Saturday, October 06, 2018

Suponiendo demasiado sobre Ze'ev Jabotinsky - Yisrael Medad - JNS



Primero fue Brenda Katten en una columna en "The Jerusalem Post" del 10 de agosto y luego Asher Kozma, ex jefa de Betar Australia, el 21 de septiembre en ese mismo periódico. Ambos están bastante seguros de lo que Zeev Jabotinsky pensaría de la recientemente legislada "Ley del Estado-nación del pueblo judío".

En "Disparándonos en el pie", la Sra. Katten señaló que Jabotinsky seguramente apreciaría convertirse en un icono centrista para el Israel contemporáneo e incluso para aquellos del centro-izquierda. De hecho, Jabotinsky es el arma favorita de aquellos a los que no les gusta Benjamin Netanyahu. Sin embargo, yo sería bastante cauteloso a la hora de pensar que los no revisionistas seleccionaran su ideología tal como lo hace la Sra. Katten.

Por ejemplo, la Sra. Katten, ex presidente de la Federación Sionista del Reino Unido y presidente de WIZO, ¿aprobaría sus objetivos territoriales para el hogar nacional judío ("ambas orillas del Jordán") o su postura de defensa asertiva (cuando el comandante general del Irgun se comprometió a romper el autocontrol durante 1937-1939)? ¿Sería ella realmente una activista?

Pero sobre su opinión, de una manera bastante concisa, es necesario tener en cuenta que el enfoque de Jabotinsky sobre la definición de la idea nacional judía, así como su conservación, es más complicada de la que presenta la Sra. Katten. Si bien era un liberal en el sentido clásico, defendiendo la posición de las minorías, no degradó ni menoscabó el sentido de la idea nacional judía, especialmente cuando ésta era amenazada por esas minorías.

El Sr. Kozma, en su "Jabotinsky se avergonzaría de la Ley del Estado-nación", está mucho más familiarizado con el pensamiento de Jabotinsky que aparece y cita ampliamente en sus escritos. Se basa en el "Arab Angle-Undramatized" de Jabotinsky de 1940, un capítulo de su último libro que, sin embargo, contiene esta línea de precaución: "el escritor no está preparado para defenderlo en todos sus aspectos".

Y es que estar al tanto de lo que Jabotinsky diría o haría hoy, en base a sus opiniones de entonces, resulta una presunción. Si bien fue el sociólogo DaShanne Stokes quien escribió que "el privilegio es presumir de hablar por otras personas de las que no sabes nada", sugeriría que existe ese peligro al escribir sobre alguien a quien sólo conoces un poco.

Por ejemplo, aunque Kozma señala que Jabotinsky está escribiendo sobre un "estado ideal", yo podría sugerir que también es uno que existiría después de que los árabes hubieran hecho las paces con Israel y hubieran reconocido plenamente la identidad nacional judía a la histórica Palestina, el judío Eretz-Yisrael. Además, Kozma nos sugiere que debemos "simpatizar" con los miembros de las comunidades minoritarias de Israel que "se sienten privados de sus derechos o sin poder". Además, presume que es probable que si se le ofreciera la posición de "vicepresidencia" del estado judío en las circunstancias actuales, como miembro de una minoría rechazaría esa oferta.

En otras palabras, el acto mismo de Israel demostrando que desea coexistir con los no judíos y aceptarlos plenamente en el cuerpo político de Israel, Kozma lo concibe como una realidad hueca. Eso, me gustaría señalar, es casi contradictorio.

Pero para volver a la realidad. Jabotinsky fue bastante firme en su opinión de que se podría persuadir a Inglaterra para que apoyara el sionismo incluso después de su plan de partición de la Comisión Peel de 1937. Cambió su mentalidad en 1938 y acusó a los miembros del Irgun de atacar a los manifestantes árabes, aunque en 1939 acordó derrocar al gobierno mandatario del Imperio británico. En un cambio de circunstancias, los principios que Jabotinsky mantuvo durante décadas fueron alterados.

En la realidad actual, ante las acciones y la filosofía de los miembros árabes de la Knesset apoyando la ideología de la OLP de 1964, con su demanda de una autonomía étnica separada de los árabes en Israel, su fomento del BDS, su promoción de la deslegitimación de Israel, la participación de árabes israelíes en ataques terroristas, su autoidentificación como "palestinos" y mucho ejemplos más, ante todo ello creo que debemos tener cuidado al suponer que Jabotinsky no realizaría un pronunciamiento del estilo de "suspender mi plan para los derechos de las minorías en Israel tal como se describe en mi artículo, hasta que por lo menos se cumplan ciertas condiciones”.

Otra de las suposiciones de Kozma es que Jabotinsky "suscribió la noción liberal de separación entre religión y estado, o incluso más ampliamente, nación y estado". Yo no estaría de acuerdo.

Es cierto que Jabotinsky vio la religión como un asunto privado. Sin embargo, tal como sucedió en su discurso en la conferencia de fundación de la Nueva Organización Sionista de 1935, allí rechazó específicamente esa "separación" a nivel estatal y afirmó: "Pero es un asunto supremo para el estado [en oposición al individuo] y para nosotros como nación, que la llama eterna [de la religión] no se extinga en el vórtice de innumerables influencias que arrastran a nuestra juventud, incluso envenenándola, y que el espíritu de Dios sea preservado porque es el más puro de todos ellos".

Esa conferencia adoptó la resolución declarativa de que "el objetivo del sionismo es la redención de Israel en su tierra, la reconstitución de su estado y la infusión de los elementos sagrados de su Torah". Esa no parece la forma en que Kozma interpreta a Jabotinsky.

Jabotinsky, en su "Carta sobre el Autonomismo" de 1904, se expresó con bastante vehemencia contra los matrimonios mixtos que conducirían a la asimilación y exigió una educación judía de calidad total, principalmente el hebreo, como el método seguro de preservar el carácter y la psique nacional hebrea. ¿Sería eso considerado un enfoque liberal hoy en día?

Kozma afirma que no está "fuera de lo común que la política se interponga en el camino de la ideología". No podría estar más de acuerdo. También es bastante cierto no solo que una ideología puede interferir en el camino de la política sino que también en la forma de presentar la filosofía política e ideológica de otra persona y su programa práctico.

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Saturday, July 14, 2018

No, el conflicto árabe-israelí no es una imagen especular - YIsrael Medad - JNS



Yossi Klein Halevi está de gira y Los Angeles Times publicó el 13 de mayo su artículo de opinión  en el que expresó las siguientes reflexiones sobre el conflicto árabe con Israel y el sionismo:

"Cada lado tendría que honrar la narración del otro... los israelíes deberán reconocer lo devastador que fue para el pueblo palestino la destrucción de su mundo natal... y el mundo árabe reconocer la destrucción de las antiguas diásporas judías en el Oriente Medio... cada uno deberá reconocer el sacrificio del otro".

Como seguidor de Ze'ev Jabotinsky, me gustaría postular una posición ligeramente diferente, incluso cuando acepto lo que está en la base de los pensamientos expuestos por Yossi. En sus ensayos en dos partes, "El Muro de Hierro y la Ética del Muro de Hierro", que apareció a finales de 1923, y estoy seguro de que Yossi está familiarizado con su contenido, Jabotinsky se ocupó de estos temas.

"Tengo la reputación de ser un enemigo de los árabes, que quiere expulsarlos de Palestina, y así sucesivamente. No es verdad... es otra cuestión muy distinta si siempre es posible alcanzar un objetivo pacífico por medios pacíficos. La respuesta a esta pregunta no depende de nuestra actitud hacia los árabes, sino de la actitud de los árabes hacia nosotros y hacia el sionismo... es absolutamente imposible obtener el consentimiento voluntario de los árabes palestinos para convertir a "Palestina" de un país árabe en un país con una mayoría judía".

La destrucción de la que hablaba Yossi seguramente sucedió, pero solo porque los árabes rechazaron un plan de partición en 1937 y otro en 1947. El movimiento sionista, que ciertamente excluyó al sector de Jabotinsky, aceptó ese compromiso. Hasta que los árabes, ahora llamados palestinos, admitan sus errores diplomáticos, no puede existir paralelismo, ese que Yossi cree que puede cumplir una función paliativa.

De hecho, ignorando la demanda a una de las partes de admitir sus errores, ya tenemos muchos, demasiados, de nuestro lado que hacen eso (Zochrot, Gush Shalom, Gideon Levy, Amira Hass y el resto del equipo del Haaretz), y todo ello simplemente para permirles vivir un sueño histórico de fantasía. Incluso el concepto de naqba ("catástrofe") que los árabes han pervertido, ignorando lo quiso manifestar en un principio Qustantin Zurayq, quien acuñó el término, de que se trataba del fracaso de los árabes a la hora de enfrentarse con éxito a los sionistas. Fue Zurayq quien acusó a los árabes de "una mentalidad primitiva y estática", no los sionistas. Si los árabes no dan lugar a "una transformación fundamental en su forma de vida", escribió, no "podrán rechazar el peligro sionista".

Como resultado de su impotencia y de sus debilidades estructurales y culturales internas, lo que otros árabes les hicieron a los árabes de Palestina es la esencia de su visión de naqba. Hoy, indica una especie de Churban (la destrucción del Segundo Templo) que les provocaron los judíos y por la cual renuncian a todo tipo de responsabilidad y autocrítica. Y es esa visión la que tiene que ser revertida.

Si no se elimina su papel de victimización, no habrá ningún éxito diplomático.

Jabotinsky continuaba y escribía:

"Nuestros pacifistas están tratando de persuadirnos de que los árabes son tontos, a quienes podemos engañar enmascarando nuestros objetivos reales, o que son corruptos y pueden ser sobornados para que nos entreguen su pretensión de prioridad en Palestina, a cambio de cultura y ventajas económicas... Sienten al menos el mismo amor instintivo y celoso de Palestina, como los antiguos aztecas lo sentían por el México antiguo, y los sioux por sus praderas onduladas. Imaginar, como lo hacen nuestros arabófilos, que aceptarán voluntariamente la realización del sionismo, a cambio de las comodidades morales y materiales que el colono judío lleva consigo, es una noción infantil, que en el fondo manifiesta una especie de desprecio por el pueblo árabe..."

Jabotinsky y sus seguidores genuinos manifiestan su respeto por los residentes árabes de la región de Palestina, es decir, Eretz-Yisrael. Hay muy pocos israelíes que desearían hacerles lo que ellos nos han hecho y desean aún hacernos. Es cierto que los nacionalistas judíos saben que los árabes tienen un anhelo de lo que consideran su patria.

Pero si no pueden admitir que el nombre "Palestina" es romano, que nunca existió como una entidad estatal, que la Liga de las Naciones en 1922, cuando creó el Mandato Británico, no empleó el término "árabes", sino "no judíos", y no porque fueran racistas sino porque lo identificaban como un pequeño rincón del antiguo Imperio Otomano, allí donde los judíos tendrían derecho a un hogar nacional.

Vemos como un peligro, la amenaza física de los árabes mientras que su concepto de peligro es existencial y, por lo tanto, solo una completa negación de la identidad nacional judía, de nuestra religión, cultura, historia y todo lo que es el sionismo, es lo que únicamente satisfará al "palestinismo".

Al final, Jabotinsky concluyó en una realización práctica:

"No podemos ofrecer ninguna compensación adecuada a los árabes palestinos a cambio de Palestina. Y, por lo tanto, no hay probabilidad de que se llegue a ningún acuerdo voluntario".

Yo sugeriría a los moderados y progresistas de izquierda que dominan la conversación judía en la búsqueda de un compromiso, de una aceptación y de la paz, que admitan sus propias contribuciones al pésimo estado de la relación que los árabes mantienen hacia nosotros, los judíos.

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Wednesday, October 12, 2016

El fantasma de Jabotinsky y el futuro de Israel - Jeffrey Veidlinger - Marginalia Review



No hay duda de que Vladimir Jabotinsky, el fundador del Movimiento Sionista Revisionista, fue uno de los pensadores y activistas más controvertidos entre los fundadores del Estado de Israel. Algunos lo ven como un proto-fascista, cuyo extremismo y egoísmo exento de compromiso militante complicó los principales intentos sionistas para negociar la estatalidad. Otros lo consideran en términos casi míticos como un profeta que utilizó sus dotes de oratoria para advertirnos sobre el Holocausto, antes incluso de que Hitler lo concibiera y lo pusiera en marcha. Cuando Benjamin Netanyahu se presentó ante el Congreso para advertir de la amenaza de un Irán nuclear, ustedes pueden apostar que él se imaginaba a sí mismo como un Jabotinsky de los últimos días. La victoria del Likud de Netanyahu en las últimas eleccones en Israel vuelven a Jabotinsky más relevante que nunca.

En uno de los "dolores del parto" del Estado de Israel, el primer ministro David Ben-Gurion ordenó a las Fuerzas de Defensa de Israel disparar contra un barco que llevaba armas destinadas al Irgun, una fuerza paramilitar sionista rival liderada por el protegido de Jabotinsky, Menahem Begin. El hecho de que el ejército judío disparara contra otros judíos era un anatema para muchos, pero el episodio envió el poderoso mensaje de que el Estado estaba dispuesto a afirmar su monopolio del uso de la fuerza, y que ​​no estaba dispuesto a tolerar organizaciones paramilitares dentro de él. Muy revelador, el nombre del barco era Altalena, uno de los seudónimos de Jabotinsky. Después del establecimiento del Estado, el gobierno laborista de Ben-Gurion ganó varias veces las elecciones y marginó a la derecha militante, y no fue hasta que Ben-Gurion dimitió de su cargo en 1963, cuando su sucesor Levi Eshkol fue capaz de llevar los restos de Jabotinsky a Israel para enterrarlos en Jerusalén en el monte Herzl.

Pero con el auge de los protegidos de Jabotinsky - Begin, Isaac Shamir y ahora Benjamin Netanyahu, cuyo padre Ben-Zion Netanyahu fue un ayudante de Jabotinsky -, la imagen oficial de Jabotinsky ha sido rehabilitada. Si bien existen un montón de escritos partidistas sobre Jabotinsky (incluyendo las dos biografías anteriores de él escritas por Joseph Schechtman y Shmuel Katz), existen menos trabajos académicos o biografías académicas. La contribución de Hillel Halkin a la galardonada serie de "Vidas judías" de la Yale University Press, no representa la exhaustiva biografía intelectual que hemos estado esperando, ni tampoco es un análisis innovador del pensamiento y acciones de Jabotinsky. Más bien, se trata de un libro bien escrito, un apasionado estudio de la vida y las contribuciones al sionismo político desde la perspectiva de un admirador de Jabotinsky que, y en gran parte lo logra, quiere dar vida a esta figura polifacética y divisiva.

La parte más exitosa de la obra de Halkin la logra al describir a Jabotinsky en su momento políticamente más activo. Ese período comenzó durante la Primera Guerra Mundial, cuando Jabotinsky hizo campaña para el establecimiento de una Legión judía que ayudara a los británicos en la conquista de Palestina a los otomanos durante la Primera Guerra Mundial. Los británicos aceptaron solamente a un Cuerpo de Sión de mulas, el cual apoyó la campaña británica en Gallipoli. Los capítulos de Halkin sobre el período de entreguerras, cuando Jabotinsky tuvo sus polémicas más agudas con la corriente principal del liderazgo sionista, y finalmente estableció un movimiento sionista rival conocido como Revisionista, son muy destacables. Esta etapa de la actividad de Jabotinsky comenzó en serio en 1923, año en que fue autor de su manifiesto "El Muro de Hierro", en el que sostenía resistir frente a cualquier negociación con los residentes árabes de Palestina hasta que se obtuviera una mayoría judía. En esos momentos, se comenzó a establecer a grupos de jóvenes militantes que seguían el modelo de las fraternidades centroeuropeas de duelistas, y que en 1927 desembocó en el movimiento juvenil sionista Betar. En Palestina, Jabotinsky aceptó dirigir la redacción del tabloide de Jerusalén Do'ar ha'Yom, que sirvió como portavoz de su ardiente retórica. Cuando una manifestación del Betar en el Muro Occidental fue seguida de revueltas árabes en las que murieron 133 judíos, el diario ya izquierdista Haaretz acusó al Do'ar ha'Yom de provocar la violencia con su manifestación. Los británicos, antes que enfrentarse a los árabes, prefirieron estar de acuerdo y desterraron a Jabotinsky de Palestina. Halkin señala que su exilio fue conveniente, ya que para el líder sionista era mejor una vida entre los literatos de Europa y de América que el duro trabajo de construcción del Estado de Palestina. Ahora ya podía reclamar el esfuerzo militante desde la seguridad de los cafés parisinos.

Con el ascenso del nazismo, Jabotinsky se volvió más convencido de que su negro pronóstico sobre el futuro de los judíos europeos se estaba configurando. Desde el principio estuvo convencido de que los camisas pardas nazis no eran una moda pasajera. Las elecciones de 1933 al Congreso Sionista sirvieron como punto de inflexión para su movimiento revisionista. Durante el ciclo electoral, Jabotinsky acusó a la corriente principal del liderazgo sionista de hacer demasiadas concesiones a los británicos sin obtener las ganancias adecuadas. Algunos dentro de su partido Revisionista trataron de abandonar el Congreso definitivamente, pero Jabotinsky prefirió quedarse y contemplar lo que los revisionistas podían hacer en las elecciones. Con el fin de salirse con la suya, llevó a cabo un golpe de timón dentro de su propio partido, sin ayuda de nadie que desestimara al comité ejecutivo, y se declaró a sí mismo como líder, una medida que sus oponentes estuvieron muy dispuestos a equiparar con las acciones adoptadas por el Führer alemán por esa misma época. Durante el ciclo electoral, Ben-Gurion y Jabotinsky intercambiaron agresivos ataques que comparados con los que ocurren en la actualidad en Israel hacen parecer a estos últimos como muy suaves. Ben-Gurion tildó de una manera muy conocida a Jabotinsky de "Vladimir Hitler", mientras Jabotinsky acusó a sus opositores de ser "lacayos de Moscú". Cuando el líder sindical Haim Arlozorov fue asesinado en Tel Aviv el 16 de junio de 1933, las autoridades y la opinión pública mayoritaria culparon a militantes del Betar, y las posibilidades electorales de Jabotinsky se arruinaron.

Amargado por su derrota electoral y viéndose incapaz de renegociar una posición en la mesa por sí mismos, Jabotinsky y sus revisionistas abandonaron el Congreso Sionista y en 1935 formaron su propia Nueva Organización Sionista (NZO). El NZO era maximalista en sus demandas, tratando de conseguir una evacuación de los judíos de Europa de manera inmediata. Finalmente, el NZO fue capaz de reclamar su propio ejército cuando el Irgún se puso a las órdenes de Jabotinsky en 1936. Jabotinsky, que se sintió tambalear por el desprendimiento de Transjordania del mandato por La Liga de las Naciones, rechazó la propuesta resultante de la Comisión Peel para la futura partición de Palestina (que representaba a un 10% del actual Israel), poniéndose en desacuerdo con Chaim Weizmann, el Presidente de la Organización Sionista Mundial. Su rechazo, sin embargo, no tenía nada que ver con la negativa a renunciar a la Judea y Samaria bíblica, pues como el Likud hoy en día, se basó en argumentos maximalistas sobre el lenguaje de la seguridad.

Cuando el fracaso final del plan Peel degeneró en violencia y en otra revuelta árabe, los extremistas judíos respondieron con terror al terror árabe inicial. Jabotinsky, desde su exilio europeo, jugó un doble juego, enviaba su aprobación codificada a los activistas judíos, mientras emitía declaraciones públicas condenándolos. A medida que la situación de los judíos de Europa se hizo más desesperada hacia 1939, con la inmigración a Palestina básicamente limitada por el Libro Blanco británico y la Alemania nazi ganando terreno, Jabotinsky buscó acuerdos con Polonia para permitir el establecimiento en suelo polaco de campos militares de entrenamiento sionistas, mientras él ayudaba a coordinar la inmigración ilegal judía a Palestina. Pero murió en Catskills en 1940.

Partes de la narrativa de Halkin permiten al lector vislumbrar la complicada personalidad de Jabotinsky. Por ejemplo, después de que Ben-Gurion y Jabotinsky se reunieran en Londres en 1934 en la habitación de hotel de Pinjas Rutenberg para discutir un posible compromiso político, intercambiaron una serie de cartas, un extraño final sentimental y admirativo de una campaña política bastante desagradable. Pero en última instancia, Halkin hace poco para revelar las motivaciones interiores, la psicología y la filosofía de Jabotinsky.

Jabotinsky, como Michael Stanisla nos recordó en su libro de 2001 "El sionismo y el Fin de Siglo", fue un escritor cosmopolita ruso nacido en Odessa, Crimea, antes de convertirse en un político sionista, con sus poemas, folletines, obras de teatro y novelas, y sus interesantes observaciones acerca sobre la Rusia revolucionaria y el posterior desarrollo del mundo imperial. Los capítulos de Halkin sobre los primeros tiempos de Jabotinsky como un hombre de letras palidecen en comparación con la intensidad con la que representa la lucha interna sionista en el período de entreguerras. Ciertamente Jabotinsky admiraba a Theodor Herzl - otro periodista que se reinventó como un activista sionista -, un tema que Halkin recuerda en varias ocasiones, pero la conexión con Herzl está sobrevalorada y diseñada por los admiradores de Jabotinsky para situarle como el sucesor de Herzl. Aprendemos poco acerca de sus otras influencias tempranas, sobre cómo Jabotinsky encajaba con los literatos de Odessa, o acerca de cómo sus experiencias sobre el declive del Imperio ruso influyeron en su pensamiento sionista. Estas son cuestiones sobre las que Jabotinsky tenía mucho que decir. En un artículo que continuaba el "El Muro de Hierro", Jabotinsky reconocía que sus puntos de vista sobre Palestina se derivaron de sus observaciones del movimiento de independencia de Ucrania durante la Guerra Civil Rusa, y que su propio apoyo a ese movimiento enfureció a muchos de sus partidarios que culparon a los dirigentes ucranianos por los pogromos de la época. El análisis de Halkin de las dos obras de ficción más famosas de Jabotinsk, Samson Nazareo (1926) y Los Cinco (1935), también son irregulares y se centran principalmente en lo que revelan sobre la filosofía política del autor, en lugar de Jabotinsky como persona. Por último, Halkin elude la discusión del desdén de Jabotinsky por la religión, un rasgo que sigue haciendo de él un héroe incómodo para la moderna derecha israelí.

En su epílogo, Halkin imagina una conversación con el fantasma de Jabotinsky sobre el futuro del actual Israel. Sólo en esta sección Jabotinsky vacila y se equivoca: "El mejor acuerdo posible para el pueblo judío era todo lo que deseaba", se imagina Halkin que declararía Jabotinsky. Pero Jabotinsky fue muy claro en lo que quería para el Estado judío: una mayoría judía respaldada por un fuerte poderío militar. Si hubiera vivido para verlo, él habría estado orgulloso de lo que Ben-Gurion logró y, quién sabe, tal vez incluso habría admirado el ataque de su antiguo rival al barco nombrado en su honor.

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Sunday, July 21, 2013

Un viaje en tren de Petersburgo a Odessa en 1905 con Vladimir (Zeev) Jabotinsky - UPJF



Jabotinsky no era un hombre religioso en el sentido estricto y tradicional de la palabra... Pero, aunque no respetaba la Torah y las mitzvot, Jabotinsky respetaba a los creyentes, y respetaba y apreciaba a los hombres cuyos pasos estaban guiados por la fe...

La huella de la relación de Jabotinsky con la religión aparece en sus primeros contactos con las multitudes judías. Sh. Saltzman relata en sus memorias un ejemplo característico de la actitud de Jabotinsky mientras viajaba en tren en 1905 (Jabotinsky tenía entonces 25 años) entre San Petersburgo y Odessa.

Por la mañana, cuando el tren acababa de entrar en la Zona de residencia (Pale, la vasta zona de residencia donde fueron confinados los judíos en la Rusia zarista), en las cercanías de Vilna, los pasajeros que montaban en el tren eran todos judíos. Se oía la sonoridad del yiddish y como los judíos lituanos llenaban los vagones. De repente, uno de los pasajeros exclamó: "Judíos, es la hora de la oración, vengan a unirse inmediatamente al minián". Inmediatamente, los judíos ortodoxos se pusieron sus talit y sus tefilín. Mientras, los jóvenes bundistas (miembros del Bund, un movimiento socialista y autonomista judío) que estaban en el tren empezaron a protestar porque el vagón no era una sinagoga, convertirlo en eso era contrario a las costumbres, e incluso comenzaron a amenazarle con impedirles orar.

Los judíos observantes les respondieron con cólera: "Si ustedes lo desean, váyanse, y si no seremos nosotros quienes les hagan partir". Uno de ellos comenzó a orar y con entusiasmo se puso a entonar el versículo "Ma tovou Ohalékha Yaakov ...", y todo el coche se transformó en una tienda de Shem. Entonces un revisor cristiano entró en el vagón para comprobar los billetes y empezó a solicitarlos, pero ninguno de los judíos observantes, en plena oración, dejó de orar ni le atendió. Estaban en plena oración silenciosa y en voz alta de la Amidá, y el revisor del tren se detiene también, sin atreverse a abrir la boca antes del final de la oración.

Jabotinsky permanecía sentado en silencio, sumido en sus pensamientos ... Por fin dijo: "Ese mismo judío que se mostró insolente con el revisor, que viven según su fe y no prestan atención a los insultos de los bundistas, ese judío lleno de confianza, de fuerza y de fe en Dios es uno de los que nos ayudaron a llegar hasta aquí, uno de los que perpetuaron la cadena de la tradición, que conservaron y mantuvieron su esencia, y que la han hecho crecer durante miles de años... Y si nosotros, los sionistas, podemos creer en el sionismo con la misma fe que ese judío manifiesta por el Todopoderoso, no tendré la más mínima duda de nuestra victoria final... "

(Extracto de J. Schechtman, "The Jabotinsky Story: Rebel and Statesman")

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Monday, June 17, 2013

Dos buenas recomendaciones procedentes del Israel Democracy Institute




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