Sunday, February 04, 2018

Israel no está deportando refugiados - Emmanuel Navon - Times of Israel



La decisión de Israel de expulsar a los inmigrantes ilegales (y redirigir a algunos de ellos a terceros países) ha suscitado duras críticas tanto en Israel como en el extranjero. El debate sobre este polémico tema es bienvenido, pero debe ser justo y estar basado en los hechos.

Hay 37.288 inmigrantes ilegales en Israel. El 71% de ellos son de Eritrea, el 21% de Sudán, el 7% de otros países africanos y el 1% de países no africanos. La mayoría ingresó ilegalmente a Israel desde el Sinaí entre 2006 y 2012, y muchos viven en el sur de Tel-Aviv. La entrada ilegal a Israel desde el Sinaí durante esos años fue posible porque la frontera entre Israel y Egipto sólo estaba marcada por una cerca baja y fácilmente traspasable. En 2010, Israel comenzó la construcción de una barrera inexpugnable que se completó en el 2013. Esta barrera ha puesto fin a la inmigración ilegal.

Al igual que otros signatarios de la Convención de Refugiados de la ONU (1951), Israel está obligado a otorgar el estatuto de refugiado a las personas que huyen del "genocidio, la guerra, la persecución y la esclavitud por parte de regímenes dictatoriales". Lo hizo en 1977 cuando aceptó a "la gente del barco" vietnamita, rechazada por otros países. Lo ha estado haciendo para el pequeño porcentaje de inmigrantes africanos que son verdaderos solicitantes de asilo. Los inmigrantes de Eritrea reclaman el estatus de refugiado debido a la dureza del servicio militar en Eritrea. Esta reclamación ha sido rechazada por el gobierno suizo, por razones que la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO) justificó en su mayoría en su informe de 2016. En cuanto a los inmigrantes sudaneses, llegaron a Israel a través de Egipto, un país donde sus vidas ya no corrían peligro. Israel considera que los sudaneses de Darfur son un caso especial, sin embargo,

Israel teóricamente podría mantener a los inmigrantes ilegales por motivos altruistas (tal como defienden principalmente los grupos judíos estadounidenses), pero el gobierno israelí, al igual que cualquier gobierno responsable también debe tener en cuenta el bienestar propio de sus ciudadanos (algunos argumentarían que esa debería ser su preocupación principal). Los residentes del sur de Tel-Aviv son víctimas del aumento de las tasas de delincuencia y del deterioro de las condiciones de vida. Ellos también tienen derechos humanos. Algunos afirman que los inmigrantes ilegales deberían extenderse por todo el país para aliviar la carga que afronta la población del sur de Tel-Aviv, sin embargo, cuando el gobierno israelí intentó hacer justamente eso (en 2009), la Asociación de Derechos Civiles de Israel solicitó al Tribunal Superior de Justicia que no aplicara esta política, alegando que infringía la libertad de circulación.

Además, a diferencia de países grandes y envejecidos como Alemania y Japón, Israel es un país pequeño y densamente poblado con unas altas tasas de natalidad, y por lo tanto no tiene la necesidad ni la capacidad de legalizar la migración laboral ilegal. Por lo tanto, Israel reenvía a los inmigrantes ilegales a sus países cuando no son elegibles para el estatus de refugiado. Israel solo está expulsando a los inmigrantes ilegales que son solteros, y ha dejado en claro que no expulsará a las familias.

Israel está lejos de ser la única democracia que devuelve inmigrantes ilegales. Estados Unidos expulsa a 400.000 inmigrantes ilegales cada año. Alemania ha estado enviando inmigrantes ilegales a Afganistán, e Italia a Sudán. En 2017, Alemania expulsó a 80.000 inmigrantes ilegales. A partir de febrero de 2018, el gobierno alemán pagará a los inmigrantes ilegales cerca de 3.000 € como incentivo para regresar a sus respectivos países. Esta política es coherente con las directrices del Consejo Europeo, que declaró el 19 de octubre de 2017 que es favorable a los "planes de reasentamiento voluntario" para los inmigrantes ilegales.

Algunos afirman que Israel solo está expulsando a los inmigrantes ilegales de África, pero no a los de la Europa oriental. Esta acusación es maliciosa y falsa. En 2017, Israel expulsó a muchos más inmigrantes ilegales de Ucrania (3.361) y de Georgia (844) que de Etiopía (40). Israel es el único país del mundo que trajo africanos (judíos etíopes en 1985 y en 1991), no para esclavizarlos, sino para liberarlos.

Israel no puede devolver a los inmigrantes sudaneses ilegales a su país porque Israel y Sudán no tienen relaciones diplomáticas. Esta es la razón por la cual Israel está redirigiendo a algunos inmigrantes sudaneses ilegales a terceros países como Uganda y Ruanda (y les otorga un estipendio de 3.500$, que cubre un año y medio de ingresos). El Tribunal Superior de Justicia de Israel dictaminó en diciembre de 2017 que: (a) La convención de refugiados de la ONU permite la redirección de inmigrantes a terceros países cuando sus vidas no están en peligro en esos países, y (b) que no hay evidencia de que las vidas de los inmigrantes corran peligro en Ruanda y en Uganda.

Israel tampoco es la única democracia que redirige a los inmigrantes ilegales a terceros países. Australia, por ejemplo, redirige rutinariamente a los inmigrantes ilegales a Papúa Nueva Guinea.

Israel es un refugio seguro para todos los judíos, así como para los solicitantes de asilo no judíos que cumplen con los criterios de la Convención de Refugiados, esos mismos criterios que la mayoría de los inmigrantes ilegales no tienen. La política de Israel es consistente con el derecho internacional y con la práctica de otras democracias, y no debe juzgarse por estándares más altos.

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