Saturday, July 14, 2018

No, el conflicto árabe-israelí no es una imagen especular - YIsrael Medad - JNS



Yossi Klein Halevi está de gira y Los Angeles Times publicó el 13 de mayo su artículo de opinión  en el que expresó las siguientes reflexiones sobre el conflicto árabe con Israel y el sionismo:

"Cada lado tendría que honrar la narración del otro... los israelíes deberán reconocer lo devastador que fue para el pueblo palestino la destrucción de su mundo natal... y el mundo árabe reconocer la destrucción de las antiguas diásporas judías en el Oriente Medio... cada uno deberá reconocer el sacrificio del otro".

Como seguidor de Ze'ev Jabotinsky, me gustaría postular una posición ligeramente diferente, incluso cuando acepto lo que está en la base de los pensamientos expuestos por Yossi. En sus ensayos en dos partes, "El Muro de Hierro y la Ética del Muro de Hierro", que apareció a finales de 1923, y estoy seguro de que Yossi está familiarizado con su contenido, Jabotinsky se ocupó de estos temas.

"Tengo la reputación de ser un enemigo de los árabes, que quiere expulsarlos de Palestina, y así sucesivamente. No es verdad... es otra cuestión muy distinta si siempre es posible alcanzar un objetivo pacífico por medios pacíficos. La respuesta a esta pregunta no depende de nuestra actitud hacia los árabes, sino de la actitud de los árabes hacia nosotros y hacia el sionismo... es absolutamente imposible obtener el consentimiento voluntario de los árabes palestinos para convertir a "Palestina" de un país árabe en un país con una mayoría judía".

La destrucción de la que hablaba Yossi seguramente sucedió, pero solo porque los árabes rechazaron un plan de partición en 1937 y otro en 1947. El movimiento sionista, que ciertamente excluyó al sector de Jabotinsky, aceptó ese compromiso. Hasta que los árabes, ahora llamados palestinos, admitan sus errores diplomáticos, no puede existir paralelismo, ese que Yossi cree que puede cumplir una función paliativa.

De hecho, ignorando la demanda a una de las partes de admitir sus errores, ya tenemos muchos, demasiados, de nuestro lado que hacen eso (Zochrot, Gush Shalom, Gideon Levy, Amira Hass y el resto del equipo del Haaretz), y todo ello simplemente para permirles vivir un sueño histórico de fantasía. Incluso el concepto de naqba ("catástrofe") que los árabes han pervertido, ignorando lo quiso manifestar en un principio Qustantin Zurayq, quien acuñó el término, de que se trataba del fracaso de los árabes a la hora de enfrentarse con éxito a los sionistas. Fue Zurayq quien acusó a los árabes de "una mentalidad primitiva y estática", no los sionistas. Si los árabes no dan lugar a "una transformación fundamental en su forma de vida", escribió, no "podrán rechazar el peligro sionista".

Como resultado de su impotencia y de sus debilidades estructurales y culturales internas, lo que otros árabes les hicieron a los árabes de Palestina es la esencia de su visión de naqba. Hoy, indica una especie de Churban (la destrucción del Segundo Templo) que les provocaron los judíos y por la cual renuncian a todo tipo de responsabilidad y autocrítica. Y es esa visión la que tiene que ser revertida.

Si no se elimina su papel de victimización, no habrá ningún éxito diplomático.

Jabotinsky continuaba y escribía:

"Nuestros pacifistas están tratando de persuadirnos de que los árabes son tontos, a quienes podemos engañar enmascarando nuestros objetivos reales, o que son corruptos y pueden ser sobornados para que nos entreguen su pretensión de prioridad en Palestina, a cambio de cultura y ventajas económicas... Sienten al menos el mismo amor instintivo y celoso de Palestina, como los antiguos aztecas lo sentían por el México antiguo, y los sioux por sus praderas onduladas. Imaginar, como lo hacen nuestros arabófilos, que aceptarán voluntariamente la realización del sionismo, a cambio de las comodidades morales y materiales que el colono judío lleva consigo, es una noción infantil, que en el fondo manifiesta una especie de desprecio por el pueblo árabe..."

Jabotinsky y sus seguidores genuinos manifiestan su respeto por los residentes árabes de la región de Palestina, es decir, Eretz-Yisrael. Hay muy pocos israelíes que desearían hacerles lo que ellos nos han hecho y desean aún hacernos. Es cierto que los nacionalistas judíos saben que los árabes tienen un anhelo de lo que consideran su patria.

Pero si no pueden admitir que el nombre "Palestina" es romano, que nunca existió como una entidad estatal, que la Liga de las Naciones en 1922, cuando creó el Mandato Británico, no empleó el término "árabes", sino "no judíos", y no porque fueran racistas sino porque lo identificaban como un pequeño rincón del antiguo Imperio Otomano, allí donde los judíos tendrían derecho a un hogar nacional.

Vemos como un peligro, la amenaza física de los árabes mientras que su concepto de peligro es existencial y, por lo tanto, solo una completa negación de la identidad nacional judía, de nuestra religión, cultura, historia y todo lo que es el sionismo, es lo que únicamente satisfará al "palestinismo".

Al final, Jabotinsky concluyó en una realización práctica:

"No podemos ofrecer ninguna compensación adecuada a los árabes palestinos a cambio de Palestina. Y, por lo tanto, no hay probabilidad de que se llegue a ningún acuerdo voluntario".

Yo sugeriría a los moderados y progresistas de izquierda que dominan la conversación judía en la búsqueda de un compromiso, de una aceptación y de la paz, que admitan sus propias contribuciones al pésimo estado de la relación que los árabes mantienen hacia nosotros, los judíos.

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