún mantenía su palabra con sus aliados, Rusia no estaba en el Oriente Medio  e Irán no estaba repleto de efectivo que le proporcionábamos para construir una bomba. Resultó que los niños inteligentes eran incluso más tontos que los niños tontos. Y cuatro años de insultos y pensamiento partidista e ideológico no alteraron la realidad ni un poco.

Resultó que no era necesario ser inteligente para hacerlo bien. No era necesario ser un analista del Oriente Medio. No era necesario haber vivido y viajado mucho por la región o conocer algún idioma del Oriente Medio. Ser honesto y hacer argumentos basados ​​en las evidencias, sin duda habría ayudado.

Sí, la administración Obama se sentía incómoda con gente como Josh Keating, Dennis Ross, Aaron David Miller o cualquier otra persona que dijera algo, incluso si tenían sus dudas en privado. En 2012, expliqué cómo la administración Obama estaba apuntando a un sector políticamente activo del público estadounidense que estaba preocupado por el programa nuclear iraní, es decir, judíos estadounidenses, y especialmente judíos demócratas. Durante el verano de 2015, cuando la Casa Blanca estaba haciendo todo lo posible para cerrar el acuerdo, informé aquí en Tablet cómo funcionarios de la administración Obama, como John Kerry e incluso el propio presidente, amenazaron a un grupo en particular que se oponía al acuerdo con Irán, acusándoles de doble lealtad, traficantes de guerra y de estar en deuda con los donantes, los lobbies, etc... Ya saben, los sospechosos de siempre y su demagogia neocon.

Para ser claro, estaban hablando de los judíos estadounidenses, acerca de la comunidad pro israelí, del liderazgo judío estadounidense, de los judíos estadounidenses normales. En suma, sobre cualquiera que pensara o razonara de manera diferente a como ellos lo hacía, es decir, todos aquellos que tenían razón cuando ellos eran los equivocados.

Despierten. Estados Unidos es un país libre: Augie March caminó aquí, de la misma manera que lo hizo Walt Whitman. Estados Unidos necesitaba a los judíos estadounidenses precisamente en el momento en que decidieron que era más importante ser "leal" a un partido y a un presidente que ser fieles a su propio genio y decir lo necesario.

Escuchen, no importa qué tan fuerte grite alguien o qué nombres les pongan. Aún puede registrarse en cualquier partido político que desee y nadie puede expulsarlo, incluso el presidente de los Estados Unidos. Todos ustedes pueden permanecer demócratas, o convertirse en comunistas, o incluso republicanos. Pero por favor, hagan lo que hagan, simplemente dejen de poner excusas y de parecer tontos. Estados Unidos ya tiene suficientes conformistas atemorizados en ambos lados del espectro político que temen decir lo que piensan o pensar por sí mismos.

Estados Unidos necesita que los judíos estadounidenses piensen de manera diferente y ayuden a otras personas a ver la verdad. Como escribió una vez mi jefe aquí en Tablet, Estados Unidos necesita que sus judíos sean judíos. Estados Unidos necesita que los judíos hablen verdades incómodas, sin importar quién tenga el poder, y no importa de quién sea la vaca sagrada. También nos impedirá ser cómplices del genocidio e intentaremos explicar eso a nuestros hijos.

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