Friday, February 23, 2018

La nueva vieja obsesión europea - Sohrab Ahmari - Commentary



¿Europa todavía quiere a sus judíos, y pueden aún los judíos encontrar su pertenencia en Europa? Pregúntenles a Angela Merkel, Emmanuel Macron y al jefe de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, y ellos responderán afirmativa y firmemente. Sin embargo, sus seguridades suenan huecas en medio de un resurgimiento de la vieja e insana obsesión de Europa con los judíos.

Las últimas señales llegaron este mes desde Bruselas y Varsovia, ilustrando muy bien tanto el alcance geográfico de la obsesión judía de Europa como las diversas formas que puede tomar dependiendo del contexto político.

Comencemos con Bruselas y el Parlamento Europeo. El cuerpo legislativo de la UE celebrará una conferencia el 28 de febrero sobre los asentamientos israelíes, una perenne incógnita de Bruselas, a pesar del hecho de que unas pocas comunidades judías en Cisjordania están lejos de ser el problema más acuciante de toda la región. Entre los oradores estará el activista palestino de origen qatarí Omar Barghouti. La invitación a Barghouti fue cortesía de Ana Gomes, miembro portugués de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, del segundo bloque más grande en el Parlamento Europeo.

Como los líderes judíos europeos señalaron en una carta a Antonio Tajani, el presidente del Parlamento Europeo, Barghouti aboga por un boicot económico, cultural y académico total contra Israel y niega el derecho del Estado judío a existir. Barghouti dice que se opone a una solución "binacional" al conflicto israelo-palestino sobre la base de que tal solución "plantea dos suposiciones problemáticas: que los judíos son una nación , y que esa nación tiene derecho a existir como tal en Palestina". Barghouti, en otras palabras, no es solo otro crítico de los asentamientos sino un fanático que invitaría a los europeos a aislar al pueblo judío y a su estado.

Los boicots económicos contra los judíos tienen una larga y odiosa historia en Europa, pero ahora están siendo retransmitidos en el Parlamento Europeo bajo el pretexto de una crítica de elevada moral de Israel.

Mientras tanto, en Varsovia, el gobierno nacionalista del partido Ley y Justicia acaba de poner fin a la amistad polaco-judía y polaco-israelí. Primero vino un equivocado proyecto de ley del Holocausto que proscribe el uso del término "campos de exterminio polacos" y frases similares, y criminaliza los argumentos históricos sobre la complicidad polaca en la Shoah. Ese proyecto de ley se convirtió en ley con la oposición de los amigos de Polonia en Washington y Jerusalén. Ahora, un funcionario de Ley y Justicia ha presentado una propuesta para un museo "Polocausto" para conmemorar a las víctimas polacas no judías de los nazis.

"Creo que la historia de cómo se veía el destino de los polacos durante la Segunda Guerra Mundial... merece ser contado y mostrado de esta manera [en un museo]", dijo el martes el viceministro de Cultura, Jaroslaw Sellin, a los medios estatales. "Basta leer los documentos oficiales alemanes de estos tiempos o el libro de Hitler para saber que después de los judíos, a quienes quería borrar por completo de Europa... los siguientes [objetivos] eran en general los eslavos, especialmente los polacos".

No hay nada de malo en recordar los crímenes nazis cometidos contra el pueblo polaco, que fueron vastos y horribles. Pero un museo de "Polocausto" huele a un deseo de competir con las víctimas judías y socavar, en la mente polaca, el mal único e incomparable del Holocausto judío. Los alemanes asesinaron a seis millones de judíos, y la mitad de ellos vivía en Polonia. Además hablar del "Polocausto", presta munición a los enemigos de Polonia, esos que buscan retratar al país como irremediablemente provinciano y esclavo de un nacionalismo autocompasivo y corrosivo.

Un continente cuyas élites dan plataformas a gente como Barghouti y a unos nacionalistas que hablan de un "Polocausto", no es un lugar seguro para los judíos.

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