Wednesday, May 16, 2018

Los palestinos en Gaza están muriendo por una foto y los medios son cómplices - Liel Leibovitz - Tablet



 "Estamos emocionados de poder irrumpir (a través de la valla fronteriza) y entrar (en Israel)", dijo ayer un hombre de Gaza de 23 años llamado Mohammed Mansoura al Washington Post. Cuando se le preguntó qué haría dentro de Israel, el periódico informó que les contestó: "Lo que sea posible, matar, arrojar piedras".

Cuando Israel retiró a cada último soldado y colono de la Franja de Gaza en el 2005, solo los más cínicos y amargados predijeron que el fin de la ocupación de Israel de 1,3 millones de palestinos causaría una miseria aún mayor a palestinos e israelíes por igual. Después de todo, el hombre que encabezó la retirada, el primer ministro israelí Ariel Sharon, no era ningún ingenuo. La única forma en que las cosas podrían empeorar en Gaza después de una retirada israelí, razonaron las personas más sobrias, sería si los propios palestinos eligieran líderes que estuvieran decididos a sacrificar el bienestar de cada persona que vive en Gaza por una campaña desesperada y continua de terror transfronterizo contra Israel.

Absurdo, ¿verdad? Tristemente, eso es exactamente lo que sucedió, lo que llevó a guerras devastadoras en el 2009 y 2014,y donde el fracaso palestino condujo a su vez a la reciente decisión de Hamas de lanzar una serie de asaltos mediante oleadas humanas contra Israel propiamente dicho. Como no existe ningún estado en la tierra que permita que sus fronteras sean invadidas físicamente por turbas que incluyan a terroristas con explosivos y armas, el resultado de estos ataques fue evidente: Hamas volvería a perder.

Para mostrar su fuerza, se suponía que Hamas debía convocar varios cientos de miles de habitantes de Gaza para atacar y asaltar la frontera, y matar a los israelíes que encontraran de paso dentro de Israel. En su lugar, resultaron ser apenas unas cuarenta mil personas, lo que significa que la mayoría de los miembros de Hamas en Gaza se excluyeron de esta locura. Pero el espantoso cálculo que Hamas ha impuesto tanto a palestinos como a israelíes, su táctica de utilizar a inocentes ciudadanos de Gaza como escudos humanos y arietes de asalto para atacar las fronteras de Israel ha demostrado ser nuevamente un fracaso.

No obstante, Hamás ganó de todos modos al dar a los medios occidentales la oportunidad de yuxtaponer imágenes de Donald Trump y de su familia con imágenes de palestinos muertos. A cambio de esas preciosas imágenes, los medios estuvieron más que felices de borrar los hechos, como por ejemplo que Israel se retiró de Gaza en 2005, que los ataques a las fronteras de Israel han estado sucediendo durante semanas, o que Hamas es una organización terrorista antisemita, misógina, homofóbica y que pretende imponer un culto teocrático.

Sin embargo, la posibilidad de golpear a Trump y demonizar a Israel hacía que valiera la pena, por lo tanto se blanquearon esos hechos y los crímenes de Hamas, y mientras más palestinos enviara Hamas a morir en el asalto, mejor sería la fotografía.

Seguramente, nadie podría ser tan cínico y malvado, ¿verdad? Déjenme que The New York Times les cuente la historia: "Los soldados israelíes usaron gases lacrimógenos y disparos para evitar que los manifestantes palestinos cruzaran la valla fronteriza con Gaza", informó el periódico que autoproclama el "diario de referencia" a sus 15 millones de seguidores en Facebook, "matando al menos a 52 según funcionarios palestinos. A 40 millas de distancia, los funcionarios celebraron la reubicación de la Embajada de los EEUU en Jerusalén". En caso de que se pierdan esta trama siempre sutil, el artículo contiene dos fotografías, una encima de la otra, mostrando a los palestinos en cuclillas entre una nube de humo negro y la segunda a Ivanka Trump apuntando a la piedra angular del nuevo edificio con el nombre de su padre.

El  Daily News llevó la historia un paso más allá con sus acusaciones de causalidad: "Decenas de palestinos asesinados por las fuerzas israelíes en la frontera con Gaza, con miles heridos en las protestas por su traslado a Jerusalén", decía su titular, ignorando alegremente el hecho de que "protestas" resulta un término perturbador para referirse a unos violentos y constantes asaltos a la frontera de una nación soberana orquestados por una organización terrorista, y que llevan sucediéndose desde hace semanas.

Incluso el ex director de la CIA John Brennan, que ahora pasa sus días en Twitter, compró la historia del día: "Las muertes en Gaza son el resultado de una total indiferencia de Trump y Netanyahu por los derechos palestinos y por su patria", tuiteó. "Al trasladar la embajada a Jerusalén, Trump jugó a la política y destruyó el rol de pacificador de los Estados Unidos. La nueva generación de israelíes / palestinos necesita aislar a los extremistas para encontrar el camino hacia la paz".

No es particularmente sorprendente que Hamas, un grupo terrorista asesino que rutinariamente utiliza a civiles, incluidos niños, como escudos humanos, escenifique una obra teatral tan espantosa, incentivando a decenas de miles de ciudadanos a los que sistemáticamente ha robado un sustento y un futuro ofreciendo premios en efectivo para atacar la frontera israelí. Pero es alarmante que tantos en los medias y en el establishment de la política exterior occidental se hayan tragado esta cínica y mortal provocación, pretendiendo que los disturbios tenían realmente que ver con Trump, y luego castigar a Israel por defender sus fronteras de los alborotadores que abiertamente admitían que su objetivo era asesinar a los judíos que pillaran en su camino.

 ¿Acaso fueron las guerras más letales con Hamas de 2009 y 2014 causadas por Barack Obama? Por supuesto que no.

La calificación de las turbas que atacaban las fronteras de Israel como meros "manifestantes" es otra mentira igualmente cínica. Basta con mirar una instantánea del día, según lo registrado por la IDF: Cinco artefactos explosivos a las 12:53 p.m; otro ataque con bomba cinco minutos después; seis terroristas que se cubren entre los alborotadores a la 1:15 p.m., abriendo fuego contra los soldados del IDF; otro ataque de disparos a la 1:30 pm; y otro quince minutos después, esta vez por ocho terroristas armados; tres artefactos explosivos detonados a las 2:09 p.m.

Esto representa solamente una hora al azar de dicho día. Y no tiene nada que ver salvo con el reiterado deseo de Hamas de eliminar el Estado judío. Sugerir lo contrario es ignorar la realidad observable.

Que tantos miembros de nuestras élites caigan en una trampa propagandística tan barata establecida por un culto terrorista resulta bastante desalentador, por decir algo. Resulta deplorable que promuevan los objetivos de una organización terrorista al decorar su teatro macabro y asesino. Pero después de 2005, y de 2009 y de 2014, se ha vuelto cada vez más difícil acreditar la idea de que cualquier persona involucrada sea ingenua con respecto a la naturaleza y las consecuencias de sus acciones.

Lo verdaderamente inquietante de los eventos de ayer es la idea de que eran una representación mortal. En otras palabras, que la prensa occidental sabe exactamente lo que está haciendo, que ciertas agencias de prensa se estén asociando a sabiendas con Hamás y blanqueando de buena gana los crímenes de un liderazgo macabro a cambio de unas imágenes que desean tanto como el propio Hamas, y que son felices de distribuir una cobertura no crítica y tiempo en antena  gratis.

Ese tipo de cinismo, a expensas de las vidas palestinas, es realmente impresionante, incluso para el Oriente Medio. Y nos hace a todos cómplices.

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