Saturday, April 21, 2018

En realidad no importa J Street - Jonathan Tobin - JNS



El senador Bernie Sanders tiene razón sobre una cosa. El ex y quizás futuro candidato para la nominación presidencial demócrata está en lo correcto cuando dijo en la conferencia de J Street del pasado fin de semana que oponerse a las políticas del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu "no nos hace anti-Israel".

Es verdad. A muchos israelíes no les gusta Netanyahu, y muchos se oponen a sus políticas. Los estadounidenses pueden apoyar al estado judío - y su derecho a existir y defenderse - mientras siguen pensando que su gobierno está equivocado en cuestiones clave. En la medida en que el grupo cumpla con su lema de ser "pro-Israel" y "pro-paz", tiene derecho a un lugar en la proverbial tienda judía.

Pero absolverlo, al menos en principio, del cargo de ser "anti-Israel", no es lo mismo que decir que el grupo es inocente a la hora de tomar unas posiciones sobre el Oriente Medio que son profundamente falsas, si no completamente deshonestas. Además, en la medida en que los miembros proporcionan cobertura a una Autoridad Palestina que sigue siendo el principal obstáculo para la paz y tratan de ocultar la verdad sobre el conflicto con los terroristas islamistas de Hamas, ni ayudan a Israel ni promueven la causa de la paz.

Todo lo cual explica por qué, a pesar de la variedad de funcionarios del partido Demócrata y ex miembros de la administración Obama en su conferencia, J Street es completamente irrelevante en los esfuerzos por resolver el conflicto con los palestinos.

El propósito de J Street durante la mayor parte de la última década fue servir como un coro de palmeros judíos que aplaudían las políticas de Obama de "crear más luz" entre los Estados Unidos e Israel, así como para apoyar el acuerdo nuclear de Irán. La impopularidad de aquellos que se encuentran entre la mayoría de los activistas pro-Israel, incluidos los liberales que respaldaron al presidente Barack Obama, explica por qué J Street se ha quedado muy por debajo de su objetivo de eclipsar al principal lobby judío AIPAC.

Desde enero de 2017, J Street ha defendido el legado de Obama y se opone decididamente a las políticas de la administración del presidente Donald Trump, incluso cuando cuentan con el apoyo de la mayoría de los judíos, como su reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel y la exigencia a la Autoridad Palestina que deja de subsidiar el terrorismo. Tales posiciones de J Street son erróneas y estúpidamente partidistas, pero mientras esté dispuesto a oponerse al movimiento BDS que lidera una guerra económica y de legitimidad contra Israel, coloca a la organización en el campo sionista.

Además, el enfoque en J Street echa de menos lo que se ha convertido en el verdadero cambio en la causa pro-israelí entre los judíos estadounidenses. El ascenso de Jewish Voices for Peace (JVP), una organización abiertamente antisionista dedicada a oponerse a la existencia de Israel como un Estado judío, ha disminuido la importancia de J Street. El apoyo de JVP al "derecho al retorno" palestino, que es sinónimo de la destrucción de Israel y a  otras posiciones antisemitas, lo convierte en un socio más natural para los grupos pro-palestinos e izquierdistas muy activos en los campus universitarios estadounidenses. Con la oposición izquierdista a Israel impulsada por la interseccionalidad - la creencia de que la guerra contra el sionismo es lo mismo que la lucha contra el racismo -, J Street ha perdido terreno ante su competidor de la izquierda más radical. De hecho, en la medida en que J Street sirve como un oponente liberal al BDS, en realidad podría servir para un propósito útil.

Pero el problema es que la organización está tan comprometida con la lucha contra el gobierno de Israel que a menudo hace causa común con algunos de los enemigos del Estado judío en el campus y, como tal, pasa más tiempo atacando las medidas israelíes de autodefensa contra el terror que luchando contra el BDS y el antisionismo. Lo mismo se aplica a sus pronunciamientos oficiales en su conferencia cuando proporcionaba una plataforma para la Autoridad Palestina.

En la conferencia de J Street, el representante palestino afirmó que un estado palestino "celebraría la conexión judía con Jerusalén". La multitud en la conferencia aplaudió esta declaración, así como su afirmación de que la Autoridad Palestina quiere una solución de dos estados, todo ello a pesar de que ha rechazado repetidamente ofertas de estatalidad y no ha reconocido la legitimidad de un Estado judío sin importar dónde se tracen sus fronteras.

Solo unos días antes, el líder de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, le dijo a WAFA, su agencia oficial de noticias, que no "entregaría. . . cualquier parte de Jerusalén". Como siempre, la Autoridad Palestina dice una cosa a su propia gente y otra a sus necios apologistas en Occidente. J Street también se opone a la Ley Taylor Force, que condiciona la ayuda estadounidense a la Autoridad Palestina a que termine su práctica de pagar salarios y pensiones a los terroristas y sus familias, e ignora la incitación diaria al odio contra Israel y los judíos por los medios oficiales y escuelas palestinas.

Muchos en la conferencia, incluyendo a Sanders, denunciaron el "bloqueo" de Gaza, además de la conducta de las Fuerzas de Defensa de Israel al rechazar los ataques a su valla fronteriza por las continuas "Marchas del Retorno" organizadas por Hamas. Oponerse al bloqueo es apoyar el libre flujo de armas y municiones a un estado terrorista y considerar "pacíficas y no violentas" unas marchas cuyo propósito es potenciar la invasión y destrucción de Israel y cuyos participantes arrojan bombas incendiarias y tratan de destrozar la valla, es cualquier cosa excepto considerarse "pro-Israel" o "pro-paz".

A diferencia de los partidarios de J Street , la abrumadora mayoría de los israelíes entiende la verdad sobre el repetido rechazo de la Autoridad Palestina a la paz. Saben que ni Abbas ni sus rivales de Hamas quieren una solución de dos estados. Hasta que eso no cambie, la mayoría de los israelíes considera que cualquier conversación sobre una retirada territorial es una locura. Los israelíes que comparten los puntos de vista de J Street, como el partido Meretz de extrema izquierda, siguen marginados. Lo que falla en J Street es lo lejos que se alejan del trabajo de apoyar al sionismo desde una perspectiva liberal, en lugar de simplemente dedicarse a odiar a Trump y Netanyahu, y ser muy poco comunicativo y empático con la opinión pública israelí.

A pesar de la atención obsesiva que recibe de sectores de la izquierda y de algunos de la derecha, lo más importante que se debe saber sobre J Street no es lo que cree, sino cuán irrelevante es para la realidad del  Oriente Medio.

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