El New York Times se rinde ante una turba ideológica indignada. El periodismo sufrirá por ello - Pamela Paresky, Jonathan Haidt, Steven Pinker

En una época en la que incluso un virus se ha convertido en objeto de desinformación partidista y de creación de mitos, es esencial que las principales instituciones periodísticas reafirmen su buena fe como proveedores desinteresados de los hechos y se muestren como honestos intermediarios en las controversias. A este respecto, un reciente suceso en el New York Times es motivo de alarma.
El 27 de diciembre de 2019, el NYTimes publicó una columna de su periodista de opinión Bret Stephens, "Los secretos del genio judío", y la controversia consiguiente dio lugar a una respuesta extraordinaria por parte de los editores.
Stephens abordó la cuestión de por qué los judíos asquenazis están estadísticamente sobrerrepresentados en los campos intelectuales y creativos. Esta disparidad ha sido documentada durante muchos años, como en el libro de 1995 "Jews and the New American Scene" de los eminentes sociólogos Seymour Martin Lipset y Earl Raab. En su columna del NYTimes, Stephens citó estadísticas de un documento académico más reciente, revisado por colegas, del que es coautor un miembro electo de la Academia Nacional de Ciencias. Aunque los autores de ese trabajo avanzaron una hipótesis genética de la supuesta sobrerrepresentación, argumentando que los judíos asquenazis tienen el promedio de CI (Coeficiente Intelectual) más alto de cualquier grupo étnico debido a sus rasgos hereditarios, Stephens no aceptó ese argumento. De hecho, su ensayo rápidamente lo dejó de lado y argumentó que las verdaderas raíces del logro judío son los hábitos mentales engendrados cultural e históricamente.
Sin embargo, la columna incitó una respuesta furiosa y ad hominem. Los detractores descubrieron que uno de los autores del ensayo que Stephens había citado había expresado opiniones racistas y por ello afirmaron falsamente que el propio Stephens había manifestado ideas que eran "genéticas" (no las había), "racistas" (no hacía observaciones sobre ninguna raza) y "eugenistas" (aludiendo al desacreditado movimiento político para mejorar la especie humana mediante mejora selectiva, que no estaba ni remotamente relacionado con nada de lo que Stephens escribía).
Habría sido apropiado que el NYTimes reconociera la controversia, publicara una o más respuestas y permitiera a Stephens y a sus críticos aclarar las cuestiones. En cambio, los editores suprimieron partes de la columna, no porque se hubiera demostrado que algo en ella era incorrecto en cuanto a los hechos, sino porque se había vuelto controvertida.
Peor aún, la explicación de las supresiones en la Nota de los Editores no era exacta en cuanto a los cambios que el periódico había hecho después de su publicación. Los editores no sólo eliminaron "referencias al estudio". Expurgaron el subtítulo original del artículo (que decía explícitamente "No se trata de tener un CI más alto"), dos menciones de CI judíos y una lista de estadísticas sobre los logros de los judíos: "Durante el siglo XX, [los judíos asquenazis] constituían alrededor del 3% de la población de EE.UU. pero ganaron el 27% de los premios Nobel de ciencia de los EEUU y el 25% de los premios ACM Turing. Ellos también representan a más de la mitad de los campeones mundiales de ajedrez". Estas estadísticas sobre los logros de los judíos se citaron directamente del estudio, pero se originaron en otros estudios. Así pues, aunque los editores del NYTimes quisieran desautorizar el documento al que Stephens hacia referencia, el periódico podría haber reemplazado el pasaje con citas de las fuentes originales.
La amputación y tergiversación de esta columna por parte del NYTimes establece tres precedentes perniciosos para el periodismo americano.
En primer lugar, aunque no podemos saber qué impulsó la decisión de los editores, la apariencia exterior es que se rindieron a una turba indignada, dando en el proceso un visto bueno de legitimidad a los ataques falsos y ad hominem contra Stephens. La Nota de los Editores explicaba que Stephens "no apoyaba el estudio o las opiniones de sus autores", y que no era su intención "dejar una impresión en muchos lectores de que [él] estaba argumentando que los judíos son genéticamente superiores". La combinación de la explicación y la revisión posterior a la publicación implicaba que esa impresión podía ser razonable, pero no lo era.
A menos que el NYTimes invierta el curso, podemos esperar ver más acciones mafiosas de este tipo, más retractaciones, y también rechazos preventivos de los editores temerosos de tener que hacer tales retractaciones. Los periódicos corren el riesgo de perder el valor de airear ideas controvertidas o poco ortodoxas que puedan indignar a las turbas totalitarias, que son impulsadas por las pasiones de una policía ideológica en lugar del carácter benéfico de bienes comunes intelectuales.
En segundo lugar, el NYTimes redactó un ensayo publicado basándose en preocupaciones sobre la contaminación moral retroactiva, no sobre la exactitud. Si bien es cierto que un autor del artículo que mencionó Stephens, el difunto antropólogo Henry Harpending, hizo algunos comentarios racistas deplorables, eso no significa que cada punto de cada artículo del que fue coautor deba ser considerado radioactivo. Los hechos y los argumentos deben ser evaluados según su contenido. ¿El NYTimes y otros periódicos monitorearán, a partir de ahora, el discurso de los científicos y académicos y censurarán los artículos que citen a cualquiera de ellos que, años antes, dijeran algo ofensivo? ¿Colocará ese trabajo en Twitter y luego volverá a redactarlo nuevamente en sus ediciones en línea cada vez que alguien citado en el NYTimes sea "reprobado" posteriormente?
En tercer lugar, que el NYTimes haga "desaparecer" pasajes de un artículo publicado en una especie de agujero negro de la memoria que los convierta en inaccesibles, representa un acto orwelliano que, gracias a las acciones del periódico, podría considerarse ahora como una práctica periodística aceptable. Es aún peor cuando el relato publicado por los propios editores sobre lo que han eliminado es en sí mismo inexacto. Esto perjudica a los lectores, historiadores y periodistas, que no pueden determinar por sí mismos de qué trataba la controversia, y a Stephens, que no puede defenderse de las peores sospechas de los lectores.
Nos oponemos firmemente al racismo, al antisemitismo y a todas las formas de intolerancia. Y creemos que el mejor medio para combatirlos es el intercambio abierto de ideas. La censura retroactiva del NYTimes de pasajes de un artículo publicado parece respaldar una visión diferente. Y al hacerlo, da argumentos a los cínicos y ofuscadores que afirman que cada fuente de noticias es solamente un organismo difusor de su ideología política.
Labels: NYT contra el judaísmo
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