Tuesday, July 03, 2018

Rechazar la paz está libre de cargas para los palestinos - Shmuel Rosner



Nadie espera que un nuevo plan de paz israelí-palestino tenga éxito. No Israel, que juega con el plan de tener un plan, ya que no hay otra opción, pero que está bastante seguro de que el otro lado torpedeará el plan y, por lo tanto, le ahorrará a Israel el dolor de cabeza. Seguramente no los palestinos, cuyos representantes dijeron esta semana que no tienen intención ni siquiera de hablar con los planificadores del gobierno del presidente Donald Trump, Jared Kushner y Jason Greenblatt.

Uno se pregunta si dentro de la administración Trump alguien aún espera alcanzar un avance al dedicar más tiempo o al modificar de alguna manera detalles del plan. No sería del todo desagradable sugerir que incluso ellos, Trump, Kushner, Greenblatt, ya saben que su plan está condenado al fracaso. La paz no vendrá. Una solución no se materializará.

Los planes no son el problema. Ellos nunca fueron el problema. De lo poco que sabemos sobre el plan Trump, que se lanzará algún día (aunque todavía no sabemos cuándo), es que será en muchos aspectos similar a los planes anteriores. ¿Qué más podría tener? Unos dividen el territorio bajo algún tipo de arreglo o la mantiene unida bajo el control de Israel, con los palestinos convirtiéndose en ciudadanos de algún país. Para una tercera opción, actualmente la mejor disponible, mantener las cosas tal como están por el momento no necesita de ningún plan.

Se necesitan planes cuando las partes acuerden los parámetros básicos, pero se tienen dificultades con los detalles. Los israelíes y los palestinos no están de acuerdo en las cuestiones fundamentales, la primera de las cuales es el tiempo. Los israelíes creen que el tiempo está de su lado y que pueden posponer una solución y el desafío hasta que los palestinos acepten una serie de términos. Los palestinos creen que el tiempo está de su parte y que Israel finalmente será el que tendrá que ceder, ya sea bajo presión internacional o debido a las realidades demográficas o por quién sabe qué.

El tiempo también es el enemigo de la administración Trump mientras elabora su plan. Los palestinos miran a Trump y se dicen a sí mismos: le haremos lo que Benjamin Netanyahu le hizo a Barack Obama. Jugaremos con el tiempo, le rechazaremos, le boicotearemos y jugaremos para conseguir posponerle y deslegitimarlo.

Sus esperanzas son dos: 1) Que Trump solo cumplirá un mandato y será reemplazado por un presidente estadounidense mucho más complaciente. Los palestinos leen los periódicos y las encuestas y saben que Israel se está convirtiendo en un tema partidista, y que un presidente demócrata progresista podría ser capaz de decir y hacer ahora lo que sus predecesores no pudieron hacer. 2) Que la actitud, el temperamento y las formas de Trump les darán una excusa lo suficientemente buena como para rechazar su plan sin pagar ningún precio en el tribunal de la opinión internacional.

Esta es la razón por la cual el plan Trump va a ser un fracaso. Porque no agregará una capa de credibilidad al argumento de que los palestinos no pierden la oportunidad de perder una oportunidad.

Los planes de paz tienen dos funciones posibles. El primero es lo obvio: lograr la paz. Todos los planes hasta ahora no han logrado este objetivo. El segundo es agregar una capa más a una pila de principios que clarifiquen gradualmente tanto los parámetros de una posible paz, como los términos que ambas partes deben aceptar para hacer posible la paz. Para lograr el segundo objetivo, el plan y su autor deben ser creíbles: Bill Clinton era creíble, Trump no es creíble.

Cuando Clinton presentó su plan y fue rechazado por Yasser Arafat, fue el comienzo del fin de Arafat. Eso es porque Clinton tenía credibilidad dentro de la comunidad internacional, y cuando el presidente culpó a Arafat por el fracaso en lograr la paz, los palestinos se vieron mal. Pero esto no sucederá cuando Trump presente su plan. Trump tiene poca credibilidad internacional como pacificador, y si los palestinos rechazan su plan (y no hay duda de que lo harán), el precio para ellos en el tribunal internacional de la opinión pública será minimo.

Entonces, para ellos, rechazar el plan es algo obvio. Pueden esperar a un presidente más comprensivo, posiblemente en 2021, y pueden esperar sin que sean percibidos, excepto por Israel, como retractores de la paz. Y hay una advertencia que debería agregarse a este análisis de los próximos eventos: si la administración Trump pudiera convencer a los líderes de Egipto, Jordania y Arabia Saudita de que respaldaran su plan, el cálculo cambiaría. Se ganaría credibilidad. Es por eso que vemos que la administración está invirtiendo tanto esfuerzo en hacer que estos países participen.

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