¿Un feminismo antisemita? - Gadi Taub - Haaretz

La Marcha de Mujeres en los Estados Unidos, que comenzó como una protesta contra Donald Trump, ha abrazado el BDS, el movimiento mundial de boicot, desinversión y sanciones contra Israel. Linda Sarsour, una de sus líderes, dijo esto explícitamente en una reciente manifestación en Washington, y el nuevo manifiesto del movimiento se refiere específicamente a las objeciones a la legislación diseñada para prohibir el boicot.
Si alguien todavía necesita pruebas de que la izquierda estadounidense se está convirtiendo en antisemita, aquí hay algunas pruebas más. Sin embargo, ésta marcha femenina es un buen indicador de en qué dirección sopla el viento.
La creciente legitimidad del antisemitismo dentro de la izquierda no debería sorprender a nadie, porque dos generaciones de estudiantes de ciencias sociales y humanidades se han criado en el adoctrinamiento bajo la tutela de las sagradas escrituras y políticas de identidad de Edward Said. No es de extrañar que estén listos para aceptar el antisemitismo de Sarsour como progresista y su afición a la sharia como feminismo.
Pero las semillas del antisemitismo en la Nueva Izquierda no comenzaron con Said a fines de los años 70. Brotaron a mediados de los años 60 en el movimiento por los derechos civiles, desde el momento en que el liderazgo de Martin Luther King comenzó a verse socavado, poco antes de ser asesinado.
En otras palabras, Tamika Mallory, una declarada admiradora del descarado antisemita Louis Farrakhan, el líder de la Nación del Islam, representa a una corriente más profunda y más institucionalizada que la de Sarsour, su colega musulmana en la Marcha de las Mujeres.
El movimiento por los derechos civiles ha sido el Santo de los Santos de la izquierda estadounidense desde los años 60, por lo que la corrección política prohíbe las críticas. Incluso se aconseja evitar referirse a su traición a la causa de Luther King, a quien los radicales comenzaron a llamar tío Tom. Los jóvenes radicales que llamaron a la segregación voluntaria, contrariamente a la integración propugnada por Luther King, defendieron el orgullo negro y el poder negro.
El punto de inflexión se puede rastrear con cierta precisión hacia mayo de 1966. Ese fue el momento en que el radical Stokely Carmichael se hizo cargo del Comité Coordinador Estudiantil No Violento, uno de los principales grupos de derechos civiles de los años 60, y expulsó a los blancos, muchos de ellos judíos. Aquí terminó la alianza entre judíos y negros desde los días New Deal.
Desde aquí, los radicales, los estudiantes de Elijah Muhammad (por ejemplo, Malcolm X y Farrakhan) y con ellos los Black Panthers y otros socios, se convirtieron en la santa punta de lanza radical del movimiento. Los radicales iban desde aquellos que adoptaban el viejo antisemitismo, el que describía a los judíos como parásitos económicos, a los que emulaban el odio antisemita del mundo musulmán, mezclado con el marxismo populista y las teorías tercermundistas que describen al sionismo como la vanguardia de los imperialistas occidentales y del capitalismo.
El aura sagrada del movimiento por los derechos civiles hizo que la mayoría de la Nueva Izquierda dijera amén a todo esto, o al menos lo ignorara cortésmente. Esta fue la brecha en el sistema inmunológico de los progresistas estadounidenses a través de la cual penetró un antisemitismo flagrante hasta el corazón de la izquierda; así, la prohibición no declarada de criticar a los activistas negros se convirtió en indulgencia hacia un antisemitismo explícito.
Hoy en día, no resulta fácil ser judío en una universidad estadounidense. El movimiento de boicot está prosperando en el campus. Los partidarios del BDS ya tienen una cabeza de puente en el Congreso. Black Lives Matter también ha adoptado el BDS, y todo esto no ha generado ninguna protesta pública significativa.
Ahora Mallory sigue alabando a Farrakhan, quien comparaba no hace mucho a los judíos con las termitas. La proximidad a un racista tan flagrante causó un pequeño furor, algunas protestas e incluso la retirada de varios grupos y algunas mujeres de alto perfil de la Marcha de las Mujeres. De hecho, sus filas han disminuido.
Pero Mallory no fue obligada a renunciar. Todo lo contrario, ahora la Marcha de las Mujeres está detrás de ella y sus puntos de vista antisemitas, como lo indica la defensa en la marcha del BDS contra la legislación prevista como uno de sus objetivos declarados.
En el contexto israelí, y como era de esperar, Breaking the Silence honró a Mallory llevándola de gira a Hebron, tal como informó Ben-Dror Yemini en el Ynet. Aparentemente no hay una hoguera antisemita a la cual esta organización y sus mentiras no les proporcione combustible. Ahora a ésta también. Pero esto tampoco es sorprendente.
La diferencia es que esta hoguera es mucho más peligrosa que las otras porque ya está destruyendo el corazón del establishment político de los Estados Unidos.
Labels: Antisemitismo de la izquierda estadounidense, Gadi Taub


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