La religión de la izquierda liberal y progresista y sus discípulos - Dror Eydar - Israel Hayom

1.- Estamos en medio de un cambio histórico de guardia: estamos presenciando la salida fulminante de una élite que aún conserva una influencia significativa sobre ciertos centros de poder y la llegada de una nueva élite emergente, la mayoría de cuyos miembros aún no ha comprendido el peso de su nueva responsabilidad. Este proceso representa un cambio masivo para aquellos a quienes, hasta hace muy poco, se les enseñaba que otros, no ellos, dictaban las normas de pensamiento, comportamiento y gobierno. Muy a menudo, para obtener la independencia, uno debe cuestionar lo que vino antes y quizás rebelarse contra las normas fundamentales y aceptadas. Es imperativo cortar las cuerdas de las marionetas de la ideología anterior con el fin de configurar una ideología independiente como una nueva élite legítima, una que influirá no solo en el resultado de las elecciones, sino también en la opinión pública y la cultura.
Es importante aceptar el hecho de que cualquier cambio significativo en el viejo orden mundial se encontrará con una poderosa resistencia por parte de los miembros de la vieja élite. La resistencia no impedirá el cambio, pero es importante ir más allá de la legislación y la gobernanza, y establecer también una base intelectual, ideológica y cultural. La nueva elite deberá escuchar atentamente las amenazas e insultos del campo opuesto, el de la antigua élite, porque revelan los lugares más dolorosos de la lucha por la identidad y el corazón de nuestra gente y de nuestro estado.
2.- De todas las amenazas e insultos que vienen desde el campo opuesto, el de la vieja élite, el eslogan más repetido es el de "la democracia está en peligro". Entonces, examinemos esta afirmación. La democracia no es solo el gobierno del pueblo por los elegidos del pueblo, es un sistema que permite que los individuos con puntos de vista y valores opuestos coexistan. En una democracia, los individuos hacen pequeños compromisos con sus libertades personales y aceptan las decisiones de la mayoría para disfrutar de los muchos beneficios que brinda el estado: derechos de propiedad, libertad de expresión y religión y el derecho a la vida.
La democracia también es buena para la minoría, más que cualquier otro sistema de gobierno. En una democracia, la minoría puede protestar contra la mayoría en la plaza de la ciudad. Puede intentar convencer a la mayoría y, por supuesto, establecer pequeños partidos de minorías que aprovechen la delicada danza política que el sistema dicta para lograr victorias sectoriales. Esa es la dirección que nuestros sabios intentaron tomar cuando nos enseñaron a orar por el bienestar del gobierno. Porque si no fuera por la ley, "la gente se comería la una a la otra viva".
En este sentido, la democracia es una herramienta. Es un marco en el que todas las opiniones y puntos de vista pueden competir por el apoyo del público, y luego, a través de las elecciones parlamentarias y, posteriormente, de la legislación mayoritaria, se pueden tomar decisiones. La democracia es una herramienta que permite a las personas decidir qué valores quieren adoptar y qué valores quieren rechazar.
Cuando la gente lanza la advertencia de que "la democracia está en peligro", no se refieren a esta democracia. Se refieren a una democracia diferente, llamémosla la "democracia de la izquierda liberal". El objetivo de esta "democracia de la izquierda liberal" es convertir la democracia real "de una herramienta de compromiso para la toma de decisiones en una ideología cargada de valores y llena de directivas categóricas".
La "democracia de la izquierda liberal" es en realidad una religión secular que se ve a sí misma como "humanista" y se comporta de manera muy similar a la religión convencional: tiene templos, sacerdotes y autoridades religiosas. Sus discípulos aceptan sus principios como una verdad absoluta, y cualquiera que cuestione esta verdad es excomulgado y quemado en las hogueras virtuales. Al igual que con las religiones tradicionales, el grado de fe entre la religión de los liberales varía ampliamente; algunos son menos resueltos, otros son más fanáticos.
3.- El problema es que cuando conviertes a la democracia en una religión o ideología, da lugar al tipo de totalitarismo que contradice la idea misma de democracia. Cuando la "democracia de la izquierda liberal" se presenta como la única opción, todas las demás ideologías se presentan, por defecto, como heréticas y erróneas. Pero si la ideología liberal y progresista se presentara como una opción más entre otras muchas ideologías en competencia, sus partidarios tendrían que luchar por su existencia continua, como todos los demás, y todos reconocerían la legitimidad de las ideologías rivales.
Por cierto, ¿cuándo fue la última vez que alguien escuchó a la Izquierda no solo prestar atención sino, en realidad, reconocer honestamente la legitimidad de los esfuerzos de la Derecha para promover la ideología conservadora? Hice todos los esfuerzos posibles para recordar ese reconocimiento, pero todo lo que encontré fueron insultos, actitudes condescendientes y comparaciones con los peores regímenes de la historia.
Entonces, ¿por qué las cosas son como son hoy en día? Pues porque la izquierda percibe su liberalismo y progresismo como un imperativo absoluto, sin el cual la democracia colapsaría. Debido a esta percepción, el debate democrático se ha convertido en una batalla existencial, en la cual la izquierda deslegitima las ideologías rivales y las tilda de amenazas para la democracia. La guerra contra cualquier ideología rival es implacable y es presentada como un intento de defender la democracia. Esto genera una ideología de la corrección política, no con el propósito de proteger a las minorías, sino más bien como un arma para silenciar a la mayoría. También engendra la violencia y las tácticas de silenciamiento experimentadas por cualquier persona con opiniones de derecha o conservadoras en los campus occidentales predominantemente de izquierda, de hecho casi homogéneos.
Nadie se pregunta nunca por qué las Iglesias cristianas no emplea a rabinos judíos o qadis musulmanes. Entonces, ¿debe resultar una sorpresa que los discípulos de la iglesia liberal y progresista de izquierdas sólo admitan a las personas que comparten sus puntos de vista? Las instituciones de educación superior en Israel son financiadas por el estado, entonces, ¿por qué el estado les permite comportarse como si estas instituciones fueran solamente de esa iglesia liberal y progresista de izquierdas? Los medios de comunicación, de los cuales se espera que sean críticos de esa homogeneidad monolítica en las universidades y que exijan una mayor libertad de pensamiento, funcionan generalmente de una manera también horriblemente homogénea, y se comportan de la misma manera, como pertenecientes a la iglesia liberal y progresista de izquierdas.
Piensen por lo tanto en ellos como organizaciones cuasi religiosas, quizás puedan aliviar su frustración.
4.- Esas mismas instituciones liberales y progresistas de izquierdas exigen la separación de religión y estado y rechazan con vehemencia cualquier insinuación religiosa en cualquier esfera pública. También instan a la separación de la nacionalidad del estado y se oponen al derecho del pueblo judío a anclar en su legalidad su derecho a la autodeterminación en su única patria. Su miedo a la coerción religiosa los impulsa, pero ¿acaso ellos no coaccionan?, ¿acaso no imponen sus valores a los demás? Cualquier acuerdo democrático incluye algún grado de coerción de un lado u de otro. Lo que pasa es que los discípulos de la religión de la izquierda liberal y progresista piensan que su cosmovisión es la única y absoluta verdad, rechazando así cualquier otra cosmovisión, incluida la religiosa.
Hace varios años, la Corte Suprema consideró permitir la reunificación de parejas casadas en las que el conyugue árabe israelí y el otro conyugue palestino estaban separados por la geografía. El tribunal casi lo aprueba. Si se hubiera aprobado este estatuto de reunificación, se habría visto como Israel hacia realidad la engañosa demanda palestina de un "derecho de retorno". En la Corte, los defensores de la reunificación citaron la ley básica que defiende la dignidad humana y la libertad. Pero ¿qué pasa con la dignidad y la libertad de la nación? Las autoridades religiosas de la izquierda liberal y progresista rechazan los derechos del estado como una consideración inválida.
En última instancia, la petición de reunificación fue rechazada por un voto. Y fue negada por consideraciones de seguridad. Tanto los defensores como los opositores solo tomaron en consideración los derechos individuales: el derecho a la dignidad, bajo la amplia interpretación del ex Presidente de la Corte Suprema, Aharon Barak, y el derecho a la vida, tal como lo interpretó la mayoría de los jueces. Para ser justos, los jueces que rechazaron la petición no tenían por aquel entonces la actual ley del Estado-nación en su arsenal.
La idea de que los sentimientos heridos de una minoría deben superar el derecho de la mayoría a su autodeterminación es descaradamente antidemocrático, porque impone a la fuerza los deseos de una minoría sobre la mayoría. Esto es particularmente cierto, ya que la oposición a la ley del Estado-nación entre la población árabe israelí no está impulsada por una demanda de igualdad, la igualdad ya existe, solo está motivada por la objeción fundamental de definir a Israel como un Estado judío.
En cualquier caso, los discípulos de la fe de la izquierda liberal y progresista consideran que un estado no debe imponer normas religiosas o nacionalistas al individuo, y desean separar estas decisiones legales de la ideología. Excepto, claro está, cuando se trate de la suya propia.
Pero, ¿cómo es eso posible, cuando el cuerpo legislativo, la Knesset, está formada por partidos basados en ideología, algunos de los cuales son religiosos, que representan a la sociedad israelí?
Su solución parece ser transferir las decisiones a un equipo de expertos "imparciales" (traducción, de la fe de la izquierda liberal y progresista), "libres de consideraciones ideológicas", para que se enfrenten a los problemas solamente bajo un nivel puramente técnico o legal. Así es como la Corte Suprema se convirtió en el "poder legislativo general", además de ser la rama legal del estado, y fuimos enviados 2.500 años hacia atrás, a la era de Platón, a quien coronó como el filósofo rey.
Karl Popper definió a Platón como un protofascista. En el lenguaje de nuestros días: una dictadura ilustrada. Una elite que quiere prosperar y asegurar una pluralidad de puntos de vista debe restaurar la democracia a su ágil formato inicial, y permitir que la gente decida qué es lo mejor para ellos.
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