Sunday, May 31, 2020

El New York Times se rinde ante una turba ideológica indignada. El periodismo sufrirá por ello - Pamela Paresky, Jonathan Haidt, Steven Pinker



En una época en la que incluso un virus se ha convertido en objeto de desinformación partidista y de creación de mitos, es esencial que las principales instituciones periodísticas reafirmen su buena fe como proveedores desinteresados de los hechos y se muestren como honestos intermediarios en las controversias. A este respecto, un reciente suceso en el New York Times es motivo de alarma.

El 27 de diciembre de 2019, el NYTimes publicó una columna de su periodista de opinión Bret Stephens, "Los secretos del genio judío", y la controversia consiguiente dio lugar a una respuesta extraordinaria por parte de los editores.

Stephens abordó la cuestión de por qué los judíos asquenazis están estadísticamente sobrerrepresentados en los campos intelectuales y creativos. Esta disparidad ha sido documentada durante muchos años, como en el libro de 1995 "Jews and the New American Scene" de los eminentes sociólogos Seymour Martin Lipset y Earl Raab. En su columna del NYTimes, Stephens citó estadísticas de un documento académico más reciente, revisado por colegas, del que es coautor un miembro electo de la Academia Nacional de Ciencias. Aunque los autores de ese trabajo avanzaron una hipótesis genética de la supuesta sobrerrepresentación, argumentando que los judíos asquenazis tienen el promedio de CI (Coeficiente Intelectual) más alto de cualquier grupo étnico debido a sus rasgos hereditarios, Stephens no aceptó ese argumento. De hecho, su ensayo rápidamente lo dejó de lado y argumentó que las verdaderas raíces del logro judío son los hábitos mentales engendrados cultural e históricamente.

Sin embargo, la columna incitó una respuesta furiosa y ad hominem. Los detractores descubrieron que uno de los autores del ensayo que Stephens había citado había expresado opiniones racistas y por ello afirmaron falsamente que el propio Stephens había manifestado ideas que eran "genéticas" (no las había), "racistas" (no hacía observaciones sobre ninguna raza) y "eugenistas" (aludiendo al desacreditado movimiento político para mejorar la especie humana mediante mejora selectiva, que no estaba ni remotamente relacionado con nada de lo que Stephens escribía).

Habría sido apropiado que el NYTimes reconociera la controversia, publicara una o más respuestas y permitiera a Stephens y a sus críticos aclarar las cuestiones. En cambio, los editores suprimieron partes de la columna, no porque se hubiera demostrado que algo en ella era incorrecto en cuanto a los hechos, sino porque se había vuelto controvertida.

Peor aún, la explicación de las supresiones en la Nota de los Editores no era exacta en cuanto a los cambios que el periódico había hecho después de su publicación. Los editores no sólo eliminaron "referencias al estudio". Expurgaron el subtítulo original del artículo (que decía explícitamente "No se trata de tener un CI más alto"), dos menciones de CI judíos y una lista de estadísticas sobre los logros de los judíos: "Durante el siglo XX, [los judíos asquenazis] constituían alrededor del 3% de la población de EE.UU. pero ganaron el 27% de los premios Nobel de ciencia de los EEUU y el 25% de los premios ACM Turing. Ellos también representan a más de la mitad de los campeones mundiales de ajedrez". Estas estadísticas sobre los logros de los judíos se citaron directamente del estudio, pero se originaron en otros estudios. Así pues, aunque los editores del NYTimes quisieran desautorizar el documento al que Stephens hacia referencia, el periódico podría haber reemplazado el pasaje con citas de las fuentes originales.

La amputación y tergiversación de esta columna por parte del NYTimes establece tres precedentes perniciosos para el periodismo americano.

En primer lugar, aunque no podemos saber qué impulsó la decisión de los editores, la apariencia exterior es que se rindieron a una turba indignada, dando en el proceso un visto bueno de legitimidad a los ataques falsos y ad hominem contra Stephens. La Nota de los Editores explicaba que Stephens "no apoyaba el estudio o las opiniones de sus autores", y que no era su intención "dejar una impresión en muchos lectores de que [él] estaba argumentando que los judíos son genéticamente superiores". La combinación de la explicación y la revisión posterior a la publicación implicaba que esa impresión podía ser razonable, pero no lo era.

A menos que el NYTimes invierta el curso, podemos esperar ver más acciones mafiosas de este tipo, más retractaciones, y también rechazos preventivos de los editores temerosos de tener que hacer tales retractaciones. Los periódicos corren el riesgo de perder el valor de airear ideas controvertidas o poco ortodoxas que puedan indignar a las turbas totalitarias, que son impulsadas por las pasiones de una policía ideológica en lugar del carácter benéfico de bienes comunes intelectuales.

En segundo lugar, el NYTimes redactó un ensayo publicado basándose en preocupaciones sobre la contaminación moral retroactiva, no sobre la exactitud. Si bien es cierto que un autor del artículo que mencionó Stephens, el difunto antropólogo Henry Harpending, hizo algunos comentarios racistas deplorables, eso no significa que cada punto de cada artículo del que fue coautor deba ser considerado radioactivo. Los hechos y los argumentos deben ser evaluados según su contenido. ¿El NYTimes y otros periódicos monitorearán, a partir de ahora, el discurso de los científicos y académicos y censurarán los artículos que citen a cualquiera de ellos que, años antes, dijeran algo ofensivo? ¿Colocará ese trabajo en Twitter y luego volverá a redactarlo nuevamente en sus ediciones en línea cada vez que alguien citado en el NYTimes sea "reprobado" posteriormente?

En tercer lugar, que el NYTimes haga "desaparecer" pasajes de un artículo publicado en una especie de agujero negro de la memoria que los convierta en inaccesibles, representa un acto orwelliano que, gracias a las acciones del periódico, podría considerarse ahora como una práctica periodística aceptable. Es aún peor cuando el relato publicado por los propios editores sobre lo que han eliminado es en sí mismo inexacto. Esto perjudica a los lectores, historiadores y periodistas, que no pueden determinar por sí mismos de qué trataba la controversia, y a Stephens, que no puede defenderse de las peores sospechas de los lectores.

Nos oponemos firmemente al racismo, al antisemitismo y a todas las formas de intolerancia. Y creemos que el mejor medio para combatirlos es el intercambio abierto de ideas. La censura retroactiva del NYTimes de pasajes de un artículo publicado parece respaldar una visión diferente. Y al hacerlo, da argumentos a los cínicos y ofuscadores que afirman que cada fuente de noticias es solamente un organismo difusor de su ideología política.

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Tuesday, April 23, 2019

El New York Times afirma que Jesús era "probablemente un palestino" - Ira Stoll - Algemeiner



Un artículo del New York Times donde se afirma que Jesús "era muy probablemente un hombre palestino de piel oscura" está generando un fuerte rechazo de la comunidad judía.

El director ejecutivo del Consejo de Relaciones de la Comunidad Judía de Boston, Jeremy Burton, tuiteó : "Es importante señalar que no, que Jesús no se identificó como palestino. Él era un judío judeano y para él, el término Palestina era el del ocupante romano".

Steven Fine, profesor de historia judía en la Yeshiva University, respondió en la página de comentarios del NYTimes que "con total seguridad Jesús era un joven judío, que se parecía a otros judíos de su lugar y de su tiempo".

Otro lector del Jewish Times respondió en la sección de comentarios: “Me sorprende que el autor de este artículo no pueda simplemente afirmar que Jesús era un judío. En cambio utiliza el anacrónico término de 'palestino'. Durante la vida de Jesús, los romanos llamaron a la provincia que controlaban "Judea". Más tarde, la cambiaron de nombre por 'Siria Palestina'. El referirse a Jesús como "palestino" es simplemente engañoso en el contexto de su era".

La directora editorial del centro de lectores del NYTimes , Hanna Ingber, respondió a las quejas: “Por supuesto, tienen razón en que Jesús era un judío. Nunca tuvimos la intención de dar a entender que no lo era, y no dejamos de lado ese detalle para montar una polémica, como se preguntaban algunos lectores. El artículo estaba enfocado en cómo se veía físicamente. Pero una vez más, escuchamos su preocupación".

Un periodista del Jewish Chronicle en Londres, Daniel Sugarman, describió la afirmación de que "Jesús aparentaba ser un palestino" como "una total idiotez y un producto de un deliberado revisionismo histórico diseñado para negar la conexión de los judíos con Tierra Santa".

Un funcionario del Centro Simon Wiesenthal, el rabino Abraham Cooper, le dijo al diario The Jewish Journal que la afirmación de que Jesús era un palestino era un "insulto grotesco". El diario observó que esta afirmación estaba siendo utilizada no solo por el NYTimes, sino también por una congresista musulmana estadounidense demócrata, la cual apoya el movimiento para boicotear, desinvertir e imponer sanciones económicas a Israel: Ilhan Omar.

Noah Pollak, en un tweet citado por The Daily Wire , calificó el artículo del New York Times como "loco". Pollak insistió: "Jesús no era un árabe".

Personalmente, estoy tentado a decir que si los palestinos lo quieren reivindicar, tendrán apoyos. Es un poco indecoroso, o al menos un tanto irónico, que los judíos se apresuren a reclamar el mérito del fundador de una religión no judía. Sin embargo, en la medida en que se puede discernir la historia, parece muy claro que Jesús comenzó como judío. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, al menos tal como lo cuenta la Biblia cristiana, parece que él estaba tratando de trascender del judaísmo. De hecho, sus seguidores lo convirtieron en algo definitivamente diferente del judaísmo.

Aun así, utilizar el término "palestino" para describir a Jesús es ciertamente anacrónico y ridículo, hasta el punto de ser engañoso. El NYTimes usa sus columnas para relanzar esa falsa afirmación, por lo que es suficiente para que los lectores se pregunten si la agenda del NYTimes en este tema tiene menos que ver con la historia antigua del cristianismo primitivo, y más que ver con tomar partido en el conflicto actual entre Israel y los árabes palestinos.

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Sunday, December 30, 2018

El antisemitismo no es solo otra opinión. El New York Times debería saberlo - Richard Cohen - TWP



A lo largo de los siglos, el antisemitismo ha sido muchas cosas: una convicción religiosa, una ideología, una ética nacional, una expresión de odio sin adornos y, en tiempos más recientes, la evidencia de una poderosa locura. Ahora, gracias a una entrevista del New York Times con Alice Walker, se ha reducido a un simple punto de vista. Para citar al propio lema del NYTimes, esta entrevista fue definitivamente "una noticia adecuada para imprimir".

Walker, por supuesto, es una novelista muy elogiada conocida por "The Color Purple", por la que ganó un Premio Pulitzer. Su fama es grande, y sin duda sobre esta base, el NYTimes la entrevistó para su columna "By the Book" que se publica en la revista de libros del domingo. El problema comenzó con la primera pregunta.

"¿Qué libros hay en tu mesita de noche?", le preguntaron en el NYTimes. El segundo libro que Walker nombró fue "Y la verdad te liberará", del teórico británico de la conspiración David Icke. El libro es tan repulsivamente antisemita que el editor habitual de Icke no lo tocaría. Entre otras cosas, respalda a ese falso panfleto antisemita, "Los Protocolos de los Ancianos de Sión", que culpa a los malvados judíos por gran parte de los males del mundo. El libro también sugiere que las escuelas deberían equilibrar las lecciones sobre el Holocausto con preguntas sobre si alguna vez sucedió, y revela que el mundo está dirigido por una camarilla de lagartos gigantes que cambian de forma, muchos de los cuales resultan ser judíos.

Los lectores del NYTimes protestaron. El diario debería haber marcado al libro como un panfleto antisemita. El NYTimes no estuvo de acuerdo. No hace ese tipo de cosas en su apartado "By the Book". En la respuesta del NYTimes, el diario reconoció que Icke "ha sido acusado de antisemitismo", un poco como reconocer que David Duke, ex jefe del KKK, ha sido acusado de racismo. Walker, quien el año pasado publicó el poema "Es nuestro deber (espantoso) estudiar el Talmud" en su blog, está más allá de la mera acusación. Ella realizó el genuino post antisemita. Aparentemente, informada por su extraña lectura del antiguo texto judío, el poema de Walker 2017 se hacia algunas preguntas: "¿Se supone que los Goyim (nosotros) somos esclavos de los judíos?", "¿Las niñas de tres años (y un día) son elegibles para el matrimonio y el coito? ¿Son los jóvenes un juego justo para la violación?".

En su respuesta, la editora del NYTimes Pamela Paul respondió a algunas preguntas, una de las cuales fue la razón por la cual el NYTimes no le pidió a Walker que explicara su extraño gusto literario. "Nunca cuestionamos a las personas sobre sus elecciones", dijo Paul . Una frase más tarde, agregó, "las respuestas de la gente son un reflejo de sus opiniones, gustos y juicios". En otras palabras, el antisemitismo era sólo otra opinión, gusto o juicio.

Paul continuó en ese sentido, diciendo que la sección de libros ya había pasado por las críticas. “También nos hemos enfrentado a críticas cuando un escritor solamente nombró autores blancos o autores masculinos. Mi respuesta a eso fue la misma que en este caso: ¿Esa respuesta te dice algo sobre el tema? Creo que sí”.

Pero en realidad no lo hace. Por alguna razón, mi grupo de libros, cansado de Jon Meacham, Michael Beschloss y Doris Kearns Goodwin, nunca acudieron al libro de Icke. Entonces, no habiendo oído hablar de Icke, no sabía que me estaban informando que Walker se acurrucaba todas las noches con los despojos de un enemigo de los judíos. Un error mío, supongo.

"Nuestros lectores son inteligentes y exigentes", agregó Paul . "Confiamos en ellos para filtrar lo que alguien dice en una entrevista, ya sea el presidente, o un músico, o una persona acusada de acoso sexual, y pueden juzgar por sí mismos: ¿Estoy de acuerdo con esa persona?". ¿Acoso sexual? ¿El Holocausto? Supongo que ambos son hechos condenables.

Al entrevistarse a sí mismo, el NYTimes no le preguntó al propio NYTimes  (Pamela Paul), si sabía que Walker era un antisemita. También podría haberse preguntado si eso podría haber causado que el NYTimes reaccionaría de otra forma. Después de todo, el antisemitismo se ha convertido en una especie de tic izquierdista bastante común, especialmente entre los que odian a Israel, e incluso ha contaminado al liderazgo de la Marcha de la Mujer. Walker está en esa categoría. Ni siquiera permite que “The Color Purple” se publique en hebreo .

El tono de la respuesta de Pamela Paul es espantoso. Seguramente no tenía la intención de hacerlo, pero se las arregla para tratar al antisemitismo simplemente como otro punto de vista, no como un odio con un pedigrí único y espantoso que ha llevado a una matanza sin fin, incluido el asesinato de 6 millones de personas, los pogromos en Kielce, Polonia (1946), York en Inglaterra (1190) y el linchamiento de Leo Frank en Georgia (1915).

Lo que le falta al NYTimes es darse cuenta del fanatismo de Alice Walker y de su propia negativa a admitir un error. Una disculpa sería digna de imprimir.

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Sunday, December 09, 2018

¿La hipocresía de Hanuccah de los judíos progresistas estadounidenses? - Jonathan Tobin - JNS



La cobertura de temas judíos del New York Times ha sido durante mucho tiempo un alimento para quienes estudian tanto el sesgo de los medios de comunicación como la complicada relación entre el periódico y los miembros de la tribu que se encuentran entre sus lectores más leales. Un artículo publicado la semana anterior a Hanuccah acerca de los riesgos para la salud asociados con comer papas fritas provocó un debate sobre si se trataba de una investigación no tan sutil sobre una tradición navideña. Pero si creen que el artículo (que en realidad nunca mencionaba Hanuccah) realmente fue una prueba de antisemitismo o simplemente una desafortunada coincidencia, debería recordar que a veces una papa frita es solo una papa frita, aunque discusión suscitada fue indicativa de las sospechas que muchos judíos tienen sobre el NYTimes .

En cambio hubo pocas dudas sobre un artículo de opinión del NYTimes publicado en su edición del domingo, el día en que comenzaron las vacaciones este año, y que volvió a desencadenar el debate sobre su actitud hacia las sensibilidades judías. En el artículo, el novelista Michael David Lukas hizo un par de observaciones precisas intentando verter agua fría en las celebraciones de Hanuccah, al tiempo que promovía un malentendido tanto de la historia judía como de la lucha por preservar la identidad judía en nuestros días.

Lukas, quien se identifica como un "judío asimilado", tenía toda la razón sobre dos cosas.

Una es que para muchos judíos, el único significado de Hanuccah reside en ser un contrapeso al predominio de la Navidad en la cultura popular estadounidense. La otra es que muchos de los judíos que, por lo demás, no son observantes pero que lo celebran, ya sea por sí solo o como parte de una combinación de "Chrismukkah (Christmas y Hanuccah)" con respecto a las dos vacaciones de la temporada de invierno, saben poco o nada sobre la historia de la festividad o la discusión sobre su significado.

Pero se equivoca al afirmar, incluso de manera indirecta, que es hipócrita que los judíos no ortodoxos o predominantemente laicos se unan a la diversión de Hanuccah.

Lukas tiene razón en que Hanuccah es más importante para los judíos estadounidenses que otras observancias religiosas judías más importantes. Una encuesta publicada por el Instituto del Pueblo y Políticas Judías de la semana pasada afirmaba que hasta un 60% de los judíos estadounidenses encienden velas en Hanuccah, que es más del 53% que ayunan en Yom Kippur o el 23% que encienden velas de Shabbat, según la encuesta Pew 2013 sobre los judíos estadounidenses. También es mayor que el 32% de los que se identifican como judíos y tienen un árbol de Navidad.

También tiene razón al señalar que el significado principal de Hanuccah para muchos judíos estadounidenses es que se trata de una respuesta judía a Santa Claus. Eso no solamente significa proporcionar a los judíos una excusa para participar en la obsesión nacional del consumo de diciembre. También les proporciona un día festivo por el cual pueden reivindicarse en asambleas de escuelas públicas y ceremonias municipales en contra del recordatorio anual de que los judíos son un minoría. Para otros es, tal como Lukas dice de sí mismo, una respuesta a las súplicas de sus hijos en Navidad.

El problema es que las dos vacaciones simplemente no se comparan. Hanuccah es divertido, pero no puede competir. Aún más cuando, según observa Lukas, Hanuccah no es una versión azul de la "buena voluntad para todos los hombres" de la Navidad.

Hanuccah es, en cambio, la historia de un conflicto en el que los judíos religiosos libran una guerra contra los griegos seléucidas y sus colaboradores judíos. La comprensión de Lukas de la historia es limitada (en la versión original publicada de su artículo, en realidad afirmó que los macabeos luchaban contra los romanos en lugar de los griegos antes de que se corrigiera este error), pero tiene razón en que la guerra librada por Judah el Macabeo fue tanto una guerra civil contra aquellos que habían abrazado el helenismo como una lucha por la independencia nacional.

Lukas concluye que si hubiera vivido en el 165 a. C., se habría identificado más con los habitantes de las ciudades que abrazan las prácticas helenísticas, como comer cerdo, que por los esfuerzos de los macabeos, unos "fanáticos religiosos rurales". Lukas vió la victoria de los macabeos como una victoria del "fundamentalismo sobre el cosmopolitismo".

Lukas parece ver la victoria de los macabeos como el equivalente moral de los partidarios evangélicos del presidente estadounidense Donald Trump, y a sus oponentes como personas como él, que tienen sentimientos encontrados acerca de la circuncisión, que no son kosher y apoyan a Bernie Sanders, algo que los macabeos habrían odiado.

Pero el asunto de la festividad no es la guerra contra los judíos menos religiosos. Los macabeos no eran tanto fundamentalistas religiosos como personas que se oponían a que su fe no fuera simplemente marginada, sino directamente erradicada. En ese sentido, la caracterización errónea de Lukas de la lucha de los macabeos en unos términos propios de la política norteamericana contemporánea es irónica, ya que lo que querían los judíos que luchaban contra los griegos era que se les dejara solos para poder creer en libertad contra un enemigo que no solo despreciaba su fe, sino que buscaba activamente reprimirla.

Hanuccah es en realidad un día festivo muy adecuado para los judíos asimilados (aquellos etiquetados como “judíos sin religión”) porque les recuerda una lucha profundamente liberal por el derecho a preservar su cultura contra el impulso mayoritario.

Lukas puede pensar que los judíos helenizadores defendían la diversidad, pero ellos, y quizás el autor, eran en realidad demasiado estrictos a la hora de tolerar a quienes pensaban o adoran de manera diferente.

Hanuccah se refiere a la lucha de los judíos, tanto de entonces como de ahora, para poder negarse a inclinarse ante los ídolos de la cultura popular. El milagro no es simplemente el del aceite que dura ocho días, sino la capacidad de una pequeña tribu etno-religiosa para resistir las fuerzas que intentaron erradicar su existencia y preservar la llama de la civilización judía. El helenismo amenazaba con borrar una visión moral del mundo arraigada en la Toráh, así como la autonomía de un pueblo pequeño. Si los helenizadores, por quienes Lukas dice ahora que si rezaría una oración, hubieran prevalecido, no habría existido un triunfo de la libertad individual, sino que habría podido significar la extinción del derecho a la fe de un pequeño grupo que pretendía defender su propia cultura e identificación.

Si no puedes simpatizar con esa causa, entonces no culpes al judaísmo, a Hanuccah o a un deseo insensato que, como parece expresar Lukas, implicaría "vencer a Papá Noel".

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